Actividad Inicial
3: BUSTILLOS DE NÚÑEZ, G., VARGAS,
1.3. Criterios para la selección de técnicas participativas
No hay técnicas que puedan aplicarse siempre o que puedan aplicarse en cualquier circunstancia. Probablemente tampoco exista una técnica ideal para cierto grupo frente a cierta tarea u objetivo. De allí, la importancia de la adaptación, reinvención y recreación de las técnicas. En esta tarea de readaptación la sensibilidad, la
capacidad de análisis y reflexión y la flexibilidad del animador, facilitador o coordinador son fundamentales.
Pero la sensibilidad, la capacidad de análisis y la flexibilidad deben utilizarse desde el diseño. La planificación de una actividad participativa requiere tener en cuenta los datos de los miembros, los objetivos buscados y las condiciones en que se
Al respecto dice M. J. Aguilar4:
Sabemos que "cada técnica tienen un potencial definido para la movilización de las fuerzas individuales y del grupo y para dirigirlas hacia las metas (...)". Y este potencial sólo puede ser realizado cuando las mismas se eligen
adecuadamente. De ahí que sea necesario tratar de que las técnicas que utilicemos, sean las más adecuadas al grupo concreto con el que trabajamos, a sus objetivos y características. (...) Por ello, lo más conveniente es utilizar un conjunto de criterios que nos permitan de la manera más eficaz posible elegir una técnica que mejor se adapte a cada trabajo grupal en concreto.
Estos criterios no siempre serán perfectamente compatibles por lo que habrá que ponderarlos en ciertos casos. Lo que si será siempre conveniente es tenerlos en cuenta simultáneamente para elegir la técnica apropiada para cada circunstancia.
Siguiendo el planteo de M. J. Aguilar, algunos de los criterios que se deben tener en cuenta al seleccionar una técnica participativa para trabajar con un conjunto de personas son:
Las metas u objetivos que se persigan: para ello tales propósitos deben ser suficientemente conocidos por quien va a facilitar o animar el encuentro. Esto implica, no sólo saber qué se espera de un encuentro en particular, sino conocer su inclusión en una estrategia mayor o conjunto de encuentros, si los hay. Es decir, se debe saber en qué se está tratando de invitar a los miembros de la
comunidad a participar y en el marco de qué proyecto o estrategia participativa se incluye este encuentro.
La experiencia previa o entrenamiento de los miembros que participan en este tipo de encuentro con otros. Si los participantes nunca han sido invitados a participar en un encuentro, jamás han utilizado o "jugado" una técnica o nunca han pasado por la experiencia de decidir en conjunto sobre cuestiones atinentes a la salud de su comunidad, su capacidad de participar es distinta que si esto ya ha sucedido. Es decir, a participar también se aprende mediante la experiencia. Por lo tanto, se debe tener en cuenta esta "historia de participación" de los miembros en el momento de elegir una técnica.
4: AGUILAR M.J.:
Cómo animar un grupo.
Ed. Kapelusz. Serie didáctica.1990.
Asimismo, se deben tener presentes y respetar las modalidades y estilos
comunicativos de cada comunidad al seleccionar una técnica participativa.
El tamaño del grupo de participantes: no todas las técnicas resultan adecuadas para grupos de cualquier tamaño. Habitualmente, hay algunas más adecuadas para grupos de pequeños y medianos (10 a 20/25 personas) y otras adecuadas para grupos más grandes. Igualmente, el efecto del tamaño del grupo puede resolverse -a veces- combinando o adaptando técnicas o discriminando
momentos de trabajo en grupos más pequeños y momentos en grupos grandes.
El ambiente físico: juega un papel importante en la generación de un clima de encuentro. La dimensión y características del espacio deben ser lo más adecuadas posibles para el número de participantes y la disposición en que puedan sentarse debe favorecer la comunicación entre los mismos, es decir deben poder verse a la cara y escucharse. Como en la mayoría de los casos hay que adaptarse a las condiciones existentes, es preferible elegir un técnica acorde con el ambiente existente, antes que otra cuyo desarrollo no será efectivo en un ambiente inadecuado.
La comunidad de referencia en la que está inserto el grupo: que contextualiza la tarea que se está desarrollando. Es importante cuidar que las técnicas
utilizadas no rompan abruptamente las costumbres y hábitos de comunicación de la comunidad. Sin embargo, en la medida en que se desea generar cambios, adaptarse totalmente a estas costumbres, hábitos y estilos de comunicación, no es la mejor estrategia. De modo que, de lo que se trata es de encontrar el
adecuado equilibrio en esta tensión entre respetar costumbres y generar cambios.
Las características propias de los participantes: se deben tener en cuenta las características culturales de cada uno de los miembros, sus modos de ser, de pensar, de actuar y de expresarse, ya que no todas las técnicas pueden utilizarse
con cualquier conjunto de personas. Nadie debe sentirse obligado a participar.
La capacidad del animador o facilitador: diferentes técnicas participativas pueden requerir diferentes destrezas o habilidades para su utilización por parte del animador o facilitador. En algunos casos alcanza con conocer
adecuadamente al grupo y saber en qué consiste la técnica, en otras se necesita cierta dosis de práctica y experiencia por parte de quien las aplica.
seguridad de que se podrá coordinar un buen trabajo hasta el final que
arriesgarse a desatar procesos difíciles de controlar y que a la larga dificulten el funcionamiento del grupo. Ningún procedimiento está más allá o por encima de
quienes tienen que aplicarlo.
Le recomendamos la lectura del texto completo en: Aguilar, M. J.: Cómo animar un grupo.
Serie/Didáctica. Kapelusz, 1990.
El Manual de Técnicas de Educación Popular5presenta algunos consejos prácticos para el animador o coordinador de un grupo en relación a la planificación del uso de las técnicas participativas:
Es imprescindible que el coordinador antes de escoger la técnica tenga en claro:
¿Qué tema se va a trabajar?
¿Cuál es el objetivo que se quiere lograr? (¿Para qué?)
¿Con quienes se va a trabajar? (características de los participantes) Luego de contestar las preguntas anteriores plantearse ¿qué técnica es la más adecuada para tratar este tema, para lograr esos objetivos propuestos, con esos participantes específicos?
Un tercer paso que todo coordinador debe precisar es ¿cómo va a implementar la técnica?: detallar el procedimiento que va a seguir en su aplicación.
Los que coordinan deben conocer el tema que se está tratando; para conducir correctamente el proceso de formación y enriquecerlo con todos los elementos que surjan de la participación de la gente.