El marco de la perspectiva de género ha conformado una serie de propuestas que a la luz de las múltiples injusticias y situaciones de exclusión, ha provisto de herramientas el discurso que toma nivel desde lo feminista en pro de fortalecer las necesarias premisas sobre la igualdad, equidad, lucha por la memoria y como se ha nombrado en distintas ocasiones una categoría de investigación infalible en la historia. Martha Lamas (2000) provee aserciones bastante lógicas frente a la necesidad de parafrasear al feminismo para incluir otras subjetividades que se cuestionaban la camisa de fuerza del sexo (Rubin, 2011); el ejercicio ha sido deslegitimar los roles binarios y la obligación social de ser mujer u hombres y así mismo determinarse únicamente por la genitalidad.
Estas acciones ciertamente se evidencian en el feminismo como propuesta política, sin embargo para hacer el proceso ya nombrado en el hallazgo lenguaje (en el cual se pasa de los morfosintáctico a lo semántico, cuyo fin es la un tipo de pragmática social, popular, propia.) fue necesario hacer un ejercicio que no pusiera a las mujeres como centro, porque la apuesta no es disputarse los vejámenes del patriarcado, sino transformar y tomarse la mitad de todo. Para esto fue fundamental “jugar” con el feminismo como significado-significante y pasarlo a la palabra género para entender que la lucha y la insurgencia es diversa y cambiante. La construcción cultural de la diferencia sexual es lo que ha determinado la brecha inmensa entre lo masculino y el resto. Importa el peso simbólico de no pertenecer a lo masivo, a lo normal, a lo tradicional, entendiendo esto como lo que llena, la canalla, lo que no se mueve, simplemente sigue la hoja de ruta de los medios y las instituciones sociales. La pregunta real es ¿qué es ser normal? ¿Está bien serlo? Foucault hace un análisis excelente sobre esta palabra, sobre la búsqueda incansable de un tipo de perfección patriarcal en la cual sobre pervivan sus arquetipos, inmovibles, predecibles y alienados, nada mejor que una dosis de dominio para controlar los cuerpos. La historia se ha encargado de dar estereotipo a cada diferencia, de legitimizar lo diverso como negativo, enfermo, desviado, antihumano, es así que la experimentación y las torturas impuestas a feministas y a los homosexuales por no ser hombres y manifestar abiertamente estas diferencias como su misma
subjetivación, se convierten en una manera común de acabar con la diversidad a la que estamos obligados por el hecho de ser seres vivos y humanos. Las luchas han costado muchas vidas, reputaciones, y el simple derecho de elegir un camino se convierte en una atribución para el sistema. Simplemente esta categoría sería amenazante a las premisas de los ciudadanos normales, establecer así un orden moral prescrito fuera de los dogmas de las instituciones sociales (Iglesia, Estado, Familia, Escuela) implica bajo cualquier medio callar o manipular bajo la famosa inclusión y los minusválidos argumentos de lo natural y lo divino. Los últimos a pesar de lo débiles que puedan llegar a ser son los que más convencen a las mujeres de a pie y consuela a los incomprendidos, a los pobres, a los pequeños de acuerdo a la biblia, es decir a los que jamás van a ser como los grandes; lo masculino, único etc.
La perspectiva y/o enfoque de género invita a la comunidad, a la academia, y a la sociedad en general al respeto por la identidad y el libre desarrollo de la subjetividad. Al reconocimiento de las identidades de género y roles de las mujeres a través del tiempo, se convierten en lo fundamental para la interacción y el intercambio de diálogos que exhorten la comprensión de polifonías que no acepten o incluyan, sino que reconozcan a los demás como sus iguales desde cualquier tipo de otredad (infortunadamente maneras de segregación en la mayoría de los casos). Las organizaciones, colectivos, procesos, grupos de estudio han dedicado sus vidas a la igualdad y equidad, la resignificación de lo que es por el bienestar de todas y todos, pero a pocos les importa; es un poco frustrante, pero la movilización es un medio, y el límite es la resiliencia y la trascendencia pragmática. De esta manera el Movimiento Popular de Mujeres La Sureña formula dentro de sus dinámicas un proyecto popular y liberador de educación, así como una comprensión y producción de medios antipatriarcales, antihegemónicos que apunten a los sujetos de a píe que están siendo presas del capitalismo salvaje. Cada manera de aterrizar conceptos dentro del proceso revela una línea política en clave del enfoque de género, de la visibilización de los invisibles. Así mismo la colectiva Café y Género provee apoyo de grupo, psicológico y legal autogestionado a los trans de barrio, a los que no les alcanza el dinero ni la angustia para encajar en los modelos capitalistas y nivel cliché de los medios y la cultura del espectáculo. Así mismo desde el grupo de estudio se leen y discuten libros y artículos de autores y autoras derroteros de estas transformaciones, iconos de investigación y literatura feminista para proveer escenarios coherentes a los temas de participación.
La escuela occidental está cruzada por órdenes unívocos donde la mujer tiene una posición marginal y pasiva, por esto, es de principal importancia crear espacios de orden simbólico femenino, representativos e identitarios, para fomentar un desarrollo de cultura política propia y construida por sí mismas.
La consciencia de las mujeres populares sobre las situaciones de violencia ha evocado una serie de narrativas y afloraciones que nacen de sus experiencias, aquellas que jamás habrían pensado que iban en contra de su bienestar sino fuera por sus nuevos escenarios. La mayoría de las veces conciben la violencia como cotidianidad, por el hecho de ser mujeres, y verlas con lágrimas fortaleciendo su autoestima y contando cómo su vida ha cambiado, cómo moverse se ha convertido en su nueva mirada, cómo sus hijas e hijos pueden ser mejores seres humanos, significa un avance sin precedentes en una sociedad como la nuestra.
Es la liberación de los sexos, de los géneros, de la vida. El descubrimiento del primer amor, el propio genera preguntas frente a las concepciones de relacionarse desde lo interpersonal, se cuestiona lo romántico, el sacrificio y la culpa y se establece una relación con el placer y el deseo como búsqueda de su tranquilidad y bienestar. A continuación se relacionan algunos de los registros tomados para afirmar la relevancia de la educación popular y construcción de medios con enfoque de género:
(…) el proceso me transformó como mamá, como mujer y quiero devolver lo que recibí (Marleny, 37), Aprendemos bien, es agradable y me siento más liberada (Gloria, 44), Nos dimos cuenta que lo que hacíamos era Educación Popular, porque la experiencia en la construcción de los planes de vida desde la comunidades Afro, nos indica que entendemos el saber de las mujeres y de los hombres como un aporte desde la acción para la construcción colectiva (Marta, 45 lideresa comunitaria afro), Soy bonita a pesar de las piernas de la tele, el que me ama, me ama, y no es mi opción de vida, si lo hace o no (Lucia, 32). Ni el marido, ni los hijos y nietos me habían enseñado que podía quererme y cuidarme (Alcira, 54).
Es valioso para la construcción de género desde lo popular la diversidad que se evidencia en localidades como Bosa y Kennedy, de las primeras en Bogotá en recibir personas desplazadas por la violencia y conflicto, de distintos tipos de origen desde indígenas, afro y campesinos que están obligados a reiniciar su vida en un lugar desconocido, en donde se sienten extraños, venir a una de las primeras ciudades del mundo en recibir personas en esta condición es enfrentarse con la
miseria, la competencia, la desajenación de su tierra, de su cultura y aumentar el asistencialismo frenético del estado neoliberal colombiano.
Esta diversidad está atravesada por el dolor, el conformismo y la ansiedad del día a día, y de la mano vienen peores condiciones para ser sujetas y sujetos de participación. Aún más para las mujeres que tienen dobles y triples feminizaciones que las convierten en víctimas inherentes al conflicto urbano de absoluta desigualdad que existe en Bogotá, teniendo en cuenta su condición de pobreza, su color de piel y su ser como mujeres. Atendiendo a esta realidad las mujeres han ido abriendo su vida con sus compañeras de grupo, con quienes las han hecho parte de su vida y ahora comparten una identidad, este fenómeno de desarraigo ha conformado una diversidad invaluable en la manera de compartir, difundir y fortalecer saberes con, desde y para las mujeres y la diversidad, es valioso incluir que el enfoque intersectorial hace parte de la coherencia de la deconstrucción del género directamente, porque habla de la diferencia de las necesidades y maneras de subjetivación.
Las educadoras y comunicadoras populares lideresas del proceso se piensan el feminismo como estilo de vida y el enfoque de género como igualdad. Consideran que es necesario reivindicar la historia y la memoria sobre las mujeres, ya que lo que se ha contado ha obviado mucho de sus vidas. La apuesta política se basa en la reivindicación de los derechos de las mujeres, como sujetos olvidados y marginados de la historia.
Somos mujeres, y como tal exigimos a las instituciones sociales absoluto respeto y resignificación de derechos, teniendo en cuenta el absurdo control de nuestro cuerpo, desde la maternidad y la sexualidad obligatoria. Por eso y por muchas cosas nuestro interés es la mujer como parte ineficaz de la binariedad (Lina, 28).
El hecho de que las mujeres populares comprendan que las niñas y niños deben crecer con la percepción de igualdad y diversidad sexual, es una transformación sin precedentes para la humanidad y su cultura política, tener memoria sobre las múltiples injusticias cometidas a personas diferentes a los hombres ha ocasionado el quebrantamiento y la fractura de los sentires. La soledad y la clandestinidad se han convertido en la cotidianidad de muchas y muchos que según el patriarcado no encajan para la sociedad capitalista que necesita seguir manteniéndose con el consumo y producción de la familia como institución.
El género en su dimensión discursiva hace parte constitutiva del entramado simbólico en el que habitan los seres humanos en tanto seres hablantes y de palabra. Y serán aquellos que se hacen cargo del cuidado y crianza, los delegados para transmitir, en el contexto de las relaciones más primarias, lo que se espera social y culturalmente del niño y la niña. (Jaramillo, 2009, p.7). El género se introduce como un elemento constitutivo de la organización y soporte de la dinámica organizativa, de sus posiciones y acciones por la vía de la conjunción de las individualidades que la conforman. Estas individualidades se hacen “colectivo” cuando se constituyen en soporte de las dinámicas organizativas. Desde este punto de vista cada organización se caracteriza por un estilo en sus dinámicas y acciones, a su vez derivado de los aportes de las mujeres, los cuales deben superestructurarse en la diversidad y el respeto por la otredad, características que van a calar con ahínco en la vida de las próximas generaciones.
Lucha Burgos14 activista mexicana afirma la necesidad de la perspectiva de género para proponer una nueva forma de humanizar la sexualidad en la comunidad y el espacio público demanda un trabajo diario en toda la sociedad reproductora de homofobia y lesbofobia. El problema entre nosotras no es la diferencia, sino la estructura fascista, lesbofóbica y homofóbica que atraviesa la sociedad. La apuesta transformadora desde la educación popular radica en las maneras de enfrentar las fuerzas que marginan las diferencias y a aquellos que oprimen, desde la autocrítica y coherencia. Así como el trabajo no digno e injusto enmarca condiciones de marginación para las mujeres heterosexuales, ciertamente es peor para personas que vivan alguna condición de homosexualidad o transexualidad, sobre todo para la condición femenina, por ejemplo si un hombre hace su tránsito a mujer, para la sociedad conservadora es un monstruo, es decir un hombre que se rebajó convirtiéndose en mujer. Esto permite llegar a una reflexión sustancial en el sentido del direccionamiento de saberes y conductas en la sociedad; de madres a hijas e hijos, de abuelas a nietas y nietos, hermanas a hermanas, amigas a amigas. Estas relaciones interpersonales, sean o no parentales siempre van a influir en las percepciones de mundo y por ende en las decisiones de mujeres y hombres, las cuales van a hacer mella en las nuevas generaciones.
14Participante en Principales debates XI Encuentro Feminista Latinoamerica y El Caribe México, 2009. Tomado de