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EL DESARROLLO Y LA CONSOLIDACIÓN DE UN PROYECTO DE HISTORIA SOCIAL

2. Nuevas vías para la historia obrera y la historia social

Más allá de la historia del movimiento obrero, la historia obrera se englobó en el marco más general de una historia social preocupada por aprehender los diferentes aspectos del mundo obrero y las mutaciones más recientes de las sociedades industriales. El deseo de abordar las diferentes facetas de la vida de los obreros llevó a la presentación de un número espe- cial, bajo la dirección de Alain Cottereau, sobre las condiciones de traba- jo y sus repercusiones en la salud de los trabajadores: L’usure au travail. ¿Cuáles eran las causas de las enfermedades profesionales y cuáles las solu- ciones para evitarlas? Este fue un campo de la investigación en el que médicos, biólogos, epidemiólogos, sociólogos, economistas, antropólogos e historiadores trabajaron juntos. Para favorecer la comunicación entre todos ellos, surgió la revista Sciences Sociales et Santé. Fue un ejemplo de cómo las ciencias penetraban en el estudio del mundo laboral. Lo mismo sucedió con los estudios sobre ergonomía y la Psicología. Esta última se había puesto al servicio de la industria para decidir qué obreros entraban en la fábrica; atendiendo no sólo a su capacidad de trabajo, sino también

269 J. L. Robert, «Vers le Centre d’Histoire Sociale du XXeSiècle» (editorial), Bulletin

con vistas a mantener su control. Por otra parte, Le Mouvement Social estu- dió las estrategias patronales, los cuadros directivos y la movilidad inter- generacional para conocer si las dinastías familiares habían mantenido o no su control sobre los grupos industriales. Sobre las formas antiguas y modernas del paternalismo se publicó Paternalistes d’hier et aujourd’hui. Este número, presentado por Marianne Debouzy, estudió el paternalismo tanto en el espacio europeo —Francia e Inglaterra— como en el extraeu-

ropeo —Japón e India— en los siglos XIXyXX; y planteó, con el propósi-

to de establecer comparaciones renovadoras, las principales interrogantes

acerca de la realidad del paternalismo en diferentes territorios y épocas.270

La reflexión sobre la fábrica progresó mucho. El lugar de trabajo de los obreros era el marco en el cual se desenvolvían gran parte de sus relacio- nes sociales. Era, además, el espacio privado del empresario y su ámbito de poder. Sin embargo, pese a su importancia, la fábrica había sido, hasta entonces, una gran desconocida. No fue hasta los años ochenta, coinci- diendo con la desaparición de muchas de ellas, cuando las fábricas empe-

zaron a interesar.271El paisaje clásico de la revolución industrial descrito

por Zola estaba desapareciendo. En su lugar quedaban chimeneas desplo- madas, ruinas en venta y, en ocasiones, escombreras convertidas en paseos plantados. Fue en este contexto en el que la arqueología industrial se desa- rrolló y la fábrica entró en el museo. Las nuevas cuestiones se centraron en

270 A. Cottereau (dir.), L’usure au travail. MS, 124 (julio-septiembre, 1983). Sciences

Sociales et Santé, Toulouse, Association pour le Développement des Sciences Sociales de la

Santé, Arès, n.º 1 (1982). MS, 113 (octubre-diciembre, 1980): G. Ribeill, «Les débuts de l’ergonomie en France à la veille de la Première Guerre Mondiale», pp. 3-36; y A. Cam- brosio, «Quand la psychologie fait son entrée à l’usine: sélection et contrôle des ouvriers aux États-Unis pendant les années 1910», pp. 37-65. C. Omnès, «Contraintes du marché et strategies patronales: l’industrie française du tube d’acier de 1880 à 1978», MS, 110 (enero-marzo, 1980), pp. 75-102; I. Kolboom, «Patronat et cadres: la contribution patro- nale à la formation du groupe des cadres (1936-1938)», MS, 121 (octubre-diciembre, 1982), pp. 71-95. MS, 132 (julio-septiembre, 1985): M. Lévy-Leboyer, «Le patronat français a-t-il échappé à la loi des trois générations?»; M. Hau, «La longévité des dynasties industrielles alsaciennes», pp. 9-25; J. P. Hirsch, «La région lilloise: foyer industriel ou place de négoce?», pp. 27-41; y J. P. Chaline, «Les industriels normands: un patronat sans dynas- ties?», pp. 43-56. M. Debouzy (dir.), Paternalistes d’hier et aujourd’hui, MS, 144 (julio-sep- tiembre, 1988).

271 Desde la sociología se analiza la fábrica como espacio de producción: G. N. Fis- cher, Espace industriel et liberté, París, PUF, 1980; y la obra colectiva L’Usine et son espace, París, Éditions de la Villette, 1981.

estudiar la fábrica como espacio de trabajo y en analizar cómo la vivían sus actores. Le Mouvement Social dedicó a estos temas el número L’espace de

l’usine. Se trató de una aproximación interdisciplinar con el objetivo de

«saisir dans toutes ses dimensions: économique, sociale, politique, mais aussi architecture, esthétique, littéraire...». Los temas que se analizaron fueron: la organización y dirección de empresas, el trabajo y la producción bajo la influencia del método de Taylor, el paso del mundo rural al indus- trial y cómo una industria modelaba la vida de una región. Una serie de documentos e informaciones sobre la salvaguardia del patrimonio indus- trial cerraron el número. En abril de 1985 se celebró un simposio entre los integrantes del equipo de Le Mouvement Social y una representación de los empleados de la siderurgia de Longwy. Fue éste un encuentro entre inte- lectuales y obreros. Éstos informaron sobre la labor de la Associatión pour l’Étude et la Préservation du Patrimoine du Bassin de Longwy-Villerupt, asociación de obreros e intelectuales creada a principios de los años ochen- ta con el objetivo de salvar de la destrucción el patrimonio industrial y la memoria obrera local, en un momento de crisis de la siderurgia. Esta aso- ciación publicaba la revista Histoires d’Ouvriers, muy orientada hacia la historia oral y cuyos artículos eran escritos, en su mayor parte, por traba- jadores. Al dar la palabra a los actores del movimiento social, se rompía con las prácticas habituales de la investigación. Este interés por los obre- ros no abarcó tan sólo a sus relaciones de trabajo sino que también se extendió a su vida cotidiana y al espacio en el que ésta se desarrollaba, esto es, la ciudad, el barrio y la calle. El espacio urbano cobró una relevancia de la que antes había carecido. Atenta a reflejar, y a potenciar, los nuevos campos de estudio, Le Mouvement Social publicó Ouvriers dans la ville, dirigido por Yves Lequin, en donde se analizaron las diversas formas de

habitar y de vivir la ciudad.272

Transformada, la historia económica siguió presente. En el número especial Paradoxes français de la crise des années 30, dirigido por Robert Boyer, se renovó el punto de vista desde el cual se había planteado la his- toria de la crisis de los años treinta en Francia. Al enfoque económico se le sumaron los sociales y culturales. En este número encontramos investi-

272 L’espace de l’usine, MS, 125 (octubre-diciembre, 1983): El entrecomillado, en la p. 12 del artículo de M. Perrot: «De la manufacure à l’usine en miettes», pp. 3-12. Y. Lequin (dir.), Ouvriers dans la ville, MS, 118 (enero-marzo, 1982).

gaciones sobre la política de empleo de las empresas, la movilidad laboral,

los salarios, el desempleo y las representaciones.273 El interés por estar al

tanto de los cambios sociales llevó a Le Mouvement Social a reflexionar sobre las relaciones entre la industrialización y las mutaciones experimen-

tadas por las sociedades occidentales.274Las interpretaciones deterministas

que pretendían la instrumentalización de la historia de Europa occidental, de forma que la Unión Europea sería su resultado ineludible y magnífico, fueron relativizadas por los autores del número que, bajo la dirección de Michel Margairaz y Michel Pigenet, lleva por título Industrialisations euro-

péennes. ¿Se debía hablar de convergencia de sociedades o de resistencias a

escala nacional? Los economistas, a partir de análisis macroeconómicos, hablaban de la convergencia entre los países de Europa occidental, sobre todo tras la segunda guerra mundial, dada la proximidad entre sus niveles de producción y de calidad de vida. Esta convergencia se debía a un fenó- meno de doble recuperación: una recuperación intraeuropea, de los países que habían llegado tarde a la industrialización y quedaron marcados por la derrota de 1940 o de 1945 —Alemania, Italia y, en cierta medida, Fran- cia—; y una recuperación intereuropea, por la cual los Estados Unidos se habían convertido en el país líder gracias a la transferencia de productos, métodos de trabajo y formas de organización de las empresas, todo ello facilitado por las modas y la cooperación suscitada durante la guerra fría. Sin embargo, la mayor parte de las contribuciones de este número pusie- ron en evidencia los límites de la convergencia mediante tres ideas: la resis- tencia de los marcos nacionales, la especificidad del papel representado por los Estados y la diversidad socio-económica infranacional, en cuanto

que los niveles nacionales enmascaraban diferencias regionales.275

273 R. Boyer (dir.), Paradoxes français de la crise des années 30, MS, 154 (enero-marzo, 1991).

274 Al respecto, P. Fridenson (dir.), Industrialisation et sociétés d’Europe occidentale,

1880-1970, París, Éditions de l’Atelier, 1997.

275 MS, 185 (octubre-diciembre, 1998): M. Margairaz y M. Pigenet, «Industrialisation et sociétés en Europe occidentale: question ancienne, réponses croisées», pp. 3-9; H. Kael- ble, «Les divergences entre les sociétés française et allemande, 1880-1930», pp. 11-22; Y. Cassis, «Y a-t-il eu convergence des économies européennes depuis 1945?», pp. 23-38; G. Bordenave, «Le premier demi-siècle de Ford en Europe: la résistance opiniâtre d’un espace à l’universalisme proclamé d’un modèle d’organisation productive», pp. 39-57; E. Nijhof, «Une transition paisible vers le capitalisme: les Pays-Bas de 1870 à 1940», pp. 59-74; y C. Vandermotten, «Dynamiques spatiales de l’industrialisation et devenir de la Belgique», pp. 75-100.

Sobre la historia de las empresas, historiadores y sociólogos presenta- ron en Le Mouvement Social las nuevas maneras de entender las relaciones históricas que ligaban a aquellas con el conjunto de la sociedad francesa. Se comprobó que las empresas, pese a estar influidas por las sociedades en las que se desarrollaban, no podían ser analizadas tan sólo como modelos reducidos de éstas. Las empresas se caracterizaban por tener su propia autonomía estratégica y social, y por desarrollar sus propias culturas y métodos de gestión al ritmo de los mercados, de los cambios técnicos y de las aspiraciones del personal. Por otro lado, a partir del coloquio organiza- do por el Centre des Archives du Monde du Travail, los días 22 y 23 de mayo de 1996, se profundizó en la historia de los comités de empresa. Éste era un tema adecuado para las aproximaciones pluridisciplinares, como lo demostró la participación en el coloquio de historiadores, juristas, soció- logos y antropólogos. Se planteó la necesidad de preservar los archivos de las instituciones del mundo del trabajo. Para tal fin se abogó por la crea-

ción en Francia de una red de archivos sobre esta materia.276

Al abrir sus investigaciones a nuevos campos y volver la vista a otros ya explorados —pero, ahora, desde perspectivas innovadoras—, los inves- tigadores provocaron la parcelación de la disciplina. Los paradigmas domi- nantes quedaron en entredicho y la Historia se encontró, paradójicamen- te, con las dificultades que entrañó su propia vitalidad. Gérard Noiriel, al formular los problemas que estaban detrás de la llamada «crisis de la His- toria», recogió esta contradicción: conforme la Historia ganó prestigio y se extendió como disciplina internacional, creció la sensación de crisis. Este

276 P. Fridenson (dir.), La société et l’entreprise, MS, 175 (abril-junio, 1996): P. Friden- son, «Les liens entre la société et l’entreprise: trois perspectives» (editorial), pp. 3-5; A. Cot- tereau, «La gestion du travail, entre utilitarisme heureux et éthique malheureuse. L’exem- ple des entreprises françaises au début du XIXe siècle», pp. 7-29; D. Barjot, «Patronat et autorité patronale: le cas des travaux publics (1883-1974)», pp. 31-54; D. Gardey, «Du veston au bas de soie: identité et évolution du groupe des employés de bureau (1890- 1930)», pp. 55-78; D. M. Gordon, «Le libéralisme dans l’empire du fer: François de Wen- del et la Lorraine industrielle, 1900-1914», pp. 79-111; Y. Cohen, «Mouvement social et politiques d’organisation: Peugeot et le Pays de Montbéliard de 1919 à 1922», pp. 113- 147; C. Andrieu, «Regards sur la genèse de la pensée nationalisatrice: la nationalisation des banques sous la IIIeRépublique», pp. 149-177; y S. Beaud, «Scolarisation et insertion pro-

fessionnelle des enfants d’ouvriers de Sochaux-Montbéliard», pp. 179-194. G. Mouradian, «Au lendemain d’un colloque sur l’histoire des comités d’entreprise», MS, 176 (julio-sep- tiembre, 1996), pp. 3-5.

término no era neutro. Para muchos, no se refería únicamente a la idea de cambio, sino que también reflejaba la pérdida de identidad, en un sentido negativo: en tiempos pasados había una homogeneidad que se habría per- dido y que era momento de recuperar. Sin embargo, para Noiriel, la crisis

podía ser la normal manifestación de toda ciencia en desarrollo.277Inmer-

sa en este contexto historiográfico, Le Mouvement Social reflejó la enorme expansión que, desde las últimas décadas, conocía la historia social. Aso- ciaciones, revistas, congresos, etc., se habían multiplicado desde entonces, y se abordaban una gran variedad de temas que iban desde la historia urba- na a la historia de la familia, pasando por la historia de la infancia, la his- toria de la educación o la historia de la aeronáutica. Le Mouvement Social continuó con su propósito de abrirse a todos los campos capaces de enri- quecerla y estudió, entre otros muchos, temas tan diversos como la higie- ne, la asistencia medica gratuita o la historia de la administración. Toda historia, universal en el espacio y contemporánea en el tiempo, era sus- ceptible de ser social, siempre que éste, el social, fuera el enfoque desde el que se abordase. El resultado de esta labor fortaleció la idea de Le Mouve-

ment Social como una revista de referencia para el conocimiento de la his-

toria social contemporánea francesa.278

La historia de la aviación, punto de encuentro entre la historia eco- nómica, la política y la cultural, fue uno más de los campos que conoció una amplia renovación en Francia. Las antiguas instituciones —el Service Historique de l’Armée de l’Air y el Musée de l’Air—, preocupadas duran- te mucho tiempo por la historia militar de la aviación, ampliaron su campo de estudio y acogieron a investigadores profesionales. En esta direc- ción, la Universidad de París I creó un Centre d’Histoire de l’Aéronauti- que et de l’Espace que realizó estudios especializados e interdisciplinares. Este impulso historiográfico se correspondió con la poderosa influencia

277 J. L. Robert, «Beaubourg débat», MS, 146 (enero-marzo, 1989), pp. 3-4. «Histoi- re et sciences sociales. Un tournant critique?» (editorial), Annales ESC, 2 (marzo-abril, 1988), pp. 291-293. G. Noiriel, Sur la crise de l’Histoire, París, Editions Belin, 1996.

278 Entre otras muchas reflexiones, R. Samuel y D. Carradine, «Qué es la historia social...?», Historia Social, 10 (1991), pp. 135-149. MS, 161 (octubre-diciembre, 1992): M. Bouillé, «Les congrès d’hygiène des travailleurs au début du siècle 1904-1911», pp. 43- 65; y J. Cucarull, «Les médecins et l’assistance médicale gratuite, 1893-1914. L’exemple de l’Ille-et-Vilaine», pp. 67-82. G. Thuillier, «Pous une prospective de l’histoire administrati- ve contemporaine», MS, 157 (octubre-diciembre, 1991), pp. 71-83.

que la aeronáutica ejerció sobre la economía y la sociedad francesas y con el papel que había desempeñado en su reciente historia. Por poner un ejemplo, los obreros de la aeronaútica habían participado de forma fun- damental en los dos grandes movimientos sociales que Francia había cono-

cido en el sigloXX: las huelgas y la ocupación de fábricas en mayo y junio

de 1936 y en mayo y junio de 1968. Para Patrick Fridenson, director del número La France et l’aéronautique, tres eran las posibles respuestas que explicaban esta especial relación entre Francia y su industria aeronáutica. En primer lugar, la existencia de una importante cultura francesa de la aeronáutica: la aviación había apasionado a los escritores y había sido el protagonista en el cine, la radio y la televisión. En segundo lugar, el pre- dominio de obreros cualificados. Y, por último, el papel dominante del Esta- do, que explicaba la persistencia de la empresa familiar en la aeronáutica francesa, ya que la Administración consideraba que las empresas familia- res eran más fáciles de dominar que las grandes. Fridenson puso el acento en tres nuevas líneas de investigación: las relaciones de la industria aeronáu- tica con otros brazos industriales franceses, la comparación de la aeronáuti- ca francesa con la de los demás países europeos y el desarrollo de la historia

cultural de la aviación.279

Otro aspecto desarrollado por la historia social fue la historia de la juventud. Las relaciones del movimiento estudiantil con el socialismo y el

nacionalismo en el primer tercio del siglo XX centraron la atención del

número que, coordinado por Yolande Cohen y Claudie Weill, examinó la emergencia del movimiento estudiantil como fuerza social. En especial, se analizó cómo los movimientos estudiantiles de las sociedades industriales se debatieron entre el socialismo y el naciente fascismo. El objetivo prin- cipal de este trabajo, el estudio de las relaciones entre la juventud y los movimientos políticos y sindicales, tuvo su continuación en el número

especial dirigido por Michelle Perrot, bajo el título de Jeunesses XXesiècle.

279 MS, 145 (diciembre, 1988): P Fridenson, «Une technologie nouvelle sans vrais capitalistes», pp. 3-7; E. Chadeau, «Schumpeter, l’État et les capitalistes: entreprendre dans l’aviation en France (1900-1980)», pp. 9-39; R. Wohl, «Par la voie des airs: l’entrée de l’a- viation dans le monde des lettres françaises, 1909-1939», pp. 41-64; H. Chapman, «Les ouvriers, le communisme et l’État: les politiques de reconstruction d’après-guerre dans l’in- dustrie aéronautique, 1944-1950», pp. 65-96; e Y. Lucas, «L’aéronautique, une industrie productive de savoir-faire», pp. 97-119.

Un nuevo campo de estudio fue también la historia de la protección social. Caracterizada por su interdiciplinariedad, para su desarrollo fue funda- mental el Comité d’Histoire de la Sécurité Sociale, cuya labor se inició a mediados de los años setenta. Este comité, dependiente del Ministère des Affaires Sociales, fomentó el estudio de la Seguridad Social a partir de la publicación de bibliografías, la creación de archivos y la organización, desde 1978, de un coloquio anual sobre la historia de la Seguridad Social.

Le Mouvement Social dedicó un número a la historia de la protección social

en el que abordó diversos estudios, tales como el del alojamiento social y el de las sociedades de protección creadas por la alta burguesía dentro de su tradicional función paternalista. Posteriormente, se publicó un artículo

sobre la legislación social bajo la V República.280

La historia de las mujeres mantuvo su espacio en Le Mouvement

Social. En Métiers de femmes, inscrito resueltamente en el sigloXX, Miche-

lle Perrot continuó la reflexión iniciada, casi diez años atrás, con el núme- ro que ella misma había dirigido sobre los Travaux de femmes dans la Fran-

ce du XIXèmesiècle. A través del estudio de los oficios que se ejercían según

las características sexuales, se observó la definición social de los sexos. Un oficio «femenino» no era solamente un oficio donde la proporción de mujeres era alta, sino que era también un oficio definido integramente por su condición «femenina». Serían oficios propios de la mujer aquellos que se inscribían dentro de la prolongación de sus funciones «naturales», esto es, las maternales y las domésticas: «enraicinée dans le symbolique, le men- tal, le langage, l’ideal, la notion de metier de femmes est une construction socialé liée au rapport des sexes. Elle montre les pièges de la différence, innocentée par la nature, et erigée en principe organisateur, dans une rela- tion inégale». En esta dirección, se analizaron los oficios «adecuados» para

280 Y. Cohen y Cl. Weill (coords.), Entre socialisme et nationalisme: les mouvements

étudiants européens. MS, 120 (julio-septiembre, 1982). M. Perrot, Jeunesses XXesiècle, MS,

168 (julio-septiembre, 1994). MS, 137 (octubre-diciembre, 1986): J. Caritey, «Une idée neuve: l’histoire de la Sécurité sociale», pp. 3-5; D. Simon, «Le patronat face aux assu- rances sociales: 1920-1930», pp. 7-27; P. Cayez, «Les petits logements dans les grandes villes», pp. 29-53; S. Magri, «Le mouvement des locataires à Paris et dans sa banlieue, 1919-1925», pp. 55-76; y R. Chagny, «Le logement social à Grenoble dans l’entre-deux- guerres: l’Office public des habitations à bon marché de 1921 à 1938», pp. 77-108. B. H. Moss, «La réforme de la législation du travail sous la VeRépublique: un triomphe

la mujer —ama de casa, costurera, enfermera, funcionaria de correos,