CAPÍTULO III. HIPÓTESIS Y VARIABLES
CRITERIOS ESPISTEMOLÓGICOS
4.2 Fundamento Psicológico
En el campo educativo, los contenidos se pueden dividir en “reales, imaginarios y simbólicos”, que constituyen también el universo psíquico de la persona; según Lacan Jacques (2008) esta constitución subjetiva es una estructura dinámica organizada en tres registros (niveles de percepción del mundo) y los describe como nudos “borromeos”, enlaces entre estos registros que definen las “causas del deseo” cognitivo: el desanudamiento de cualquiera de los tres provoca el desanudamiento de los otros dos.
Se trata de una herramienta conceptual típica de la topología combinatoria, aquella que une varios conceptos para definir o expresar, una idea.
A. Registro de “lo Real”
Lo real es aquello que no se puede expresar como lenguaje, lo que no se puede decir, porque al representarlo se pierde la esencia de éste, es decir el objeto mismo. Por ello, lo real está siempre presente, pero continuamente mediado, a través de lo imaginario y lo simbólico. Lo real Lo imaginario Lo simbólico LOS REGISTROS DE LA PSIQUE
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Es así que, al momento de verbalizar una experiencia, ya sea de la observación de un objeto o de un proceso tangible y ajeno a nosotros, nunca lo hacemos “como es”, sino como nuestros parámetros culturales lo determinan, transmitiendo una información previamente elaborada en nuestra psique y que no corresponde a “lo real”; el interlocutor - receptor de nuestra información también procesará esta, la imagen formada por el oyente podría ser absolutamente diferente a la que tiene el informante como “lo real”.
En el sistema educativo formal, “lo real” está en los contenidos curriculares, estos son interpretados por el docente y, luego, por el estudiante, logrando muchas veces aprendizaje distintos a los esperados. En esta concepción de “lo real” en el tema educativo, no consideramos la información que reciben de sus entornos culturales y sociales los actores: docentes y estudiantes; que generalmente contravienen los presupuestos que se buscan alcanzar.
En el caso de los países andinos, con la gran diversidad cultural e idiomática que poseen, la transferencia de conocimientos es un proceso más complejo e ímprobo, al ser los contenidos del sistema educativo definidos por paradigmas extraños a los entornos de la escuela, esta sería una explicación para los bajos rendimientos escolares identificados.
B. Registro de lo Imaginario
“….yo no soy yo, soy ese que va a mi lado, sin yo verlo” (Jiménez. S.f.)
Lo imaginario es un proceso que requiere una cierta enajenación estructural, es el reino de la identificación espacial que se inicia en el estadio del espejo y es instrumental en el desarrollo de la agencia psíquica. En este proceso de formación, el sujeto puede
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identificar su imagen como el ‘yo’, diferenciado del otro. Es la forma primitiva de pensamiento simbólico. Ese otro “yo” que se encuentra al otro lado del espejo, es el “yo” mismo, como me veo y quiero que me vean, adornado de todas las cualidades que creo y pretendo tener.
Este “yo”, que es el “otro”, el que está en el espejo, tiene un espacio y un tiempo, se va modificando según los paradigmas que los entornos sociales y culturales lo impongan; el “yo” original, también influye en ese cambio del “otro”, mi “yo” estructurado, pues a través de él recibo información de los entornos y de los impactos que este tiene en ellos; esta información al ser asumida por mi “ego” (yo original), modifica la imagen de ese “otro” que soy “yo”.
En entornos pluriculturales y megadiversos, como los andinos, la formación del “yo” estructurado, es mucho más complejo, pues frente a la variedad de visiones y miradas, el “yo” original requiere formar una imagen aceptable para todos, desde su visión de los diferentes grupos étnicos y culturales que forman sus entornos, reflejando su imagen en el lugar y en la sociedad en que vive.
C. Registro de lo simbólico
Lo imaginario, o aspecto no-lingüístico de la psique, formula el conocimiento primitivo del yo, en tanto lo simbólico, término utilizado para la colaboración lingüística (lenguaje verbal coherente), genera una reflexión a nivel comunitario del conocimiento primitivo del yo y crea el primer conjunto de reglas que gobiernan el comportamiento e integran a cada sujeto en la cultura. Constituye el registro más evolucionado y es el que tipifica al ser humano adulto. Lacan considera que el lenguaje construye al sujeto porque le es necesario y le aporta una calidad heurística (con el lenguaje simbólico se piensa, se razona, existe comunicación simbólica entre humanos).
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En Lacan este “otro” es al mismo tiempo el prójimo (cada otro sujeto por separado) y todo el conjunto de sujetos constituye la cultura y la sociedad desde el origen de la humanidad. El “Otro” en cuanto conjunto de sujetos que constituyen a la cultura y a la sociedad es calificado por Lacan como Tesoro de los significantes, es decir: entidad que cada sujeto por separado recibe el lenguaje; por esto se entiende la frase lacaniana El sujeto es hablado por el Otro y su variación el sujeto es pensado por el Otro. Desde el Otro es que el sujeto posee un lenguaje y piensa (en esto hace Lacan una modificación al cogito cartesiano, al cogito ergo sum -pienso luego existo-: nadie piensa inicialmente desde su ego o desde su sí mismo, sino que lo hace a partir de lo que recibe por tradición desde el Otro). Es en este constante enriquecer el “Tesoro de los significantes” en que se realiza el proceso educativo, en sus variables formales e informales que constituye al ego de cada sujeto desde el “Otro”, se manipula la imagen de ese “Otro”, a través de la formulación de “paradigmas”, para lograr el tipo de ciudadano con capacidades y destrezas deseadas.
D. Los registros “lacanianos” y el proceso educativo
Frente a las propuestas diversas de los sistemas estructurados, de la educación formal o no, cada persona tiene un conjunto de características y capacidades que sumadas lo hacen diferente a ese “Otro”. Estas diferencias individuales, que surgen de la práctica social constante y se convierten en aprendizaje, se manifiesta en factores como la inteligencia, la creatividad, el estilo cognitivo, la motivación y la capacidad de procesar información, comunicarse y relacionarse con otros. Así las llamadas “disfunciones” más comunes encontradas en niños de edad escolar, son el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), incapacidad para aprender, dislexia, y desorden del aprendizaje comunicacional.
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Las teorías de la inteligencia fueron discutidas por los filósofos desde Platón. Hay dos hipótesis en la base de los sistemas educativos formales: en primer lugar, que los estudiantes retienen los conocimientos y habilidades que adquieren en la escuela y en segundo lugar, que pueden aplicar estos fuera del aula en situaciones diferentes. Pero ¿cuán acertadas son? Las investigaciones han demostrado que, incluso cuando dicen no estar utilizando conocimientos adquiridos en los centros educativos, un gran número de ellos retienen por muchos años y dependen en gran parte de la estrategia educativa, el grado de fijación o la calidad que ese aprendizaje tuvo al momento de producirse.
Sin embargo, en cualquiera de los casos reseñados en el párrafo anterior, la distancia entre el hecho educativo y la situación que genera su aplicación, impide asegurar que la solución hallada sea la propuesta por el sistema formal, quizá sea aquella que es producto de la confrontación del contenido curricular con informaciones o hecho de los entornos en que desarrolla su vida la persona, especialmente en situaciones de impacto, que hace que este “saber”, cuya eficacia fue demostrada en el hecho, se convierta en una práctica habitual.
E. La “resiliencia” como instrumento educativo
“…consiste en intentar encontrar factores específicos que darían cuenta del desarrollo exitoso de personas en las cuales se predecían resultados deficientes, como consecuencia de estar sometidos a situaciones de alto riesgo.”(Kotliarenco. Estado de Arte en Resiliencia)
Definimos a la “resiliencia” como la capacidad de las personas de desarrollar estrategias que les permite superar situaciones dolorosas, traumáticas o estresantes, y que permiten mejores condiciones para la solución de conflictos y una relación armónica y, muchas veces, exitosa en sus entornos sociales y económicos. La característica más importante, para la educación, de las
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resiliencias que las personas desarrollan, es la posibilidad de ser transferida a otras, como lo demostró en nuestro país, Carvallo, al impartir en su Colegio “Los Reyes Rojos”, una educación desarrolladora.
Las sociedades también desarrollan resiliencias, luego de periodos de crisis económica, social y política, llamadas generalmente “estrategias de supervivencia”, cuyas prácticas permanecen una vez superados estos periodos, como la llamada “cultura de la informalidad” y la asociación exitosa, fuera de las instancias de reconocimiento y acreditación oficial de los pobladores, generalmente migrantes, en espacios urbanos formalizados. Estas resiliencias sociales, producto de la gran crisis económica, social y política que vive el País desde mediados de la década de los 70s del siglo pasado, han permitido la inserción proactiva de masas de pobladores rurales, en espacios urbanos formalizados, cambiando la estructura demográfica del Perú y abriendo nuevos caminos para una relación inclusiva, democrática e igualitaria entre los peruanos. Esta riqueza de nuevas realidades y consensos poblacionales son combatidas por el estado, en “defensa de la Ley y el Orden”, desde una visión trasnochada e incluso, antinacional, pues sus enfoques legales y políticos no solo son anacrónicos, también responden a propuestas generadas en otras realidades con procesos políticos y sociales diferentes. En concordancia, los programas educativos del sistema básico regular y superior, tampoco incorporan a sus currículos contenidos referidos a las resiliencias sociales y personales de los peruanos, por el contrario las desconocen y satanizan.
El rechazo a incorporar estas experiencias significativas a los contenidos curriculares, y más aún, su satanización por los agentes educativos formales, crean barreras insalvables entre la cotidianidad de los estudiantes y el “mundo académico”,