sin más causa que acoger la Vida,
extender la cadena de la vida.
En ellos te conozco y te bendigo.
Bendito seas, Señor, Dios de la vida.
Por Charo Rodríguez
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con los condenados, crucificado con los crucificados.”
Leonardo Boff.[3]
Cuando el Maestro define a Dios como bueno no está indicando que la bondad está en el centro del ser hu- mano, en su interior, sino todo lo con- trario. Afirma que únicamente Dios es verdaderamente bueno y cualquier bondad que se tenga o se ponga en práctica proviene de Él [4].
Al presente, ante esta forma de pre- sentar a Jesús y su mensaje, aparecen dos reacciones contrarias. Una es rea- lizar una síntesis interpretativa de toda la Biblia y tan pronto saltan de un lu- gar a otro de las Escrituras sin tener como centro y punto de orientación el mensaje de Jesús. De esta forma, de- fienden sin problemas algunos textos que hablan de, por ejemplo, apedrear adúlteras y acto siguiente pasan sin más a considerar la enorme ternura de Jesús al rodearse de niños. Es una de- terminada concepción de lo que es la Biblia lo que no les permite ver que ambos textos están en tensión.
En el polo opuesto están los que han rechazado totalmente la Biblia, inclu- so entre ellos hay antiguos creyentes. Lo sorprendente es que tanto unos como otros interpretan las Escrituras de igual forma, son literalistas. No han sabido ver la gracia y la verdad como claves para comprender el men- saje evangélico.
Pero algunos, es cierto, dicen que sí que lo entienden pero que no pueden aceptarlo. La razón es principalmente moral y así sostienen que un Dios que fuera verdaderamente bueno jamás dejaría que sucediera tanto mal y su- frimiento entre los seres humanos. Ante la tortura de un niño o la enfer- medad genética de una pequeña, la respuesta no puede ser otra que aseve- rar que Dios no existe, y que si existe
no se puede afirmar nada de Él, es el Misterio indefinible. Jesús no sería más que un varón judío del siglo I que vivió su fe dentro de los parámetros de su tiempo, eso sí, marcó un antes y un después con, precisamente, mostrar esa compasión y misericordia para con el otro. Habría sido un profeta apocalíptico fracasado.
Reconozco que yo, de haber sido Dios, habría realizado las cosas de otra forma. Tampoco permitiría el cáncer en niños o las enfermedades sin control pero, dicho lo cual, lo que no puedo afirmar es que Jesús no die- ra una respuesta ante el sufrimiento humano. No puedo sostenerlo porque sencillamente es falso. Esta respuesta es la encarnación para sufrir y salvar, se trató de padecer con nosotros y por causa nuestra. No estamos ante una falta de intervención divina sino de una intervención que a nosotros nos parece insuficiente. Permitidme la reiteración, una cosa es admitir esto y otra es decir que el Dios de Jesús no ha dicho una palabra al respecto. ¿Ac- túa o no actúa el Dios cristiano? Sí, aunque no como nosotros esperaría- mos.
Jesús se encontró en esta misma situa- ción. Él vivió en la peor de las condi- ciones posibles, en medio de una so- ciedad que se movía en la miseria, la violencia, la enfermedad y el despre- cio por el desvalido. Su respuesta fue que con él irrumpía el Reino de los Cielos y sus actos milagrosos eran se- ñales de que cuando el mismo fuera instaurado plenamente el dolor hu- mano sería erradicado. La fe en su Pa- dre lo llevaba a afirmar, vez tras vez, que la comprensión de todo pasaba por él como mensaje viviente. La tra- gedia humana no fue lo que le impidió actuar en nombre de su Padre bueno sino lo que le impulsó a seguir adelan- te.
Personalmente sostengo que Jesús fue un reformador del judaísmo, alguien que creía en la revelación veterotesta- mentaria pero que consideró que ese código de santidad que reinaba en su época era un error. Lo cambió en uno de misericordia. Él apuntaba a que su tradición y fe provenían del Antiguo
[3] L. BOFF, Teología desde el lugar del pobre (Santander, Sal Terrae, 1986) 133. [4] Mateo 19:16-17a: “En cierta ocasión se acercó uno y le preguntó: Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno sólo es bueno.”
Testamento pero añadió el elemento central de la compasión, del perdón sin medida, totalmente novedoso tal y como lo planteó. Sí, la teología cris- tiana ha afirmado desde siempre que Dios ha respondido en Cristo a los in- terrogantes más profundos que posee el ser humano pero también ha reitera- do que esta respuesta tiene dos fases. La primera se cumplió con la vida y obra de Jesús y la segunda se cumpli- rá cuando regrese.
Jesús mostró cómo era Dios, actuó en el centro de la miseria humana y fue capaz de crear esperanza. Murió por- que creía en la compasión de su Padre pero no en las de las personas ya que fue crucificado precisamente por ellas. Jesús todavía sigue siendo la propues- ta del Dios bueno al ser humano per- dido.
“Nosotros, los cristianos ortodo- xos, no deberíamos eliminar con excesiva rapidez un Jesuanismo de ese tipo en sus manifestaciones más variadas. Se podría uno pre- guntar si un ser humano detentador de un amor absoluto y puro, libre de todo género de egoísmo, no ha de ser algo más que mero hom- bre”.
Karl Rahner.[5] R
[5] K. RAHNER citado en J. SOBRINO, Jesús en América Latina (Santander, Sal Terrae, 1982) 47.