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Creatividad y mujer

1. La creatividad

1.6 Creatividad y mujer

Antes de entrar a hacer algunas consideraciones es pertinente mencionar que la relación entre la mujer y la creatividad es un tema que va más allá de encontrar puntos en común y caminos cruzados; por el contrario, esta conexión invita a analizar otros factores implícitos de diferentes áreas de la vida de la mujer como sus relaciones con el trabajo, sus relaciones con la familia y el hogar, su sensibilidad, sus creencias, sus intereses personales, la confianza en sí misma y por supuesto las diferencias con el género opuesto, el masculino.

Tras el examen de lo anterior, es importante esclarecer un poco las diferencias entre las mujeres y los hombres. Un gran número de estudios e investigaciones con relación al tema han afirmado que las diferencias entre el género masculino y el género femenino son mínimas; un ejemplo de ello han sido los avances presentados a cargo de Eleanor Maccoby y Carol Jacklin. Los anteriores autores, en su libro The psychologhy of sex differences, presentan algunos resultados de cuidadosos estudios acerca de las

diferencias entre el género masculino y el género femenino. A través de aquellos estudios, se descubre que no se puede llegar a realizar una lista de diferencias entre los géneros porque éstas son muy pocas; por el contrario, se evidencia que existe un gran número de similitudes que merecen ser estudiadas.

Dentro de las pocas diferencias encontradas, los autores resaltan que, por un lado, las mujeres tienen una capacidad verbal superior, son más dadas a crear y cumplir las reglas de una sociedad, establecen buenas relaciones tanto con sus amigos como con sus

familiares y presentan una mayor empatía con la gente y las situaciones; por otro lado, los hombres tienen una capacidad matemática y espacial superior, buscan roles que les permitan ejercer el poder y el dominio sobre los demás, son dados a las situaciones violentas, presentan actitudes de rebeldía y están alertas de no mostrar características femeninas en su comportamiento.

En contraste, desde una perspectiva biológica, no hay duda de que los cerebros del género masculino son diferentes a los del femenino. Para evidenciar aquellas diferencias, sólo basta con observar los altos índices de mujeres zurdas en comparación con los de los hombres; esto demuestra que las mujeres no sólo tienen una estructura cerebral diferente, sino que también tienen un hemisferio dominante. Aquellas personas que tienen como tendencia natural utilizar la mano izquierda, presentan una indiscutible predominancia del hemisferio derecho, el cual es reconocido por ser la parte visual, emocional, apasionada, sensible, imaginativa, soñadora y creativa del pensamiento humano. Dicha teoría coincide con el hecho de que personajes como Leonardo da Vinci, Benjamín Franklin y Michael Ángelo, reconocidos mundialmente por sus capacidades creativas, hayan sido zurdos. Teniendo en cuenta lo anterior, es inevitable hacer la conjetura de que si existe un mayor número de mujeres zurdas que hombres, éstas deberían tener un potencial más alto para ser creativas por su predominancia del hemisferio derecho.

Teniendo en cuenta los dos anteriores puntos de vista, se empieza a pensar cuál es la verdadera relación de la mujer con la creatividad. Desde luego, y sin ir más lejos, se ha mencionado que el rol de la mujer en el campo creativo ha sido inferior al del hombre, pues este último ha tenido mayores oportunidades de inserción en ambientes educativos y mayor acceso a espacios de reconocimiento. Añádase a esto, las obras hechas por mujeres siempre se han percibido como trabajos de bajo perfil, mientras que los hombres siempre han sido identificados por ser creadores de proyectos con altos alcances como la producción de obras de teatro, la escritura de novelas, libros y artículos y el descubrimiento de nuevos inventos en los campos de la física y la matemática.

Desde los inicios de la creatividad en la época griega, las mujeres han desempeñado un papel inferior en la sociedad y sus obras creativas nunca han tenido los mismos alcances que las de los hombres. No estaría de más traer a colación ejemplos significativos de dicha problemática; según Mario Rodríguez Estrada, autor de Mujer creativa mujer completa, las mujeres nunca han corrido con suerte en el campo de la creatividad, esto

se puede ver ilustrado en las artes, donde los papeles femeninos en las obras dramáticas no podían ser caracterizados por mujeres, sino que se prefería la participación de hombres disfrazados de mujeres con máscaras. La situación en la música no varía, las mujeres talentosas no se les permitía practicar los instrumentos en los cuales se destacaban, ni mucho menos publicar sus obras; el único ser que podía destacarse y contar con reconocimiento en la sociedad podía ser el de género masculino.

He aquí un ejemplo significativo acerca de la lucha de las mujeres en el campo creativo:

En el caso de Clara Shuman, su talento llegó a ser fatal: tanto su padre como su hermano le prohibían publicar sus obras, y hasta que ella fue adulta, decidió publicar sus obras apoyada por su esposo. Sin embargo, su hermano Robert Schuman montó en cólera por tal atrevimiento y le negó la palabra. Entonces Clara murió pronto, víctima de depresión, pues adoraba a su hermano y no pudo soportar que él no la apoyara. Hasta después de su muerte, su hermano arrepentido, publicó las obras de esta gran pianista y compositora. (Rodríguez, 2005, p.33)

De estas circunstancias nace el hecho que la actual sociedad las mujeres no representen un número significativo en las obras creativas de la historia. Marcela Lagarde, antropóloga e historiadora representante del feminismo latinoamericano, manifiesta en que la misma sociedad es la que se ha encargado de que las mujeres sean percibidas como seres con menos capacidades de abstracción, capacidades teóricas, tecnológicas, entre otras. Por el contrario, éstas han sido vistas como seres para los otros y como seres de los otros. Según Lagarde, las mujeres son comprendidas en la sociedad como seres dependientes del género masculino, en especial en el ejercicio del reconocimiento, mencionado con anterioridad. “La mirada del hombre puede hacer feliz a la mujer, así como la atención, el afecto, el cuidado. Si ese hombre deja de mirar, amar, atender a esta mujer, ella puede casi morir, porque en este género la mirada del hombre es fundamental” (Lagarde, 1994, p.31).

rectifica la idea sabida de que muchas de ellas han poseído grandes habilidades no sólo para la escultura y la pintura, sino también para ciencias usualmente dominadas por el género masculino como la poesía, la novela corta, la física, la geología, la química, las matemáticas y la música.

Concedido todo esto, nacen preguntas como ¿Dónde están las mujeres creativas? “¿Dónde están las Alberta Einstein, la Federica Nietzsche y la Leonarda da Vinci en los anales de nuestra civilización? Charles Darwin admitió que su hermana era más brillante que él. Adela Galton fue la tutora de su hermano Francis Galton. ¿Por qué Mesmades Darwin y Adela Galton no tomaron el lugar de sus respectivos hermanos en los anales de la historia?” (Puente, 1999, p.145).

Ante esta situación, se han presentado un sin número de hipótesis que pretenden dar respuesta a estos cuestionamientos. Sin embargo, una de las hipótesis que ha cobrado más fuerza y se considera una de las más valiosas relaciona la ausencia del género femenino en los campos creativos por el cumplimiento del rol de madre y la atención a las preocupaciones domésticas y familiares. Ello implica que la mayoría de mujeres han desempeñado un rol en la sociedad dirigido especialmente a la crianza de los hijos; por lo tanto, éstas no han tenido la posibilidad de emprender procesos creativos que les permitan ganar un grado de reconocimiento dentro de la sociedad.

Así, con base en la hipótesis mencionada anteriormente, la mujer no sólo tiene la responsabilidad de iniciar un proceso creativo, sino también tiene responsabilidades relacionadas con la familia y con la procreación. La mujer creativa, quien al mismo tiempo es madre y esposa, al dedicarle tiempo a un trabajo creativo puede llegar a sentirse culpable por no estar compartiendo esos minutos con sus hijos y con su marido. Desde esta perspectiva, la mujer creativa siempre posee una constate preocupación por mantener el equilibrio entre su vida personal y su vida profesional.

Aníbal Puente Férreas, en su libro El cerebro creador, presenta una solución semejante

ante la ausencia del género femenino en el campo creativo. Según Puente, la causa de dicho problema se encuentra fuertemente ligada con la regla de los diez años en acción

planteada por Howard Gardner en su libro Mentes Creativas; la cual propone que desde

que el hombre inicia su trayectoria en el campo, hasta que publica su primera obra transcurren aproximadamente diez años de vida. El autor afirma que la mujer no puede igualar al hombre en su trayectoria en el campo creativo debido a que los años donde se produce la acción coinciden con la crianza y la educación de sus hijos; por lo tanto, ella no podrá aislarse de la sociedad para continuar o dar marcha a un proceso creativo. “Los romanos decían de forma muy tajante “o libros o niños”, reconociendo que uno o se dedica a crear niños o a producir conocimiento. George Bernard Shaw estaba de acuerdo con este planteamiento cuando afirmaba que “las personas con un gran carácter e inteligencia no pueden tener muchos niños” (Puente, 1999, p.148).

Una vez señalada esta distinción, conviene advertir que a lo largo de esta problemática también han surgido alternativas de respuesta diferentes a la anterior ante la relación de la mujer con la creatividad. Aquí vale la pena hacer una digresión sobre la teoría expuesta por Susan Gubar. La autora, en su ensayo “La página en blanco” y los

problemas de la creatividad femenina en el libro Otramente: lectura y escritura feministas, reconoce que la cultura está inmersa en mitos de primacía masculina donde

el ejemplo más significativo de ello se remite al cristianismo y el poder de una figura masculina representada por el Dios Padre. En su texto, se expone la teoría basada en la metáfora de la mujer como una página en blanco, como una hoja de papel en principio vacía y como una creación masculina vulnerable a ser moldeada y modificada como su creador le plazca.

Ahondando en la teoría propuesta, la mujer es representada por la página en blanco que próximamente va a estar impregnada de texto y palabras por parte de su creador masculino; de ello resulta el hecho que la creatividad se muestra como el “equilibrio entre el expulsor [hombre] y los medios retentivos [mujer]” (Proud, citado en Gubar, p.180). Con todo y lo anterior, la mujer mantiene una fuerte conexión no sólo con las palabras, sino también con la sexualidad, pues la pluma se identifica con el pene y la página con el himen.

Este modelo de la pluma-pene que escribe sobre la página virgen es parte de una larga tradición que identifica al autor como un hombre que es primario y a la mujer como su creación pasiva,

como un objeto secundario que carece de autonomía, dotado de significados con frecuencia contradictorios, pero al que se niega intencionalidad. Resulta obvio que esta tradición excluye a la mujer de la creación de la cultura, al mismo tiempo que la reifica como un artefacto dentro de la cultura. (Gubar, 1999, p.180)

Gubar, autora del texto, afirma que si bien es cierto existe una imagen de la mujer representada como artefacto; no obstante, dicha imagen no proviene propiamente del hombre, antes por el contrario, es propia de la misma mujer quien no es capaz de apropiarse de la pluma y prefiere sentirse orgullosa de ser una creación de lo masculino. Al considerar lo anterior en conjunto, es conveniente señalar que la imagen de texto que tiene la mujer de sí misma termina afectando el desarrollo de su propia creatividad; afección que nunca llega a ser anulación debido a que la mujer que no es creadora puede llegar a ser objeto de creación.

Bajo esta perspectiva, la autora plantea que la relación entre la creatividad y la mujer se ha conectado de forma casi clandestina y oculta; “la creatividad femenina ha tenido que expresarse dentro de los confines de la domesticidad… ellas al menos podían pintar sus propios rostros, dar forma a sus propios cuerpos y modular sus propios tonos vocales para convertirse en el cristal de la moda y el molde de la forma. Para las mujeres, crear significa no sólo componer historias, sino componer caras” (Gruber, 1999, p. 183). Los ejemplos de la creatividad femenina en lo domestico abundan, algunos de ellos se ven representados a través de la decoración de la cocina, el maquillaje en el rostro, la posición de los utensilios en la mesa y la manera en la que se combinan los colores de los alimentos.

Una vez señaladas estas distinciones, conviene advertir que Gubar no agota la posibilidad de la existencia de la mujer creadora. Llegando a este punto, la autora afirma que como la mujer en sí misma es una obra de arte, cuando ésta decide tomar la pluma y empezar a crear siente que existe un espacio muy estrecho entre el artista y el arte; se comprueba de este modo que la mujer puede ser al mismo tiempo artista y arte.

En suma, la autora del ensayo concluye que, después de un largo rodeo, la página en blanco que representa a la mujer no denota pasividad e inocencia; por el contrario simboliza un acto de resistencia y subversión. “La página en blanco puede significar

cualquier número de libretos alternativos para las mujeres… contiene todas las historias en ninguna historia, así como el silencio contiene todos los sonidos potenciales y el blanco todos los colores” (Gubar, 1999, p. 197). Todo lo dicho hasta ahora conduce a entender que “la página en blanco, un espacio interior de la mujer, representa la disposición para la inspiración y la creación, el ser concebido y dedicado a su propia divinidad potencial” (Gubar, 1999, p. 200).

Todo lo dicho hasta ahora muestra pequeños vistazos acerca de la problemática de la relación de la mujer con la creatividad. Conviene, sin embargo, advertir que dicha problemática no se ha dado por la ausencia de potencial creativo en la mujer, sino más bien por factores externos que no le han permitido acceder a procesos creativos y obtener el reconocimiento que se considera tan importante dentro del campo de la creatividad.

Planteada así la cuestión referente al tema de la creatividad y todo lo relacionado con ella, se puede retomar al tema central, como se dijo al comienzo de este capítulo, referente a las voces de las mujeres creativas que desearon o desean ingresar al campo laboral. Considerando así el asunto, se dará paso a la siguiente parte de este trabajo de grado, el cual irá más encaminada a la situación actual de las mujeres creativas en materia laboral, más específicamente en el campo de la Publicidad.

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