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CRISTO DE LOS FAVORES

In document poemas1 (página 123-128)

El viejo Haakon cuidaba cierta Ermita. En ella se veneraba Un crucifijo de mucha devoción. Este crucifijo recibía el nombre, bien significativo de "Cristo de los Favores."

Todos acudían allí para pedirle al Santo Cristo. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle también un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la imagen y le dijo, "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en La Cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Sagrada Efigie, como esperando la respuesta. El Crucifijo abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras.

"Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición."

"Cual, Señor?" preguntó con acento suplicante Haakon.

"Es una condición difícil."

"Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor," respondió el viejo ermitaño.

"Escucha. Suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar siempre silencio." Haakon contestó, "Os lo prometo, Señor." Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado de cuatro clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada. Los devotos seguían desfilando pidiendo favores.

Pero un día... Llegó un rico y, después de haber orado, dejo allí olvidada su bolsa. Haakon lo vio y calló.Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la bolsa del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él, poco después, para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se Ia había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo, iracundo,

"!Dame Ia bolsa que me has cogido!" El joven sorprendido, replicó,

"No he cogido ninguna bolsa."

"!No mientas, devueIvemeIa enseguida!"

"Le repito que no he cogido ninguna bolsa," afirmó el muchacho.

El rico arremetió, furioso, contra él. Sonó entonces una voz fuerte, "!Detente! El rico miró hacia arriba y vio que la imagen hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, grito, defendió al joven e increpó al rico por la falsa acusación. Este quedo anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando la Ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo,

"Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio."

"Señor," dijo Haakon, "como iba a permitir esa injusticia?" Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedo de rodillas ante el Crucifijo. El Señor, clavado, siguió hablando.

"Tu no sabias que al rico le convenía perder la bolsa, pues Ilevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en Ilevárselo; En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubieran impedido realizar el viaje que para El resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos, acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tu no sabías nada. No sabes nada. Yo sí se. Por eso callo."

Y la sagrada imagen del crucificado guardó silencio. Haakon levantó sus ojos hacia él y exclamó: "Perdón, Señor, Perdón!"

Y hasta aquí Ia Leyenda Noruega, tan significativa. Dios calla. Y, cuando habla; sus palabras no destruyen del todo su divino silencio; más bien lo subrayan con trazo vigoroso; pues son sus palabras destinadas a Convencernos de

que el misterio del dolor en este caso, seguirá de Cualquier modo, siendo misterioso. Si habla, dice poco más o menos, "Confiad en mi, que se bien lo que debo hacer".

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.

En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente de reino, y por eso, desde el primer momento se procuró un "chivo expiatorio", para encubrir al culpable.

El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas chances de escapar al terrible veredicto: ¡¡ La horca !! El Juez, también complotado, cuidó, no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de El tu destino: Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras "culpable" e "inocente".

Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino. Por supuesto, el mal funcionario habia preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" , y la pobre víctima, aun sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa.

No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados elevando una ungida oración, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente... "Pero, que hizo...!!, y ¿ahora...? ¿Cómo vamos a saber el veredicto...?!

"Es muy sencillo, respondió el hombre...." Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué..."

Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado salvando la vida milagrosamente.

Muchas veces los hijos de Dios nos encontramos en situaciones semejantes en manos de los hijos de las tinieblas. ¿Qué debemos hacer cuando el mundo se confabula contra nosotros? ¿Podrá verdaderamente Dios auxiliarnos?

Dice el libro del Eclesiástico: "miren lo sucedido en otras generaciones, nadie que confiara en el Señor se vió decepcionado; nadie que lo honrara fielmente se vio abandonado; a todos los que le invocaron, Él los escuchó. Porque el Señor es tierno y compasivo, perdona los pecados y salva en el tiempo de la aflicción" (Eclo 2, 10-11)

Miremos el ejemplo que nos propone esta antigua leyenda; cuando nuestro hombre virtuoso fue conminado a participar en el fraude, aunque estaba en desventaja y quisieron involucrar a su propio Dios. Él cerró los ojos y elevó una profunda oración a su Dios. Fue allí cuando el Espíritu Santo salió en su defensa como realmente nos lo promete Jesús en el Evangelio de San Marcos:

"Cuídense ustedes mismos: porque los entregarán a las autoridades y los golperán en las sinagogas. Los harán comparecer ante gobernadores y reyes por causa mía; así podrán dar testimonio de mí delante de ellos... Y no se preocupen ustedes por lo que hayan de decir cuando los entreguen a las autoridades. En esos momento (hagan) digan lo que Dios les dé a decir, porque no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu Santo... Todo el mundo los odiará a ustedes por causa mía; pero el que siga firme hasta el fín, será salvo" Marcos 13, 9-13.

Mi querido hermano, cuando sientas que el mundo se vuelve conta tí, no desesperes, confía en el Señor y verás que él te salvará en la hora de la adversidad.

La soberbia ataca con dos dardos; la ira y la envidia. Si alguien sobresale en alguna ciudad, en seguida la soberbia dispara contra el la envidia, y esta se encarga de afear lo hermoso, de manchar lo limpio, de sentir mal e interpretar peor todo: de no dejar nada sincero y recto, imponiendo sobre todo una nota infamante, o almenos una sospecha cuando no puede dejar otra cosa. Y si se le opone la defensa, esta se coincidera como una injuria y entonces la ira

viene a la venganza.

La ira y la venganza van amarradas con una voluntad malevola, la cual, con el tiempo se convierte en odio, como el vino en vinagre.El odio precede de la envidiaes el mas profundo, porque a la injuria se le puede dar una satisfaccion; a la envidia, nunca nunca esta como el petroleo encendido, que con el agua arde mas. Se verifica aqui aquello que dijo el potra: "La ola alimenta las llamas: cuanto mas se le cohibe, màs arde el fuego; llega a dominar en las alturas". Asi la envidia se irrita y arde màs con los beneficios, si alguien intenta detenerla; a no ser que se le quite toda la materia combustible, es decir, la virtud, o la gloria de donde nació.

Vivimos tan a lo perro, que no solo producen envidia el esplendor de las cosas brillantes, como la erudicion, la hermosura, la dignidad, el poder, las riquezas, etc., si no lo más trivial: un vestido nuevo, una espada, un sombrero. hay quienes no tienen motivos para odiar; pero no pueden vivir sin enemigos, como dijoTrogode los antiguos iberos, mal que se ha hecho lla comun a muchos pueblos...

Por eso, si en occiones se indaga cual fue la causa de la reyera,se ve claro que, más bien que por deseo de venganza, fue por odio a la concordia.

All hombre elegnte y educado, se le provoca a un duelo, o a riña, para probarle las fuerzas: al robusto y fornido, para probarle el valor: al extrangero, para demostrarle entre quienes vive:al aleman, español o suizi, por su forma de belicosos; es decir, como los perros, para los cuales es motivo bastante para la lucha el paar por la puerta. Cuando los borrachosbuscan camorra, obran mas bien mpulsados por el vino que por la voluntad; pero yo estoy hablando de esas otras borracheras sin alchool.

Y es de admirara que cosas llamamos injurias y cuan flexibles somos con los defectos ajenos los que tan indulgentes somos con nosotros. Ante todo, es de observar como la semillade la soberbiaa cada uno le hace pensar significaticamente en si mismo. Si precuntamos cómo piensa de si, no ya a un hombre hecho por la edad y la experiencia de la vida, sino a un chiquillo que apenas sabe hablar, respondera que es bueno y perfecto. pero nadie se esfuerza tanto en ser lo que quiere parecer, como en parecerlo.

Asi vemos que muchos, constandoles que no poseen ciertas cualidades, quieren que los demas lo crean. !Como si con la simulacion se pudiera engañar a los ojos, oidos y juicios de los demas, o con la violencia, obligar la voluntad ajena!.

EL EQUILIBRISTA

En Nueva York se han construido dos rascacielos impresionantemente altos, a treinta metros de distancia uno del otro. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de estos edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre ella. Antes dijo a la multitud expectante: "Me subiré y cruzaré sobre la cuerda, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr"...

Claro que sí, respondieron todos al mismo tiempo.

Subió por el elevador y ayudándose de una vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja.

Habiendo logrado la hazaña bajó y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada.

" Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito su confianza y se fe en mí".

El equilibrista subió por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía.

Entonces el equilibrista bajó y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo: "Ahora pasaré por última vez, pero será llevando una carretilla sobre la cuerda... Necesito, más que nunca, que crean en mí y confíen en mí".

La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible...

Basta que una sola persona confíe en mí y lo haré, afirmó el equilibrista.

Entonces uno de los que estaba atrás gritó:

Sí, sí, yo creo en ti; tú puedes. Yo confío en ti...

El equilibrista para certificar su confianza, lo retó: "Si de veras confías en mí, vente conmigo y súbete a la carretilla..."

Cuando en verdad le creemos a Jesús nos subimos a su cruz, muriendo a todo aquello que no nos deja vivir. Este tipo de fe nos permite ver lo invisible y esperar contra toda esperanza, ya que todo es posible para el que cree.

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