TERCERA PARTE
II. FORMAS DE SUPERAR LA DESIGUALDAD EN LA CEPAL
1. Crecimiento Económico
Desde sus comienzos, uno de las principales preocupaciones de la CEPAL fue el desarrollo económico de la región. Para entonces, existía el diagnóstico de que el subdesarrollo correspondía a un retraso que debía ser revertido para que los países latinoamericanos lograran equipararse con los “Países Centrales”. En este marco se desarrolla la Teoría estructuralista para fomentar el desarrollo económico de la región, tratando de explicar las causas y los mecanismos de aumento persistente de la productividad del factor trabajo y sus repercusiones en la organización de la producción y en la forma en que se distribuye y utiliza el producto social. (Furtado; 1973)
Cabía la preocupación por interiorizarse por otros aspectos que también favorecían el desarrollo de la sociedad, no tan sólo en lo económico. En sus primeros años, la CEPAL se aboca a la investigación de alternativas a la teoría económica neoclásica sobre el aumento de la productividad que señalaba que correspondía a la acumulación de capital. De esta forma varios intelectuales, entre ellos Celso Furtado
y José Medina Echeverría comienzan la búsqueda de variables no económicas que permitan explicar el índice de crecimiento de la producción económica, lo que dará origen a la sociología del desarrollo. De esta forma, entre los elementos que surgen como explicación de las transformaciones estructurales e ideológicas de América Latina se encuentra la figura de “la hacienda” como elemento estructurador de la sociedad y por tanto de la desigualdad social que sería “heredada” desde ella y que nos determinaría hasta mediados del siglo XX. (Medina, 1963).
Esta tendencia se mantendrá hasta finales de la década de 1980 donde la propuesta básica para disminuir la desigualdad está dada por el crecimiento económico y las formas de conseguirlo, explorando factores propios de la economía pero también de otros ámbitos como factores culturales, educacionales, etc.
En esta iniciativa, el mercado es un mecanismo básico para la asignación de recursos. Sin embargo, a medida que los años fueron pasando fue creciendo la idea de que por sí solo es insuficiente para cumplir eficazmente este rol. Hacia el año 2000, la CEPAL proponía que el desarrollo se logra mediante la combinación del mercado con la acción estatal. El eje de la acción consiste en producir los cambios estructurales que son necesarios para impulsar el desarrollo. (CEPAL; 2000)
La desigualdad era vista de forma casi consustancial a la región, la que estaba sumida en una “fase anterior de desarrollo”. Esta visión irá cambiando en la década de 1970 donde el subdesarrollo y la desigualdad comienzan a ser vistas como el conjunto de resultados inherentes o normales al funcionamiento de un determinado sistema y no como una fase. De esta forma, el subdesarrollo comienza a dejar de ser visto como una etapa del desarrollo y se transforma más bien en un resultado de relaciones tanto nacionales como internacionales. (Sunkel; 1970)
En el ámbito interno, se plantea que se produce una división con sectores y actividades económicas avanzadas y modernas, por un lado, y por otro, espacios físicos, grupos sociales y actividades económicas atrasadas, primitivas, marginadas
y dependientes. Esta división estaría arraigada incluso en espacios físicos determinados según los tipos de producción. (Sunkel; 1970). Conceptualmente se le llamó a este fenómeno “Heterogeneidad Estructural” y se le consideró como una de las principales fuentes de desigualdad.
La expansión relativamente más rápida del nivel tecnológico del sector moderno que del primitivo sobre el mercado de trabajo, aumentan con rapidez las demandas de recursos humanos calificados y disminuye la intensidad de la demanda de personal sin calificación, lo que tiende a deprimir el nivel del salario real de estos últimos y a limitar sus oportunidades de ocupación regular. (Sunkel; 1970)
Hacia finales de la década de 1980, lo que se proponía era una transformación productiva, pero con equidad. Al mismo tiempo, la posibilidad de la apertura económica surge cada vez más como una realidad, entendiendo los esfuerzos y beneficios que se estaban observando en Europa gracias a las conversaciones para lograr la Unión Europea.
La naciente apertura económica es también una preocupación ante la baja competitividad internacional de algunas economías latinoamericanas que no habían podido desarrollar una industria nacional fuerte.
El crecimiento permite incorporar nuevas generaciones de equipos y productos, contribuye por esa vía a elevar la productividad y así reforzar la competitividad internacional. Se pensaba en un “círculo virtuoso” entre crecimiento y competitividad, en el cual con frecuencia suelen omitirse los requisitos de equidad, austeridad y aprendizaje tecnológico, constituye uno de los ejes centrales de las experiencias exitosas de “industrialización” (Fajnzylber; 2006)
En este sentido, el crecimiento económico se veía también como un elemento que permitía mejorar las condiciones de gobernabilidad de la región, donde algunos países venían recién saliendo de largas dictaduras militares. (Fajnzylber; 2006) De
esta forma, el crecimiento y la estabilidad económica siguen primando por sobre la búsqueda de la igualdad, incluso como factor determinante para el mantenimiento de la democracia y la gobernabilidad.
En términos generales, se buscaba una transformación productiva, para transitar desde la renta perecible de los recursos naturales hacia la renta no perecible de la incorporación de progreso técnico al sector productivo. Sin embargo desde el aspecto social y cultural no existen propuestas de transformación, sin las cuales, las mejoras en los niveles de igualdad retrocederían en el devenir de la sociedad, generando nuevas diferencias con características que seguramente reproducirían las desigualdades existentes antes de la transformación.
Finalmente, hacia la década de 1990, el pensamiento de la CEPAL se había concentrado en desarrollar propuestas para impulsar la transformación productiva con equidad, de modo de potenciar las energías empresariales y la calificación de la mano de obra para poder generar las condiciones de un crecimiento sostenido respetando las reglas de la integración económica, del mercado, y la necesidad de mantener equilibrios macroeconómicos. (CEPAL; 2000)
Esta iniciativa de crecimiento económico ha transitado desde la política de Industrialización por Sustitución de Importaciones, la Reforma Agraria y las políticas de apertura económica. Todas ellas sin embargo, sin capacidad para reducir la desigualdad social o económica en forma efectiva. Si bien, los niveles de pobreza han podido ser modificados en la región y especialmente en Chile, la riqueza en América Latina también ha aumentado gracias a estas mismas políticas, manteniendo la desigualdad económica y social. Esta figura de crecimiento es lo que se llamó como la “política del chorreo” donde la riqueza se derrama desde los grupos privilegiados a los más pobres, manteniendo o profundizando la desigualdad.