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CRONICA DE SUCESOS

LOS HECHOS

CRONICA DE SUCESOS

En el curso de la publicación de esos estudios en la Revue Internationale des Societés secrétes, recibí una cierta cantidad de cartas con relación a las prácticas judías; pero lo que se me señalaba no me pareció poder ocupar un lugar en la cronología de los hechos históricos.

No se pueden sacar deducciones seguras, pero algunas, no obstante, valen la pena de ser publicadas.

La que me escribe primero es una señora que después de una larga estadía en el extranjero; relata lo siguiente citando nombres que yo callo:

"Estando en Polonia, en casa de la princesa X . . ., de la que crié dos hijas, una joven polaco-rutena que me servía, me contó que cuando tenía diez años casi había sido víctima de un crimen, ritual, por lo menos así lo pensaba ella.

"Un comerciante había entrado a su casa enviando a su madre afuera con un pretexto. Entonces un judío había entrado a su vez, llevándola. Por suerte, sus gritos fueron oídos por un transeúnte, ante lo cual el secuestrador optó por huir". La misma corresponsal me envió estos extractos de una libreta de notas tomada en Galitzia (Polonia austríaca) durante el curso de ocho años de estadía en ese país: Setiembre de 1899. - Los diarios austríacos están llenos de detalles relativos al proceso actualmente terminado con la condena a muerte de un judío llamado Hitsell (o según la pronunciación local de la c, Hicell), acusado y convicto por haber asesinado, por orden de los más altos rabinos y para satisfacer las exigencias de su culto que reclama sangre humana -y virgen- a una joven mujer cuyo cuerpo fue encontrado en Kutnahora (Bohemia, creo) enteramente desangrada.

Los procesos de ese estilo se renuevan periódicamente: la víctima es a veces un niño, otras una joven. La sangre así obtenida (sacada de una manera determinada por los ritos), es enviada a los grandes jefes religiosos, éstos la reparten luego en pequeños frascos llevados por gente segura en todas direcciones. Puesto que es necesario que a uno de los alimentos de la Pascua, creo que al pan ázimo, se le mezcle por lo menos una gota de sangre humana. Pero lo interesante y único que tiene el proceso actual es que el judío condenado confiesa que esa joven fue asesinada, y con qué fin determinado de los ritos religiosos fue cumplido el hecho.

Niega haber cometido él mismo el asesinato, nombrando a sus dos correligionarios uno de Hungría, otro de Bohemia, como los autores del hecho.

El terror se instaló entre los judíos, y en el pueblo de Kutnahora ya se cuentan 160 los judíos que abandonaron la comarca.

Nunca hasta ahora, cualquiera hubiese sido la prueba de un crimen semejante, o cualquier rigor que hubiese aportado el castigo, ningún judío había confesado.

Todos, al contrario, habían negado absolutamente todo móvil ritual en esos crímenes.

Un detalle curioso: el rosario que la víctima llevaba en el cuello la última vez que había sido vista en Kutnahora era descripto minuciosamente por los diarios. Sucedió que en Bochnia (Galitzia), cerca de Cracovia, un militar había recogido unos días antes de la descripción de los diarios, un rosario casi completamente escondido en la tierra: sólo la cruz brillaba atrayendo su atención. Al leer en los diarios los detalles relativos al rosario de la víctima, creyó reconocerlos en el que había encontrado, por lo que lo llevó inmediatamente al correo. Allí lo mandaron al tribunal en donde fue positivamente reconocido como siendo el que llevaba la infortunada

joven.

Ese rosario, encontrado en un lugar tan alejado del lugar del crimen, ayudó al descubrimiento del asesino.

***

He aquí una carta de la que no se podrá decir: “Siempre puede mentir el que viene de lejos". Esta fechada en Marsella, el 10 de Noviembre de 1913:

Señor,

Sigo atentamente los debates del proceso,de Kiev,

La declaración del archimandrita Ambrosius del 27 de Octubre me recordó un asesinato cometido durante el transcurso de Febrero de 1809, siendo la víctima una niña de ocho años cuyo cuerpo fue encontrado tirado contra el muro de las Refinerías de azufre reunidas, en medio del lodo y de la basura amontonada a lo largo de esa pared (barrio de la Capelette). La niña mostraba debajo del mentón, de cada lado de la nuez de la garganta, dos heridas penetrantes que dejaban ver la arteria de la tráquea; estas heridas parecían haber sido hechas con un instrumento puntiagudo y filoso.

El informe del médico forense señaló que María Blanco(el nombre de la víctima), presentaba 45 heridas por quemaduras de las cuales 22 en el abdomen y 23 en la parte superior de las piernas; de estas 45 llagas, 5 del vientre eran como arañazos, de 22 centímetros de largo por 8 milímetros de ancho la más importante.

El médico forense indicó igualmente que sobre el rostro y las regiones laterales del cuello tenía una escoriación producida por los dedos. Hecho notable: las llagas de las quemaduras tenían los bordes negruzcos, lo que dejaría suponer que el instrumento enrojecido al fuego que usó el verdugo era un atizador.

Este doctor añade que la víctima no fue mancillada en el sentido ordinario de la palabra; sino que ese atentado fue simulado para hacer creer que se había tratado de una violación, y así dispersar y enredar la pesquisa. Debe notarse que la arteria de la tráquea fue respetada, lo que permitió a los asesinos hacer sufrir una gran tortura a su víctima, mientras que la sangre corría. Los autores del crimen nunca fueron descubiertos, y la gente versada en las prácticas abominables de ciertas sectas judías, vieron en ese asesinato un crimen ritual.

El abandono de la víctima en un lugar horrible, la tortura, la fecha del crimen antes de la Pascua: todo eso es tanto más significativo si se tiene en cuenta que la cifra de 45 heridas es exactamente la misma que se estimó en el asesinato de Kiev.

No se pudo afirmar nada a falta de pruebas; pero las coincidencias son harto extrañas.

En Marsella tenemos una pequeña colonia de judíos rusos venidos de Odessa a consecuencia de un pogrom, y como los que se dedican a estas prácticas son sobre todo los judíos orientales, este crimen abre perspectivas a todas las hipótesis.

Se pueden encontrar todos los datos deseados en el Petit Marseillais del 15 al 20 de Febrero de 1909.

***

Transcribiré ahora partes esenciales de una carta muy interesante que me dirigió un escritor muy conocido y estimado:

... Añado un recuerdo de la época en que era un joven teniente, lejano, lamentablemente. Conocí en París a una joven judía del ghetto del barrio Saint Paul. Se llamaba Manette Salomón, era pequeña, y poseía una amabilidad temible alternada con una cólera permanente, con estallidos violentos propios de la neurosis asiática.

Durante esos accesos que divertían tanto a mis compañeros del regimiento, vituperaba a los goyms sin ninguna moderación. También nos agobiaba con las amenazas de sus profecías contra los cristianos.

La frenética brujita nos lanzaba a la cara que sus rabinos, en la escuela de la sinagoga, predecían nuestra ruina muy próxima y la conquista de Francia por el pueblo de Dios al cual estaríamos sometidos.

- "Pero, ¡son todos Uds. tan tontos y tan ciegos que ni se lo imaginan!", exclamaba la amable niña.

¡Y nosotros, como buenos tenientes y subtenientes, nos reíamos! ¡Era tanto tiempo antes de la France Juive!

La pequeña Judith, un día intentó el juego de la sangre con su amigo del corazón. Fue aprehendida antes de lograr su fin . . .

Se la interrogó. Ella confesó que había querido fijar el amor del hombre que había elegido para forzarlo a casarse con ella. Como excusa, añadió que el rito inmundo tendría como efecto salvar a la víctima de los males que amenazan a los cristianos convirtiéndola en un judío por la sangre.

Y entre todas esas explicaciones furibundas, declaró que las mujeres judías que se casaban con cristianos juraban todas de engañar al marido con un israelita, Con el fin de poner, si fuera posible, un hijo de Israel en el nido del cristiano.

La personalidad del autor, lo extraño del relato, me incitaron a pedir a mi corresponsal algunas precisiones así como la autorización de nombrarlo. Este relato, alerta de un soldado-escritor, estaba un poco fuera de mis preocupaciones, pero tal vez no haya toda la distancia que uno imagina entre la superstición y el uso de la sangre, además el caso de la pequeña judía me interesaba. ¿Es posible que se encuentre tan fácilmente,con sólo raspar un poco a un judío de.hoy, al judío de la rueda y del ghetto?

Mi distinguido corresponsal me respondió:

... No sé con exactitud si los judíos practican el crimen ritual. Yo le hablé de una práctica supersticiosa que se acostumbra entre el pueblo judío de París: el empleo de la sangre como filtro de amor. Ya le conté que en Agosto de 1871, cierta joven judía del barrio de Saint-Paul fue encontrada por mi ordenanza mientras confeccionaba un alimento sanguinolento que me estaba destinado y que debía someterme bajo su poder (de acuerdo a su confesión) por la fuerza mágica de la sangre.

¡Cosa extraña! Esa misma pequeña bruja terminó por conseguir que un subteniente se casara con ella, aunque tuviera que dejar el ejército para ello, esto sucedió después de haberse indigestado con las masas que ella insistía en preparar . . . No sé si piensa Ud. mencionar estas costumbres descabelladas. Yo no las encuentro muy elegantes en los recuerdos de un escritor de cabello blanco y padre de familia.

LA SUERTE DE LOS LIBROS SOBRE EL CRIMEN RITUAL