I. CONTEXTO HISTÓRICO
2.1.3. Repliegue de las fuerzas progresistas
El 31 de mayo de 1944, Velasco Ibarra fue declarado Jefe Supremo. En medio de una aclamación popular, que veía a Velasco como el gran estafado y el ungido a restablecer en los causes de la democracia liberal al Ecuador, el caudillo logró apropiarse rápidamente de la simpatía general de la población. El país había vivido el mayor sacudón desde la Revolución Liberal, y la izquierda había logrado generalizar la mayoría de los postulados que defendía en ese entonces a amplios sectores populares. En su conocida retórica, Velasco afirmó tener “el corazón a la izquierda”, demostrando su sagacidad política para leer la aspiración que tenían los ecuatorianos por tal o cual discurso de coyuntura.
Según Vega, existió una reunión en la hacienda de Pinsaquí, que pertenecía a Modesto Larrea y Jijón. Esta reunión se efectuó antes del ingreso de Velasco a Quito, y aparentemente habría significado un pacto entre la derecha y el ansiado “redentor”. Cuando se declaró a Velasco como Jefe Supremo, éste dio a la derecha casi todos sus ministerios, exceptuando uno, el de Previsión Social, que se lo otorgó a Alfonso Calderón Moreno. Incluso antes de la convocatoria a elecciones para una Asamblea Constituyente, el Partido Conservador rompe con ADE, y lanza sus propios candidatos. No obstante, y con una Alianza que se resquebrajaba a cada día, la izquierda logró tener una mayoría en la Asamblea. Triunfó en varias provincias. El 40% de los asambleístas fueron socialistas (primera fuerza nacional) y comunistas. Y, sumados los elementos más progresistas del liberalismo, la Asamblea logró una mayoría de corte reformista (en nombre de la unidad nacional). 139 Fue la única vez en el siglo en la cual la izquierda logró tener una votación tan alta, lo que daba cuenta, sumada a las movilizaciones masivas de grandes sectores
139 Apuntaló hacia las reivindicaciones sociales, disminuyó el poder del Ejecutivo mediante la creación de organismos como El Tribunal de Garantías Constitucionales, (que da cuenta de la disputa inter-estatal), creó los Consejos Provinciales, etc. Para ver las principales propuestas de la Constituyente de 1945, véase: Ibíd., pp.111-122.
101 populares, de una correlación de fuerzas favorable al progresismo. Entonces Velasco fue declarado Presidente constitucional por unanimidad.
En el momento en que la izquierda puso en el debate el tema de la propiedad, la derecha rompió con aquella “unidad”, que ya se veía venir desde la oposición de candidatos. La burguesía empezó a atacar constantemente al progresismo constituyente. Incluso sus mecanismos en la sociedad civil, especialmente la prensa escrita, realizó ataques de desprestigio contra la Asamblea. A esta oposición, (y como elemento de la sociedad política a un agente “incómodo”), Velasco Ibarra prontamente se unió. Los conservadores atacaron llamando a la Carta política como “atea”, pues no se nombraba el nombre de Dios, y se establecía el derecho de soberanía en el pueblo –que por cierto era una premisa legal liberal-.
La izquierda, que ya había puesto todas sus esperanzas en la creación de instituciones basadas en el modelo de una sociedad democrática-liberal, intentó contraatacar en los espacios donde se había hecho más fuerte. Se fundó, y tras décadas de lucha obrera, la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE). Los estudiantes vieron fortalecido su accionar con el robustecimiento de su Federación (la FEUE). La izquierda artística e intelectual tuvo mayor importancia en la creación de la Casa de la Cultura. Intentó dar al Estado, la izquierda, un papel regulador en la economía y estimulador de la inversión privada. Incorporó ciertas medidas del Código del Trabajo a la carta magna.
Pero lo cierto es que al institucionalizarse la “Revolución”, los partidos políticos de avanzada se desligaron momentáneamente de su base social, que en definitiva había sido la fuerza fundamental para derrocar al gobierno de Arroyo. Cuando se depositaron las esperanzas en una asamblea novedosa y “salvadora”, la izquierda ocupó la mayoría de sus fuerzas en defender una constitución que brindó maravillosos artículos ansiados por años de lucha, pero que también lograron desgastar dichas fuerzas en algo que sería revertido sin mayor pesar por la derecha, al siguiente año. La Asamblea encontró en las “sanciones” (modelo jurídico que permitía “castigar” mediante retenciones inmobiliarias y de capitales a los antiguos agentes del arroyismo, así como a otros “enemigos” de la derecha”) un espacio de reivindicación y de lucha política. Incluso, además, como palestra de denuncia. El 20 de enero de 1945, Ricardo Paredes, dirigente comunista, alertó sobre la movilización
102 de 13 tanques y dos aviones hacia las poblaciones de Cayambe y Chimborazo, para reprimir una supuesta movilización indígena. Lo cierto es que no existía ningún levantamiento indígena, y también es cierto que el ejército sí se movilizó, confrontando a las localidades donde la izquierda comunista tenía poblaciones que la apoyaban. Es evidente que el Ejecutivo buscaba crear un clima de enfrentamiento contra la Asamblea. En efecto, al finalizar el período constituyente, los sectores velasquistas atacaron al Legislativo. La confrontación llegó a tal punto que los fervientes velasquistas golpearon físicamente a asambleístas de la izquierda, el último día del proceso. “El ministro de Gobierno, por su parte, expresaba perfectamente cuál era la correlación política de clases en la nueva etapa constitucional: “La gran opinión popular está con el Presidente y contra cualquier grupo, secta, o camarilla”…”140 . A partir de marzo de 1945, la izquierda ya se ubicó abiertamente en la oposición.
Para entonces, la correlación de fuerzas ya había cambiado. La izquierda había perdido su influencia mayoritaria, debido a que desligó su accionar de las bases sociales. Velasco Ibarra se fue convirtiendo, cada vez más, en aquella figura del líder máximo, que no necesitaba del “comité político de extrema izquierda”, como llamó a la Asamblea.141 Incluso cuando en Guayaquil, principal bastión de las fuerzas de izquierda, se realizó la “marcha del hambre”, el gobierno decidió reprimirla de manera exacerbada.
La economía ecuatoriana descendió debido al fin de la guerra, pues las exportaciones no variaron demasiado. Esto provocó el descenso de los ingresos en los sectores asalariados. La Asamblea, que se veía como la máxima representante del progresismo, fue reprimida por los elementos ideológicos de los velasquistas y el conservadurismo.
Es entonces que la burguesía y Velasco ya no podían convivir con una constitución de tinte izquierdista. La Constitución había atacado a una gran cantidad de intereses que los conservadores y los liberales del corte de Arroyo habían defendido por décadas. La legalidad constitucional se había convertido en una piedra que debía ser superada, como quien intenta reponerse de un mal sueño. Así es como Velasco, en franca alianza con el
140 Ibíd., p. 121.
103 conservadurismo y ciertos sectores del liberalismo, decide, en marzo de 1946, efectuar un golpe de Estado. La medida tenía como objetivo iniciar el proceso “contrarrevolucionario”. Suspende a la Constitución de 1945, y declara al Presidente como dictador. Inicia la clausura de periódicos de izquierda, y encarcela a varios líderes comunistas y socialistas. La efervescencia revolucionaria, que ya se había apagado un poco desde la alianza ejecutiva de asignación ministerial, fue perseguida. Velasco anuncia la convocatoria de una nueva Asamblea Constituyente, para agosto del mismo año, la cual se conformó prácticamente entre velasquistas y conservadores.
Pese a que la nueva Asamblea logró eliminar los postulados más progresistas de la anterior Constituyente, no logró retornar a los viejos dilemas de si Ecuador debía ser o no un Estado laico. Esto también da cuenta del peso importante que todavía albergaban los sectores progresistas, como fuerza de poder influyente. Al final, la Asamblea contrarrevolucionaria colocó nuevamente a Velasco como Presidente constitucional. “Si la Constituyente de 1944-45 trató de institucionalizar la revolución, a la de 1946 le correspondió institucionalizar la contrarrevolución.”142. En efecto, la reacción ayudó a establecer una “paz social” en base a la represión y la alianza con la derecha. Velasco se encargó de atacar a los organismos de control y regulación, que había establecido la Asamblea, como instituciones para coartar el poder del ejecutivo (estos son: el Tribunal de Garantías Constitucionales y la Comisión Legislativa Permanente). Pero, como vimos en los 30, a la derecha le incomodaba la figura de Velasco, pues representaba un elemento al cual recurría en momentos de crisis, pero desechaba rápidamente por sus pretensiones de “independencia de poder”.
Es así que cuando una crisis económica, producto de la inflación, coincidió con un deterioro en las relaciones fiscales (las divisas del Banco Central cayeron en 93 millones de sucres), la derecha conservadora aprovechó para derrocar a Velasco. Ya la izquierda no estaba en posibilidad de hacerlo. En agosto de 1947, el propio Ministro de Defensa de Velasco Ibarra, Carlos Mancheno, dio un golpe de Estado. En adelante se sucederían los gobiernos de éste último, Suárez Veintimilla, y Arosemena Tola, en un lapso de de un año, en el que se convocaron a elecciones.
104 La acumulación de fuerzas de los sectores sociales de izquierda, en base a un grupo concéntrico que aglutinaba, bajo la propuesta organizativa de un “frente popular”, logró llegar a niveles sin precedentes en el país. Niveles que la izquierda nunca volvería a ver en el siglo XX. Estos niveles fueron fruto de una visión de alianza entre las diferentes posturas políticas de los sectores de la izquierda, y posteriormente, de alianzas de clases. La Revolución de Mayo de 1944 no fue aislada. Como veremos en el próximo capítulo, se sucedieron una serie de cambios pro-democráticos, que tuvieron un claro sesgo popular en un inicio. De la misma forma, la burguesía liberal de cada país logró recuperar los espacios que habían sido cooptados por sectores de una derecha represiva, y posteriormente por la alianza multiclasista. Este “progresismo”, enmarcado en el juego del liberalismo democrático, no habría sido posible sin la participación de los sectores de izquierda. No es labor de esta investigación el enfrascar el debate alrededor de si lo realizado fue lo correcto o lo incorrecto. Ya otros se encargan de ser jueces de la historia.
Pero es indudable que mucha de la participación en este cambio de visión en el capitalismo estuvo dada por una postura frenteamplista. La alianza natural entre los hijos de las revoluciones fueron interpretadas al interior de cada país, y en cada país vivieron sus particularidades.
A inicios de los 40, en el Ecuador, un grupo de extranjeros y de ecuatorianos decidieron crear un Movimiento que agrupe a todas las tendencias que estén contra el fascismo. Pero también estuvieron encaminados contra los grupos de extrema derecha, en general. Su propósito: crear una conciencia colectiva en contra de los espectros de la extrema derecha, para cuyo propósito exigieron alianzas, aperturas, reivindicaciones, y juegos que no se expresan en el papel que nos dejan los actores, pero que es tarea del historiador descubrirlos.