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Una de las grandes discusiones que abre este proyecto es hacer mella en la invisibilización como medida primaria en contra de las mujeres como una de las mayores violencias estructurales. Colombia recién en 1957 obtiene el derecho al voto para las mujeres y apenas en 2015 se aprueba que las personas diversas hagan trámites de sus documentos legales con su nombre identitario y no el biológico. Esto sujeto a las maneras y lugares de pedagogización y difusión, la mayoría de las mujeres no saben la relevancia de un voto, o entienden la dimensión de la participación política. Abrir la brecha entre la naturalización del olvido y las exigencias por la memoria, se ha convertido una de las apuestas políticas de las organizaciones feministas; el reconocimiento debe transgredir el matrimonio funesto del capitalismo y el patriarcado, ese reconocimiento obligatorio y deuda histórica es la ciudadanía como derecho intrínseco. Para algunos obvio, para la mayoría lejos de la vida. La relevancia de la deconstrucción de la ciudadanía blanca, masculina y académica

se hace fundamental para que llegue a la comunidad, para organizarse y hacer mella en las acciones que articulan lo popular.

El género como posible categoría histórica devela una serie de acontecimientos de manera suficiente, que llevarán por antonomasia la ausencia de la ciudadanía como subjetividad y relación de las mujeres y personas diversas con los espacios y los tiempos. Lo público y lo privado es ahora motivo de reflexión continua, porque las mujeres de la comunidad ahora pueden expresarse desde el proceso de Educación Popular Feminista o desde La Sureña Comunicación Alternativa (Prensa y Radio), las personas diversas se expresan en los diálogos y se analiza la oración cliché “salir del closet”, el miedo a ser empieza a cuestionarse por la comunidad, y la libertad empieza a ser una realidad.

De los ejercicios surgen diálogos sobre temas frente a la necesidad de generar un horizonte ético-político desde el feminismo, que va dentro de la práctica, en la acción, la corporalidad, las ciudadanías corporales desde la emancipación, el desarrollo de capacidades y de múltiples esferas, cuyo sujeto per se son las mujeres y los transgénero populares. Las apuestas políticas son los DDHH de las mujeres, sus saberes y la trasmisión de los mismos, el autocuidado, aportes en las pedagogías feministas y en las practicas pedagógicas populares de mujeres diversas y sus prácticas, en miras a la transformación social de mujeres urbanas y rurales a partir de sus cotidianidades y pensamientos conectados con el feminismo, la participación e incidencia permanente, la comunicación entre mujeres, la articulación de procesos y las acciones contundentes.

Para establecer espacios de interacción horizontales el círculo de la palabra es base de las metodologías EPF, se utiliza con el propósito de conversar sobre varios elementos que constituyen la posible construcción de los postulados que sirven como horizonte político y ético en el marco del proceso de educación de adultas con enfoque de género que se adelanta en la localidad de Bosa por parte del movimiento. Se invita constantemente a feministas y otras/os intelectuales populares a dialogar sobre la Educación Popular y la Educación Comunitaria, se abre el espacio para la conversación, de ello se extraen experiencias como: “Nos dimos cuenta que lo que hacíamos era Educación Popular, porque la experiencia en la construcción de los planes de vida desde las comunidades en sectores como los afro, nos indica que entendemos el saber de las mujeres y de los hombres como un aporte desde la acción para la construcción colectiva”. Porque no sólo pensamos en lo educativo, sino en lo político, es decir nuestra práctica pedagógica desde el

movimiento es política. Por lo tanto, es necesario pensarnos en unión y colectividad para deconstruir la ciudadanía.

Es fundamental reconocer lo escasa que ha sido la reflexión sobre la dimensión política de la vida cotidiana. Las organizaciones populares, especialmente las que se han considerado revolucionarias, se volvían conservadoras a la hora de establecer sus códigos morales, de mediar en las relaciones interpersonales, de construir jerarquías, de ordenar conductas. Escalando como grupos burocráticos que no distaban considerablemente de directrices de origen capitalista y androcéntrico. El proceso de educación popular feministas con las mujeres de Bosa ha provisto algún tipo de revolución no sólo desde la superestructura política, sino la estructura económico- social, que ha implantado en las mujeres un deseo invaluable de valerse por sí mismas y pensar en una calidad de vida coherente a sus necesidad y expectativas. En este ejercicio nos hemos tratado de revolucionar también a “nosotros mismos” para volvernos sujetos de la historia, superando la alienación política, económica, social, cultural que nos deshumanizaba. (Korol, 2007, p. 10)

Pensarse la educación, popular y feminista implica un triple reto en una sociedad inevitablemente heteronormativa que tiene los roles marcados desde antes de nacer, apoyar la autonomía en las mujeres y en las personas transgénero, es la piedra en el zapato para el modelo neoliberal imperante que necesita mujeres sumisas y escondidas en lo privado para seguir con el analfabetismo no sólo intelectual, sino funcional, atendiendo en ese sentido a la eternización de las voces del patriarcado en las decisiones de las mujeres. Analizar el trasfondo de apagar los televisores y salir a aprender genera todo un nuevo paradigma para lo popular desde la comunidad y lo colectivo, entendiendo así que no sólo la clase aristocrática o burocrática puede tener acceso a la formación e información, la cual no sólo incluye la construcción de un currículo, sino su relación que debería ser dialéctica de los conocimientos con la cotidianidad.

Gargallo (2014) enmarca en el prólogo de Feminismos Desde El Abya Yala como La transformación hace parte de esta realidad que a partir de nuevas mujeres; construye el reto de repensarse los métodos del feminismo para ser con todas ¿Cómo entender, sin polisemias riesgosas, filosofía, pertinencia, rigor, sistematicidad, trabajo de campo, feminismo, pruebas? El feminismo latinoamericano va ganando lugares fuertes, va escalando niveles epistémicos y gnoseológicos para dar validez y convencer sobre la igualdad como manera de construir una mejor sociedad, más justa y digna. Para enterarse en vivo y en directo de qué piensan, porqué lo piensan, cómo lo piensan, cómo lo defienden y sobretodo cómo llevan adelante su vida contra viento y marea, el Movimiento Popular de Mujeres La Sureña y la Colectiva Café y Géneros se han pensado una manera de ser ciudadanas y ciudadanos populares con libertad y ser capaces de tener una vida

independiente a los roles de esposas, madres, amigas, hijas, así como las marcadas expresiones peyorativas que de antemano excluyen cualquier construcción subjetiva (maricas, promiscuos (as), locas, entre otras). De hecho, la apuesta política corresponde al convencimiento de la liberación de las mujeres por sí mismas para ser con las otras, desde esa otredad se construye en colectivo la necesidad de visibilizar las características del enfoque de género en lo popular. La idea es evidenciar las condiciones de desigualdad, injusticia, indiferencia y olvido que viven las mujeres que no esperan otra oportunidad, quienes simplemente “se sienten felices con la tranquilidad y bienestar de sus seres queridos”, además de evidenciar dichas realidades, lo más importante es convencerlas de su rol, y construir sus pensamientos y acciones como sujetos políticos y no objetos de temas que no retratan la vida real, solo la describen a manera de los investigadores e instituciones interesadas en universalizar sus vidas.

Ahora bien, ¿las analfabetas piensan? ¿Son primitivas? ¿Sus experiencias las inhiben para pensar con precisión? ¿Los transexuales nacen, se hacen? ¿Las elaboraciones cisgénero están sesgadas? Aquí aflora otro tipo de filosofía que se ha gestado y opera en la base de nuestras sociedades, y que se constituyen a través de nociones como la liberación desde la cotidianidad, las modernidades como discurso del que se cree puede universalizar, la concepción de cuerpo-espacio- lugar-territorio para entender las maneras de las mujeres desde sí mismas y sus lugares de tránsito, la comunidad como término iconizado en las investigaciones sociales. Para el análisis juicioso de estas nociones es necesario identificar las maneras de dominación que han influido directamente en los paradigmas patriarcales que oprimen la voz de las mujeres, y para esto es fundamental acercarse desde su contexto, persuadirlas de su papel y acción directa en las sociedades, por tanto el proceso y construcción del proceso de Educación Popular Feminista de mujeres adultas en Bosa evoca la vida y justicia con el ser y sentir de las mujeres, paso a paso, con confianza, con amor, con paciencia y continuidad, para que no se sientan abandonadas y desengañadas como se han sentido la mayoría de las veces, por lo contrario hacerlas parte de la base para que sepan lo importantes que son dentro las fuerzas que confluyen por la construcción colectiva del proceso. De esa maneja se difunde una identidad de mujeres plenas, pensantes, sujetas que no quieren estar “sujetas” o sujetadas.

Las mujeres y los transexuales al participar en este tipo de espacios mejoran su autoestima, pueden tener acceso a mejores empleos, conocen sus derechos, participan para lograr una mejor

calidad de vida para sí mismas, sus familias y la de su comunidad. Además de mejorar sus relaciones sociales, hacer amigas, expresar sus perspectivas frente a la vida y sus experiencias propias de mujeres que han vivido y sentido el machismo, la exclusión, la falta o abandono de oportunidades por diversos factores o por el simple hecho de ser mujer o madre, o persona diversa. En el proceso de Educación Popular Feminista la ilusión siempre seguirá siendo la misma, a estas mujeres grandes de corazón y experiencia con ganas de aprender cada día más, no les desanima las dificultades alcanzadas en el proceso, les empujan las ganas de superarse, desarrollarse y conseguir una independencia tanto emocional como económica. En ese sentido se conciben como sujetas activas de participación; importantes dentro de la sociedad de la que hacen parte, esto es inherente a los cambios sustanciales que surgen de sus reflexiones individuales y colectivas, las cuales van a influir de una manera decisiva en la vida de las mujeres y hombres de las nuevas generaciones.

Surge un concepto o una categoría más de deconstrucción del que hacer popular del feminismo, la ciudadanía de mujeres como forma de resistencia y categoría política que emerge como práctica concreta que lleva “lo privado” a lo colectivo potenciando la lucha antipatriarcal junto con la riqueza de la multi-sectorialidad de los frentes de. Se revisan los roles, estereotipos y mandatos de los varones, para combatir el patriarcado. Cómo no apostarle a la ciudadanía de las mujeres como movimiento feminista, si desde los escritorios no se hace nada, cada vez es más latente salir a la calle.

El posicionamiento y la visibilidad de las mujeres en los ámbitos públicos (políticos, económicos y de comunicación) han sido prácticamente nulos. La falta de acceso al poder y la existencia del machismo las limita. Un desafío que se plantea es no creer que la libertad y la emancipación son sinónimos, atendiendo a que las políticas públicas siguen siendo opresoras. El tránsito de las mujeres en lo político debe ser real, o simplemente jamás se harán concretas las contestaciones que se reflexionan, la incidencia en este aspecto es fundamental dentro de las organizaciones populares que mueven día a día el pensamiento de las mujeres de la comunidad, con el fin de apoyar y fortalecer los liderazgos feministas para que los grupos excluidos ejerzan sus derechos. Korol (2016) afirma:

Estamos empezando una vez más, pero no de cero. Sabemos que en nuestro andar habrá siempre mucha prueba y error, fabulosos obstáculos, avances vertiginosos, retrocesos y saltos mortales.

Apurar el paso en los momentos en que es posible avanzar, es tan importante como encontrar en momentos más difíciles, el ritmo justo de la marcha, de modo que podamos compartirla con todxs lxs que decidimos caminar juntxs, y volver sobre los pasos cuando nos metemos en callejones sin salida.(p,11).

Entre tanto y de acuerdo a la percepción crítica de Canclini (1988) lo popular permite abarcar sintéticamente todas estas situaciones de subordinación y dar una identidad compartida a los grupos que coinciden en ese proyecto solidario. Por eso, el término popular se ha extendido como nombre de partidos políticos, revoluciones y movimientos sociales. Se propone una acción emancipadora desde la cotidianidad de las mujeres populares, que surge, se comparte y se fortalece desde procesos de lecto-escritura crítica atravesados por las múltiples violaciones en contra del libre pensamiento y expresión de las mujeres, en esa medida reconocer derechos, valores y deseos se convierte en una nueva cotidianidad, en la cual todas y todos somos importantes y responsables por todas y por todos, hacía una ciudadanía por y para la igualdad.