Cosas Del Destino
Capítulo 1.Emma caminaba con paso ligero hacia su casa, había tenido una mañana muy agitada, acababa de mudarse a Colonia. Había decidido alejarse de Berlín, alejarse de todo después de la muerte de su madre, había tenido mucha suerte al ser aceptada en la universidad Pestalozzi, sobre todo teniendo en cuenta que las clases habían empezado hacía ya dos semanas, había alquilado un bonito apartamento y ahora tenía que ir a contrarreloj para intentar tenerlo todo listo antes de que empezara las clases.
De pronto chocó con algo, iba tan centrada en sus pensamientos que no vio a la mujer que acababa de bajar del coche y estaba en medio de la calle intentando eliminar una pequeña arruga que tenía en su minifalda.
Ese choque hizo volver a Emma al mundo real, y vio que había chocado con una joven castaña, de pelo largo, con unos hermosos ojos azules, impecablemente vestida, que ahora se encontraba sentada en un charco en medio de la calle y la miraba furiosa.
"Disculpa", se inclinó para ayudarla a levantarse, la joven castaña rechazó su ayuda. "No sabes mirar por donde vas", dijo muy levantándose muy enfadada.
"Ya te he pedido disculpas, lo siento no te vi", se defendió Emma.
"Pero has visto como me has puesto maldita estúpida. Ahora tendré que ir a cambiarme otra vez, ¡cómo se puede ser tan inútil!", dijo la joven mientras se giraba, se montaba en su descapotable y se marchaba sin ni siquiera volver a mirarla, dejando a una abrumada Emma boquiabierta en mitad de la calle.
-Qué persona más desagradable-, pensó, movió la cabeza de un lado a otro intentando olvidar aquel pequeño incidente y siguió su camino.
Al abrir la puerta de casa llegó a ella un intenso olor a pintura y un pequeño quejido salió de su boca, la sala estaba aún a medio pintar y el apartamento estaba lleno de cajas con sus
pertenencias por todas partes. Resignada suspiró, entró se cambió de ropa y de dispuso a terminar de pintar la sala e intentar poner un poco de orden en aquel desastre.
Al cabo de unas horas estaba rendida y muerta de hambre pero su nevera estaba completamente vacía. Después del encontronazo con la chica del coche se había olvidado de ir a comprar, se volvió a cambiar de ropa y se dirigió al supermercado.
Iba distraída, mirando todas las neveras, se paró en seco, "¡Ohhhhhhh, el último paquete de barritas Krissia!", le encantaban las barritas Krissia.
Alargó la mano para cogerlo y justo en ese momento otra mano intentó agarrar el paquete. Levantó la cabeza sorprendida, no se lo podía creer ahí estaba otra vez aquella joven tan mal educada, y lo que era peor intentaba quedarse con su paquete de barritas Krissia.
"¡Ohhhhh!, esto es increíble, ¿tú te has levantado hoy de la cama con el firme propósito de amargarme el día?", escuchó que le decía.
"Yo lo vi primero así que me lo llevo, es mi paquete de barritas Krissia", contestó.
"Eso ni lo sueñes, coge otro que todas las barritas son iguales", la desconocida parecía decida a no soltar el paquete.
"Sabes que eso no es cierto, este es mi paquete y me lo quedo. Coge otro tú", Emma estaba muy molesta.
"Ya me he cansado de tanta tontería", dijo irritada la joven desconocida. Tiró del paquete fuertemente obligando a la rubia a soltarlo, y sin mediar palabra se alejó rápidamente por el pasillo, muy estirada dando pequeños pasitos sobre sus tacones y dejando por segunda vez en el día a una boquiabierta Emma mirando como se alejaba, -¿Quién diablos era esa mujer?-.
Emma hizo la compra para toda la semana, finalmente no compró ningún tipo de barrita. Cuando llegó a su apartamento, hizo la cena, cenó y se acostó.
Aquella noche no durmió nada, al día siguiente era su primer día en la universidad y los nervios la comían por dentro.
Capítulo 2
Jenny estaba dormitando en clase, estaba recostada en la silla y luchaba por mantener los ojos abiertos. Escuchaba como el Sr. Goëtting, el profesor de política, hablaba y hablaba, pero ella no tenía ni idea de lo que decía, era incapaz de prestarle atención.
Le dolía terriblemente la cabeza, su estómago estaba revuelto y sentía nauseas. La noche anterior habían celebrado el cumpleaños de su mejor amigo Hotte y se había pasado con el tequila. De pronto la puerta se abrió y entro la directora, la Srta. Schmidt-Heising seguida de una joven rubia de pelo corto alborotado, no demasiado alta y con unos intensos ojos color avellana. Los ojos de la joven castaña se abrieron como platos, miraba incrédula, no se podía creer lo que veía, era la misma chica que ayer la había arrollado en la calle y pretendía quedarse con sus barritas.
"Esta es Emma Müller, ha llegado hace unos días desde Berlín y se terminará su carrera con nosotros, Srta. Müller por favor busque un sitio y siéntese", escuchó que decía la directora.
La chica rubia no había levantado la vista del suelo, ahora rápidamente echó una ojeada al aula insegura y se dirigió rauda al asiento libre más cercano deseosa de dejar de ser el centro de atención.
Jenny pudo observar que sus mejillas se habían cubierto de un intenso color rojo y sus orejas parecían que iban a estallar.
Al terminar la clase Emma salió apresuradamente del aula sin mirar a nadie. Se sentía avergonzada, durante las dos horas que duró la clase había notado las miradas de sus nuevos compañeros clavadas en ella. Quiso dirigirse a su taquilla para cambiar de libros pero estaba bastante perdida, la directora le había mostrado todo con tanta rapidez que ahora no sabía hacia donde dirigirse. Una joven se le acercó:
"Hola, te veo bastante perdida", le dijo amablemente la joven. Emma suspiró y asintió sonriendo.
"Soy Caro, Caro Eichkamp, déjame que te enseñe todo esto, el primer día siempre es un caos", continuó la joven extendiendo la mano.
"Yo soy Emma y te lo agradecería de corazón", dijo la rubia mientras apretaba agradecida aquella mano.
Caro sonrió, agarro a su nueva amiga del brazo y se dispuso a hacer su primer día un poco más llevadero.
En la cafetería se encontraron con Lara Vogel y Bodo Vilhelmsen, dos de los mejores amigos de Caro. Fueron encantadores con ella. Emma estaba muy contenta de haberse topado el primer día con gente tan amable, poco a poco iba ganando seguridad y sintiéndose más confiada.
Los cuatro se dirigieron a la zona de las taquillas, estaba llena de estudiantes bulliciosos. De pronto se hizo el silencio.
Emma sorprendida dirigió su mirada hacia donde todos miraban, por la escalera habían aparecido seis jóvenes.
Caminaban muy erguidos mirando a todos por encima del hombro, los demás estudiantes iban apartándose a su paso.
A Emma se le fue el color de la cara. Encabezando el grupo y junto a un chico alto, castaño y bien parecido iba la chica tan desagradable con la que ayer había chocado en la calle. Vestía una minifalda negra muy corta que se pegaba a su perfecto culo como una segunda piel, un top quizá demasiado ceñido que hacían resaltar sus magníficos pechos y unos zapatos con un tacón ni muy alto, ni muy bajo que le hacían llegar a la altura ideal.
"Son la elite de la facultad", escuchó que le susurraba Caro, "los dos primeros son Ronnie Peters y su novia Jennifer Hartman. Él está mezclado con todos los asuntos turbios de la universidad. Dicen que distribuye drogas aquí dentro y ella es la capitana del equipo de Volleball. Antes era la mejor jugadora pero desde que empezó a salir con Ronnie le interesan más las fiestas y el
alcohol. Además es la chica más popular del campus pero no por su amabilidad precisamente, es una zorra desalmada, hay que tener mucho cuidado con ella. Pero sus padres están forrados....". "Los otros dos son Timo Özgül y su novia Sophie Klein. Como en el caso de Jenny sus padres tienen mucho dinero y por ello se piensan que pueden hacer lo que les dé la gana, pero realmente no sirven para hacer nada bueno nunca destacado en nada" Lara había tomado el relevo de Caro: " y de los dos últimos el de gafas es Hotte Horstfeld el mejor amigo de Jenny. Se rumorea que le pone los cuernos a Ronnie con él y se acuestan juntos y sinceramente viniendo de ella no me extrañaría nada, además a él nunca se le ha visto con ninguna otra chica.... y el otro es Ben Bergman es el más normal de todos. Siempre ha sido un buen chico pero es amigo de la infancia de Ronnie y siempre van juntos".
El grupo pasó frente a ellos y se alejaron por el pasillo. Jenny ni tan siquiera la miró, pero vio que Ben si se fijaba en ella, la miraba de arriba abajo con curiosidad y hacia un gesto de aprobación. Mientras se alejaba le brindó una pequeña sonrisa.
El resto del día pasó muy rápido para Emma, al finalizar las clases sus nuevos amigos le
invitaron a tomar una cerveza junto a ellos en el bar al que siempre acudían, juntos se dirigieron allí.
Capítulo 3
Entraron al pub, P-3 se llama el local concretamente, no era un local ni muy grande, ni muy pequeño, pero algo lo hacía muy acogedor. Tenía un pequeño escenario en el que según le informo Lara, actuaba algún grupo una vez por semana, una pequeña pista de baile para mover el esqueleto y unos sofás por si en vez de ello lo que te apetecía era tomar una copa y charlar. Una joven morena con una amplia sonrisa se acercó hacia ellos. Todos parecían muy contentos por algo que dijo, enseguida Caro se volvió hacia ella y le dijo:
"Está Luzi Beschenko es nuestra gran estrella, esta tarde ha cantado con gran éxito en un
programa de televisión. Acuérdate de lo que te digo, algún día será alguien muy importante en el mundo de la música. Ella es Emma, nuestra nueva compañera en la facultad" las presentó Caro. Luzi la saludó amablemente, a Emma le gustó inmediatamente la chica morena.
La puerta se abrió y entraron Jenny, su novio y otra pareja de la cual Emma se había olvidado su nombre. No se mezclaron con el resto de la gente, se dirigieron directamente hacia una especie de reservado oscuro que había en una zona un poco apartada del local. La rubia no pudo evitar que sus ojos se posasen en los azules de la joven castaña, por un momento ambos se juntaron y la rubia observo una vez más que eran preciosos, pero su mirada estaba triste, perdida, vacía.
"Emma", escuchó que le decía Luzi "¿qué tal se te da cantar?
"Bueno, la verdad es que no lo hago mal del todo", contestó mirándola un poco sorprendida. La morena sonrió al ver su cara de sorpresa, "Te explico.... todos nosotros pertenecemos la club de canto y baile de la facultad. Mañana tenemos ensayo y hemos pensado en que vengas a vernos y si te gusta y lo haces bien podías unirte a nosotros".
"Oh, me encantaría", dijo la rubia agradecida.
Emma se sintió completamente integrada en el grupo, parecía que se conocieran desde siempre, hablaron, bromearon, bailaron, todos estaban muy pendientes de que la joven rubia se sintiera cómoda.
Al cabo de un rato Emma decidió que ya era hora de irse, había sido un día lleno de emociones y se encontraba muy cansada.
Se despidió de sus amigos y salió a la calle, sintió una sensación muy agradable al sentir la suave brisa en la cara. Caminó unos cuantos pasos y escuchó como la puerta del local se cerraba de golpe, se giró. Jenny había salido y caminaba dando tumbos, completamente borracha hacia su coche
Emma la miró boquiabierta, -¿no pensará conducir así?-, pensó y se acercó hacia la joven, que se estaba peleando con la cerradura de la puerta del conductor.
"¿Qué crees que estás haciendo?", le preguntó.
Jenny dejo lo que estaba haciendo y se giró, no podía creerlo, ahí estaba otra vez aquella rubia bajita, "¿Perdona?, ¿te estás dirigiendo a mí?", le pregunto sorprendida y arrastrando las palabras.
"No veo a nadie más por aquí", contestó Emma muy seria. "No tendrás intención de conducir en el estado en el que te encuentras ¿verdad?".
Jenny la miraba boquiabierta, "¡por supuesto que voy a conducir!, me voy a casa, déjame en paz", le dijo e ignorándola se giró y volvió a centrarse en la cerradura.
"No pienso permitirlo", dijo la rubia arrebatándole las llaves.
Jenny se volvió boquiabierta, -aquello era demasiado-,"¿tú sabes con quien estás hablando", preguntó desafiante y cada vez más enfadada.
"Sí, con alguien lo suficientemente estúpido como para poner en riesgo su vida al intentar coger un coche completamente borracha. Me has decepcionado, pensaba que eras más inteligente", dijo seriamente Emma.
La castaña estaba ciega de ira, "¡devuélveme las llaves perra estúpida!, quiero irme a casa", gritó abalanzándose sobre la rubia.
Los movimientos de la joven de ojos azules, eran muy lentos debido al alcohol así que a Emma no le costó nada esquivarla. Tranquilamente se dirigió al asiento del copiloto.
"Si quieres ir a tu casa, tienes tres opciones. Primera, vuelves adentro y que alguno de tus amigos te lleve. Segunda, coges un taxi. Tercera, dejas que yo te acerque", dijo abriendo la puerta e invitándola a entrar.
Jenny incluso totalmente borracha, se dio cuenta de que no merecía la pena seguir discutiendo con ella, esa pelea ya la había perdido. Resignada se subió al coche y le dijo su dirección a su impuesta conductora.
Al llegar a casa de Jenny, Emma se quedó boquiabierta, la joven de ojos azules vivía en un hermoso y antiguo palacete de tres plantas a las afueras de Colonia, rodeado por un jardín más grande que tres campos de futbol, estaba completamente iluminado y a un lado se podía apreciar una piscina que no tenía nada que envidiar a la olímpica del Club Nacional De Natación de Berlín.
"¿Tú vives aquí?", le preguntó sorprendida.
"Si", contestó la castaña bajando del coche, "no hace falta que lo metas hasta la puerta, no encuentro ni el mando del cierre centralizado, ni el de la puerta del jardín", y estiró la mano esperando sus llaves.
Emma se bajó del coche y le entregó las llaves, Jenny las recogió, no sin esfuerzo abrió la pequeña puerta que daba acceso al jardín y sin decir una palabra se introdujo en ella.
Emma suspiró, aquella era la persona más prepotente y soberbia que se había encontrado en toda su vida, -un simple gracias hubiese bastado-.
Jenny se despertó al día siguiente con una resaca terrible, le costaba abrir los ojos, no quería salir de la cama. Poco a poco fue volviendo a la realidad y a su mente llegaron las imágenes de la noche anterior. Recordó como había salido del pub, frustrada después de su novena pelea con Ronnie en el día y como cuando estaba a punto de subirse a su coche, había aparecido la metomentodo rubia aquella y le había quitado las llaves.
La ira se volvió a apoderar de la joven de ojos azules, -¿quién se había creído que era, para hablarle como le había hablado?, ¿para conducir su coche? Como un resorte se levantó de la cama y se dirigió a la ducha, ella le demostraría que no se debería tratar así a Jennifer Hartmann. Cuando llegó a la facultad, vio como Hotte que la estaba esperando en el aparcamiento, se dirigía a ella, "Jenny tengo que hablar contigo" dijo al llegar a su altura.
"Ahora no", dijo casi sin mirarlo, estaba decidida a ponerle las cosas claras a la rubia y nadie iba a interponerse en su camino.
Como un miura la buscó en la cafetería, ni rastro de ella, en las taquillas... tampoco, busco por todos los pasillos de Pestalozzi pero la rubia no aparecía por ningún lado, parecía que se la había tragado la tierra.
Hotte la seguía por toda la universidad, totalmente desconcertado, -¿por qué a su amiga le había dado por explorar toda la universidad a las ocho de la mañana?-. La campana había sonado pero Jenny seguía dando vueltas a la facultad sin parar.
Al pasar la tercera vez por la cafetería Hotte, no pudo aguantarse más y la detuvo agarrándola del brazo, "Jenny ¿se puede saber que estás haciendo?", le pregunto.
"Busco a la chica nueva", le contestó su amiga desilusionada.
La mandíbula de Hotte cayó al suelo, "y buscas a la chica nueva tan insistentemente a las ochos de la mañana, ¿para?...", volvió a preguntar.
"Hotte, necesito mantener mi reputación. No puede aparecer cualquiera y tratarme como si fuera una don nadie. Tengo que dejarle claro cuál es mi lugar y cuál es el suyo, tengo que hacerle ver quien manda aquí", respondió la joven de ojos azules.
El chico suspiró, "a veces pienso que no te conozco, ¡has cambiado tanto Jenny! Pero a lo que estamos.... ¿y no podrías dejarle clara cuál es la posición de cada una dentro de un par de horas? Mejor primero...".
No pudo continuar, Jenny se puso tensa y se dirigió veloz a la máquina de café, allí estaba la rubia, esperando a que saliera el café y hablando tranquilamente con Caro. Hotte corrió detrás de su amiga que se dirigía hacia ellas como una apisonadora, "¡Jenny para, escúchame!", pero Jenny no escuchaba a nadie en aquellos momentos, estaba decidida.
Cuando llegó hasta ellas, agarro a Emma del hombro para que se girara y la empujo contra la pared, mientras le gritaba, "¿quién te has creído que eres para hacer lo que hiciste ayer? Ni se te ocurra volver a subirte en mi coche, volver a mirarme, volver a hablarme, o te meterás en problemas muy grandes".
Emma no reaccionaba, le pilló completamente por sorpresa, Caro sin embargo se interpuso entre ellas y empujando a Jenny la apartó, "¡Jenny!, ¿te has vuelto loca?, ¿qué crees que estás
haciendo? Déjala tranquila".
"Caro no te metas en lo que no te importa, pero te aconsejo que mantengas a tu amiguita alejada de mí", mascullo Jenny amenazante.
Caro iba a contestar, pero Emma la detuvo, "tranquila", le dijo apoyando la mano en su hombro y volviéndose hacia Jenny le contestó con mucha calma, "Soy quien evitó que te hicieras daño tú o
lo que es peor hicieras daño a alguien al conducir en las condiciones en las que estabas, y eso es algo que no hicieron tus amigos, deberías estarme agradecida. No tienes porque preocuparte, no volveré a molestarte. La próxima vez directamente llamaré a la policía. Y yo te voy a dar otro consejo, mejor cambia de amistades porque a las que tienes no les importas demasiado por lo que he podido ver", agarro a Caro del brazo y se alejaron de ellos por el pasillo tranquilamente. Jenny las miraba alejarse pasmada, no sabía que hacer, ni que decir, jamás había esperado esa reacción.
Hotte la miraba sonriendo, lo que acababa de pasar había sido increíble. Parecía que Jenny al fin había encontrado la horma de su zapato.
Las cosas iban a empezar a ponerse interesantes, "Si, le has dejado totalmente claro cuál es su posición y quien manda aquí....", le dijo en tono burlón.
Capítulo 4
Jenny y Hotte, pidieron un café en la cafetería y se sentaron en uno de los sofás, ya llegaban tarde también a la segunda hora así que decidieron que era mejor esperar a la tercera.
"¿Para qué me estabas esperando antes?, ¿de qué querías hablarme? ", pregunto la joven.
El semblante de Hotte se tornó serio, “Sé que esto no te va a gustar Jenny. Pero estoy preocupado por ti y creo que va siendo hora de que hablemos muy seriamente de todo lo que está pasando". La castaña lo miró confundida, "No entiendo lo que quieres decir".
El chico no vaciló, "Jenny, has cambiado mucho en este último año y medio, te estas
destrozando. Antes eras una persona encantadora, todo el mundo te adoraba. Pero desde que empezaste a salir con el payaso ese...".
"Hotte, es mi novio, me ama y exijo que lo respetes, además...", interrumpió Jenny.
"¡No!", la cortó tajante el joven, "no te ama, solamente está contigo para follarte y para que le pagues los vicios y eso lo sabes bien. En cuanto a los otros.... creo que la chica nueva tiene razón, no les importas una mierda. Ni Ben se salva, ayer cuando entré al lavabo estaba
metiéndose una raya con Timo y Sophie. Tienen el cerebro podrido ya de tanta porquería que se han metido y por lo único que están contigo es por la droga que les pasa Ronnie".
Jenny lo miraba fijamente sin decir nada, Hotte le tomó dulcemente las manos.
"Jenny, te quiero y lo sabes. Llevamos juntos desde los tres años, eres mi mejor amiga. Y por eso me duele ver lo que está haciendo Ronnie contigo. Ahora te pasas el día paseándote con aires de grandeza por la facultad, de mal humor y esperando que todo el mundo te adore, y todas las noches terminas borracha y quién sabe si algo más".
"No Hotte, no me drogo, si es eso lo que estás insinuando", exclamó inmediatamente la joven. Sin soltarle las manos y acariciándoselas con su dedo pulgar, el joven continuó, "Sabes que nunca te voy a abandonar, que si tú decides seguir con él, yo lo aceptaré y seguiré estando a tu lado. Pero cariño, ¿de verdad estás tan enamorada, lo amas tanto, como para malgastar tu vida por él".
"Hotte, no te enfades, pero ahora me gustaría estar sola", le dijo mientras se levantaba. El la miró alarmado, " Jenny yo no pretendía...".
"Tranquilo, estoy bien. Luego hablamos", le acarició la cara y se alejó. Salió de la universidad, se dirigió al parque que estaba al lado y se sentó.
Disfruto de la sensación que le producía el sol en la cara. Todavía hacía una agradable temperatura, pero aquello no duraría mucho. Estaban a finales de septiembre y en un par de semanas las temperaturas empezarían a bajar empicado.
Las palabras de Hotte, le habían penetrado profundamente en el alma, sabía que tenía razón. Desde que podía recordar había estado sola. Sus padres viajaban continuamente y de su educación y de controlar su vida siempre se habían encargado tutores y Amas de llaves.
A parte de Hotte, nunca había tenido amigos de verdad, siempre que había confiado en alguien habían terminado rompiéndole el corazón, todo el mundo quería algo de ella.
Sabía que Ronnie solo estaba con ella por el interés, y ella al principio creyó estar enamorada de él, pero aunque le costó finalmente se dio cuenta de que aquello no era amor. Simplemente estaba intentando cubrir con él, la necesidad que sentía su alma de no estar sola
La primera vez que se habían acostado, Jenny terminó horrorizada. No podía entender porque para la gente era tan importante el sexo. Ronnie había sido la primera y la única persona con la que había mantenido relaciones sexuales y las primeras experiencias no fueron nada placenteras, le hacía daño y se notaba invadida, incomoda era muy desagradable. Al cabo de unos meses su cuerpo se acostumbró y simplemente se dejaba hacer.
Amargas lágrimas corrían por el rostro de Jenny, se sentía vacía, triste, sucia.
Emma regresaba a la facultad. Después de la pelea con Jenny, cuando estuvo fuera de su campo de visión se derrumbó, estaba muy nerviosa y no podía soportar la idea de encerrarse en un aula en aquellos momentos.
Pensó en ir a pasear alrededor del lago que había visto al llegar a la universidad el primer día, y se encaminó despacio hacia allí. Poco a poco fue tranquilizándose.
Decidió no volver a dirigirle la palabra a Jenny, alejarse lo más que pudiera de ella. Tal y como decían sus amigos lo único que alguien como la joven castaña podría aportarle a su vida eran problemas. Y si ella se había mudado era precisamente huyendo de eso, quería terminar su carrera tranquila y en paz, lejos de todo lo que pudiera suponer una alteración en su vida. Pero al parecer el destino tenía otros planes para ella.
Cuando levanto la vista del suelo, la vio. Jenny estaba sentada en un banco, a unos cincuenta metros suyos y lloraba amargamente.
La primera reacción de Emma fue darse la vuelta e irse por donde había venido, pero algo la detuvo, tenía una inmensa necesidad en su cuerpo de acercarse a ella y consolarla. Se acercó sin hacer ruido.
"Hey ...¿estás bien?", preguntó, su voz era poco más que un susurro.
Jenny dio un respingo y la miró sorprendida, "¿qué demonios haces aquí? Deberías estar en clase, déjame en paz", dijo muy débilmente la chica de ojos azules.
Emma dudó un momento, pero luego decidida, se sentó a su lado para cuidar de ella y la tomó entre sus brazos. Le importaba un pepino si le gustaba o no.
Jenny se resistió un segundo, pero enseguida todas sus resistencias se rompieron, enterró su cabeza en el hombro de la rubia y lloró desconsoladamente.
Emma la mecía, intentaba tranquilizarla y le acariciaba dulcemente. En aquellos momentos ella hubiese hecho cualquier cosa para poder evitarle aquel dolor tan insoportable que su compañera parecía sentir.
Pasó un rato hasta que finalmente Jenny se calmó y pudo mirar aquellos intensos ojos marrones. Inmediatamente se perdió en ellos, y perdió la noción del tiempo, el corazón empezó a latirle más y más fuerte, era incapaz de apartar su mirada.
Para Emma no fue diferente, al sentir impresionantes y hermosos ojos azules clavados en los suyos con una expresión de desesperación e impotencia quedo inmediatamente cautivada por ellos, aquella mirada le cortó la respiración.
La rubia pensó que Jenny no era tan superficial, tan fría y distante como parecía. Tal vez no estaba perdida toda la esperanza y pudieran convertirse en amigas.
De repente Jenny reaccionó, no iba a permitir a nadie más acercarse a ella. No iba a permitir que le volvieran a hacer daño, que tomasen todo lo que quisiesen y luego la abandonasen. Como sus padres, como sus ficticios amigos, como todo el mundo en su vida.
"Jenny, ¿qué te pasa?", la rubia estaba completamente confundida, ¿por qué esa inesperada reacción?
"Te he dicho que desaparezcas..." la voz de la castaña carecía de toda emoción y sus ojos estaban muertos.
"Pero yo sólo quería... yo pensé...", Emma estaba completamente abrumado. ¿Qué estaba pasando?
"Me importa un bledo lo que pensabas... largarte, sal de mi vida de una vez por todas", gritó la chica de ojos azules mientras se levantaba del banco y se alejaba corriendo.
Emma estaba helada, ¿qué había pasado en una fracción de segundo?, ¿por qué ese cambio de actitud?
La miraba como se alejaba corriendo, mientras pensaba que necesitaba ayuda psicológica urgente.
Empezaba a acostumbrarse a las malas formas y los desplantes de aquella extraña joven.
Capítulo 5
La clase de política estaba a punto de comenzar. Emma entró apresuradamente; lo primero que hizo fue mirar hacia el asiento de Jenny pero estaba vacío, habían pasado ya más de tres horas desde que la había visto por última vez en el parque.
No sabía porque; pero no podía dejar de pensar en ella, en aquellos maravillosos ojos azules, en el dolor y la impotencia que reflejaba su mirada.
Estaba deseando volver a verla y asegurarse que se encontraba bien; pero Jenny no apareció. Al terminar la clase, siguió sentada en su sitio un poco decepcionada, se habían terminado las clases del día, lo que significaba que hasta el día siguiente no volvería a verla; sintió un vacío en el estómago.
Al salir del aula uno de los amigos de Jenny se acercó hasta ella sonriente, "soy Ben Bergman, creo que no nos han presentado", dijo mientras le extendía la mano.
"Emma... Emma Müller, encantada de conocerte", contestó ella estrechándole la mano, un poco sorprendida.
"Bueno cuéntame, ¿cómo te ha ido en tus primeros días?, ¿te has adaptado bien?", le preguntó el joven amablemente.
Emma lo miraba sorprendida, Caro y Lara, le habían advertido una y mil veces que se
mantuviera alejada de Jenny y sus amigos porque no eran buena gente y eran peligrosos; pero a ella aquel chico le parecía amable y encantador.
"¡Oh sí!, ha sido mucho mejor de lo que me esperaba, el primer día estaba muy nerviosa; pero todos se han portado muy bien conmigo... bueno, casi todos", contestó ella con una sonrisa. "¿Cómo ha podido tratar mal alguien a una preciosidad como tú?; dime quien ha sido y me ocupare de que la próxima vez sea más amable", contestó el joven coqueto.
Emma sonrió, estaba bastante claro que intentaba ligar con ella, "No, déjalo prefiero no hablar de ello".
"Bueno pues entonces que te parece si te invito a un café y nos conocemos mejor", pregunto Ben. Emma dudó un momento, no había quedado con sus amigos para el ensayo hasta dentro de media hora y no tenía nada mejor que hacer hasta entonces.
"De acuerdo", dijo con una amplia sonrisa y ambos se dirigieron hacia la cafetería.
Ben resultó ser una excelente compañía, la escuchaba y la hacía reír constantemente; se sentía muy a gusto con él, tan a gusto que cuando miró a su reloj habían pasado ya dos horas.
Se levantó precipitadamente de la silla, "lo siento Ben, pero tengo que irme, se me ha pasado el tiempo volando", y sin dejar que el chico dijera nada salió corriendo de la cafetería.
Se dirigió hacia donde sus amigos le habían dicho que ensayaban, rezando porque no hubieran terminado ya. Al acercarse suspiró aliviada, se escuchaba un piano y una voz empezó a cantar. Aún estaban allí.
Se detuvo un momento en el pasillo para escuchar, se quedó maravillada por la hermosa voz, -debe ser Luzi-, pensó, le habían advertido de que tenía una voz increíble.
Apretó el paso, pero al ir a entrar a la sala se quedó clavada en el suelo, mirando sin poder creérselo, la dueña de aquella increíble voz, suave, dulce aterciopelada. Era Jenny.
Emma se quedó escuchando hipnotizada en la puerta, no podía moverse.
La joven de ojos azules no advirtió su presencia y siguió cantando emocionada, sumida en sus propios pensamientos.
http://www.dailymotion.com/video/xlfzlh_jemma-jenny-y-emma-be-mine_shortfilms
Al terminar la canción Jenny miró hacia la puerta y se sobresaltó a ver a Emma que la miraba embobada, "¡Oh Dios mío!, no me lo puedo creer", exclamó.
Emma dio un brinco al volver a la realidad; "perdona, yo... Yo no quería molestarte". "¡Se puede saber qué haces ahí!, no puedes dejarme en paz de una vez!, ¡estás acosándome!", Jenny estaba muy enfadada.
"No, yo solo venía al ensayo de...", intentó explicarse Emma.
"Me dais exactamente lo mismo tú y tus explicaciones, no pienso perder el tiempo escuchándote; no deberías haberte quedado ahí escondida, es lo único que sé. Te lo digo por última vez
¡APARTATE DE MI CAMINO!", Jenny se había levantado del piano y estaba frente a Emma gritándole indignada, ¡Es la última vez que te lo digo!, le advirtió, se dio la vuelta y se alejó rápidamente; dejando a una Emma completamente sorprendida por segunda vez en el día. La rubia suspiró, molesta cogió su teléfono y marcó el número de Caro; estaba claro que es ensayo había terminado.
Caro no contestó, lo intentó de nuevo con idéntico resultado, contrariada colgó. -Estarán en el P3, y con la música tan alta no escuchará el sonido del teléfono-, se encogió de hombros y se encaminó hacia el pub.
Por el camino no pudo evitar, rememorar una y otra vez, la imagen de la joven de ojos azules cantando y tocando el piano.
No se entendía a sí misma, por más que lo intentaba era imposible; desde que se habían conocido Jenny no había parado de humillarla, insultarla y tratarla como una basura. ¿Y qué había hecho ella?; consolarla, abrazarla, echarla de menos cada vez más, perderse en su mirada y por si eso fuera poco finalmente se había quedado sin respiración, soñando despierta al oírla cantar. No podía llegar a comprender, ¿porque se comportaba así?, ¿qué tenía esa mujer que hacía que su comportamiento se volviera completamente irracional?
Jenny estaba en el P3 junto con Hotte y Ben, los dos jóvenes hablaban animadamente. Ella estaba sumida en sus pensamientos, desde su encuentro aquella mañana en banco del parque no había podido dejar de pensar en Emma, muy a su pesar.
Se había sentido como en el paraíso entre sus brazos, no recordaba haberse sentido nunca así; cuando sus miradas se juntaron, una increíble sensación que no sabría nombrar, ni explicar se había apoderado de todo su cuerpo, ¿qué tenía aquella mujer que provocaba aquellas reacciones en su cuerpo?, ¿por qué cada vez se iba adentrando más y más en su mente?
Ella siempre había sido fuerte, la ausencia de sus padres desde niña y la haber sido criada por gente extraña le habían hecho serlo. No solía tener momentos de debilidad y cuando eso ocurría siempre era en privado; creía que ni tan siquiera Hotte la había visto llorar.
Pero ese día todo había sido distinto, en el parque no pudo evitar las lágrimas y más tarde era tal la angustia que sentía dentro que no la dejaba ni respirar; había esperado que todos los miembros
del STAG abandonaran el auditorio y había hecho una de las pocas cosas que la hacían feliz, que la llenaban de paz....cantar.
Y en aquellos dos momentos de debilidad, cuando más vulnerable era, Emma había aparecido de la nada, invadiendo su privacidad, y siendo testigo de algo que muy pocas personas lo habían sido, de su gran fragilidad.
Notó que Ben se levantaba de su asiento al tiempo que exclamaba, "¡Emma!". La mirada de Jenny se dirigió inmediatamente hacia donde el joven iba, y allí estaba otra vez la joven rubia. Sorprendida vio como Ben se acercaba a ella muy sonriente y le daba dos besos; la rubia los aceptaba gustosa y lo abrazó. El joven le dijo algo y ambos miraron hacia Hotte y ella, la rubia pareció alarmarse y negó enérgicamente con la cabeza, Ben se acercó hacia ellos.
"Lo siento chicos, el deber me llama, es muy tímida y no quiere sentarse con nosotros. Parece un poco cortita pero está muy buena, en dos semanas me la estoy tirando y está aspirando polvo blanco", dijo mientras cogía su copa, se alejó guiñándole un ojo a Jenny.
La joven de ojos azules, sintió un nudo en el estómago, una intensa rabia se apoderó de ella y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para controlarse y no ir detrás de Ben y abofetearlo.
Jenny y Hotte vieron como Ben se acercaba a la barra, pedía un par de copas y volvía a acercarse a Emma que lo esperaba al lado de la puerta, ambos hablaban sin parar y se reían.
La joven castaña se dio cuenta de que Ben buscaba continuamente contacto físico con la rubia, le tocaba el hombro, acariciaba su brazo, su espalda, cada vez que eso ocurría Jenny sentía una extraña sensación en su estómago, otra de esas sensaciones que no sabía nombrar y que le producía la simple presencia de Emma.
Cuando vio como el joven la tomaba por la cintura y la atraía hacia él, esa sensación se hizo casi dolorosa, "No puedo soportarlo más, me marcho", se levantó cogió su bolso y se dirigió hacia la salida; justo cuando iba a salir por la puerta, sintió como un cuerpo tropezaba con el suyo y algo frío se derramaba en su pecho.
Instintivamente rodeó con sus brazos aquel cuerpo para evitar que cayera, al bajar su mirada para descubrir a quien pertenecía, volvió a perderse en aquellos intensos ojos marrones, el tiempo y el espacio dejó de existir.
Emma, por fin logró zafarse de las manos de Ben, le había dicho una y mil veces que no quería bailar, pero él insistía e insistía, al final había optado por agárrala de la cintura y llevarla hasta la pista de baile. Emma no estaba dispuesta a consentir eso; así que quizá con demasiada fuerza se apartó de él y sin saber muy bien como, terminó en los brazos de Jenny y derramándole su copa encima.
Para Emma el mundo se había detenido en aquel preciso momento y como siempre ocurría cuando sus ojos se posaban en los de Jenny, no podía apartar sus ojos de los suyos, escuchó que Ben le decía algo, no le prestó atención, no podía separarse de aquellos brazos.
"¡Emma! ¿Estás bien?", preguntó otra vez Ben esta vez más alto y tocándola el hombro. "Si.... si claro", contestó ella, mientras salía de los brazos de Jenny, pero sin apartar su vista de ella.
Jenny se miró su blusa y no pudo evitar sonreír, "no podía ser de otra manera, tenías que ser tú", parecía que el destino estaba empeñado en juntarlas una y otra vez.
La sonrisa de Jenny dejo a Emma sin aliento y las piernas le empezaron a temblar, nunca la había visto sonreír y se ponía preciosa cuando lo hacía, su cara se iluminaba y aparecían en ella unos hoyuelos que enamoraban, la rubia tuvo que tomar aire profundamente, se había olvidado de respirar, "Perdona, yo...".
"Tranquila, ya me iba", la interrumpió Jenny, "hoy ha sido un día muy intenso y estoy cansada". Emma la miro sorprendida, sin ser capaz de decir nada, estaba preparada para otra ración de insultos, menosprecios y gritos por parte de Jenny, aquella reacción la dejó noqueada.
La joven de ojos azules volvió a sonreírle y salió por la puerta, Emma se quedó flotando entre nubes en su propio mundo.
Una vez fuera, Jenny se apoyó contra la pared, cerró los ojos y suspiró; -tercer momento de debilidad en el día-, ella no podía permitirse eso, tenía que alejar a la rubia de su vida como fuera.
Capítulo 6
Durante las dos siguientes semanas, no se cruzaron ni una sola palabra. Jenny hacía verdaderos esfuerzos por evitarla, si Emma entraba en la cafetería, Jenny salía despavorida hacia el patio, si Emma salía al patio, Jenny corría hacia el aula.
Después de las clases la joven de ojos azules, se iba directamente a casa o bien al cine, o a pasear con Hotte. Había dejado de ir al P3 con sus amigos, por no encontrársela tampoco allí; Ben aprovechaba cualquier oportunidad que tenía para acercarse a la rubia, y eso ocurría
generalmente en el pub, y a Jenny cada vez se le hacía más difícil de soportar, ver los intentos de Ben por ganarse a Emma, pero lo que más le dolía era ver como esta aceptaba gustosa la
proximidad del chico.
Su relación con Ronnie, era un desastre. El, no es que pusiera demasiado empeño en que estuvieran juntos, pero llevaban ya más de un mes sin tener relaciones sexuales y el chico empezaba a impacientarse. Lo peor era que a Jenny se le estaban terminando las excusas para escabullirse de él y era consciente de que tarde o temprano iba tener que lidiar con ese problema.
Cuando estaba en compañía del resto de sus amigos, se sentía vacía. De repente se había dado cuenta, de que no tenían nada en común con ellos, que no podía confiar en ninguno de ellos y ya no le agradaba en absoluto su compañía.
Los únicos momentos en los que la joven castaña se sentía en paz y completa eran las horas en las que compartía clases con Emma y podía observarla disimuladamente desde la distancia. Se pasaba las horas muertas observándola, no perdía detalle, su pelo rubio alborotado, sus pequeños lunares por todo su cuerpo, aquellos ojos felices y chispeantes, aquella sonrisa que cuando aparecía en su cara hacía que su corazón diese un vuelco... pero la clase terminaba y Jenny volvía a sentirse triste, vacía, sola.
Hotte estaba encantado con la nueva situación, le divertían los esfuerzos de su amiga por evitar a la chica nueva, se dio cuenta de los sentimientos que se estaban forjando en el interior de Jenny, pero no dijo nada, era mejor no forzar las cosas.
Pero lo que al chico más feliz le hacía, era la distancia que su amiga estaba tomando tanto con Ronnie, como con su panda de amigos. Ellos eran una mala influencia y podían hacerle mucho daño, y él estaba seguro, de que la única oportunidad que tenía Jenny para ser feliz en su último año de universidad, era alejarse de ellos.
Emma se había dado cuenta de los esfuerzos de Jenny por evitarla, cada vez que entraba a un sitio, lo primero que hacía era buscarla con la mirada; hacía más de dos semanas que no hablaban y Emma empezaba a no poder controlar la necesidad de sentirla cerca. Pero siempre que la divisaba, su compañera rápidamente desaparecía sin darle la oportunidad de acercarse. La joven rubia no entendía ese comportamiento, ¿por qué huía de ella?, estaba decida a abordarla y pedirle explicaciones, pero aún no había tenido ocasión.
Finalmente había podido hacer la prueba para ingresar en el club de canto y baile, en cuanto sus compañeros y su profesora, la escucharon cantar se quedaron maravillados con su voz e
insistieron una y otra vez en que se uniera a ellos.
Se estaban preparando para la semifinal del concurso nacional de canto y ella sería una gran ayuda.
Les había costado mucho llegar hasta allí, ningún año habían llegado tan lejos y estaban muy ilusionados en conseguir llegar a la final y poder competir en Berlín, así que ensayaban constantemente.
Cuando por fin conseguía tener un poquito de tiempo libre para ella, casualmente siempre
aparecía Ben y la invitaba al cine, a cenar, a bailar.... y Emma cada vez se sentía más a gusto con el chico.
Y así pasaron esas dos semanas para ellas, Jenny huyendo de Emma y Emma intentando encontrar el momento para hablar con ella.
Aquella mañana había sido demasiado dura para Jenny, hacía días que no dormía bien y estaba muy cansada, pero ya gracias a Dios sólo quedaban las dos últimas horas de política.
Entró en la clase y se dejó caer en su asiento, al momento vio extrañada como entraban Emma y Ben riendo y bromeando, inmediatamente apartó la vista de ellos -¿qué hace él aquí?-, pensó. Al contrario que otros días, Emma no se dirigió a su asiento tres filas por delante de ella, sino que continuó hasta unos de los pupitres del final del aula y se sentó junto al chico.
Jenny hervía por dentro, no entendía porque, pero le dolía y le molestaba verlos juntos, sentía una angustia muy grande en el pecho.
El Sr. Goëtting entró en el aula, saludó a sus alumnos y como siempre, sin perder un minuto empezó con su clase, y como siempre Jenny se perdió en sus pensamientos.
Emma había terminado el ensayo y se dirigía con paso ligero y una gran sonrisa en la cara a su clase de política, era el momento llevaba esperando toda la mañana, por fin vería a Jenny. Cuando iba a entrar en el aula, escuchó que detrás suyo alguien decía su nombre, y se giró, era Ben, "¿qué haces aquí?", preguntó ella sorprendida.
"Tengo dos horas libres, y como no te he visto en todo el fin de semana he pensado en compartirlas contigo", dijo el joven con una sonrisa.
A Emma se le fue, el color del rostro, deseaba más que nada en el mundo entrar por esa puerta y ver a Jenny, "lo siento Ben, pero tengo que entrar. No estoy muy fina en política y no me puedo permitir faltar", dijo muy seria.
"¡Va Emma, vamos a tomar unas cervezas!", insistió el, mientras la agarraba del brazo e intentaba tirar de ella.
Emma se soltó, "¡No insistas, voy a entrar!", dijo convencida.
"Bueno... pues entraré contigo", contestó el joven encogiéndose de hombros, "pienso pasar las dos próximas horas con mi chica, sea donde sea".
"¡Yo no soy tu chica!", exclamó Emma, dándole un pequeño puñetazo en el brazo y juntos entraron en el aula bromeando.
Emma inmediatamente busco a Jenny con la mirada, por un momento se quedó sin respiración y el corazón se le aceleró al verla.
Hubiera jurado que Jenny estaba mirando hacia la puerta como esperando algo, pero al pasar por su lado, ni tan siquiera la miro, indiferencia total. Si esperaba algo estaba claro que no era a ella, se le encogió el corazón.
Se dirigió junto a Ben hacia los últimos pupitres y se sentaron, el joven iba a decirle algo pero en eso momento entró Göetting, saludó y empezó la clase.
Emma clavó su mirada en la espalda de Jenny, ¿por qué se sentía así?, ¿por qué se pasaba el día deseando verla y con su sola presencia ya era feliz?, ¿por qué le dolía tanto su indiferencia?, ¿por qué sentía la necesidad, de que formara parte de su vida? Si a fin de cuentas hacía solo tres semanas que se conocían y sus encuentros habían sido un desastre.
Un murmullo la hizo volver a la realidad, "el tema será -Las ideas de Montesquieu-, dedicaremos el resto de la clase a prepararlo y mañana lo presentaran ante el resto de sus compañeros, espero que se lo tomen en serio, porque como he dicho, tendrá un gran valor en la nota final de la evaluación", escuchó que decía Goëtting.
El profesor hizo una pausa, miro durante unos instantes a sus alumnos y continuo, "para no complicar más las cosas, sus parejas serán sus compañeros de al lado".
Emma miro a Ben sorprendida, ¿él iba a ser su compañero? Jenny miro el asiento vacío a su lado, ¿lo tendría que hacer sola?
"La Srta. Hartmann y la Srta. Müller, lo harán juntas. Srta. Müller le agradecería que tomase asiento al lado de la Srta. Hartmann", terminó el profesor.
Jennny se quedó petrificada, incluso con la capa de maquillaje, podía observarse que se había puesto pálida.
Emma no podía moverse, le temblaban las piernas y tenía el corazón en la garganta.
Ben le dio un pequeño golpe en el hombro animándola a irse, eso la hizo reaccionar. Con las piernas temblorosas se dirigió hacia Jenny.
Capítulo 7
Emma se sentó al lado de Jenny.
Durante unos minutos ninguna dijo nada, hasta que finalmente Jenny reaccionó, "Bueno.... yo creo que mejor tú te ocupes de resumir la primera mitad, yo haré la otra mitad y luego ya revisamos y unimos", dijo, intentando que su voz sonase fría e indiferente pero sin conseguirlo en absoluto. No era capaz de mirarla a los ojos porque sabía que si lo hacía inmediatamente volvería a perderse en ellos, tenía que ser fuerte.
Emma asintió sin ni siquiera mirarla e intentó concentrarse en su trabajo, no estaba preparada para eso, ella llevaba dos semanas deseando estar al lado de Jenny, pero ahora su proximidad, su fragancia la estaba volviendo loca, era incapaz de concentrarse en nada, el bolígrafo le temblaba en las manos.
Jenny intentaba no mirarla, escribía sin parar para evitar la tentación. Pero el deseo fue más fuerte que ella, no pudo evitar mirarla disimuladamente, se veía tan dulce, tan vulnerable..., sus orejas y sus mejillas estaban cubiertas de un color rojo intenso, tenía pequeñas gotas de sudor en la frente, parecía tremendamente nerviosa, tenía la vista fija en un punto de sus apuntes, pero Jenny estaba segura de que no veía nada, de que estaba en otro lugar, su mano sujetaba temblorosa el bolígrafo.
Jenny suspiro, le era imposible en aquellos momentos luchar contra ello, puso su mano sobre la de la joven rubia, la acarició dulcemente con el pulgar, "tranquila, aún no me he comido a nadie", le dijo suavemente, con una tierna sonrisa.
Emma al sentir aquella mano en la suya, notó que una descarga eléctrica le recorría toda su espina dorsal y se le corto la respiración; al levantar su vista y ver aquella sonrisa, tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no abalanzarse sobre ella.
Le sorprendió su propia reacción, pero no se permitió así misma analizarla.
Durante unos instantes sus ojos se juntaron, fue un momento mágico, "Señores les quedan treinta minutos", la voz de Goëtting las hizo volver a concentrarse en su trabajo.
Los treinta minutos pasaron volando, sobre todo para Emma, al terminar la clase aun no tenía listo ni la mitad del trabajo.
El aula fue vaciándose poco a poco y Emma seguía escribiendo, Jenny la miro sonriendo, "Hay piensas quedarte aquí todo el día" dijo.
Un poco avergonzada y esperándose lo peor Emma contesto, "aún no he acabado, pero dame tu parte y lo terminare yo en casa".
"No Emma es demasiado", contesto la joven castaña, "¿por qué no comemos algo en la cafetería y luego vamos a la biblioteca y lo terminamos juntas?".
Emma estaba flotando en el paraíso, no solo la había llamado por su nombre, sino que por primera vez desde que se conocían quería estar junto a ella. En aquellos momentos era feliz y se sentía la mujer más afortunada del mundo por poder estar a su lado. Asintió con la cabeza, sin poder realizar otro movimiento.
"Está bien, pues vamos", Jenny se levantó y se encaminó hacia la puerta. Se dio cuenta de que la rubia no se había movido de su asiento. Sorprendida se giró y la miro, "Emma ¿pasa algo?". Emma salió de su letargo, "no, no.... todo está bien", rápidamente se levantó y la siguió.
Pasaron la tarde más increíble de su vida, ninguna de las dos sabía que la mera presencia de otra persona, podía provocar aquella sensación de placer y de bienestar.
Cada mirada era cada vez más intensa, buscaban una y otra vez el contacto accidental entre ellas, ese contacto que hacía que saltasen chispas y que ambos cuerpos se estremeciesen. Tenían la sensación de ser una sola persona, era como si una estuviese en la mente de la otra y supiese en cada momento lo que estaba pensando, lo que iba a decir. Se compenetraban perfectamente, parecía que se conocían hacia años.
Hacía tiempo que ya habían terminado el trabajo, pero lo corregían una y otra vez. Ninguna de las dos quería que aquel momento mágico terminarse, no quería separarse de aquella otra persona que las hacía sentir aquellas maravillosas sensaciones.
La voz de la bibliotecaria las trajo al mundo real, "Es la hora de cerrar, así que por favor vayan saliendo".
Se miraron decepcionadas, recogieron sus cosas y salieron, estaba lloviendo débilmente. "¿Cómo vas a ir a casa?", preguntó Jenny.
"Cogeré el autobús", respondió la rubia mientras se abrochaba la chaqueta.
"Bueno...yo... si quieres puedo llevarte", dijo la joven de ojos azules tímidamente.
Emma la miró sorprendida, Jenny la desarmaba constantemente, era capaz de ser la persona más insufrible y desagradable del mundo, pero también la más dulce y amable. Nunca sabía que esperar de ella, "está bien" contesto.
Ambas se dirigieron hacia el BMW de Jenny.
Durante el camino hablaron sobre la facultad, sus planes de futuro, sus ilusiones....
Al llegar Jenny dijo con una sonrisa, "¡Vaya, así que aquí es donde vives!, justo al lado de donde nos vimos por primera vez... creo que todavía me duele el culo".
Emma no pudo evitar soltar una carcajada, al recordar a Jenny sentada en el charco en medio de la calle, "vale, me disculpo otra vez, pero es que llevaba solo cuatro días en Colonia, empezaba las clases al día siguiente, y tenía tanto que hacer, tantas cosas en la cabeza...".
"¿Por qué te mudaste aquí?", preguntó Jenny.
Emma se puso muy seria, "bueno...mi madre nos dejó y...digamos.... que no puede soportarlo".
Jenny la miro sorprendida, "¿tanto te afecto su separación?, no se ya eres una persona adulta y...".
Emma la interrumpió, "¿qué separación?", preguntó extrañada. Jenny cada vez estaba más sorprendida, "bueno, la de tus padres...".
Emma negó con la cabeza, cerró los ojos y casi en un susurro dijo, "mi padre murió cuando yo tenía tres años, mi madre lucho mucho para sacarnos adelante a mis hermanos y a mí. Hace un mes salió para ir a trabajar, al cruzar por un paso de peatones, un conductor borracho la arrolló y la mató", tuvo que hacer una pausa, antes de continuar, las lágrimas corrían por su rostro.
"Emma yo....", Jenny no sabía que decir.
"El seguro del conductor nos pagó un motón de millones y eso provocó las peleas entre mis hermanos por la herencia. El dinero saca lo peor de nosotros. Yo no pude soportarlo y decidí alejarme de todo", suspiro. "Han debido ingresarme mi parte porque el casero no se ha quejado de que no hay fondos en mi cuenta", terminó con una amarga sonrisa.
Jenny tomó la mano de Emma para intentar darle algo de consuelo, le faltaban las palabras. Emma se repuso rápidamente, "¿y qué hay de ti?, ¿por qué vives sola en esa casa tan grande?, ¿y tus familia?", preguntó intentando esbozar una sonrisa.
"Viajando, por motivos de trabajo, como siempre", contestó la joven castaña.
"¿Siempre ha sido así?", volvió a preguntar la rubia al ver como se habían entristecido los ojos de Jenny.
"Si, ha sido así, desde que puedo recordar... ", Jenny apartó la vista de su compañera, se volvía a sentir vulnerable junto a ella.
"Bueno, tienes a tus amigos...", susurro Emma
La joven de ojos azules se rió amargamente. "¿qué amigos? Jennifer Hartmann, la chica más popular y más rica de la facultad, no tiene ni un solo amigo, todo el mundo quiere algo de mí... dinero, drogas, fama, mi cuerpo... pero no a mí, nadie me quiere a mí por quien soy, por lo que soy”.
"Pero Ronnie te ama ¿no?", Emma no podía soportar la amargura y la soledad que expresaba Jenny en sus palabras.
"Ronnie.... Como dice Hotte, -él no te ama Jenny, es un payaso que sólo quiere follarte y que le pagues los vicios", las lágrimas empezaron a correr por rostro de Jenny.
"Bueno y que me dices de Hotte, él es tu amigo y te quiere", insistió Emma intentando darle algo de paz a su compañera.
Jenny sonrió al pensar en él, "es cierto, Hotte, él siempre ha estado ahí, nos conocemos de toda la vida... él es la única persona que... ".
"Sí", murmuro Jenny, "pero...", se detuvo, sabía que no tenía que decirlo. "¿Pero?", Emma contuvo la respiración.
Se las arregló para no mirar a Emma directamente, Jenny no quería mostrarse tan vulnerable, no quería acercarse tanto a ella, pero no podía contenerse se lo tenía que decir, "de alguna manera, tú también estas empezando al ser alguien importante para mí".
Con las manos temblorosas Emma, secó dulcemente las mejillas de su compañera facultad, la cual había cerrado los ojos.
La rubia no pasó por alto la piel de gallina que cubría el cuerpo de su compañera, ni el tímido suspiro que se había escapado de sus labios cuando sus dedos "accidentalmente" acariciaron su cuello, Jenny abrió los ojos y la miró de tal manera que un escalofrío recorrió la espalda de Emma y sintió como se erizaban todos los pelos de su cuerpo, nunca se había sentido así. Una vez más parecía que el tiempo se había detenido, quedaron atrapadas la una en la presencia de la otra y la tierra dejó de girar, al menos para Jenny y Emma.
La joven castaña temerosa levantó la mano y la puso también en la mejilla de Emma, saboreando la sensación de su piel increíblemente suave bajo sus dedos.
Emma no sabía lo que estaba pasando, pero se sentía demasiado bien como para romper el hechizo. En aquel momento, Jenny era tan tierna, tan frágil que sintió la necesidad de abrazarla, de acariciarla, protegerla y prometerle que nunca dejaría que nadie más volvería hacerle daño. La rubia seguía acariciando la cara, el cuello de Jenny, sus dedos rozaron lentamente sus labios mientras los miraba con deseo, fue acercando poco a poco su cabeza a la suya, no sin el temor de que la chica castaña saliera corriendo.
Jenny estaba en otro mundo, las caricias de Emma le causaban un gran placer, volvió a cerrar los ojos disfrutando de aquel maravilloso momento.
Cuando sintió el aliento de la rubia en su rostro fue como si una bandada de pájaros revoloteara por su estómago, su corazón empezó a latir más rápido, y su respiración se aceleró, deseaba los labios de Emma más que nada en este mundo, jamás se había sentido así.
Se dio cuenta de que lo estaba empezando entre ambas no era una simple amistad, pero ¿qué era? Había intentado apartarla de su vida un día tras otro durante semanas, la había tratado como una basura, despreciándola y humillándola, pero el destino se empeñaba en unirlas una y otra vez. Sus labios estaban a tan sólo unos milímetros de distancia, ambas sentían el aliento de la otra en sus labios, Jenny no pudo aguantar más, agarró con ambas manos la cabeza de Emma.
La rubia salto hacia atrás como picada por una tarántula cuando escuchó el sonido de su teléfono móvil, con la respiración agitada, intentando volver a la realidad contestó, "Si, Emma Müller", era Ben.
Jenny estaba petrificada en el asiento de al lado, -¿qué había sido eso?, ¿qué significaba todo aquello?, ¿realmente habían estado a punto de besarse? No, ella no podía besarse con una mujer, ella era heterosexual, tenía novio...Seguramente todo había sido provocado por la tensión del momento, la soledad y la tristeza de ambas. Escuchó que Emma la llamaba, "¿Sí?", contesto volviendo en sí.
"¿Me has escuchado?", preguntó la rubia nerviosa e impaciente. "No perdóname, estaba en otra parte", se disculpó.
Emma la miro un poco molesta, no quería volver a repetirlo, "lo que acaba de pasar.... lo siento. No sé porque he actuado así, nunca me había pasado. No quiero que te hagas una idea
equivocada, yo no soy lesbiana, pero me encantaría poder ser tu amiga".
"Bueno yo.... yo tampoco soy lesbiana, no sé que me ha pasado. Ahora tengo que irme", contestó Jenny a trompicones, estaba completamente confundida.
Se despidieron, Emma salió del coche, la joven de ojos azules arrancó y se marchó apresuradamente.
Jenny permaneció despierta toda la noche, cada minuto que pasaba se daba cuenta más y más de lo peligrosa que era su relación con Emma para ella en todos los sentidos.
Se había obligado a si misma a dejar de pensar y olvidarse de lo que había pasado en el coche. Pero era muy consciente de que todo lo que había sentido en aquellos momentos había sido real, nunca había deseado nada, como en aquellos momentos había deseado los labios de Emma. No sabía que eran, pero estaba segura de que sus sentimientos hacia Emma eran algo más que una amistad.
No podían ser amigas, era sencillamente imposible, sabía que cualquier tipo de relación con Emma supondría para ella mucho dolor, y ella no iba a permitir que nadie más le hiciese daño. ¿Pero cómo se lo iba a explicar?, la rubia no se iba a quedar tan tranquila, era la persona más cabezota que conocía. Sabía que le iba a hacer mucho daño, pero era necesario.
Emma se sentía sola en su apartamento, desde que había entrado por la puerta Jenny no había salido de su cabeza. Había pasado junto a ella la tarde más maravillosa de su vida. Se había auto convencido de que lo que había pasado en el coche, fue fruto del cariño y la dulzura que sintió por Jenny en aquellos momentos, al verla tan débil, tan desamparada, de que no significaba nada. Se sentía un poco extraña, ya que de alguna manera, ella no deseaba estar en ninguna parte en ese momento más que al lado de Jenny, quería sentirla entre sus brazos.
-Esto es absurdo, voy a ver a Jenny dentro de unas horas en la escuela-, pensó y se dispuso a dormir, feliz de haber conseguido vencer todas las resistencias de su compañera y conseguir que formar parte de su vida.
Al día siguiente Emma corría felizmente hacia la facultad, había estado contando las horas que faltaban para volver a ver a Jenny.
Cuando entró en la universidad, vio a Lara y a Caro junto a su taquilla, se dirigió contenta hacia ellas.
"Wow, Emma pareces totalmente feliz, ¿ha pasado algo?", dijo Caro guiñándole el ojo a Lara. "No, que va a parar", preguntó Emma sorprendida.
"Bueno.... ese brillo en los ojos, esa sonrisa, parece que alguien está enamorada", le respondió Lara sonriendo pícaramente.
"¿Enamorada?", preguntó Emma sorprendida.
En ese momento, Jenny apareció por el fondo del pasillo, agarraba a Ronnie por la cintura y este la sujetaba por encima de sus hombros, iban seguidos por Timo y Sophie.
"Buenos días, Jenny..." dijo Emma, cuando llego a su altura, mientras que en su rostros se dibujaba una increíble sonrisa.
Sus ojos marrones, coincidieron por un sólo segundo con los azules intensos de Jenny, su mirada estaba vacía, era fría, la joven castaña simplemente volvió la cabeza y se fue sin decir ni una palabra.
Emma estaba atónita, todo el color desapareció de su rostro y el libro que había sacado hacía sólo unos segundos de la taquilla, se deslizó de sus dedos, sus ojos se llenaron de lágrimas, - los ojos de Jenny se lo habían dejado claro, había perdido la partida-.
"¿Emma?", la llamo Caro visiblemente preocupada, notó que su compañera estaba temblando. "Yo... yo... ¿por qué? ... ella... no puedo...", Emma no era capaz de conjugar una sola frase. "¡Emma!", la zarandeó Lara.
Pero la joven rubia no respondió, como un caballo desbocado salió del edificio de la facultad, no podía respirar, notaba que se ahogaba.
No habían pasado nada más que unas cuantas horas, ¿qué había cambiado desde ayer por la tarde?, Jenny al fin se había abierto a ella, había confiado en ella, habían pasado juntas la tarde, incluso lloraron juntas al contarse sus confidencias... ¿y ahora?, ¿qué había cambiado?, ella no podía alejarse así, tenían que permanecer juntas.
Las lágrimas de Emma brotaban incontrolablemente de sus ojos, en aquellos momentos sentía que su corazón se había roto en mil pedazos.
"Hola preciosa, ¿va todo bien?", escucho que decía una voz a su lado. "Ben", rápidamente se limpió las lágrimas de las mejillas.
Capítulo 8
Jenny estaba sentada en su asiento, en la clase de política. Le costaba respirar y todo su cuerpo temblaba, tenía la mirada fija en el libro para que nadie notase su estado alterado.
Sabía que le había hecho un gran daño a Emma, pero ella también sufrió las consecuencias de su acción. Se le había roto el corazón al ver la cara de sorpresa de Emma y la tristeza en sus ojos. Todo el dolor que temía que Emma pudiera causarle, se lo había causado ella misma a ambas. El Sr. Goëtting, entró en el aula, saludó y se dispuso a comenzar con las presentaciones del trabajo que tenían pendientes.
"Bueno, comenzaremos con las presentaciones", dijo observando a sus alumnos, "Srta.
Hartmann, a usted la dejaré para el final, porque puedo observar que la Srta. Müller no nos honra con su presencia".
Jenny palideció al instante, estaba tan ocupada intentando ocultar el dolor que le había producido hacerle aquel desplante a la joven rubia, que no se había dado ni cuenta de que esta no había entrado en clase.
"¿Alguien sabe que le pasa a la Srta. Müller?, preguntó Göetting.
"Ella ha venido... pero... no sé muy bien lo que ha pasado, de pronto ha salido corriendo, no sé...", dijo Caro aún desconcertada por el comportamiento de Jenny.
"Gracias, Caro usted y la Srta. Vogel, serán las primeras", dijo el profesor. La ansiedad y el sentimiento de culpa invadieron a Jenny.
De dos en dos los alumnos fueron pasando y exponiendo sus presentaciones, pero Jenny no escucho ninguna, sentía que se ahogaba, tenía que salir de allí. Tenía que encontrar a Emma. "Discúlpeme Sr. Göetting, pero me tengo que ir, no me encuentro bien", dijo, se levantó y se encamino hacia la puerta.
"Srta. Hartmann, si no hace su presentación, sabe que su nota final será baja", escucho que decía Göetting, ella salió por la puerta. Le importaba una mierda su nota final, lo único que quería en aquellos momentos era encontrar a Emma, su desaparición la tenía completamente turbada.
La joven de ojos azules, estaba desconcertada con su propia reacción, no podía entender porque le preocupaba tanto Emma, quería alejarse de ella y lo único que conseguía era desear cada vez con más y más fuerza tenerla a su lado, sentirse entre sus brazos...
Recorrió la facultad innumerables veces buscándola pero no encontró ni rastro de su compañera. La buscó por el parque, por el lago, pero a Emma parecía que se la había tragado la tierra, -¿y si se había ido a casa?-, pensó de pronto.
Todo lo rápido que pudo, volvió a la universidad, se montó en su descapotable y se dirigió hacia casa de la rubia, aparcó en la calle de enfrente y se encaminó hacia el portal.
Una señora mayor estaba intentado abrir la puerta, tenía serias complicaciones para meter la llave en la cerradura.
Jenny corrió a ayudarla, "déjeme que la ayude", dijo amablemente.
La anciana se giró sorprendida, "Oh hija eres un ángel, el pulso y la vista cada día están peor", le contestó con una sonrisa mientras le entregaba las llaves.
Jenny abrió la puerta y le devolvió las llaves a la encantadora anciana, esta las recogió y se dispuso a cargar con las bolsas de la compra, Jenny la detuvo, "déjeme que se las lleve hasta el ascensor, por favor", dijo mientras cogía las bolsas.
La anciana sonrió agradecida, y entro junto a Jenny en el portal. “Muchas gracias hija", dijo la mujer, mientras entraba al ascensor.
Jenny sonrió, "ha sido un placer", se disponía a cerrar la puerta del elevador, cuando se dio cuenta de que ella no tenía ni idea de cuál era el piso de Emma. Volvió a dirigirse a la anciana, "disculpe, ¿usted no conocerá a una chica rubia, de pelo corto....?".
"¿Emma?", le interrumpió la anciana. "Si, Emma", contestó Jenny.
"Ella me ayuda todo lo que puede, es una bendición para mí que esté aquí. Incluso muchas noches cocina para las dos y me sube la cena. Es una chica encantadora ¿verdad?", dijo la mujer. "Lo es", contesto la joven de ojos azules con una sonrisa, "¿puede decirme por favor en que piso vive?, tengo que hablar con ella".
La anciana la observó unos segundos y pareció decidir que no había ningún peligro en decirle el piso, "en el sexto F, pero creo que no está; esta mañana la vi cuando se dirigía a la facultad", hizo una pausa y en tono confidente le susurro, "creo que se ha echado novio, porque hoy estaba especialmente feliz".
A Jenny se le encogió el corazón y sintió unas ganas inmensas de llorar, ella lo había estropeado todo.
Llamó una y otra vez al timbre sin obtener respuesta, resignada se dirigió hacia su coche y se sentó, esperaría lo que fuese necesario, tarde o temprano aparecería.
Espero durante horas, cuando estaba perdiendo toda esperanza, vio como el coche de Ben se paraba frente al portal. A Jenny se le heló la sangre, "Oh, Dios mío, no. ¿Qué he hecho?",
murmuro, había pasado la tarde con él, Ben se había aprovechado de su tremenda estupidez, para hacer de la humilde joven rubia uno de sus trofeos.
Vio como Emma iba a salir del coche, pero él la agarró, la atrajo hacia sí y la besó, a Emma pareció no desagradarle. Jenny sintió como si la desgarraran por dentro, sus ojos se llenaron de lágrimas y tuvo que apartar la vista.
Emma por fin entró en su casa, pudo quitarse sus botines y dejarse caer en su cama, estaba muy cansada, tanto física como psicológicamente.
Había pasado el día con Ben, al principio estaba muy triste, pero el joven con sus bromas y sus atenciones había hecho que se olvidase de Jenny por un tiempo.
Fue tan dulce, tan encantador con ella, que las advertencias de Lara, Caro y el resto de sus amigos fueron olvidadas al instante. Pensó que simplemente no lo conocían, ¿cómo alguien tan increíblemente atento como él podía ser peligroso", era absurdo.
Había querido contarle porque lloraba, porque estaba triste, pero no era fácil, ni ella misma lo entendía y le agradeció en el alma que no la presionara.
Fueron a mirar tiendas por el centro comercial, comieron en un chino, pasearon por la ciudad. El la hacía reír, la escuchaba y Emma se sentía querida, escuchada, mimada.
Al despedirse el joven la había besado, ella en un principio pensó en resistirse pero cambió de idea y se dejó llevar.
El resultado de aquel beso no fue el esperado por ella. No había sentido absolutamente nada, Emma había pensado en que sentiría algo parecido a lo que sintió el día anterior, en aquel momento de locura momentánea en el que casi besó a Jenny y su cuerpo fue invadido por aquellas embriagadoras sensaciones que sintió al notar los labios de la joven de hermosos ojos azules tan cerca de los suyos, al sentir su aliento en su cara.
Pero cuando Ben la besó no sintió nada, ni bueno, ni malo. Quizá un poco de rechazo al sentir los pocos y rasposos pelos de su barba en la cara.
Confundida se despidió del joven y subió a su casa.
Una vez a solas volvió a sentir esa enorme tristeza en su corazón, Jenny volvió a su mente. Emma lloró de rabia y de dolor al revivir una y otra vez en su cabeza las imágenes de aquella
misma mañana. Tenía que olvidarse de Jenny, aquella había sido la última vez que la hería. Nunca más volvería a dirigirle la palabra.
Alguien llamó a la puerta, con un suspiro la rubia se incorporó, se secó las lágrimas y se dirigió a la puerta, sería Emilia, su vecina.
Al abrir la puerta sus ojos se abrieron como platos, "¿Jenny?", fue lo único que salió de su boca. "Emma ¿qué estás haciendo?", le preguntó Jenny muy seria.
La rubia la miró confundida, ahora sí que estaba convencida de que algo dentro de la cabeza de Jenny no funcionaba muy bien, "¿cómo qué que estoy haciendo?, Jenny esta es mi casa, yo vivo aquí".
"Me refiero a Ben", contestó la joven de ojos azules. "Eso a ti no te importa en absoluto", dijo Emma secamente.
"Por supuesto que me importa, Emma no te conviene", a la joven castaña le temblaba la voz. "Ah vale, ¿y tú sí?", preguntó la rubia con furia.
"¡Maldita sea Emma, no lo entiendes tienes que alejarte de él!", insistió Jenny.
"Para tú información es mi novio y estoy enamorada de él", dijo la joven de pelo corto, aun sabiendo que no era cierto.
Jenny sintió que le arrancaban el corazón "No, no", le gritó, casi histérica, "eso es la mayor estupidez que he escuchado nunca".
"No puedo creer que esto esté pasando de verdad, ¿desde cuándo te importa algo de lo que yo haga?", Emma miró a su compañera con una mirada provocativa en su rostro.
"Yo simplemente no quiero que te hagan daño", la voz de Jenny fue tan suave que Emma por un segundo pensó que de verdad estaba preocupada.
"¿Tienes miedo de que alguien te quite el puesto?, tranquila Jenny haces muy bien tu trabajo. Nunca nadie será capaz de hacerme más daño del que tú me has hecho", dijo la joven rubia con ira.
Las palabras de Emma, golpearon en lo más profundo del corazón de Jenny, sintió una presión tan grande en el pecho, que pensó que iba a morir en aquel momento.
"Emma por favor escúchame, Ben es...", volvió a intentarlo la joven de ojos azules.
"¿Peligroso?" la interrumpió Emma, "si, ya he escuchado esa historia, es tan peligroso como tú y el resto de tus amigos. ¿O sabes algo que yo no sepa?".