6. La Economía Mexicana y su Evolución Contemporánea
6.4 Crisis Económicas de México de Finales del Siglo
Es necesario hacer mención de estas crisis, ya que marcaron un parteaguas dentro de la economía nacional, radicando la importancia de estas en que fueron el impulso que se necesitaba en México para que se desarrollaran la industria del supermercado la cual a raíz de estas crisis ve mermado su crecimiento, debido a la restricción de capital, y que logran sobrellevar las crisis en base a la venta de productos de canasta básica, los cuales son comprados en cualquier momento y pese a cualquier eventualidad económica presentada, aunque es necesario mencionar que parte del éxito de una tienda de autoservicio radica en aquellos productos que no son precisamente de canasta básica, es decir estos solo son
productos “GANCHO” enfocados a la atracción de los clientes que posteriormente dentro del piso de ventas podrán adquirir otro tipo de productos que representen un buen margen de utilidad para la tienda, por lo que al estar restringido el flujo monetario durante una crisis económica en la economía, la venta de este tipo de productos se ve seriamente dañada y por tanto la expansión de las cadenas comérciales se ve detenida también.
- Crisis Económica de 1970.
La aceleración en los aumentos del nivel general de precios, la mayor inflación, no representan si no hasta 1973, mientras que las tasas de inflación de 1971 y 1972 son muy similares a la de 1970 y solo un poco mayores que las registradas durante la década de los 60, a partir de 1973 cuando se presentan los grandes aumentos en el déficit de la cuenta corriente, los cuales tuvieron que ser compensados con fuertes aumentos en el endeudamiento externo y posteriormente las restricciones para la obtención de mayor financiamiento externo condicionaron que este déficit fuera la causa inmediata de la devaluación del peso. La explicación de la diferencia de los resultados parecen haber influido tanto en las causas externas como internas, entre las primeras destaca la continuación de la recesion económica en Estados Unidos que fue acompañada por la situación especulativa en las diferentes monedas y el desquiciamiento del sistema monetario internacional que finalmente acabo con el sistema de paridades fijas de las diferentes monedas.
Entre las causas internas la más importante parece haber sido la reducción del gasto del gobierno, la cual se reflejo en la baja de los gastos de capital y no en el gasto corriente. Todo hace suponer que la disminución fue una de las causas para el cambio en la orientación de la política económica hacia una política totalmente expansiva, que abandono casi todos los lineamientos de desarrollo con estabilidad. En lo que se refiere a la distribución del ingreso los resultados dan la impresión de que no se consideraron los efectos regresivos sobre esta distribución de la polito económica expansiva. Aun cuando los aumentos del gasto público tengan efectos directos sobre el empleo, los salarios y sobre la distribución del ingreso, el financiamiento de esos gastos causa inflación que reduce los salarios reales. Es por eso que el resultado de los periodos inflacionarios es de mayor regresividad en la distribución del ingreso, la cual se incrementa con las devaluaciones consecuentes en la política expansiva.
Existieron motivos económicos que explican la baja observada en la inversión privada en términos reales tanto en 1972 como en 1973, y que estos se debieron particularmente a la propia política expansiva, cualesquiera que hayan sido las razones para el cambio hacia la política expansiva la mayor inflación interna y el fuerte déficit de la cuenta corriente se vieron mezclados con otros efectos lo que oscurecieron las relaciones causa-efecto de la política expansiva.
La continuación de la política expansiva hizo mas evidente el desequilibrio externo de la economía mexicana, por un la do en 1974 el aumento de los precios internos fue claramente mas alto que el de los precios internacionales y por el otro el déficit de la cuenta corriente que había aumentado alrededor de 50% en 1973 en relación con el del año anterior, en 1974 tuvo un incremento anual del 100%, a pesar de los grandes incrementos en déficit en la cuenta corriente, a partir de 1973 la política gubernamental fue la de evitar la caída en las tenencias de reservas internaciones del banco de México, por lo que el sector publico incremento ampliamente en endeudamiento externo.
En estas condiciones la situación de pseudo-equilibrio era una situación inestable que obligaba a recurrir a mayores flujos de endeudamiento externo. El gran endeudamiento externo anterior a la devaluación de 1976 no se refleja actualmente no solo en los costos elevados del servicio de la deuda externa sino además en altos costos sociales para eliminar las ineficiencias y distorsiones causadas durante todo el periodo de desequilibrios, lo que significa que la recuperación económica es esta ultima devaluación será mas difícil que en las dos anteriores.
- La Crisis de la Deuda Externa en 1982
La crisis de la deuda de 1982 fue resultado del acelere echeverrista y lopezportillista, de la caída de los precios mundiales del petróleo y del incremento de las tasas de interés internacionales y para el pensamiento económico conservador, condujo a acelerar la inflación y a agravar los déficit fiscales y de balanza de pagos, a desestimular a los sectores competitivos-exportadores, a alentar la formación de monopolios internos, a perjudicar el avance tecnológico y productivo y a lesionar el bienestar y la soberanía de los agentes económicos. El arranque de la crisis de 1982, como es bien, sabido, se dio el 20 de agosto, cuando el entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, anunció a la comunidad financiera internacional que el gobierno mexicano ya no estaba en condiciones de cubrir el servicio completo de su deuda externa debido al aumento súbito de las tasas de interés cobradas y por la enorme fuga de capitales privados de México.
López Portillo resolvió que el manejo de las finanzas mexicanas no se diferenciaba de un gran juego de póker, aún si lo que estaba apostando era el futuro económico de todo el país y la suerte de sus ciudadanos.
Aún hoy en día los analistas no han podido determinar cual fue el verdadero impacto de la nacionalización bancaria de 1982. Es claro que (en parte) esta operación fue inevitable ya que hubo que rescatar a muchos bancos privados
mexicanos que de manera sumamente imprudente habían asumido un exceso de deuda externa a corto plazo entre 1978 y 1982: en pocas palabras, la estatización era el precio a pagar por errores de sus políticas financieras en un entorno internacional cada vez más volátil. Pero también es cierto que el verdadero talón de Aquiles de las finanzas mexicanas no residía tanto en la banca privada como en la banca paraestatal – Nacional Financiera, Banobras y Banrural, agencias que habían acumulado deudas externas mucho mayores desde mediados de los años de 1970 y que estaban ya en virtual bancarrota. Fueron salvados por la Secretaría de Hacienda que resolvió traspasar el paquete del rescate a los contribuyentes mexicanos.
El nuevo presidente mexicano, Miguel de la Madrid, quien asumió el poder en diciembre de 1982 decidió aceptar estos actos de la administración de López Portillo pero, al mismo tiempo, quiso implementar un programa de austeridad y ajuste que iba a contrapelo de las políticas de su predecesor. Como consecuencia, su administración – y en particular el nuevo equipo de jóvenes tecnócratas que fueron encargados de implementar la política económica- se vio obligada a levar a cabo una serie de políticas contradictorias, pues por una parte cargaba con el legado de un Estado económicamente fuerte e intervencionista y, por otra parte, tenía el objetivo de cumplir aligerar ese peso, promoviendo una rápida liberalización, al tiempo que se cumplían con las metas financieras recetadas por el FMI, en particular el pago íntegro del servicio de la deuda externa. El costo financiero de estos diversos objetivos era extremadamente alto. En primer lugar, el pagar los intereses y amortización de la enorme deuda implicó que el gobierno de De la Madrid tuviera que disponer de virtualmente todos los ingresos netos de PEMEX para satisfacer a los banqueros internacionales, sin posibilidad alguna de reinvertir estos fondos en el país.
En segundo lugar, destinó fondos fiscales ordinarios para el programa de rescates que fue establecido para apuntalar a las empresas privadas mexicana endeudadas que fueron beneficiadas con esquemas muy favorables para obtener divisas fuertes con que reducir sus deudas. En tercer lugar, con objeto de cubrir los crecientes déficit públicos del gobierno federal y de las numerosas empresas paraestatales, la administración De la Madrista resolvió reducir radicalmente los salarios de los empleados públicos al tiempo que fue recortando programas sociales.
Por ejemplo, en México, el costo del servicio a la deuda representa el 6,8% del Producto Interno Bruto y el 23,2% de las exportaciones anuales totales. Pero los gastos públicos de México en salud solamente representan el 2,7% del PIB. Según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, un aumento de 1% de PIB en la cantidad de fondos dedicados a la salud reduce la tasa de mortalidad natal un 24%.
El cambio estructural en el sexenio 1982-1988
Entre 1983 y 1987 la deuda externa total del país subió de 92.1 a 105.4 mil millones de dólares; mientras que el pago de su servicio acumuló poco más de 70 mil millones de dólares. En consecuencia, la salida neta de recursos provocada sólo por este fue de 57 mil millones de dólares, resultando una salida neta de recursos frescos sin la posibilidad de su uso para dinamizar la actividad económica interna. En lo inmediato, el gobierno de De la Madrid. Se propuso frenar la inflación y restablecer el equilibrio de la balanza de pagos. Una vez identificadas las causas inmediatas de la crisis, se aplicó en consecuencia el remedio: Fuertes restricciones de la demanda agregada vía disminución de los gastos públicos e incrementos de los ingresos del gobierno mediante incrementos de la recaudación tributaria pero sobre todo de precios y tarifas de bienes y servicios públicos; y por el otro lado, fuertes incrementos en el tipo de cambio (o más propiamente, devaluaciones del peso) a fin de cerrar la brecha de la cuenta corriente de la balanza de pagos. En suma, aplicación de políticas de reducción del gasto (para abatir la inflación) y de desviación del gasto (para equilibrar el saldo de la cuenta corriente). Es fácil imaginar los costos sociales de tales medidas
Esquemáticamente, en el corto plazo el objetivo principal eran controlar la inflación y reducir el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos; en tanto que los objetivos de mediano plazo eran abrir la economía al exterior y disminuir la participación del Estado en la economía.
Al tiempo que los tecnócratas de la administración de De la Madrid aseguraron el pago de las gigantescas deudas (externa e interna), comenzaron a instrumentar un programa de apertura de la economía mexicana. Comenzando con la entrada el GATT (General Agreement on Tariffs) en 1984, procedieron a liberalizar grandes sectores y a iniciar la privatización de buen número de empresas estatales, proceso que cobró dinamismo desde 1986. Para finales del sexenio, ya se habían vendido algunos centenares de empresas públicas, aunque algunas de las más grandes no se subastaron hasta la presidencia de Carlos Salinas de Gortari. Mientras se instrumentaban este paquete de medidas, el crecimiento económico se tornó negativo para luego recuperarse ligeramente en 1985 y luego caer en 1986 con el descenso abrupto de los precios del petróleo.
Por tanto, la política económica del nuevo gobierno, el de Miguel de la Madrid planteó, dentro de la reforma estructural de orientación de mercado, fomentar la competitividad externa de la economía a partir de la liberalización del comercio exterior. En pocas palabras, el gobierno de Miguel de la Madrid “se propuso elevar la eficiencia competitiva de la industria nacional e impulsar las exportaciones manufactureras, a fin de generar ingresos de divisas suficientes para cubrir el valor de nuestras importaciones manufactureras, superando de este modo la necesidad
permanente de financiamiento externo. La tecnocracia neoliberal procedió a liberalizar de manera unilateral y abrupta nuestro comercio exterior y a suprimir la mayoría de los instrumentos de fomento sectorial, a fin de que los agentes privados y las fuerzas espontáneas del mercado optimizaran la asignación de recursos, al tiempo que la exposición a la competencia externa obligaría a los empresarios mexicanos a introducir cambios tecnológicos y a elevar aceleradamente la productividad.
El diagrama de “la reforma estructural” describe los lineamientos de la política económica inaugurada en 1983. Dentro de la citada reforma estructural, destacan la reforma del sector público(misma que ha comprendido la reforma de la política fiscal, la privatización de empresas públicas, la reprivatización bancaria, y el proceso de desregulación a fin de crear nuevas oportunidades de negocios a la inversión privada) y la reforma del sector externo; y que ha comprendido la liberalización comercial, los programas industriales, cambios en las restricciones a la inversión extranjera, la reforma de la ley de protección de la propiedad intelectual, la incorporación de México al GATT, y la firma de acuerdos de libre comercio con diversos países y regiones del mundo.
Adicionalmente a la apertura comercial y para volver a sentar a la economía mexicana sobre bases sanas, se contempló dentro de la mencionada reforma estructural disminuir la intervención del Estado en la economía, que había
alcanzado preeminencia inusitada bajo los gobiernos “intervencionistas” de Echeverría (1971-1976) y de José López Portillo (1977-1982).
Samuel Lichtensztejn resume lo anterior en la siguiente Tabla, y va más allá al incluir objetivos y políticas de largo plazo que describen muy bien lo que se ha hecho en México de 1983 a la fecha.
Lineamientos de las políticas “neoliberales” Fines del sistema Objetivos de
política económica Enfoque teórico Plazo Políticas instrumentales Restauración o
estabilización precios y equilibrio Estabilidad de de la balanza de pagos Exceso de demanda. Monetario de balanza de pagos. Corto Precios-ingresos Fiscal Monetario-crediticia Cambiaria Reestructuración Apertura externa Reforma del sector publico Principio de las ventajas comparativas (asignación de recursos) y ley del
precio único. Ley de Say; “dejar
hacer, dejar pasar”; curva de Laffer. Mediano Mediano y largo plazo Comercial Financiera Capital extranjero Privatizaciones y reprivatizaciones. Desregulaciones legales para abrir oportunidades a la inversión privada. Desarrollo Empleo Crecimiento Ley de Phillips (desempleo natural) Economía social de mercado Mediano Largo
Costo mano de obra. Seguridad social. Inversiones estratégicas
ligadas al comercio internacional y a la seguridad nacional.
FUENTE: Lichtensztejn, Samuel. “De las Políticas de Estabilización a las Políticas de Ajuste”, Economía de América Latina No. 11 (CIDE), México, Primer Semestre de 1984, p. 22
En conclusión, aun cuando las manufacturas cobraron mayor relevancia al interior de la estructura de las exportaciones del país, la conducción económica fundamentada en el ajuste comercial externo auxiliado por la subvaluación, no logró, finalmente, el control de la inflación sino que la favoreció, con el añadido de que acrecentó los desequilibrios estructurales y obstaculizó las condiciones del crecimiento económico
La crisis de 1982 marcó la reorientación de la conducción económica en México, con el objetivo productivo del cambio estructural sustentado en la competitividad de la economía nacional en la internacional. En términos de análisis, el objetivo anterior lo podríamos visualizar por medio de tres etapas. En la primera, la
condicionalidad de cumplir con las obligaciones financieras externas ubicó la política cambiaria de subvaluación como elemento significativo de la conducción para acceder a los excedentes comerciales externos; pero, por otra parte, repercutiendo adversamente en el comportamiento de indicadores tan importantes como la inversión y el producto.
- Crisis Económica de 1995
En la década de 1980, la población redujo su consumo y se revirtió la tendencia de crecimiento de las importaciones. Esta cambio en el comportamiento de consumo fue una consecuencia lógica de los factores económicos en decadencia. Entre 1989 y 1994 la economía creció, en promedio, 3% anual. Las moderadas reducciones de la paridad cambiaria y las políticas de apertura comercial (que permitieron incrementar el consumo) fueron factores que contribuyeron a formar un espíritu estúpido de optimismo que impidió analizar lo que realmente estaba pasando. El mantenimiento de un tipo de cambio casi estable, cuando los diferenciales de inflación entre México y EUA indicaban que había que devaluar; la dependencia de capitales especulativos para financiar los déficit del comercio exterior de mercancías; la emisión de Tesobonos (instrumentos de deuda pagados al tipo de cambio vigente) y el aumento de la tasa de interés de algunos bancos centrales (como el de Alemania), provocó alza en las tasas de interés de México inhibiendo la inversión productiva y propiciando la especulativa. Además, la apertura comercial - materializada en el Tratado de Libre Comercio - provocó la destrucción de gran parte de la planta productiva (empresas medianas y pequeñas); por otra parte, hubo factores políticos como el asesinato de personalidades públicas o la rebelión en el sur.
Para diciembre de 1994 la moneda se devaluó en 90.1%, se detonó el crecimiento de la inflación, el PIB cayó en 6.2% - en 1995-, el país y el sistema financiero estuvieron a punto de caer en una insolvencia financiera absoluta. En el ámbito social, el desempleo creció al igual que la tasa de pobreza. Siguen siendo consecuencia directa de la crisis financiera de 1995. Para neutralizar estas dificultades se implementó un programa de ajuste que inhibió el consumo interno y que generó una caída importante de los salarios reales.
Los Tesobonos fueron un elemento determinante en la pérdida de confianza de los inversionistas. El gobierno de Carlos Salinas de Gortari aumentó drásticamente su colocación. Estos bonos se compraban y vendían en pesos, pero estaban protegidos contra los efectos de una posible devaluación, al cotizarse en dólares; al momento de cambiarlos a pesos se pagaban al tipo de cambio vigente (no tenía razón de ser el hecho de comprar divisa norteamericana si existían otros instrumentos de rendimiento igual o superior).
El juego del gobierno era prevenir la devaluación, neutralizando el riesgo cambiario por medio de Teso bonos. El aumento en la colocación, daba un doble mensaje, por un lado, iba a prevenir la devaluación, y por el otro, existía el riesgo de la misma. Del 1 al 19 de diciembre, las reservas disminuyeron de 17 a 5 miles de millones de dólares. Hasta el 10 de enero, el índice de la Bolsa, en términos de dólares, había bajado en un 50% y las tasas de los CETES subieron por arriba de 40%.
La crítica radica en ser ésta la herramienta fundamental de la estabilidad financiera. En los primero días de 1995, se informaba el Programa de Emergencia Económica para revertir los efectos de los desajustes anteriores. Tenía tres prioridades: lograr que el déficit en la cuenta corriente se redujera ordenadamente a niveles manejables en el corto plazo; crear las condiciones para una pronta recuperación de la actividad económica y el empleo, y conseguir que el efecto inflacionario de la devaluación fuera lo más reducido y corto posible.
Para cumplir estos objetivos se plantearon estrategias a seguir: acuerdo entre los sectores productivos para evitar presiones inflacionarias; reducción en el gasto público respecto a lo programado; estímulos a la inversión privada en la modernización de la infraestructura; apoyo financiero con recursos internacionales para estabilizar la situación económica.