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es una crisis de la gobernabilidad

In document Baja Euphorion n.º 5 (página 55-61)

Maurizio Lazzarato

Filósofo y Sociólogo independiente París - Francia

Les mardis de Chimères, diciembre 17 de 2008

Traducción Ernesto Hernández B.

J

ean-Claude Polack: Maurizio ha trabajado so- bre el pensamiento de Tarde y la concepción del valor: la economía a partir de la psicología. El valor es el resultado de una conjunción entre inven-

ción, asociación y repetición. Para abordar la crisis de hoy en día: ¿la moneda es capaz de anticipar, prever y ordenar nuestras conductas?

Maurizio Lazzarato: Se piensa que la crisis actual es simplemente una incapacidad de regular la moneda y que bastaría introducir una regulación para resolver la crisis. Yo pienso que la crisis es algo más profundo: es una crisis de gobernabilidad en el sentido en que habla Foucault: la gobernabilidad es la manera de gobernar el comportamiento y las conductas de los diferentes actores económicos y sociales.

Dos palabras sobre la crisis a partir del concepto de deuda que retomo de El Antiedipo, el cual Deleuze- Guattari retoman de Nietzsche en La genealogía de la moral:

Apoyándose en las investigaciones de Will, Michel Foucault muestra cómo, en algunas tiranías griegas, el impuesto a los aristócratas y la distribución del dinero a los pobres son medios de devolver el dinero a los ricos, de ampliar singularmente el régimen de la deuda […] (Como si los griegos hubiesen descubierto a su manera lo que los americanos encontraron con el New Deal: que los altos impuestos del Estado son propicios para los buenos negocios). En una palabra, el dinero, la circulación del dinero, es el medio para volver la deuda infinita […] la abolición de las deu- das o su transformación contable inauguran la tarea de un servicio de Estado interminable […] El acree- dor infinito, el crédito infinito ha reemplazado los bloques de deuda móviles y finitos […] la deuda se vuelve deuda de existencia, deuda de la existencia de los sujetos. Llega el tiempo en que el acreedor aún no ha prestado mientras el deudor no para de pagar, pues pagar es un deber, pero prestar es una facultad, como en la canción de Lewis Carroll, la larga canción de la deuda infinita:

Un hombre puede ciertamente exigir su deuda, Pero cuando se trata de prestar,

Puede elegir ciertamente el tiempo Que mejor le convenga.1

En mi hipótesis, la deuda será el instrumento de la gobernabilidad, tanto del comportamiento de la subjetividad como de la organización económica.

Son dos hipótesis fundamentales:

1) Las finanzas funcionan como una máquina que trasforma los derechos sociales en deuda (la organización económica).

2) Las finanzas como máquina para producir

1 Cf. la versión española: Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. El

anti-Edipo: Capitalismo y esquizofrenia. Trad. de Francisco Mon- ge. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 1985. p. 204. La cita de Lewis Carroll pertenece a: Sylvie and Bruno, Cap. IX [N. del E.].

subjetividades particulares, lo que los liberales llaman capital humano.

¿Cómo se imbrican las dos cosas? ¿Por qué la deuda? En USA, el problema fundamental viene de la manera en que ha sido gestionado el crédito. Normalmente, se dice que de un lado habría una economía real que sería una economía sana, y de otro lado la economía financiera que, al contrario, tendría problemas de regulación. Las dos están imbricadas: la economía real impone la congelación de los salarios, por ejemplo, y la reducción de los servicios sociales; la financiera interviene por un mecanismo de impuesto a las finanzas de los gobernados y de otro lado, para compensarlo, propone créditos. Es decir, usted no tendrá derecho al retiro, sino a un aseguramiento individual. Usted no debe pedir un aumento salarial sino un crédito de consumo. Usted no tiene derecho a la formación, pero exija un crédito educativo, etc.

Es una lógica que transforma los derechos sociales gracias a las finanzas que sustituyen sus mecanismos. Es un proyecto político que tiene cierta coherencia en el liberalismo porque transforma al trabajador y al asalariado en capital humano. Trans- forma a los asalariados en pequeños propietarios. La lógica de la política Bush: la sociedad de los propie- tarios.

¿Qué quiere decir “capital humano”? Quiere decir que usted es responsable de su capital, que está representado en su fuerza de trabajo. Es una fracción infinitesimal de capital y usted debe valorizar las competencias y adquirirlas.

El retiro, la seguridad social, etc., son investimentos individuales. No hay un sistema general que lo asegure, usted debe suplirlo.

Toda la transformación desde hace treinta, cuarenta años, es pasar del Estado providencia organizado alrededor de los derechos sociales a este tipo de mecanismo… paso muy violento en USA y aquí un poco más controlado.

Este programa ha sido completamente integrado por el patronato francés, cuando el MEDEF en la época de Kessler y de Seillière con lo que se llamaba La Refun- dación Social, escrita por un discípulo de Foucault, Francois Ewald.

Hay una heterogénesis radical entre la economía y la política que sólo puede resolverse con la inter- vención de lo social. Lo social es el terreno privile- giado de la acción de los liberales desde la segunda guerra mundial. Para que los mecanismos del mercado funcionen es necesario intervenir sobre lo social que produce esta subjetividad particular del capital

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humano. ¿Cómo transformar esta subjetividad en subjetividad de un individualismo metodológico cre- ciente? La desproletarización.

Una esquizofrenia, pues los liberales introducen rupturas en el interior de la subjetividad: el salario puesto en la bolsa. Dos lógicas en el interior del individuo que crean problemas personales y para la acción política.

La crisis de los “subprimes” es en realidad la crisis de esos mecanismos que actúan desde hace cuarenta años. La transformación de los derechos sociales en deuda y crédito, y la transformación del salario en capital humano, en pequeños propietarios, ha llegado a un evidente límite. No por azar cae sobre los “subprimes”, es decir, sobre la casa individual. No es pues una crisis económica sino una crisis de gobernabilidad. Ese proyecto liberal está bloqueado.

La crisis es una crisis del crédito que concierne a los individuos como actores (diferente a la del 29). ¿Por qué esta historia de la deuda? Porque la deuda es una forma de gobierno de los comportamientos muy eficaz (relacionada con el poder pastoral de Foucault: el poder micro-político concierne al com- portamiento de los individuos de manera permanente). La deuda implica una producción de subjetividad particular: Nietzsche explica que el paso de las socie- dades bárbaras a las sociedades civilizadas se hace a partir de la deuda. Una deuda que es una deuda moral y económica: la moneda nace de la deuda.

La deuda sirve para construir una memoria del individuo: su capacidad de prometer. ¿Cómo garantizar el hecho de que un individuo mantiene su promesa, y entonces, cómo anticipar su compor- tamiento? Es una memoria del porvenir. Para que esta memoria sea posible hay que inscribirla sobre el cuerpo: los suplicios, la tortura… ya no estamos en esa situación, pero el problema de la construcción de una memoria existe siempre con una doble proble- mática: mantener una promesa, y la responsabilidad. Está pues ligada a la subjetividad que ha producido el liberalismo: el capital humano donde el individuo es empresario de sí mismo con la capacidad de ser autónomo y entonces responsable.

En el proyecto de refundación social del MEDEF eso es evidente: por ejemplo, los desocupados son responsables de la situación social en la que están. La causa viene del comportamiento de los indivi- duos. Está ligado a la culpabilidad. Nietzsche dice: deuda y falta son la misma cosa.

Doble proceso muy raro con la política neoliberal: desculpabilizar al individuo para permitirle acceder al crédito y a la deuda, y de otro lado, una culpa-

bilización colectiva… por ejemplo, los asalariados responsables de la deuda de los jubilados.

Trabajo sobre los RMIstas y los intermitentes2: lo

que más circula es la culpabilidad.

Tenemos que volver a utilizar el mecanismo Deuda/subjetividad de El antiedipo.

Quiero comentar una frase de Marx:

En el sistema del crédito, cuya expresión acabada es el sistema de la banca, tenemos la impresión de que la potencia del poder extranjero, material, está rota, que el estado de alienación de sí es abolido y que el hombre se encuentra de nuevo en relaciones humanas con el hombre […]. Pero esta supresión de la alienación, la vuelta del hombre a sí mismo y entonces al prójimo no es más que una ilusión. Es una alienación de sí, una deshumanización tanto más infame y extrema por cuanto el medio en el que actúa ya no es la mercancía, el metal, el papel sino la existencia moral, la existencia comunitaria, los tras- fondos del corazón humano: bajo la apariencia de la confianza del hombre en el hombre, es la suprema desconfianza, la alienación acabada.

¿Qué es lo que constituye la esencia del crédito? Hacemos abstracción del contenido del crédito, que siempre es el dinero. No consideramos el contenido de esta confianza, es decir que un hombre reconoce al otro adelantándole un valor. [En el mejor de los casos […] el acreedor considera al deudor no como un pillo, sino como un ‘buen’ hombre. Por ‘buen’, el acreedor como Shylock —el usurero judío de El mer- cader de Venecia— entiende solvente] […] Todas las virtudes sociales del pobre, el contenido de su acti- vidad social, su existencia misma, representan para el rico el reembolso de su capital con los intereses […] La individualidad humana, la moral humana se transforman a la vez en artículo de comercio y encar- nación material del dinero. En lugar del dinero, del papel, es mi existencia personal, mi carne, mi sangre, mi virtud social y mi reputación social las que son la materia, el cuerpo del espíritu-dinero. El crédito expresa el valor monetario no en monedas sino en pedazos de carne humana, de corazón humano.3

Lo sorprendente en el texto de Marx, es que dice que el crédito funciona al revés de la materia con la que funciona el capital. El capital es fundamental- mente una relación entre hombres mediada por cosas: la relación de trabajo, etc.… Con el crédito, esta mediación de las cosas es anulada porque el cré- dito se funda sobre la confianza: un hombre reconoce

2 Revenu Minimum d’Insertion (RMI) o “Ingreso Mínimo de Subsistencia”, que actualmente se trata del Revenu Minimum d’Activité (RMA). En el caso de los intermitentes, se trata de la modalidad de trabajo subsidiado para el sector del espectáculo. [N. del T.: Cf., “Los intermitentes del espectáculo”. En: Lazzarato, Maurizio. La filosofía de la diferencia y el pensamiento menor.

Bogotá: Fundación Comunidad/IESCO, 2007, pp. 135-153]. 3 Marx, Karl. Crítica de la economía política, Manuscritos de 1844.

al otro en sí avanzándole valores. El crédito no circula como la mercancía, el crédito releva la existencia moral. Lo explotado ya no es el trabajo sino la exis- tencia moral, comunitaria, el trasfondo del corazón humano (mi carne, mi sangre, mi reputación social, etc.).

Jean-Claude Polack: Hay una excentración respecto de la cuestión del trabajo. Pasamos a lo privado, la fuerza de trabajo no constituye la medida del valor. Para ese sistema del crédito, ¿podemos hablar de programación?

Maurizio Lazzarato: El capitalismo de hoy funciona sobre la incertidumbre. El crédito es esta tentativa por reducir la incertidumbre de los compor- tamientos. Ejemplo de un estudiante americano que se endeuda antes de entrar en el mundo del trabajo; esta deuda lo acompañara hasta el fin de su vida que se organiza en torno a esta: las fuerzas de la vida son controladas.

El capitalismo contemporáneo: ¿cómo controlar las relaciones sociales, cómo regular la vida de los individuos? No es una programación sino una tenta- tiva por reducir la incertidumbre.

Nathalie Sinelnikoff: Y poner al individuo en movimiento: la motivación.

Maurizio Lazzarato: Sí, con la autonomía. Es la ideología del empresario individual. Necesita ser autónomo. Pero son solicitaciones, exhortaciones… no un cuadro fijo como en la organización del trabajo… para poner a la gente en movimiento.

Valérie Marange: Lo que se llama activación. La motivación… ironía de Deleuze-Guattari: “Curiosa- mente los jóvenes vuelven a demandar motivación”. Jean-Claude Polack: Cuando Marx habla de trasfondos del corazón, hace alusión a un pacto ligado a la culpabilidad que se encuentra en Freud. La deuda infinita es también la deuda edípica. Pero en las consecuencias, quien pasa por el pacto no sabe cómo se trasforma su propia vida afectiva. Habla de trasfondo más bien que de conducta, lo cual quisiera discutir contigo.

Maurizio Lazzarato: Voy a pasar por William James (filósofo americano) para ver cómo aprehender ese trasfondo del corazón humano, y la relación entre eso y la confianza.

A finales del siglo XIX e inicios del XX, el problema de la creencia y de la confianza estaba en el centro del debate filosófico con Tarde, con el pragmatismo americano (la relación entre creencia y acción). Para James, la creencia es la disposición a actuar. Es la relación entre la potencia de actuar y la creencia.

El problema moral consiste en decidir no de lo que existe, sino de lo que es bien o estaría bien si existiera. Para comparar el valor de lo que existe y lo que no existe, debemos consultar no la ciencia, sino lo que Pascal llama nuestro corazón.

Sea el trasfondo del corazón humano un conjunto de fuerzas activas: fuerza del alma, encanto, ardor, etc., que resume el concepto de Deseo… la acción depende de eso. El logro de una acción depende de la energía desplegada en el acto y la energía está subordinada a la certidumbre de lograr, a la creencia en nuestros móviles y finalidades. La creencia-hábito y la creencia-confianza (en algo no establecido).

El capitalismo funciona sobre ese mecanismo, el mundo es incompleto, y esta incompletud invo- ca nuestra potencia de actuar. Es un mundo pobre en experiencia que moviliza nuestra creencia para poder actuar. Volvemos a las teorías liberales que son teorías del riesgo. (Ewald y el retorno a la teoría foucaultiana en el programa del MEDEF: los riesgófi- los y los riesgófobos). El bárbaro es quien se arriesga en la incertidumbre. Tiene la capacidad de vivir en un mundo sin certidumbre y que invoca un investi- mento subjetivo.

Pasamos a una política de la experimentación. ¿Cómo actuar en ese mundo, cómo arriesgarse en una acción cuya salida es incierta? Para poder actuar, es necesaria la confianza en sí mismo, la confianza en el mundo y en los otros. Esta confianza está calcu- lada por el crédito, y esta fuerza es la que recupera el crédito. Hay que pasar por un acuerdo tácito con- sigo mismo y con los otros en un mundo donde las máximas rutinarias no pueden servir para dirigir la acción: es el mundo de las crisis.

Nuestro escepticismo y nuestros impases políticos son éticos. Deleuze en La imagen-tiempo: creer en el mundo y en las nuevas posibilidades de vida que hay en él… y el problema fundamental que tenemos hoy en día es creer en el mundo.

Para James, la creencia religiosa no es la creencia en un discurso, sino en un mundo invisible, abierto. La fuerza de la religión no pasa por el discurso, sino por ese momento subjetivo y pre-verbal, del orden del afecto.

Si pasamos por esos filósofos, Tarde y James, llegamos a comprender por qué esta historia del cré- dito tiene un sentido político muy potente y cómo la gente lo inviste.

Valérie Marange: Esta cuestión de la deuda remite al psicoanálisis y a la simbología con el reconocimiento recíproco y social que da un lugar a cada uno donde pueda sentirse en confianza. Ahora, me parece que lo que está en juego es esta historia

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del crédito, al mismo tiempo, con una amenaza de descrédito y de no-reconocimiento de los individuos. Ejemplo de los RMIstas: punto de desmoronamiento de los individuos con la falta de asistencia, de ser reconocidos, de pertenecer a algo.

Maurizio Lazzarato: Hemos entrevistado a los intermitentes y RMIstas, y la transformación del derecho social en deuda tiene consecuencias muy importantes. La indemnización al desocupado era un derecho reconocido bajo juramento… una con- quista social, y no se tenía ninguna culpabilidad res- pecto de esto. Hoy en día sirve como mecanismo de culpabilidad. Ese derecho ha sido deslegitimado por el déficit. Lo cual introduce una incertidumbre económica y existencial que tiene como consecuencia una desagregación del individuo… ¡y eso funciona!

Jean-Claude Polack: La locura de las masas de Herman Broch, 1933. Ese filósofo intenta compren- der lo que pasaba en Alemania. Para él, la incerti- dumbre es inmanente a lo humano y tiene que ver con la muerte, como para Freud. Después, podemos construir lo que queramos, pero eso será metafórico, metonímico de esa angustia primera. Cuando se habla de incertidumbre, de inseguridad, ¿no se trata en última instancia de esta angustia codificada por los discursos?

Valérie Marange: Es lo que yo decía con la deuda o lo que dice Ewald con el riesgo. De todas maneras, el riesgo es humano. Una vez se dice eso, cuáles agen- ciamientos sociales creamos para vivir conjuntamente. Es por eso que hay algo muy perverso en el caso del desvío de Foucault por Ewald.

Maurizio Lazzarato: La izquierda, tradicional- mente, propone frente a la política de la inseguridad, la política de la seguridad, el Estado providencia. Y eso es un problema, pues el Estado providencia es la salvación (el poder pastoral). Cuando James o Benjamin hablan del bárbaro, el bárbaro es quien arriesga su vida en un mundo incierto… decimos que es así como hay que vivir hoy en día. Las perso- nas que tienen necesidad de seguridad son débiles… ¿Cómo salir de esa trampa sin volver al Estado providencia?

El discurso de la refundación social (salido en 1999-2000) se ha envejecido con la crisis. La distin- ción riesgófilo/riesgófobo no se sostiene.

Hay que comprender cómo el poder tiene esta capacidad de agenciar con la micro-política este estudio de la relación entre los hombres. El Estado providencia es un sistema de control de los modos de vida.

Jean-Claude Polack: Es un gobierno que jugaría a la fractalización de las inseguridades y no sobre

las homogenizaciones. Creíamos que el mundo capi- talista iba a hacer que fuéramos semejantes y presos de las mismas inquietudes, pero no. A pesar de la globalización, hay una actividad de diferenciación, arma extraordinaria de gobernabilidad a fin de que cada humano no pueda reconocerse en otro.

Maurizio Lazzarato: Sí, el gobierno de las desigualdades es el gobierno de las diferencias.

Jean-Claude Polack: Podemos añadir que las diferencias tienden a lo micro. Proletariado y bur- guesía es una diferencia gruesa, demasiado visible. Al contrario, entre los desocupados, hay 40 estatutos diferentes, y no pueden ponerse en conjunto.

Maurizio Lazzarato: Eso va más lejos. Esa fracta- lización atraviesa al individuo, el accionista-asalariado… todo eso produce al menos dualismos. La cuestión

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