EL DESARROLLO Y LA CONSOLIDACIÓN DE UN PROYECTO DE HISTORIA SOCIAL
1. La crisis de la clase obrera y la historia del movimiento obrero
En los años ochenta, el declive industrial, ya iniciado a mediados de los setenta, se acentuó, y la concepción tradicional de clase obrera y el movimiento obrero entraron en crisis. La reconversión industrial, la pujanza de otros sectores, el paro en las grandes regiones industriales fran- cesas del Nord, Lorena, París, Bajo Loira..., y un contexto de automatiza- ción creciente en la producción, provocaron un descenso en el número de obreros. Por otra parte, aumentó el nivel de vida de éstos, que se integra- ron en la sociedad de consumo, y disminuyeron sus diferencias con las demás clases sociales. Todo ello afectó a la conciencia de clase y ayuda a explicar la crisis de las organizaciones sindicales, que perdieron representa- tividad entre los obreros, y de los partidos políticos: los partidos tradicio- nales del movimiento obrero, en especial el comunista, vieron reducidas sus fuerzas, mientras que los ecologistas y la extrema derecha empezaron a alcanzar porcentajes importantes, estos últimos apoyados en el rechazo a la
inmigración.255 Estas transformaciones en el mundo del trabajo y en el
254 Entrevista a J. Girault. Chatenay-Malabry, 10 de junio de 2000.
255 De 1982 a 1990, la industria perdió 676 000 empleos obreros y la agricultura 32 000; en cambio, el terciario ganó 233 000. Las cifras en Alain Chenu, «Una classe ou- vrière en crise», en La Société Française, París, INSEE, 1993, pp. 476-482. Es muy signifi- cativo que el voto de los obreros al partido de extrema derecha Front National pasara del 16 % en 1988 al 27 % en 1995. Sobre este tema, Nonna Mayer, «Du communisme... au Front National», L’Histoire, 195 (enero, 1996). Sobre las transformaciones en la clase obre- ra: G. Noiriel, Les Ouvriers dans la société française, París, Le Seuil, 1986; M. Verret, «Où va la classe ouvrièr?», en G. P. Azémar, Ouvriers, ouvrières. Un continent morcelé et silencieux, París, Autrement, 1992, pp. 21-23; R. Castel, Les métamorphoses de la question sociale. Une
chronique du salariat, París, Fayard, 1995; y J. Marseille, «Les derniers jours de la classe
modo de vida de los obreros hizo menos perceptibles los elementos que
caracterizaban la identidad cultural de clase.256 Mediados los noventa,
Antoine Prost reflexionó sobre la condición obrera. Hasta entonces, la sociología del trabajo había encontrado su fundamento en la evidencia de la existencia de una clase obrera. Las figuras del minero o del metalúrgico se habían impuesto como tipos ideales de obreros. A ello se añadía la fuer- te presencia de las grandes organizaciones sindicales y de los partidos comunista y socialista. Se sabía quién era obrero y no se ponía en duda esta definición. Sin embargo, ahora, esta evidencia no era tal. Este modelo cen- tral se había debilitado y había perdido su pertinencia, a la vez que tam- bién se habían debilitado las organizaciones obreras que garantizaban su ejemplaridad. La sociología obrera veía incierto su objeto, se dudaba del concepto mismo de clase obrera. De esta manera, la crisis de la clase obre-
ra fue también la crisis de su representación.257
En una sociedad mucho más compleja, la percepción de la clase obre- ra cambió. La historiografía francesa, atenta a los transformaciones sociales, se hizo eco de estas mutaciones. Para reflejar esta nueva realidad social, la historia obrera consolidó su apertura hacia otros enfoques. Atrás quedó la his- toria del movimiento obrero, ya minoritaria. La crítica a una historia exce- sivamente política y la existencia de otros medios de divulgación, como los
Cahiers de Georges Sorel, son razones que ayudan a explicar la progresiva
pérdida de peso de la historia del movimiento obrero en Le Mouvement
Social.258No obstante, aunque en menor medida que en tiempos pasados,
256 Al respecto: M. Rebérioux, «La culture au pluriel», en A. Burguière y J. Revel (dirs.), Histoire de la France. Les formes de la culture, París, Le Seuil, 1993, pp. 463-466; y J. P. Terrail, Destins ouvriers. La fin d’une classe?, París, PUF, 1990.
257 A. Prost, «Qu’est-il arrivé à la sociologie du travail française?», MS, 171 (abril- junio, 1995), pp. 79-95.
258 Cahiers de Georges Sorel, 1 (1983-1989), anual. Société d’Études Soréliennes, Musée Social. 5, rue Las Cases, 75007, París. Del coloquio «Georges Sorel et son temps», celebrado en la École Normale Supérieure del 13 al 15 de mayo de 1982, surgieron dife- rentes iniciativas. Las principales fueron la creación de la Société d’Études Soréliennes, fun- dada el 1 de junio de 1983, con el objetivo de dar a conocer la obra de Sorel; y la creación de un boletín: Cahiers de Georges Sorel. En su comité científico encontramos nombres ya conocidos de la historia obrera francesa, y vinculados a MS, como los de C. Chambelland, M. Rebérioux y R. Paris. El director de la publicación era J. Julliard, y, en 1986, entró en la redación Ch. Prochasson. En 1989, los Cahiers de Georges Sorel se convierten en Mil Neuf
los artículos sobre la historia del movimiento obrero mantuvieron su espa- cio. Georges Haupt afirmó la necesidad de entablar un combate que se debía librar permanentemente en dos frentes: contra quienes consideraban que el movimiento obrero estaba excluido de la historia social y contra la historiografía oficial de las organizaciones obreras dominadas durante decenios por la política y el pensamiento estalinistas, que reescribían la
historia en función de las necesidades del momento.259
Le Mouvement Social publicó varios artículos sobre el comunismo que
contribuyeron al desarrollo de su investigación.260Fueron también nume-
rosos los referidos a las diferentes corrientes del movimiento sindical,
desde la tradición revolucionaria hasta la reformista.261 Especial impor-
tancia tuvo la celebración del cincuentenario del Frente Popular, motivo por el cual, junto a un bloque de artículos en la revista, se publicó la obra
La France en Mouvement, 1934-1938, reedición de dieciseis artículos de Le
259 G. Haupt, L’historien et le mouvement social, París, Maspero, 1980.
260 J. F. Gelly, «À la recherche de l’unité organique: la démarche du Parti Communis- te Français (1934-1938)», MS, 121 (octubre-diciembre, 1982), pp. 87-116. MS, 113 (octubre-diciembre, 1980): D. Peschanski, «La demande de parution légale de L’Humani-
té (17 juin 1940-27 août 1940)», pp. 67-89; e I. Avakoumovitch, «Le PCF vu par le com-
mandement des troupes d’occupation allemandes», pp. 91-99. A. Lacroix-Riz, «Un minis- tre communiste face à la question des salaries: l’action d’Ambroise Croizat de novembre 1945 à mai 1947», MS, 123 (abril-junio, 1983), pp. 3-44; y M. Hastings, «Identité cultu- relle locale et politique festive communiste: Halluin la Rouge, 1920-1934», MS, 139 (abril-junio, 1987), pp. 8-25.
261 MS, 116 (julio-septiembre, 1981): P. Schöttler, «Politique sociale ou lutte des clas- ses: notes sur le syndicalisme “apolitique” des bourses du travail», pp. 3-20; L. S. Ceplair, «La théorie de la grève générale et la stratégie du syndicalisme: Eugène Guérard et les che- minots français dans les années 1890», pp. 21-46; J. L. Robert, «La CGT et la famille ouvrière, 1914-1918», pp. 47-66; Y. Marec, «Au carrefour de l’économique et du social: L’histoire du mont-de-pieté de Rouen (1778-1923)», pp. 67-94; Y. Knibiehler, «Sur le ser- vice social», pp. 123-126. MS, 119 (abril-junio, 1982): J. Michel, «Politique syndicale et conjoncture économique: la limitation de la production de charbon chez les mineurs euro- péens au XIXe siècle», pp. 63-90; y P. Machefer, «Les syndicats professionnels français (1936-1939)», pp. 91-112. J. Horne, «Le Comité d’Action (CGT-PS) et l’origine du réfor- misme syndical du temps de guerre (1914-1916)», MS, 122 (enero-marzo, 1983), pp. 33- 60. MS, 127 (abril-junio, 1984): C. Geslin, «Le syndicalisme ouvrier en Bretagne avant 1914», pp. 45-64; J. Quellien, «Un milieu ouvrier réformiste: syndicalisme et réformisme à Cherbourg à la Belle Époque», pp. 65-88; y J. W. Dereymez y L. Griveau, «Marie Gui- llot et le syndicat des instituteurs de Saône-et-Loire: un document inédit», pp. 89-109. K. E. Amdur, «La tradition révolutionnaire entre syndicalisme et communisme dans la France de l’entre-deux-guerres», MS, 139 (abril-junio, 1987), pp. 27-50.
Mouvement Social sobre este periodo, presentados por Jean Bouvier. De
esta forma, se ofreció el testimonio de veinte años de investigaciones sobre el Frente Popular, y de historia de la propia revista. En este libro se anali- zaron diferentes aspectos del Frente Popular como las imágenes —foto- grafía y cine—, el ocio, los conflictos, los símbolos, la política, los intelec- tuales y los católicos de izquierda —y el sindicalismo cristiano de la
CFTC.262
La muerte de Jean Maitron y de Jean Bouvier en 1987 y los consi- guientes homenajes que en 1988 Le Mouvement Social les dedicó dieron pie para retornar a la historia del movimiento obrero, en especial en el caso de Maitron, a cuya memoria se brindó el número Avec Jean Maitron.
Témoignages —études-textes inédits. En él se ofreció el testimonio del pro-
pio Maitron para evocar sus recuerdos, así como el de alguno de los histo- riadores y colaboradores más allegados a su persona. Se expuso su biblio- grafía y se abordaron temas tan queridos para Maitron como los archivos obreros, el anarquismo y el DBMOF. Por su parte, en recuerdo a la labor de Bouvier, se publicaron dos artículos de historia económica sobre la banca en Indochina y sobre la crisis social de los años treinta en Francia. Otros artículos en recuerdo de investigadores desaparecidos tuvieron
como protagonistas a Harvey Goldberg y a Ernest Labrousse.263
En la década de los noventa se exploró el socialismo francés y el ale- mán, el sindicalismo revolucionario y la historia de la CFTC; también se publicaron diversos artículos sobre las relaciones entre el sindicalismo y la economía, la lucha por obtener el derecho al descanso semanal y la ambi- güedad con la que el movimiento obrero había abordado cuestiones tan trascendentales como la familia y las relaciones de género. El sindicalismo durante el periodo de Vichy fue el tema de estudio de un número especial dirigido por Jean Louis Robert. Al estudiar el sindicalismo legal en detri-
262 MS, 135 (abril-junio, 1986): D. Tartakowsky, «Stratégies de la rue, 1934-1936», pp. 31-62; A. Moutet «La rationalisation dans les mines du Nord à l’épreuve du Front Populaire. Étude d’après les sources imprimées», pp. 63-99; y N. Baverez, G. Funffrock, J. Girault, R. Luttenauer y P. Ory, «Forum des recherches sur le Front populaire», pp. 101- 109. J. Bouvier (presentación), La France en mouvement, 1934-1938, Seyssel, Champ Vallon, 1986.
263 Avec Jean Maitron. Témoignages —études-textes inédits, MS, suplemento del núme- ro 144 (octubre-diciembre, 1988). MS, 144 (julio-septiembre, 1988): D. J. Fisher, «Harvey Goldberg», pp. 123-124; y M. Rebérioux, «Ernest Labrousse, notre maître», pp. 125-129.
mento del ilegal en un Estado represivo como el de Vichy, se planteó si no era más apropiado analizar el sindicalismo resistente que el colaboracio- nista. Sin embargo, en el sindicalismo autorizado también podía obser- varse la fuerza que en su seno habían tomado los elementos resistentes. Se profundizó en los efectos de la guerra sobre las relaciones de clase, se midió la degradación de la condición obrera y se examinó hasta qué punto se había producido la inserción de los obreros en el sistema. Por otra parte, la celebración de los cien años del Musée Social fue la ocasión para abor-
dar el estudio de esta importante institución de la historia social.264
En sus inicios, el proyecto del DBMOF no suscitó un gran entusias- mo en los medios universitarios, principalmente por tratarse de una época en la que la biografía no estaba bien considerada por una parte importan- te de la historiografía francesa. El Diccionario fue visto por muchos como una simple acumulación de biografías individuales y no como un aporte a la investigación. Sin embargo, en esos últimos años el panorama historio- gráfico cambió. El actor regresó a los trabajos históricos y se redescubrió la
264 MS, 152 (julio-septiembre, 1990): D. Reid, «Histoire des femmes ou histoire de la famille», pp. 61-76; y Cl. Weill, «Les Conseils en Allemagne, 1918-1919», pp. 77-93. Una serie de precisiones al artículo anterior son la base del texto de G. Badia, «À propos des Conseils en Allemagne. Interrogeons les réalités», MS, 157 (octubre-diciembre, 1991), pp. 67-70. MS, 159 (abril-junio, 1992): M. van der Linden y W. Thorpe, «Essor et déclin du syndicalisme révolutionnaire», pp. 3-36. MS, 169 (octubre-diciembre, 1994): M. Singer, «La politique de Paul Vignaux, secrétaire général du SGEN, vis-à-vis de la Ligue de l’En- seignement (1948-1956)», pp. 89-107; y A. Bevort, «Le syndicalisme français et la logique du recrutement sélectif: le cas de la CFTC-CFDT», pp. 109-136. MS, 151 (abril-junio, 1990): O. Kourchid, «Un leadership industriel en zone interdite: la Société des Mines de Lens et la Charte du Travail», pp. 55-70; y A. Lacroix-Riz, «Autour d’Irving Brown: l’AFL, le Free Trade Union Committee, le Département d’État et la scission syndicale française (1944-1947)», pp. 79-118. MS, 165 (octubre-diciembre, 1993): D. Cooper-Richet, «Les étapes syndicales des ETAM de la mine: des origines à nos jours», pp. 87-102; y G. Heuzé, «L’émergence d’un système de conventions collectives dans le secteur charbonnier en Inde: un avènement résistible?», pp. 103-128. M. Pigenet, «Les finances, une approche des problèmes de structure et d’orientation de la CGT (1985-1914)», MS, 172 (julio-sep- tiembre, 1995), pp. 63-88. MS, 184 (julio-septiembre, 1998): R. Beck, «C’est dimanche qu’il nous faut. Les mouvements sociaux en faveur du repos dominical et hebdomadaire en France avant 1906», pp. 23-51; J. Freyssinet, «Travail, famille, syndicats», pp. 3-4; y L. L. Frader, «Définir le droit au travail: rapports sociaux de sexe, famille et salaire en France aux
XIXeetXXesiècles», pp. 5-22. J. L. Robert (dir.), Syndicalismes sous Vichy. MS, 158 (enero- marzo, 1992). MS, 171 (abril-junio, 1995): J. Horne, «Le Musée social à l’origine: les mét- hamorphoses d’une idée», pp. 47-69; y C. Chambelland, «Le Musée Social: un champ de recherches», pp. 71-78.
biografía colectiva: la historia «labroussienne» que «laissait peu de place à la liberté des acteurs» cedió paso. El Coloquio de Milán, en enero de 1984, testimonió el eco internacional que había adquirido el Diccionario. El retorno de la biografía y la pasión por la búsqueda de la memoria dieron alas a este proyecto, que pasó a contar con un colaborador permanente, Claude Pennetier. Entre sus principales autores se encontraron muchos de los investigadores vinculados a Le Mouvement Social: M. Rebérioux, R. Gallissot, N. Racine, J. Girault, M. Moissonnier, etc. Esta vinculación
entre Diccionario y revista se ha mantenido hasta el presente.265 El
DBMOF quedó finalizado a principios de los años noventa. Era el resul-
tado de más de treinta años de trabajo colectivo realizado por 450 colabo- radores. El Diccionario, compuesto por 44 volúmenes y 110 000 noticias biográficas sobre militantes, se configuró como el mayor diccionario bio-
gráfico especializado en lengua francesa:266
Quelle victoire pour ce témoin de notre société industrielle, pour ce monument qu’un peu partout on appelle «le Maitron»!267
Lamentablemente, Jean Maitron no llegó a ver esta magna empresa terminada. Murió sin poder leer en uno de los tomos el artículo biográfi- co sobre su padre, Marius Maitron, antiguo maestro y director en la escue-
265 La cita, en A. Prost, Douze leçons sur l’histoire, París, Seuil, 1996, p. 230. El Colo- quio de Milán fue una iniciativa de la Fundación G. Brodolini y de la Fundación Feltri- nelli que dio lugar a la publicación de la obra Storie individuali e movimenti collettivi. Il
dizionari biografici del movimento operaio, bajo la dirección de Felicia Giagnotti, editado
por Franco Angeli en 1988. Cl. Pennetier, historiador, miembro del CNRS y director del
DBMOF, es también el director de la colección La Part des Hommes en las Éditions Ou-
vrières, que se propone descubrir, o redescubrir, los itinerarios de hombres y mujeres acto- res del movimiento social, desde la Revolución francesa hasta nuestros días.
266 J. Maitron y Cl. Pennetier (dirs.), Dictionnaire Biographique du Mouvement Ouvrier
Français, París, Éditions de l’Atelier, 1997: Première période. 1789-1864. De la Révolution française à la Première Internationale (t. 1, 2, 3), aparece en 1964; Deuxième période. 1864- 1871. De la Première Internationale à la Commune (t. 4 a 9), en 1967; Troisième période. 1871-1914. De la Commune à la Grande guerre (t. 10 a 15), en 1973; Quatrième période. 1914- 1939. De la Première à la Seconde Guerre mondiale (16 a 43), en 1981; y M. Cordillot,
C. Pennetier y J. Risacher (dirs.), Biographies nouvelles. 1789-1939 (t. 44). Sobre el Dic- cionario: C. Pennetier, «Deux ou trois choses que je sais du Maitron», Communisme, 15- 16 (1987); y «Avec Jean Maitron», número especial de MS (suplemento del n.º 144, octu- bre-noviembre 1988).
267 M. Rebérioux, «Le Dictionnaire est achevé» (editorial), MS, 163 (abril-junio, 1993), pp. 3-6. La cita en la p. 3.
la de Pouilly-sur-Loire; ni su propia biografía, ya que, como su padre, fue, a la vez que historiador, militante. Con motivo de la terminación del
DBMOF, la Association des Amis du Maitron, presidida por Rebérioux,
presentó en el mes de febrero de 1993 la exposición Visages du Mouve- ment Ouvrier, que fue acogida en París, por la Fondation l’Arche de la Fra- ternité. Esta exposición, acompañada de mesas redondas sobre el Diccio- nario, viajó a lo largo de 1993 por toda Francia con la intención de dar a conocer el trabajo de Maitron y de los investigadores que tantos esfuerzos habían dedicado a esta labor. Paradójicamente, el Diccionario quedó con- cluido en un momento en el que el movimiento obrero francés había entrado en crisis. Ante este panorama, la reflexión sobre el futuro ofrecía dos posibles respuestas. Una, con el corazón (siempre quedaría algún mili- tante que mantendría el espíritu de la historia de su movimiento), y otra, más real: la historiografía se había abierto al estudio de otros campos dife- rentes al obrero y se habían desarrollado otros enfoques, como el proso- pográfico. Quedaba aún mucho trabajo por hacer:
L’oeuvre s’achève au moment où la crise atteint la quasitotalité du monde ouvrier français. Jean Maitron pourrait-il aujourd’hui rassembler tant de collaborateurs prompts à s’enthousiasmer à son appel? Peut-être... Après tout, les lois divines du marché et l’appétit de prestige ne règnent pas seuls sur le monde. Il y a encore des militants convaincus dans notre société fracturée. Et d’autres surgiront, plus intéressés peut-être par les nouvelles figures du mouvement: le féminisme et l’antiracisme, la promotion du service public et la citoyenneté sociale, les solidarités d’un nouveau siècle.268
La historia del movimiento obrero fue también la que se escribió desde el CHS. Siempre estrechamente vinculado a Le Mouvement Social, este cen- tro acogió a los historiadores y a las investigaciones de la revista; de ahí que su evolución fuera similar a la experimentada por Le Mouvement Social. Para apreciar estas transformaciones historiográficas resulta muy útil atender a los cambios de denominación que a lo largo de sus cuarenta años de existencia ha experimentado el centro. Estas modificaciones de nombre permiten observar el paso de la historia del movimiento obrero, de la historia de los movimientos sociales y, finalmente, de la historia social. Primeramente, el Centre d’Histoire du Syndicalisme, creado en los primeros años sesenta, se transformó a principios de los años ochenta en
el Centre de Recherches d’Histoire des Mouvements Sociaux et du Syn- dicalisme, en unos momentos en los que los movimientos sociales aca- paraban la atención de los investigadores. Desde enero de 2000, pasó a
denominarse Centre d’Histoire Sociale du XXeSiècle, denominación que
señala claramente su intención de corresponder a la actual historia social:
Esta evolución en su denominación marca bien la apertura y la renova- ción en los campos de investigaciones del Centro, [...]. La historia social que el Centro desea reflexiona sobre las relaciones del individuo y del grupo, par- tiendo en primer lugar de los hombres y observando su modos de asociación. Toma, bajo un mismo impulso, las representaciones, los imaginarios, los modos de vida y las posturas socio-políticas. El siglo XIXtermina. Los histo- riadores tienen delante una memoria inmensa, un desafío apasionado se alza.269