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Un nuevo enfoque en la CEPAL El impacto del Informe Stiglitz y el informe de 2010 “La Hora de la Igualdad”.

CUARTA PARTE

5. Un nuevo enfoque en la CEPAL El impacto del Informe Stiglitz y el informe de 2010 “La Hora de la Igualdad”.

El informe de la CEPAL de 2010 titulado “La hora de la igualdad” es la respuesta Cepalina al llamado realizado por Joseph Stiglitz a profundizar los temas relevados en el informe elaborado por la comisión de “Comisión de Expertos” encomendada por el presidente de Francia de la época Nicolás Sarkozy para analizar la profunda crisis económica que surge a fines de 2007 y generar recomendaciones al respecto.

El informe señala entre otras cosas, la necesidad de que las organizaciones internacionales desarrollen nuevas líneas investigativas que tengan que ver con la desigualdad y la sustentabilidad y que dejen de mirar el crecimiento económico como

el único indicador de desarrollo y bienestar social. Entre sus principales recomendaciones destaca la necesidad de dar más importancia al estudio de los ingresos y el consumo, y no centrarse exclusivamente en la producción. Así mismo centrarse también en observar la situación dentro de los países, lo que fortalece la mirada de la desigualdad. Entre sus recomendaciones destaca en la número 4 “Otorgar más importancia a la distribución de los ingresos, del consumo y de las riquezas” y la número 7 donde señala que “Los indicadores de la calidad de vida deberían, en todas las dimensiones que cubren, proporcionar una evaluación exhaustiva y global de las desigualdades”.

Así mismo, se establece una diferencia entre la evaluación del bienestar presente y la evaluación de su capacidad de mantenerse a lo largo del tiempo. El bienestar presente dependería de los recursos económicos disponibles, como los ingresos y de características no económicas, como lo que hacen y lo que pueden hacer, la valoración de su vida y de su entorno natural. El mantenimiento en el tiempo sin embargo, depende de si las personas serán capaces de transmitir los capitales importantes en sus vidas a las generaciones futuras.

En este sentido, el informe de la comisión Stiglitz vino a reforzar la idea de que era necesario dejar de observar exactamente los mismos fenómenos económicos pues estos no habían dejado ver la formación de la crisis.

Otro antecedente relevante para el giro de la CEPAL, tiene relación con el empeoramiento de las cifras de pobreza en Chile. Por primera vez desde el año 1987, la pobreza no registraba un retroceso y por el contrario, registraba un leve aumento. Independiente de la polémica de la época a raíz de los cambios de mediciones de la encuesta CASEN, tanto los cálculos del gobierno como de la CEPAL coincidían que la pobreza había dejado de reducirse por primera vez en 23 años. Este fenómeno causó extrañeza en un país que aplicó obedientemente los lineamientos neoliberales propuestos por organizaciones como el Fondo Monetario Internacional y que se empinaba ya en la segunda década de estabilidad política,

situación ideal para el desarrollo productivo y por tanto (según era el pensamiento de la época) para disminuir significativamente la pobreza.

Luego del informe “La hora de la igualdad”, surge toda una línea de trabajo entorno a la desigualdad que sigue activa actualmente. En 2014 aparece “Pactos para la Igualdad” en el que se señala que los dos grandes retos que enfrentan el desarrollo en América Latina y el Caribe tienen relación con lograr mayores grados de igualdad y procurar sostenibilidad en la actual inflexión de desarrollo y de cara a las nuevas generaciones.

Este documento sigue la línea planteada por la CEPAL en 2010, donde se propone un desarrollo centrado en la igualdad con enfoque de derechos. “Igualar para crecer y crecer para igualar”.

Cobra nuevamente fuerza la necesidad de situar al Estado como actor central como ente regulador y fiscalizador de las prácticas económicas en vista de la imposibilidad de auto regulación mostrada por el Mercado en la crisis de los créditos hipotecarios de alto riesgo. Se propone estabilizar y resistir la aparición de los tipos de cambio, apartarse de la ortodoxia de los años ochenta y noventa del siglo pasado, entendiendo que imponía una camisa de fuerza al desarrollo de las capacidades productivas de la región. Luego se planteó la necesidad de superar la heterogeneidad estructural productiva de la región promoviendo políticas industriales.

La hora de la igualdad propuso trabajar en tres aspectos: dimensión territorial, el empleo y la protección social.

La perspectiva territorial, determina la generación de empleo productivo y de esa manera aporta mayor solidez tanto fiscal como contributiva en beneficio de la protección social y el desarrollo de capacidades.

La protección y la inversión sociales deben promover la igualdad y el dinamismo productivo. Inversión en la temprana infancia, incorporación de la mujer al mercado del trabajo.

Este nuevo trabajo, la CEPAL entiende la igualdad no solo como una mejor distribución del ingreso, se entiende también como una mayor igualdad de capacidades, en agencia, en pleno ejercicio de la ciudadanía y en dignidad y reconocimiento recíproco de los actores.

En este sentido, la nueva entrega de CEPAL, no parece avanzar más allá en la comprensión del fenómeno de la pobreza en términos relacionales, quedándose exclusivamente en la observación de nuevas diferencias y factores que “determinarían” o “explican” la pobreza como si se tratase poleas capaces de elevar una carga pesada para superar una determinada frontera que es determinada políticamente.