CAPÍTULO 6. La división de las ciencias en la Opera Omnia
D) Tres sunt partes philosophiae theoricae
2. El criterio de la división de las ciencias especulativas
Como conclusión del análisis que acabamos de hacer de los textos en los
que sto. Tomás trata la cuestión de la división de las ciencias especulativas, pode-
mos preguntarnos qué es lo que, en definitiva, constituye el criterio de discerni-
miento para establecer tal división.
En síntesis, hemos visto que se adopta, por una parte, el criterio de que,
siendo la ciencia un hábito de la facultad intelectiva, y como tal el acto primero de
dicha facultad, ésta debe especificarse por su objeto. Ahora bien, no cualquier dife-
rencia entre los objetos implica un acto específicamente distinto, sino sólo aquella
Cf. I, q.78 a.3.
446
"Non enim potentiae sunt propter organa, sed organa propter potentias, unde non propter hoc
447
sunt diversae potentiae, quia sunt diversa organa; sed ideo natura instituit diversitatem in organis, ut congruerent diversitati potentiarum. Et similiter diversa media diversis sensibus attribuit, secundum quod erat conveniens ad actus potentiarum. Naturas autem sensibilium qualitatum cognoscere non est sensus, sed intellectus" (I, q.78 a.3).
"Accipienda est ergo ratio numeri et distinctionis exteriorum sensuum, secundum illud quod
448
proprie et per se ad sensum pertinet" (ibid.).
diferencia que implique un objeto formal y esencialmente distinto. En este ámbito
sto. Tomás suele distinguir entre una diferencial material y una diferencia formal.
El ejemplo que propone es bastante ilustrativo: el acto de la facultad visiva es la
visión; la diferencia material entre los objetos que son observados no implica un
acto específicamente diverso: desde este punto de vista no cambia la naturaleza del
acto el que el objeto observado sea una piedra, o una planta, o un hombre. ¿Por
qué? Porque en todos esos casos la formalidad según la cual se captan estos objetos
materialmente tan diversos es la misma: son captados en cuanto sensibles (más
concretamente aún, en cuanto coloreados; el color constituye la formalidad propia
del acto de la facultad visiva).
A este propósito puede ser útil el estudio que dedica sto. Tomás a estable-
cer la distinción de los sentidos exteriores precisamente en base al objeto formal
propio de cada uno de ellos
446: en efecto, los sentidos no se diferencian de por sí
en base a la diferencia estructural de los órganos correspondientes, ni por el medio
a través del cual se propagan las cualidades sensibles propias de cada uno de ellos,
ni por las cualidades sensibles (los así llamados sensibles propios, que en el pasaje
al que nos referimos reciben también el nombre de qualitates alterativae, ya que
sólo éstas son capaces de afectar o inmutar a los órganos sensoriales, y por ello
constituyen el objeto propio de los sentidos externos)
447.
Así, el principio de la distinción de los sentidos debe buscarse en base a
otro criterio
448. Lo que pertenece de por sí al sentido es el ser inmutado por alguna
cualidad exterior sensible. Así, las potencias sensitivas se diversifican según el di-
verso modo como las cualidades externas pueden inmutar. Y aquí es donde encon-
tramos un paralelismo interesante entre la división de los sentidos, en base a lo sen-
sible, y la división de las ciencias especulativas, en base a lo especulable. En am-
bos casos se establece tal división según su separabilidad de la materia.
En efecto, en el caso del conocimiento sensible, dice sto. Tomás, el cual
se da por la inmutación del sentido por parte de la cosa sensible, existe un doble ti-
po de inmutación: la natural, "secundum quod forma immutantis recipitur in immu-
tato secundum esse naturale, sicut calor in calefacto" (ibid.), y la espiritual, "secun-
dum quod forma immutantis recipitur in immutato secundum esse spirituale; ut
forma coloris in pupilla, quae non fit per hoc colorata" (ibid.). Para que haya sen-
sación no basta con la inmutación natural, pues si no, también los cuerpos inanima-
dos, al ser alterados, sentirían, ya que "secundum eadem alteratur sensus, secundum
"Ex parte autem obiecti, invenitur transmutatio naturalis, secundum locum quidem, in sono,
449
qui est obiectum auditus, nam sonus ex percussione causatur et aeris commotione. Secundum altera- tionem vero, in odore, qui est obiectum olfactus, oportet enim per calidum alterari aliquo modo cor- pus, ad hoc quod spiret odorem. Ex parte autem organi, est immutatio naturalis in tactu et gustu, nam et manus tangens calida calefit, et lingua humectatur per humiditatem saporum. Organum vero olfactus aut auditus nulla naturali immutatione immutatur in sentiendo, nisi per accidens. Visus autem, quia est absque immutatione naturali et organi et obiecti, est maxime spiritualis, et perfectior inter omnes sensus, et communior. Et post hoc auditus, et deinde olfactus, qui habent immutationem naturalem ex parte obiecti. Motus tamen localis est perfectior et naturaliter prior quam motus alterationis, ut pro- batur in VIII Physic. Tactus autem et gustus sunt maxime materiales, de quorum distinctione post di- cetur" (ibid.).
"Sicut corpus mathematicum non est separatum subiecto a corpore naturali; quia tamen corpus
450
mathematicum cognoscitur per principia quantitatis, corpus autem naturale per principia motus, non est eadem scientia geometria et naturalis" (In I Post. anal., lc.41); cf. también De spirit. creat., a.3 ad 14, In III Metaph., lc.13. En los siguientes textos podemos ver otros casos semejantes: "(...) mathema- ticus et naturalis determinant de eisdem, scilicet punctis, lineis et superficiebus et huiusmodi, sed non eodem modo. Non enim mathematicus determinat de eis inquantum unumquodque eorum est terminus corporis naturalis; neque considerat ea quae accidunt eis inquantum sunt termini corporis naturalis; per quem modum de eis considerat scientia naturalis. Non est autem inconveniens quod idem cadat sub consideratione diversarum scientiarum secundum diversas considerationes" (In II Phys., lc.3);
quae alterantur corpora inanimata" (ibid., ad 1), sino que se requiere la inmutación
espiritual, "per quam intentio formae sensibilis fiat in organo sensus" (ibid.). En
algunos sentidos se da sólo la inmutación espiritual, y en otros también la natural,
o sólo por parte del objeto, o también por parte del órgano. Y así, en base a estos
diversos modos de inmutación, sto. Tomás deduce la diversidad de los sentidos
externos, y el orden que existe entre ellos
449.
Algo análogo sucede con las diversas ciencias: la física, como ciencia del
ente móvil, abarca y engloba todo tipo de realidades que entran en la formalidad
específica de tal ente, y por eso caen bajo su consideración realidades tan dispares
entre sí como un astro, un metal, un árbol, un pájaro o un ser humano, e incluso el
alma intelectual, que de por sí es espiritual (y en cuanto tal ni entra ni forma parte
de la filosofía natural), pero que es estudiada en función y por razón de ser forma
del cuerpo humano. Esto es así de nuevo porque todos estos objetos son considera-
dos bajo una misma formalidad, una misma perspectiva: todos ellos son sensibles
y están sujetos al movimiento, por ser materiales, y por ello pueden ser conside-
rados en cuanto tales.
Por otra parte, puede darse que dos ciencias distintas, según la formalidad
específica de cada una de ellas, estudien un mismo objeto, así como una misma rea-
lidad puede ser captada a través de diversos sentidos externos según la naturaleza
propia de cada uno de ellos (una misma manzana puede ser aprehendida, en cuanto
coloreada, por la vista; en cuanto dotada de sabor, por el gusto; en cuanto lisa,
tersa, fría, etc., por el tacto). El ejemplo típico en este caso es la consideración del
cuerpo que es propia del filósofo natural (el cual lo considera en cuanto sustancia
material), y la que es propia del matemático (que lo considera en cuanto entidad
matemática tridimensional)
450.
"Alterum est enim secundum considerationem nostram ipsa species sphaerae, et alterum forma sphae- rae in materia sensibili, prout significatur cum dicitur aurea vel aerea sphaera: et similiter aliud est ipsa forma circuli, et aliud est quod dicitur aereus aut ligneus circulus" (In I De caelo et mundo, lc.19). La diferencia fundamental entre ambas consideraciones es que el cuerpo natural se encuentra in genere
substantiae, mientras que el cuerpo matemático se encuentra in genere quantitatis (cf. BDT, q.5 a.3
ad 2, 311-314; In III Metaph., lc.13).
Esta separabilidad secundum esse hemos visto que puede ser de dos tipos: positiva (en el caso
451
de realidades que son puramente espirituales, y que por ello existen siempre sin materia alguna, como en el caso de Dios y de los ángeles o sustancias separadas), o precisiva-trascendente (es decir, se trata de aquellas realidades que no necesariamente existen en la materia, sino que en algunos casos se dan en la materia y en otros no, como el ente, la sustancia, la cualidad, el acto y la potencia, lo uno y lo múltiple, etc.).
Como cuestión ulterior, podemos preguntarnos qué es lo que constituye
una formalidad nueva, distinta, capaz de especificar una ciencia, y en base a qué
se establece tal formalidad. En el caso de los sentidos parece ser más obvio: se trata
de cualidades sensibles que son heterogéneas entre sí (colores, sonidos, olores, sa-
bores, etc.). Sin embargo, en el caso de los hábitos intelectivos, y más en concreto
de las ciencias especulativas, no parece que la respuesta sea tan clara, al menos a
primera vista. En todo caso, la división más general entre ciencias especulativas y
ciencias prácticas, según la finalidad de lo que se busca conocer, parece más evi-
dente. Sto. Tomás ofrece a este propósito varios criterios:
a) En primer lugar, encontramos el que hemos llamado principio de inteli-
gibilidad. Ciertamente sto. Tomás no le confiere expresamente esta denominación,
pero lo que queremos significar con ella sí se encuentra bastante claramente en los
textos que hemos analizado. En efecto: si queremos establecer las formalidades es-
pecíficamente diversas para, en base a las cuales, descubrir la división más general
de las ciencias especulativas, debemos buscarlas según aquello que hace a una cosa
cualquiera ser objeto del entendimiento, es decir, lo que la hace ser inteligible. Y
hemos visto que algo es inteligible precisamente en cuanto es inmaterial. Y algo
es inmaterial o en sí mismo, o en virtud de un proceso cognoscitivo, como es la
abstracción. Por tanto, lo que diferencia a los diversos objetos del conocimiento en
cuanto objetos es su inmaterialidad, su separabilidad en uno u otro modo de la ma-
teria.
Desde este punto de vista, existen sólo dos tipos de realidades que pueden
ser objeto del entendimiento: las que son en sí mismas inmateriales o separadas se-
cundum esse de la materia (las cuales constituyen el objeto propio de la metafísi-
ca)
451, y las que son materiales, y que por ello no existen sino en la materia, y no
son por ello separables secundum esse de ésta, pero pueden ser conocidas en virtud
de una cierta abstracción o separación secundum rationem de la materia.
Esta abstracción, como vimos en el apartado precedente, puede ser de dos
tipos: la abstractio universalis a particulari, por la cual se abstrae la esencia o for-
De sensu et sens., lc.1.
452
"(...) res aliquae sunt sensibiles per qualitatem, quantitates autem praeexistunt qualitatibus, un-
453
de mathematicus concernit solum id quod quantitatis est absolute, non determinans hanc vel illam ma- teriam" (In I De an., lc.2).
ma totius (la especie) de la materia sensible individual, pero no de la materia sensi-
ble común (pues ésta forma parte de la esencia, como co-principio de perfección
específica), y que es propia de la física (ya que ésta estudia el ens mobile, el cual
implica esencialmente la materialidad y el estar constituido en una naturaleza com-
puesta); y la abstractio formae a materia sensibili, por la que se abstrae la forma
accidental de la cantidad y se prescinde de toda materia sensible, tanto de la indivi-
dual como de la común, aunque no de toda materia, pues aún entra en juego la ma-
teria inteligible (al menos la común), y que es propia de la matemática (pues ésta
estudia al ens quantum, es decir, al mismo ente material, pero en cuanto numerable,
medible o extenso).
Así, podemos ver aplicado el primer criterio para discernir la división de
las ciencias especulativas en base al principio de inteligibilidad: "(...) sicut separa-
biles sunt res a materia, sic et quae circa intellectum sunt. Unumquodque enim in-
tantum est intelligibile, inquantum est a materia separabile"
452.
b) En segundo lugar, en estrecha relación con el anterior, tenemos lo que
podríamos llamar el principio de la definición: la diversa inteligibilidad de las cien-
cias especulativas, y por ello su diversidad específica, se refleja en el diverso modo
como se conciben sus objetos, en base al diverso modo como éstos se definen.
En efecto: los objetos propios de la física se definen con la materia sensible
común, ya que ésta, como vimos, pertenece a la esencia del ens mobile, y por ello
debe formar parte de su noción. Así, tales objetos dependen de la materia no sólo
secundum esse, sino también secundum rationem, pues, como acabamos de decir,
en su definición entra la materia sensible (no la individual, de la cual éstos son abs-
traídos, sino la común). De este modo, a través de la física se conocen los objetos
materiales (naturales, sensibles, móviles) en cuanto tales (es decir, en cuanto mate-
riales, naturales, sensibles y móviles).
Por otra parte, los objetos propios de la matemática se conciben y, en con-
secuencia, también se definen, en base a la cantidad, la cual, como primer accidente
del ente físico, no implica a las cualidades sensibles, por las que el ente material
es sensible, y por ello puede prescindir de ellas
453. Sin embargo, la cantidad, como
toda forma accidental, implica un sujeto en el cual se inhiere; tal sujeto no es sino
la sustancia material (la cual, en cuanto sujeto de la cantidad, recibe el nombre de
materia inteligible, pues sólo puede ser aprehendida por el entendimiento). Así, las
entidades matemáticas, si bien no pueden darse sino en la materia sensible (pues
no existen separadas de ésta), sin embargo pueden ser concebidas sin tal materia,
"(...) numerus ad scientiam mathematicam pertinet, cuius subiectum extra materiam esse non
454
potest, quamvis sine materia sensibili consideretur" (In IV Metaph., lc.2).
Una explicación de este último caso lo encontramos en el siguiente texto: "(...) forma generis
455
de cuius ratione est materia, non potest esse extra intellectum nisi in materia, ut forma plantae aut me- talli. Sed hoc genus substantiae, non est tale de cuius ratione sit materia; alioquin non esset metaphysi- cum, sed naturale. Unde forma huius generis non dependet a materia secundum suum esse, sed potest inveniri etiam extra materiam" (De spirit. creat., a.1 ad 10).
En el texto siguiente vemos una aplicación de este criterio al caso concreto de la metafísica:
456
"(...) sapientia est una scientia, quae tamen considerat plura principia, inquantum reducuntur ad unum
y por ello en su noción y en su definición no entra la materia sensible
454. De este
modo, la matemática trata sobre aquellas cosas que dependen de la materia secun-
dum esse (y en esto coincide con la física), pero no secundum rationem (por lo cual
difiere de la física). Las cosas que considera la matemática son las mismas que las
que estudia la física, pero desde una formalidad diversa: la matemática estudia al
ente material, pero no ya en cuanto sensible y móvil, sino en cuanto extenso y men-
surable. Entre el ens mobile y el ens quantum no hay una separación secundum
esse, sino sólo secundum rationem. Se trata, pues, de dos formalidades distintas en
función de las cuales se distinguen la física y la matemática, lo cual explica tam-
bién la posibilidad de las ciencias medias físico-matemáticas, de las cuales hicimos
mención al exponer el BDT.
Finalmente, la característica de los objetos propios de la metafísica reside
en su condición de separación de la materia no sólo secundum rationem, sino inclu-
so secundum esse; de ahí que en su noción, y consecuentemente también en su de-
finición, no entre de ningún modo en juego la materia, de cualquier género que ésta
sea (sensible o inteligible, individual o común). Este hecho, en vez de constituir
una ventaja, entraña para el conocimiento humano en la condición presente una di-
ficultad notable pues, como vimos, el objeto propio y proporcionado de nuestro en-
tendimiento es la quididad de la cosa sensible, lo cual tiene sus consecuencias de
cara al modo como podemos concebir las entidades metafísicas y al modo como de-
bemos proceder en esta ciencia, por su carácter puramente inteligible. Por otra
parte, ya hemos aludido frecuentemente al hecho de que, dentro de este ámbito,
existen dos tipos de nociones: las de aquellas realidades que son espirituales, y que
por ello existen siempre separadas de la materia, y las de aquellas otras realidades
que se dan, sea en la materia, sea separadas de ella (de ahí que en su noción no en-
tre la materia pues, si ésta entrara, la materia sería un constitutivo esencial de tales
realidades, y por tanto no podrían darse sino en la materia)
455.
c) En tercer lugar, vemos enunciado por sto. Tomás otro principio, relacio-
nado también con los anteriores: el de la unidad de su objeto, que a su vez se funda
en la unidad de sus principios, pues una ciencia es unitaria, y es distinta de otra
ciencia, si procede en base a unos primeros principios que son homogéneos entre
sí
456, de los cuales se siguen consecuencias que son del mismo género que tales
genus, quia et hac ratione contraria sub una scientia cadunt, inquantum sunt unius generis" (In XI Me-
taph., lc.1).
De hecho, como dice sto. Tomás, "(...) consideratio speculativae scientiae non se extendit ultra
457
virtutem principiorum illius scientiae, quia in principiis scientiae virtualiter tota scientia continetur" (I-II, q.3 a.6). También por esta razón la unidad de la ciencia deriva de la unidad del género de los pri- meros principios de la misma, pues en éstos se contiene implícitamente toda la ciencia que se sigue de ellos.
In I Post. anal., lc.41; "Oportet autem unam scientiam esse unius generis" (In XI Metaph., lc.3).
458
In I Post. anal., lc.41.
459
Cf. In I De an., lc.2, que ya hemos presentado y analizado (pp. 193ss.).
460