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In document Baja Euphorion n.º 5 (página 39-42)

Claro que hay divergencia de opiniones, cada uno puede expresarse como quiera, pero eso ya no tiene importancia, no significa nada, no tiene efecto algu- no. La proliferación ilimitada de las fuentes de infor- mación, por su parte, no necesariamente implica una abertura democrática, tal vez porque el efecto-socie- dad no se encuentra ya en la esfera del discurso, sino en la psicoquímica. Allí no tenemos discurso, sino imágenes, estrategias más o menos conscientes de persuasión subliminal. Potencia inmensa del flujo in- vasivo que emana del poder infoesférico y disuelve la distinción entre esfera onírica y esfera de la vida cotidiana. A partir de los años setenta, sobre todo, y del encuentro entre política y publicidad, con la difusión de la televisión como electrodoméstico vi- ral omniinvasivo, el destino colectivo se decide cada vez menos en el ámbito de la política democrática y cada vez más en la esfera psicodélica de las apa- riciones de fantasmas inconscientes. Mediante la descomposición de la mente moderna, resultante de esa mutación del ambiente en que se forma esa mente, del adensamiento de la corteza infoesférica, de la expansión del ciberespacio, no caben más las modalidades lógico-críticas. Asistimos a la integra- ción de la mente en el proceso de producción capi- talista y a la incorporación de la inteligencia en la lógica del capital; así, ya no tiene sentido hablar de la restauración de las condiciones democráticas de la política, puesto que la formación libre de opinión, condición necesaria para el ejercicio de lo que nos acostumbramos a llamar democracia, tiende a diluir- se. En las condiciones de la infoproducción, los flu- jos psicoquímicos que actúan sobre la mente social adquieren tal intensidad y tal potencia invasiva que las señales por las cuales la mente es estimulada no son ya juzgables críticamente. Penetramos en una zona de indistinción, de indecidibilidad. Es el reino del Neuromagma. En la espiral neuromagmática, la mente ya no puede elaborar elecciones conscientes, ni expresar subjetividad coherente alguna. Puesto en condiciones de indecidibilidad, el organismo cons- ciente reacciona con pánico, depresión, o se reterri- torializa en la identidad.

Hay un desfase entre la conexión virtualmente infinita de los sujetos de enunciación en el ciberespacio y el tiempo que necesita el cerebro orgánico para elaborar la información que lo circun- da (cibertiempo). Mientras los flujos de demanda in- formacional y sensorial aumentan vertiginosamente, el núcleo subjetivo está preso aún al ritmo lento de la materia orgánica, de la corporeidad, del gozo y del sufrimiento. Y la exposición del organismo a las in- formaciones no puede ser intensificada más allá de un cierto límite sin provocar una disminución y una pérdida de intensidad, con consecuencias éticas y es- téticas importantes, desde la pérdida de interés en la alteridad hasta la irritación, el fastidio, la ansiedad, el miedo y la agresividad. En suma, el ciberespacio invade, hasta el estrangulamiento, la esfera de la

sensibilidad cibertemporal, pues la sensibilidad está en el tiempo, y el espacio se tornó demasiado denso para que el tiempo pueda elaborarlo con algún dis- frute. No hay cómo hacer un análisis del momento actual sin tener en cuenta esa brutal desterritoriali- zación tecnológica, en que la experiencia cotidiana nada en un Neuromagma modulable, disponible para una recombinación ininterrumpida, pero subyugada a una semiotización económica.

Ahora, ¿en qué se torna la política en ese con- texto que parece irreversible, en esa parálisis de la empatía social y de la afectividad? Los que predican la participación tienen de vez en cuando la impre- sión de sólo prolongar el agotado espectáculo de la política de la cual todos estamos excluidos. Sólo las fuerzas ciegas del Neuromagma están en condicio- nes de dominar la totalidad de la sociedad, aunque ese dominio no tiene el carácter de gobierno políti- co, de mediación democrática —evoca mucho más la fuerza de lo inevitable, que hoy va a la par con lo inevitable de la fuerza—. ¿Será que sólo nos resta abandonarnos a la idea de ser parte de una totalidad irreversible, irrecusable? ¿Cómo substraerse a la psi- copatía que deriva de la exposición al Neuromagma? A pesar de esa descripción catastrofista, Bifo no es un pesimista. Según él, una estrategia evolutiva en esa mutación puede nacer por una vía cismoge- nética: separación más o menos consciente de célu- las independientes. Estrategia no de dominio, sino de “adhesión al devenir cósmico” y de separación al interior de él. La identidad, la responsabilidad, la participación política, la pretensión de un gobierno de la totalidad son obsesiones que impiden algo más elemental, una especie de creatividad caosmótica y recombinaciones singulares, eventos libertarios que una célula independiente puede experimentar por sí y proponer como ejemplo, como contagio, haciendo rizoma sin requerir dominar. Sería una manera de pensar alternativas al interior de ese caldo, donde se disolvieron los cuerpos compactos, como clases, ideologías, todas esas figuras simplificadas que ya no añaden ninguna constelación de acontecimientos, de acciones, de proyectos. El hecho es que hoy, en vez del sujeto, proliferan singularidades, y es a partir de ello que sería preciso repensar nuevas composi- ciones. Así, se trata de recartografiar ese Neuromag- ma siguiendo un método composicionista, neuro- composicionista, dice Bifo, que consiste en seguir los flujos que modelan la cognición y los flujos de deseo del psiquismo social, flujos tecno-mediáticos, flujos deseantes. Más que intentar prever el futuro, se trata de funcionar como una terminal esquizo que emite profecías diversas conforme a los flujos que lo atra- viesan y a las redes a las que está conectado, según un vector de imaginación.

En las condiciones más concretas de la experien- cia italiana de los años setenta, Bifo realizó parcial-

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mente esa consigna al animar la radio libre Alice, que Félix Guattari consideró como el inicio de un proceso de proliferación de los agentes enunciativos, desti- nado a hacer explotar el modelo mass-mediático. El movimiento de las radios libres anticipaba la ten- dencia pos-mediática que el filósofo preconizaba y preveía. Guattari jamás concordó con la diaboliza- ción de las tecnologías de la comunicación, y dio el soporte teórico para un pensamiento tecno-nómada, confiando en el poder de la auto-organización mole- cular al interior de los flujos semióticos desterrito- rializados que el capitalismo libera, en los vectores de resingularización allí presentes, en la creatividad social y hasta en una civilización pos-mediática. Guattari se refería a una época en que los medios de comunicación hegemónicos perderían su centralidad y su verticalidad, dando cabida a procesos de auto- organización tecno-comunicativa, en una sensibili- dad pos-mediática.

La economía capitalista sólo venció la batalla en el siglo XX al integrar la actividad intelectual en el proceso productivo. Con eso, el capital fue obliga- do a liberarse de la forma industrial y a reducirse a la esencia del código abstracto capaz de modelar procesos concretos de elaboración y de producción. Bifo recuerda que los factores económicos no son ya, como en el tiempo de Marx, la tierra, el trabajo y el capital. Además, Marx ya insistía en que el capital no es un mero cúmulo de mercancías y recursos, sino sobre todo una relación de producción, una forma; entretanto, en su tiempo, tal relación de producción formateaba contenidos de tipo físico y mecánico, constituyendo un tiempo cuantificable (el tiempo del trabajo manual, el tiempo de los gestos repetitivos

de la industria). Hoy el capital se tornó una relación de producción que formatea meros procesos de ela- boración formal, forma que organiza forma, código semiótico que ejercita su acción performativa sobre la actividad semiótica misma. Los factores que deter- minan la producción no son ya cuantificables, pues el trabajo cognitivo no puede ser calculado en tér- minos de tiempo secuencial, en tanto que la esfera del ciberespacio es una esfera de expansión ilimita- da. De este modo, la ciencia económica, que reposa sobre un paradigma cuantitativo y mecanicista, no consigue acompañar un proceso de producción que se funda sobre una actividad aleatoria como la acti- vidad mental. Peter Drucker se pregunta si en una época en que la información se torna fuerza produc- tiva directa y mercancía general, la economía aún es capaz de dar cuenta de los fenómenos del mundo contemporáneo. Si el objeto de la ciencia económica es el universo de los actos de producción y de inter- cambio, y su finalidad es hacer posible una teoría de la utilización optimizada de los recursos y hacer previsibles las probabilidades futuras, nada de eso existe ya. La tierra, el capital, el trabajo, cederán el lugar ahora a la inteligencia, que está lejos de ser un recurso escaso o calculable, con lo que las categorías de la ciencia económica clásica son barridas.

Los intelectuales en el siglo XX querían encontrar un lugar orgánico en la transformación de la socie- dad. La vanguardia soñaba con abolir la separación entre arte y movimiento real de la sociedad, llaman- do la imaginación al poder. Todo eso aconteció, de cierta manera, cuando la innovación tecnológica permitió que el capital pusiese a trabajar los frag- mentos separados de la actividad cognitiva social. La subordinación a la máquina informática permitió la integración del trabajo intelectual, pero expropió su capacidad de producir sentido, reduciéndolo a la mercancía en el proceso de producción complejo. En ese momento en que el trabajo intelectual se torna trabajo productivo, parece que se disuelve toda una problemática del siglo XX, inclusive un pathos cultu- ral y estético característico del movimiento revolu- cionario y de las vanguardias.

El rechazo del trabajo industrial que se manifestó a través de las luchas operarias de los años sesenta- setenta suscitó el desenvolvimiento de un no-trabajo, el trabajo mental. La mentalización del proceso de producción social llevó a la humanidad más allá de la era neolítica, esto es, de la esfera de transforma- ción física de la materia a través del trabajo físico, introduciendo una civilización noolítica, en la cual regiones cada vez más amplias de producción se tor- nan puros y simples procesos de elaboración de in- formación. En ese contexto, planificación, ejecución, invención, entran en tal régimen de continuidad que las funciones ideativas y ejecutivas acaban coinci- diendo. Eso tiene consecuencias drásticas en el campo

de la política, de la organización y del gobierno. La mentalización del proceso productivo significa que las propias funciones del gobierno sobre el proce- so son introducidas en el proceso productivo, no habiendo ya distinción entre la actividad produc- tiva de la sociedad y el momento de coordinación del gobierno. En la sociedad de la información el gobierno, la producción y la circulación de las in- formaciones son una única cosa. Por eso el general

intellect, la intelectualidad de masa, la fuerza social de la producción mental, debe emerger como actor político directo; pero no lo ha hecho aún, si no que sólo ha vuelto a recorrer la modalidad de organiza- ción heredada del movimiento operario del siglo XX. Los movimientos estudiantiles habían representado, a partir de los años sesenta, la emergencia del trabajo intelectual de masa como fuerza social; con todo, estuvieron sometidos a la perspectiva global del movimiento operario y no supieron asumir la espe- cificidad del trabajo mental como ámbito de las de- terminaciones y explicaciones de las alternativas de que eran portadores. Sólo marginalmente apareció la consciencia de la necesidad de investirse del con- tenido de la actividad intelectual, sólo ahí comienza a manifestarse la conciencia del papel directamente político de la actividad mental organizada. Pero para eso sería preciso abandonar la idea de que la políti- ca es el gobierno totalizante de la sociedad, y cabría repensarla como actividad de proyección y progra- mación (en el sentido informático del término) de segmentos específicos e independientes de la vida social, producción de interfaces sociales (que otrora eran delegados al Estado o a los partidos políticos). En la época del trabajador industrial, el lugar de la reflexión, de la invención y de la creatividad estaba separado del lugar de la producción; cuando el ope- rario quería llevar la reflexión al lugar de trabajo, precisaba bloquear la línea de montaje. En el trabajo mental, la actividad mental creativa se distingue de la actividad mental dependiente por su modalidad epistémica, por el investimento psíquico deseante, no por su consciencia práctica.

Bifo quiere decir que el problema de la política se disuelve en cuanto separado de la práctica espe- cífica, ella se torna función interiorizada de la pro- ducción social, y el Estado, como esfera separada, no tiene otra función sino la de perpetuar la exis- tencia de una casta burocrática incapaz de gobernar la complejidad social. De ahí el cuadro triste de los políticos: cada vez más incapaces, débiles, pésimos

actores, delincuentes. De ahí también la idea de lo post-nacional, post-estatal, post-capitalístico…

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