I. CONTEXTO HISTÓRICO
1.2.2. Crisis de acumulación
Tras el impresionante proceso de acumulación de riquezas y de poder adquisitivo, (así como de multiplicación de medios productivos encaminados a la producción y elaboración de cacao, en la Costa ecuatoriana), la burguesía comercial y financiera (en tenue alianza con los sectores terratenientes de la Sierra), que había acaparado el poder estatal mediante cuestionadas votaciones y represiones sistemáticas, alcanzó niveles altos de fuerza económica. Durante el proceso inflacionario que fue consecuencia de la economía de posguerra, el Ecuador, -un país que económicamente se encontraba casi en su totalidad inmerso en el mecanismo económico mundial-, vivió un prolongado tiempo de crisis económica. La quiebra del proceso de acumulación basado en la exportación de cacao abrió un espacio de agitación política que sucedió desde la Revolución Juliana, hasta la nueva incorporación de un producto de exportación: el banano. En este apartado nos enfocaremos en el proceso de crisis de acumulación que vivió el país desde los veinte a los treinta, pues el análisis de la economía en la primera mitad de la década de los cuarenta corresponde al siguiente capítulo.
“El auge cacaotero a fines del siglo XIX y comienzos del XX, se había basado en los altos precios del mercado mundial que provocaron un incremento de la concentración latifundaria en la Costa para dedicar tierras al cultivo del cacao”.94 Esta lógica productiva permitió que grupos comerciales y financieros empiecen realizar importantes actividades de exportación, importación e intercambio en el mercado interno. También encontró en el proceso de acumulación a los terratenientes de la Costa como grupos aliados, que
69 aprovechando aquellas debatidas relaciones de producción, permitieron cierto dinamismo a la producción cacaotera. 95
Tras la Primera Guerra Mundial, la economía mundial busca mayor cantidad de cacao. Cuando la oferta aumenta, varios territorios en otras partes del mundo se suman a la producción cacaotera (especialmente en África). Esto, evidentemente, provocó una caída en los precios del cacao. Hay que sumarle a este elemento las epidemias que mermaron la producción, así como la dependencia de exportación en Estados Unidos, que en 1916 significaba el 49% del destino de la producción cacaotera, mientras que en 1918 aumentó al 77,9%.96 Las epidemias provocaron que el aumento de la producción no logre nivelar la caída de los precios.
La política económica del anterior proceso plutocrático, basado en el auspicio de los intereses comerciales y financieros del país (especialmente simbolizado en el poderoso Banco Comercia y Agrícola), fue combatida por sectores contrarios, entre los que se inscribe el movimiento de clase media, los militares de rango mediano e inferior, y una creciente emergencia de sectores artesanales y semi-proletarios . En efecto, en el mes de julio de 1925, un golpe militar, auspiciado principalmente por la clase media, pone fin a casi una década de control plutocrático. Como se explicó arriba, el aumento de la clase media fue consecuencia del aumento de la burocracia estatal. Pero también es cierto que la cantidad de medidas “librecambistas” tomadas por los gobiernos pos-alfaristas, redujeron el control estatal para con los sectores que manejaba la burguesía. El Estado, de hecho, encontró en la banca privada su principal auspiciante, que mediante la emisión privada de la moneda nacional, había puesto al país con un exceso exagerado de circulante (lo que agravaría el proceso inflacionario en el país). No obstante, y como se verá posteriormente, la burguesía referida nunca perdió el control económico, pese a una pequeña diversificación de la producción.
95 Ibíd.
96 Luis Carbo, Historia monetaria y cambiaria del Ecuador desde la Época Colonial, Quito, Banco Central del Ecuador, 1979.
70 Aquella clase media, incómoda con la política económica plutocrática, auspició un proceso juliano de fortalecimiento del Estado. Los artífices de la Revolución Juliana, de hecho, establecieron una serie de entidades destinadas a fortalecer el aparato estatal. Se creó: el Banco Central del Ecuador97, la Superintendencia de Bancos, la Contraloría General del Estado, la Caja de Pensiones, la Dirección General de Aduanas, La Dirección General de Obras Públicas, La Dirección General de Presupuesto, la Caja de pensiones, entre otras. El Estado, pues, buscaba convertirse en un agente importante al momento de la regulación económica. También podría verse como una medida encaminada a restarle poder a la banca guayaquileña. En todo caso, es evidente la búsqueda del fortalecimiento de un Estado controlador y regulador, que buscaba el aumento de la industria nacional. En efecto, el mismo año del ascenso juliano, se dictamina la “Ley Protectora de las Industrias Nacionales”, así como la “Ley de Aranceles y Aduanas” para proteger la industria textil.98 No obstante, este programa modernizador del Estado no fue pensado únicamente por ecuatorianos. La misión económica solicitada por los julianos, comandada por el Dr. Edwin W. Kemmerer, recomendó y llevó a cabo una buena parte de su programa económico en el Ecuador.99 La Misión Kemmerer propuso una política monetaria deflacionista que estabilizara la economía, así como la adopción del patrón oro, establecido en 1927. Ambas decisiones fueron desastrosas, pues la primera provocó el traspaso de la crisis a los sectores asalariados, y la segunda desangraría al país de sus reservas de oro, como lo bautizaría Víctor Emilio Estrada.
Es importante destacar que si bien la Revolución Juliana implantó una serie de medidas destinadas a la modernización del aparato estatal, no buscó cambiar las relaciones económicas de fondo. Las relaciones productivas en la Sierra no se vieron afectada (además que se buscó un aumento de la industria interna, que tuvo sus principales propulsores en los textileros serranos), y esto permitió un natural reagrupamiento de los sectores conservadores, que encontraron un respiro tras 30 años de dominio liberal (que será
97 El 4 de marzo de 1927 se crea el Banco Central del Ecuador. Con esto el Estado asumió toda la emisión de moneda.
98 Alberto Acosta, Brevehistoria económica del Ecuador, Quito, Corporación Editora Nacional, 2006. 99 Si se desea profundizar, Paul Drake realizó un interesante análisis de la Misión Kemmerer en la Revista
71 pormenorizado en el siguiente apartado). Mientras que en la Costa se vieron controlados, más no coartados de la producción cacaotera, sin la cual el Ecuador no podía subsistir. En este marco se entiende la necesidad juliana de la creación industrial, para restarle poder a la burguesía costeña, así como para diversificar la economía en una crisis, como la que se vivía entonces, y que se vería agudizada.
Cuando el mundo capitalista se sacudió por la crisis de Wall Street, la economía ecuatoriana, que se encontraba en camino recesivo, fue muy golpeada. La crisis provocó el estancamiento del aparato de producción. Se mostraron las deficiencias de la dependencia económica para con el país más afectado por la crisis, así como la dependencia y vulnerabilidad del Ecuador al sistema de correlación de fuerzas en el mundo. De hecho, cuando se tomó la decisión de la Misión Kemmerer, de retirar 23 millones de sucres circulantes, para estabilizar la moneda, además de la implantación del patrón oro, la crisis fue un pésimo acompañante. En el Ecuador el principal aspecto crítico fue el monetario, que traería consecuencias desafortunadas.100
La estabilidad ansiada con la implantación del patrón oro estaba en medida que el oro no variara su precio en el mercado. Pero con la crisis, la caída constante del precio del oro haría que el sucre caiga con él:
De ahí que la política de estabilización era la reducción en el volumen del medio circulante que ponía automáticamente “en movimiento fuerzas que tienden a reducir el tipo de cambio a menos del punto de exportación, impidiendo así la emigración del metal.101
100 Wilson Miño Grijalva, La economía ecuatoriana, de la gran recesión a la crisis bananera, en Nueva
Historia del Ecuador, Vol. 10, Quito, Corporación Editora Nacional, 1983. En oposición a la tendencia historiográfica de la economía ecuatoriana, que sostiene que la producción no fue diversificada por asuntos del control económico de la burguesía, hay que recordar que en esta época no había dinero que pusiera en marcha un aumento de la industrialización. Véase Carbo, op. cit.
“La crisis del cacao, agudizada por la Gran Depresión, dejó al país sin capitales para reconvertir el aparato productivo por la vía de la industria o para impulsar una mayor tecnificación agrícola. A esto se sumó la ausencia de un grupo empresarial dinámico e innovador que superara el facilismo de una producción agrícola extensiva sustentada en el sistema hacendario…” Acosta, op. cit. p. 91.
72 Ecuador perdió 2’042.091 sucres del Banco Central (que se convertiría en el principal prestador del Estado). Y en razón de la política “áurea” del país, el Estado continuó devaluando el precio de la moneda en vista de la caída del precio del oro en el mercado. Pero la política económica no cambió, pese a la caída juliana. El país no logró ofrecer una propuesta a la crisis, y aquella espera de la ansiada “autorregulación” nunca llegó. El impacto del “dumping” fue mayor justamente por la lentitud en las tomas de decisiones. Fue el gobierno de Alfredo Baquerizo Moreno, que el 8 de febrero de 1932, canceló el régimen de patrón oro, decretó la inconvertibilidad del sucre y la posterior incautación de giros. Esto trajo una correspondiente y “liberal” devaluación monetaria (a finales de 1933), que en vista del práctico estancamiento de los salarios, afectó a los sectores asalariados. Pero la supresión del patrón oro era necesaria, pues el país vio fugar una cantidad exagerada del tesoro nacional.
La crisis, como se ha dicho, evidenció la imposibilidad del Ecuador de desarrollarse autónomamente. La matriz productiva giraba en torno a la agro-exportación y al régimen de hacienda. A excepción de un reducido grupo urbano, la mayoría de la población no tenía posibilidad de consumir productos que auspiciaran una economía autónoma. Justamente por eso la matriz productiva estaba orientada hacia el exterior, y a la importación de algunos bienes (principalmente suntuarios). Los precios de las importaciones no bajaron tanto como las exportaciones, que cayeron entre 1928 a 1933, en un 72%, lo que desajustó a la balanza comercial. 102
La crisis sólo agravó esta situación adquisitiva, pues la caída de precios provocó una masiva desocupación. Esto, obviamente, disminuyó el nivel de consumo. El quintal de cacao que en 1927 costaba 66,65 S./, en 1933 se valoró en el mercado de Guayaquil por 35,25 S./. La relación es proporcional al café (1927: 81,33 S./; 1933: 38,15 S./) y al arroz (1927: 20,42 S./; 1933: 10,81 S./).103
102 En miles de dólares, el déficit de la balanza comercial fue de: -1 695 en 1929; -1 292 en 1930; -1 894 en 1931 (año en que las exportaciones bajaron de 11.378 dólares a 6.837 dólares); -1 565 en 1932. Carbo, op. cit.
73 Ya sea por una readecuación de las fuerzas político-económicas, o por una causalidad económica, la industria textil serrana, en la que convergían la mayoría de los módulos de relaciones de propiedad latifundistas serranos, fue la menos afectada. Ésta logró afrontar la crisis con mayor facilidad, debido a que (como vimos en el subcapítulo de la “Gran Depresión”) logró ajustar de manera más o menos conveniente la economía. La controló de mejor manera, con medidas proteccionistas, al interior de la propia hacienda, incluso. Esta postura económica de los terratenientes serranos avivó la antigua llama decimonónica que enfrentaba a los “librecambistas” costeños vs. los “proteccionistas” serranos. No obstante, la economía de régimen de hacienda también se vio golpeada, pero en menor medida. El consumo también bajó, pese a una modernización incipiente de esta modalidad hacendataria.
La economía ecuatoriana, en los años treinta, con el agravante de una crisis previa a raíz de la posguerra, se estancó. El comercio exterior estuvo deprimido por mucho tiempo, el sector importador actuó rápidamente debido a una falta de regulación nacional, la política económica y monetaria podría adjetivarse como “perdida”. Dicha política económica, encaminada a constantes devaluaciones, que buscaban enfrentarse en el mercado a los productos agrícolas en el resto del mundo, provocaron aumento de precios, lo que conllevó al encarecimiento de la vida. Los sectores asalariados fueron los más golpeados, pero también los que más se movilizaron durante los años treinta.
Tal vez sólo el sector industrial, que era muy pequeño, y que creció de manera “errática”, vio una mejoría en los treinta. También es importante destacar la inversión de capitales extranjeros, especialmente en el sector petrolero y minero. Compañías como la Anglo Ecuadorian Oilfields LTD., Dutch Shell Co., South American Development Co y la Cotopaxi Exploration Co, invirtieron importantes sumas de capital durante la relativa recuperación de la crisis a partir de 1934. Estas empresas jugarán un papel fundamental en la relación de fuerzas, al cambiar los intereses de un sector económico que empezaría a defender a dichas empresas, y otros que se enfrentarían a las empresas mismas. Incluso el Estado, dependiendo de la administración, defendió a los trabajadores o a las empresas internacionales que operaban desde los treinta, en lugares como Santa Elena, Portovelo, la Amazonía, etc.
74 La economía ecuatoriana se vio estancada por una crisis de larga envergadura, que modificaría muchas relaciones políticas al interior de la sociedad ecuatoriana. No obstante, pese a las contradicciones que aparecen entre algunas clases sociales, y su natural disputa por la hegemonía, el siguiente capítulo mostrará cómo el agente económico no es un elemento absolutamente determinante en las relaciones políticas. Diferentes tipos de alianzas, pese a la natural disputa por el control hegemónico, pueden establecer nuevas reglas de juego.