2. EL ARTISTA, EL ARTE Y LA CRÍTICA EN LA BALADA DEL
2.2 Cronotopo o los caminos de la degradación
La narración está segmentada en tres momentos que corresponden a los dos manuscritos, como se ha anotado anteriormente. Ello permite, como podrá apreciarse a continuación, que el lector acceda, en cada uno de los capítulos, a una mirada distinta sobre los hechos e indica, en conexión con el empleo de la narración en primera persona, la apuesta por develar relatividad ideológica
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!/ Príncipe del destierro, maltratado coloso/que, sojuzgado, siempre te alzas más poderoso,/ ¡ Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!/ Nuevo padre adoptivo de los que, por su mal, expulsó Dios, colérico del Edén terrenal,/ ¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!/. Baudelaire, Charles. Poesía Escogida. Traducción Andrés Holguín. Bogotá: Ancora, 1995. p 83 y 86.
50 .
El primer capítulo -numerado del 1 al 12- denominado las bodas de Epimeteo, es el primer manuscrito que data de 1990. Esta designación nos remite al mito griego, en el que se narra la fascinación de Epimeteo (hermano de Prometeo) por Pandora. Ella, como regalo de los dioses, es la representación de la mujer que por su curiosidad, desata los males de la humanidad, una suerte de Eva griega. De hecho, este regalo de Zeus es una venganza contra la generosidad del Titán para con la raza humana. Es importante resaltar que etimológicamente el nombre se refiere al que reflexiona más tarde, al que tiene
pensamiento tardío. Braulio Cendales, inicialmente, expone su deseo de suicidarse, idea que cambia por el anhelo de hacer justicia. En este estado, el personaje busca la escritura como una posibilidad de purificación y reivindicación. Esta es su principal motivación para redactar los manuscritos. De cuando en vez, hace llamados al lector, solicitando su benevolencia, ¿acaso su compasión?. Se excusa frente a él por los posibles descuidos de estilo. Este deseo de interlocución se manifiesta por la interpelación que hace a lo largo del texto, una especie de súplica para ser escuchado. En esta parte conocemos los motivos que empiezan a transformar su vida, su moral, su ética: el sueño con una corza blanca - representación de la Diosa Blanca-, la posesión del cuadro de la Virgen del Amparo con su real rostro dionisíaco, entra en relación con el pintor Primitivo Drago y su esposa, la poetisa catalana Mabel Auselou, la mujer perfecta por su belleza, inteligencia, su saber literario y cultural, su espíritu libre, su hedonismo, quien, como veremos más adelante, se vinculará con la imagen de la mujer fatal, en oposición a María Angélica, personaje que en su nombre lleva la marca de una imagen femenina opuesta a Mabel, la figura de la virgen. El narrador cierra el capítulo con la muerte de su empleada Vicenta. Cendales lo atribuye a escribir sobre el libro de Epimeteo de Luis de Fasciola, el nombre prohibido de Dios. En su angustia busca a la poetisa, quien lo asiste en esta desgracia. Este acontecimiento propicia la ocasión para su primer encuentro erótico (Eros y Thánatos se manifiestan). Estos motivos empiezan a urdir el entramado de sincronías que construye en su mente Braulio Cendales y determinarán su vertiginosa caída.
En la segunda parte “El cielo que me tienes prometido…” -numerado de 13 al 27- (Continuación del manuscrito de 1990) hace alusión al tercer verso de un soneto anónimo-
51 otros lo atribuyen a sor Teresa de Ávila- . Dichas líneas evidencian en la composición poética, el amor incondicional hacia Dios. En el caso de la novela, la relación de Braulio y Mabel llega al punto máximo de placer, de locura, de ruptura de convencionalismos, la plenitud arroja su más nítida luz, opacada por la desaparición de Mabel y la idea de su “uxoricidio”, según su amante. Braulio Cendales empieza a llamar la atención de los demás para que el “homicida”, Primitivo Drago, sea castigado. Cendales se refugia en el alcohol y deplora la vida por la ausencia de la poetisa. De igual manera, busca vengarse del “vampiro” –como ve y llama a Primitivo-. Los hostigamientos contra el pintor, le traen como resultado un gran escándalo que determinan su desprestigio como crítico, como intelectual respetado por la sociedad y el inicio de su ruina moral, pues su derrumbamiento físico ya se había iniciado. Allí mismo se dará cuenta de la “utopía” de salvarse a través de la escritura, de la gran falacia que representa esta idea. Acaso ¿todo empieza a desmitificarse y derrumbarse? Y entonces, ¿dónde está el vínculo entre el arte y la vida?
De otra parte, el “mundillo” de la literatura en el café “Lope de Vega” es protagonista en este capítulo, pues el crítico de arte admira y alaba las tertulias amenas y los escritores con talento y trayectoria. Sin embargo, deplora a los poetas déspotas y engreídos, ensalzados por una crítica complaciente en comprar y pagar favores y que se atribuye idoneidad para emitir juicios de valor éticos sobre la creación estética.
Al final, narra cómo logra salvarse de la cárcel por falsificación del cuadro La Virgen del Amparo. Entonces, el título del capítulo, en este punto, asume el sentido de una gran ironía, una carcajada que se le impone a Cendales y lo expresa: “el infierno que me he construido” a causa de mi insaciable imaginación.
En la tercera parte, La caja de Pandora (Manuscrito de aproximadamente 1994).-numerado de 28 al 37.- Cendales es privado de la libertad, inicialmente por tres meses, por lesiones personales contra Conrado Astudillo y Primitivo Drago (quienes se unen para que vaya a la prisión). Retorna una segunda vez a la cárcel del Agarradero por un crimen pasional, tal vez nunca salga de allí. Inconcebiblemente para él, su compañero de celda Tomás de Aquino Devía es un estuprador de niños.
52 Lo ha perdido todo: dinero, fama, prestigio, amigos, dignidad, escrúpulos, virilidad, credibilidad debido a sus excesos alcohólicos, adicción a la cocaína, el crac; tiene constantes y frecuentes ataques coléricos y es evidente su imposibilidad de vivir en comunidad, su irritabilidad se vuelve excesiva. Se relaciona con dos mujeres a quienes toma como objeto de placer, Gladys y Sandra. Convive con esta última en un inquilinato, ella termina manteniéndolo. Cendales se hunde cada vez más en el mundo de las drogas. Acude luego a prostitutas pretendiendo ilusoriamente recuperar la virilidad perdida. Crece en él el deseo de venganza y justicia por mano propia, hasta cegarlo completamente. Su ética y moral, al igual que su siglo, comparten el mismo caos.
El mundo del hampa, de la calle, de la más absoluta abyección se vuelve el diario vivir del personaje. Entonces, su vida de burgués queda atrás: el arte, el buen gusto, la cultura del refinamiento, las formas estéticas no son ya su cotidianidad.
Es así como Cendales es otro física y moralmente. Tal vez, enterarse de la verdad, permite que la escritura le devuelva la mirada hacia su propio rostro, le otorgue la conciencia de sus actos, equilibre su exacerbada imaginación. Comprenda las consecuencias de su incontrolable hybris.
Las descripciones de la casa habitada por Cendales, dan cuenta también de la transformación del personaje. En un comienzo se muestra un espacio atiborrado de elementos:
Soy propietario de una inmensa biblioteca cuyos anaqueles se pasean por pasadizos y habitaciones de mi casa como en un obsecuente recorrido que siguiera mis propias y eruditas pisadas de artista y escritor a quien solo satisface una docta información. Encima de esos anaqueles campean pinturas que heredé o que adquirí y que ya muestran a mostachudos próceres de nuestra independencia, a elusivos y ambiguos ángeles que intentan escoltar a una Madona en éxtasis, o bien, paisajes salidos del tiempo y del espacio o intrincadas figuraciones geométricas brotadas de mentes atormentadas por la estructura del universo ( 30).
53 Dicha casa será vista luego como un laberinto desolado. El despojo de sus pertenencias, el aislamiento, la ruta de la marginalidad, marcan una posición que simbólicamente indican una caída, o bien un descenso hacia el infierno del cual ya no saldrá el personaje.
También, en el nombre de los espacios geográficos, que no están ligados a espacios reales, se advierte el deseo de mostrar lo narrado como hecho universal, aunque el contexto y las problemáticas presentadas indiquen que se trata de una pequeña cuidad latinoamericana. Ello concuerda con las ideas artísticas de Espinosa presentadas en el primer capítulo. El autor, en esta novela, prefiere ubicar al lector en un espacio a la vez inexistente e identificable.
De este modo, los espacios de la novela señalan el estado del personaje, acusan el camino de desclasamiento que recorre el narrador protagonista. Es en la casa vacía, o bien, al final, en la cárcel (espacios cerrados y degradados), donde Cendales compone los manuscritos. Así, la reflexión y la escritura se vinculan en la novela con el deterioro y la condición de marginalidad.
En concordancia con lo anterior, se destaca en la novela el cronotopo de la inversión histórica, la nostalgia de un pasado que va más allá del pasado en la vida del personaje y se remonta al universo mítico, como podrá apreciarse más adelante. La interpretación de este fenómeno será enunciada al referir los aspectos relacionados con la heroicidad en la novela.