Miguel Teubal es economista especializado en temas agrarios. Investigador Superior del Con- sejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesor Consulto de la Universidad de Buenos Aires.
El criterio de eficiencia depende fundamentalmente de los objetivos que se plantea la organización que produce. Depende de la perspectiva desde la cual se plantea la eficiencia y, por consiguiente, de los objetivos que se plantean desde esa determinada perspectiva. Imagino que puede existir una confrontación de ideas o de criterios en relación con el concepto mismo de eficiencia, así como existen criterios diversos y múltiples respecto de la equidad según los diferentes contextos. En este sentido, los criterios de eficiencia no pueden estar disociados de los criterios de equidad que se plantean las distintas empresas.
Por lo general, cuando se habla de eficiencia se piensa en los criterios desarrollados a lo largo de los años en el marco de la sociedad capitalista; son criterios empresariales concebidos desde el interés de la patronal. Des- de esta perspectiva, la forma de administrar bienes o recursos y la forma de organizar el trabajo dependen de un objetivo esencial: maximizar las ganancias a corto, mediano o largo plazo. A esto se le llama “ser compe- titivo” e implica la confrontación con otras empresas, tanto del país como del exterior. En este contexto, el trabajo es sólo un factor de producción.
En todo estadio del capitalismo el hecho de lograr un mínimo de ganancia
es el factor esencial de la supervivencia de la empresa.1 Desde cierta pers-
pectiva, esto sólo se logra mediante la explotación. O sea, la ganancia es la apropiación del fruto del trabajo de los demás: trabajadores, campesinos, profesionales, etc.
1 No obstante, sabemos que muchas empresas no sobreviven si no es a través de subsidios, negocios financieros que las mantienen a flote o al aporte del Estado. Hay empresas que por su propia naturaleza difícilmente obtengan ganancias sustanciales, como por ejemplo los ferrocarriles o algunas compañías aéreas que se mantienen mediante subsidios. En muchos casos hay razones válidas para mantenerlas: el interés común, la producción en determinada región, etc. Eliminar los ramales ferroviarios en la década del noventa fue desastroso para determinadas regiones del país. El mercado, en sí mismo, no necesariamente resuelve el problema de muchas empresas, tampoco garantiza la persistencia de cierta eficiencia en la sociedad y menos de cierta equidad.
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Según los criterios más difundidos en nuestra sociedad, la eficiencia es igual a la maximización de la productividad de los factores productivos. En realidad se trata de maximizar los niveles de productividad de la tierra, del capital disponible o por hombre ocupado, a los efectos de potenciar las ganancias del capitalista o del detentador de los medios de producción. Estos y otros agentes económicos presentes en las diferentes actividades, aparecen en este contexto como simples factores productivos cuyos intereses no necesariamente son tomados en consideración.
Este es el criterio más difundido de eficiencia, pero no es el único. La empresa capitalista plena no es la única que prevalece en el mundo. Corres- ponde por consiguiente considerar otros criterios, como los que predominan en las fábricas recuperadas o autogestionadas, las cooperativas, las comu- nidades e incluso en la multiplicidad de empresas familiares, tanto en el campo como en la ciudad. Y también están las empresas públicas, o las empresas públicas con control obrero. Aunque en determinados contextos deben adoptar criterios afines para su supervivencia, todas son empresas que no responden necesariamente a las necesidades del capital o a los cri- terios empresariales más difundidos en la sociedad capitalista.
Estas empresas alternativas son diferentes. Tienen criterios de eficiencia diferentes porque están imbuidas de criterios de equidad diferentes; en ellas no puede disociarse el criterio de eficiencia de los criterios de equidad. Ca- bría preguntarse entonces £cómo se modifican los criterios de eficiencia y equidad cuando consideramos estas otras formas de organización social de la producción? Quizás los casos más notorios en la actualidad de nuestro país lo constituyen las empresas recuperadas. £Cuáles son los criterios de equidad y eficiencia –entre otros– que utilizan para su desenvolvimiento económico? £Pueden ambos criterios ir de la mano sin contradicciones? En términos generales, también las empresas familiares tienen su propio criterio de eficiencia. Desde las cooperativas campesinas de Misiones hasta la panadería familiar de la esquina, en su mayoría son empresas autoges- tionadas que usan criterios propios, no necesariamente idénticos al de la empresa capitalista. Estas empresas alternativas tienen objetivos múltiples, diferentes a las capitalistas.
Quiere decir que hay múltiples criterios de eficiencia. Para una empresa capitalista, el hecho de maximizar la ganancia puede significar la reducción drástica del plantel de trabajadores. La empresa recuperada o alternativa prefiere poner el acento en el bienestar de los trabajadores. Ambas tienen que decidir en algún momento cuánto invertir para ampliar la escala de la producción o mejorar el producto, pero aquí también corresponde hacerse
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la pregunta sobre qué tipo de inversiones habrá que realizar. En el campo, un criterio de eficiencia puede ser, por ejemplo, el de lograr una agricul- tura sustentable sin la utilización de agrotóxicos o transgénicos. Al mismo tiempo, tanto en el campo como en la ciudad, las empresas familiares im- ponen otras restricciones a su funcionamiento, por ejemplo, la de aumentar el bienestar de la familia sin echar a nadie. Para ello, en el caso del campo, pueden comenzar produciendo alimentos para su consumo propio o para vender en los mercados locales. Puede ser que eso no necesariamente impli- que aumentar la ganancia, porque no se utiliza determinada tecnología o no se cultivan determinados cultivos. Sin embargo, cuando existe esta res- tricción importante para su funcionamiento, surgen criterios de eficiencia con objetivos diferentes. Ya no se trataría del incremento de la ganancia, sino del bienestar de los miembros, de la comunidad, o de la preservación de la tierra.
Aunque la mayoría de la población del planeta no se rija por criterios capitalistas, estamos obligados a movernos en un mundo dominado por esos criterios. La mitad de la población mundial trabaja en el campo y se rige por criterios inherentes a la agricultura familiar; allí no hay necesariamente una división del trabajo equiparable a la de la industria y la producción se mantiene en una pequeña escala. Una empresa familiar no necesariamente va a sustituir a un familiar por una máquina, lo cual sería esperable si los que trabajan fueran asalariados. En estos contextos también será diferente lo que se vaya a producir y con qué tecnología se lo haga.
Creo que esta cuestión es importante, porque no sé si en nuestro país se puede resolver el problema del trabajo si no se consideran estos otros criterios de eficiencia en el marco de las empresas alternativas. En los úl- timos años hemos tenido una tasa de crecimiento sustancial, equiparable al crecimiento de la China que lo hace al 9% anual. Se dice que las altas tasas de crecimiento van a reducir la desocupación. Y es cierto que se fue reduciendo, pasó del 25% al 13%, 11% en términos generales. Sin embargo un 11% de desocupación es mucho. Si reducir la desocupación mediante tasas de crecimiento elevadas es un criterio de eficiencia, el problema de la desocupación nunca se va a resolver del todo. El empleo, en términos ge- nerales, no podrá absorber la desocupación y la subocupación que existen. Esto sólo pueden hacerlo otros mecanismos alternativos de empleo.
Por otra parte, la ocupación tal como la vemos en la actualidad, es en gran medida trabajo en negro. El 44% de los asalariados u ocupados argen- tinos de este momento es “trabajo en negro”. Por eso es necesario considerar no sólo algunos aspectos de la problemática de las empresas, sino también
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ubicar todo ésto en un contexto más amplio. En ese sentido, creo que todas estas nuevas formas de producir, que utilizan criterios alternativos en los procesos productivos, que toman en cuenta criterios de equidad diferentes para llevar adelante su producción, son fundamentales para resolver los problemas del empleo en este país y tal vez en muchos otros más. Sucede que en nuestro país existe una estructura de autogestión que podría ser aprovechada; si no se lo hace no es por desconocimiento, sino porque en realidad no hay voluntad política para incrementar la ocupación. Lo úni- co que se plantea en la actualidad es maximizar el crecimiento, acaso sea algo mejor de lo que se planteaba durante el menemismo, donde el factor trabajo, por ejemplo, había desaparecido de la agenda política. Ahora se habla más de la ocupación, pero se espera remediar la situación a través de los mecanismos de aumento del crecimiento en términos generales. El crecimiento económico en sí, sin redistribución del ingreso, sin otras nuevas formas de organización social, no va a resolver el problema.
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