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4. Sensaciones, miedos y criminalidad

4.2 Criminalidad y discurso sobre la criminalidad

Nuestro trabajo aborda el discurso de la criminalidad en noticias televisivas de Costa Rica, sin embargo, hasta el momento no nos hemos detenido a explicar qué es la criminalidad y

cómo delimitamos ese discurso. En la presente sección abordaremos estos aspectos siempre con la finalidad de explicitar nuestra postura y no de hacer una exposición detallada y crítica sobre distintas teorías sobre el crimen, la criminalidad o la criminología, no obstante, cabe señalar que tomamos elementos de teorías particulares como el labbeling approach (enfoque del etiquetamiento) y la criminología crítica (Baratta 2002).

El concepto de criminalidad (o delincuencia) se refiere a unas prácticas sociales que se agrupan en torno a un acto determinado: el crimen. El crimen, como todo concepto, constituye una construcción y, por ende, se basa en criterios subjetivos para su delimitación. La particularidad de este concepto es que, en primer lugar, designa actos sociales, en segundo lugar, es de uso especializado y cotidiano, y, por último, a partir de él se establece todo un entramado social (instituciones, normas, actores, políticas públicas). El concepto de crimen401 se refiere a un conjunto de actos que transgreden normas sociales explícitas (leyes). De esta manera, el concepto se encuentra delimitado explícitamente402 a diferencia de muchos otros que se forman y enuncian sin un “acuerdo” ostensible. A pesar de lo anterior, en los “acuerdos” sociales (explícitos), en general, no se manifiesta la posición de una mayoría directa ni representativa, por lo cual ese acuerdo corresponde a una decisión tomada por un grupo social en específico. Esto conlleva que un grupo social identifique, distinga y categorice unos actos sociales según sus criterios. De manera superficial se pueden identificar dos criterios generales serían una desviación de las normas (morales) subyacentes universales del comportamiento social o un peligro para el buen funcionamiento o bienestar de la sociedad403 (Baratta404 2002). Ambos criterios son construcciones y responden a concepciones específicas sobre la sociedad y las personas y se preocupan de distintos aspectos de estos actos. En la primera, se postula una moral universal que todas las personas en tanto seres humanos compartirían como base de la sociedad, es decir, quien se desvíe de esta moral, no cumpliría con requisitos para ser considerado como persona o ser humano. De aquí se han originado variadas posiciones dentro de un continuum que han buscado (y buscan) otorgar una explicación a las causas de los actos: desde aquellas posturas biológicas, en las que aquellos que delinquen son tratados como enfermos (del alma, de la mente, “malos” por naturaleza), hasta aquellas más sociales, que el “problema” sería que poseen otros valores y comportamientos por pertenecer a grupos sociales

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Creemos (no poseemos estudios que respalden esta impresión) que en el lenguaje coloquial en Costa Rica el término crimen también se puede asociar a un acto delictivo específico: el homicidio. Este aspecto no lo abordamos en este capítulo, pero sí en las conclusiones.

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Todo enunciado explícito se relaciona con representaciones y asociaciones implícitas, por lo cual no se debe entender al utilizar el término explícito o explícitamente que todo ha sido exteriorizado, ya que siempre habrá aspectos que se mantienen implícitos.

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A esto se le denomina la ideología de la defensa social (Baratta 2002: 35-43).

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En el texto de Baratta (2002) se identifican criterios más específicos que guían distintas perspectivas dentro de los estudios sobre el crimen y la criminalidad.

“bajos”405, debido a que no han recibido una “educación social” satisfactoria. En la segunda concepción, la preocupación recae en las consecuencias de estos actos, ya que no importan tanto sus causas (no ajustarse a la moral universal que rige el comportamiento social), sino sus efectos en la sociedad. En este caso se observa que se posee una concepción particular (ideal) de la sociedad a partir de la cual se establece cuál debe ser su funcionamiento y cuál es el bienestar de sus miembros. De esta manera, quienes delinquen de alguna forma podrían desestabilizar el sistema social y poner en peligro su funcionamiento y estructura. Ahora bien, en las sociedades modernas, dentro de las cuales se incluye Costa Rica, la organización social responde a los ideales burgueses y al sistema económico capitalista, por lo cual, en general, las normativas imperantes y su aplicación intentan defender estas ideologías (o discursos) y el sistema406 (Baratta 2002: 168-175; Santos 1999). A partir de ambos criterios se han generado teorías407 que intentan abordar el crimen o la criminalidad como objeto de estudio408.

Desde esa delimitación jurídica explícita se originan un uso especializado y otro cotidiano del término. El uso especializado del término conceptualiza al crimen como la violación de normas jurídicas. Sin embargo, no toda violación se incluiría dentro del concepto crimen, sino, en específico, aquellas que violen normas penales (Baratta 2002: 29), es decir, normas establecidas en el código penal. De esta manera, no se consideran como crímenes violaciones de otra índole como laborales o administrativas. Por su parte, consideramos que el uso cotidiano del término se refiere a un conjunto limitado de violaciones a esas normas jurídicas penales, lo que se conoce como “delincuencia común” (robos, hurtos, homicidios, homicidios en grado de tentativa), con lo que se dejan de lado transgresiones que por su naturaleza suelen ser más graves en términos económicos como corrupción o “delitos económicos”. Esta distinción de usos tiene relevancia, debido a que, por un lado, para que la

criminalidad o el crimen sean considerados una “preocupación” o “problema” social

(generalizado), personas no especializadas deben hacer uso del concepto y, por otro lado, nos ocupamos del discurso sobre la criminalidad que se manifiesta en textos informativos de gran alcance, los cuales recurren a lenguajes y discursos no especializados con el fin de que la realización lingüística sea inteligible para un mayor número de personas. De hecho, consideramos que ese uso no especializado es la fuente y justificación de la gran mayoría de políticas públicas respecto a la criminalidad, por cuanto buscan solucionar ese “problema” social construido por los ciudadanos “comunes” (no especializados) y así satisfacer sus “necesidades” y “requerimientos”.

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En muchas ocasiones se utiliza los términos desfavorecidos o excluidos para referirse a estos grupos sociales, sin embargo, preferimos recurrir a bajos para evidenciar la conformación estratificada de las sociedades.

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Un ejemplo de esto lo constituyen legislaciones como ley antiterrorismo y ley en contra de manifestaciones callejeras (bloqueos).

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Hay teorías que se ocupan de ambos criterios, otras priorizan uno de ellos.

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La criminalidad se puede conceptualizar como el conjunto de los actos criminales o como una “realidad” social particular (Baratta 2002: 109), en la cual se incluyen los actos (catalogados como) “desviados”, los actores involucrados (víctimas, victimarios, órganos de control social) y otros aspectos que rodean al acto (lugar, instrumentos, valoraciones, emociones, reacciones). Nosotros nos inclinamos por la segunda, por cuanto la primera se refiera sólo al acto “desviado”. A partir de la construcción de los conceptos de crimen y

criminalidad, de sus usos, de los actos y realidades sociales referidas se genera todo un

engranaje simbólico e institucional, el cual legitima la existencia de instituciones y actores sociales (sistema penal, órganos de control social, sistema penitenciario), motiva la división y planificación de políticas públicas que intentan “prevenir”, “controlar” y “reprimir” el crimen, origina un objeto de estudio científico (criminológico, sociológico, psicológico, antropológico), así como guía actuaciones sociales de los ciudadanos409. Así, se evidencia que esta “realidad” social motiva y justifica todo un andamiaje social, el cual repercute en la organización social (sociedad) y el espacio social, ya que determina la formación y actuación de una enorme institucionalidad (sistema penal, sistema penitenciario, políticas criminales, políticas de seguridad pública) y define los roles de los actores, entre los cuales está el Estado.

Ese engranaje simbólico, señalado más arriba, corresponde al discurso sobre la criminalidad a un nivel social global: un conjunto de representaciones y asociaciones sobre los actos “desviados” y sus delimitaciones, los actores involucrados, los roles de los actores, las situaciones en que se dan los actos, las causas y consecuencias de los actos, las sensaciones y emociones ante los actos, las valoraciones de los actos y actores. Sin embargo, en el presente trabajo no abordamos este discurso a un nivel social global (si es que se puede identificar ese nivel), sino en su manifestación en los textos informativos televisivos producidos por medios de comunicación de gran alcance, lo que conlleva que el discurso conforme una red discursiva con otros discursos como el periodístico, sobre el lenguaje particular. Esta red discursiva puede provocar una manifestación y organización distinta del discurso sobre la criminalidad (por ejemplo, actores que no son mencionados, causas o consecuencias a nivel macrosocial que son ignoradas).

Ahora bien, como se señaló más arriba, el concepto de crimen es una construcción que se refiere a actos sociales particulares, cuyos criterios de delimitación son explícitos (normas jurídicas penales). Sin embargo, existe un uso cotidiano que restringe su aplicación a específicos actos “desviados”. Ese uso cotidiano son realizaciones lingüísticas frecuentes aceptadas por un grupo social (en este caso, grupos sociales), en las cuales se manifiesta el conocimiento (representaciones y asociaciones) sobre el crimen, por lo que se puede identificar un discurso sobre estos actos “desviados”. Estos actos desviados son el fundamento para el origen del

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Dentro de los ciudadanos también se incluye a personas etiquetadas como “criminales” o “potenciales criminales”.

concepto de criminalidad y su discurso, que nos interesa en nuestro trabajo. En este contexto, tanto el discurso sobre el crimen como sobre la criminalidad enunciados en los textos informativos de gran alcance constituyen la manifestación del discurso de un grupo social y una fuente de propagación de esos discursos cotidianos, en la medida en que un gran número de perceptores (receptores) puede construir representaciones y asociaciones similares, lo cual tiene repercusiones en el espacio social410. A partir de lo anterior, se observa que los medios de comunicación son un componente411 relevante del “acuerdo” social sobre la delimitación cotidiana de qué es crimen y, principalmente, criminalidad (Caviglia 2006: 139), ya que en sus textos se presenta no sólo el acto sino también involucrados, valoraciones, emociones, causas, consecuencias, entre otros.

Finalmente, cabe precisar que, en el marco de este trabajo, el discurso sobre la criminalidad se encuentra más delimitado por decisión metodológica, por cuanto se dejan de lado “desviaciones” de las normas jurídicas penales que aparecen en los textos informativos como abusos sexuales (violaciones) y narcotráfico, además de aquellos acontecimientos cuyo tema central sea el proceso judicial en contra de involucrados en los actos. Es así como se trabajará se trabajará sólo con el discurso sobre la criminalidad en textos informativos televisivos, cuyos (aparentes412) temas principales sean los actos “desviados”.

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Ver capítulo 5.

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Otros componentes fundamentales son la creación y la aplicación de las leyes.

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Utilizamos aparente, ya que el proceso de selección del corpus se realiza previamente al de análisis fino, el cual podría mostrar que el tema principal de una noticia seleccionada no fuera el acto desviado o que alguna excluida sí concordara con nuestros criterios.