Si la vida de Jesús debe ser vista a la luz de esto, debe ser igualmente cierto con respecto a la muerte que conscientemente aceptó como el camino necesario hacia la victoria. Aprendimos de los profetas que el ‘Día del Señor’ llega con mucha batalla y juicio. Jesús sabía que las grandes con- gojas mesiánicas tendrían que preceder su triunfo. Aparte de la pregunta de si Jesús y los escritores de los Evangelios dieron una interpretación más amplia del con- cepto de las congojas Mesiánicas (éste fue ciertamente el caso como se verá en el siguiente capítulo), se debe aclarar pri- mero que la muerte de Jesús también fue de una naturaleza escatológica, y que con- cordó con las declaraciones de los profetas concernientes al juicio final asociado con el Día del Señor. Es curioso notar que en todos los tres Evangelios sinópticos el dis- curso de Jesús con respecto a los juicios venideros que resuenan en el Día del Señor, casi precede inmediatamente la historia de la pasión (Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21). Los Evangelios dan la impresión de que Jesús pronunció este discurso pocos días antes de su muerte (Mat. 26:1s.). Esto es más sorprendente cuando notamos que los mismos motivos se repi- ten en el gran discurso escatológico y en la historia de la pasión. Jesús habla de una
23. G. Schrenk en TWNT (I, pp. 608- 12). Estoy de acuerdo con sus con-
salida y del enfriamiento del amor; la his- toria de la pasión hace lo mismo. Jesús llama a la vigilancia; esto se repite a los discípulos en Getsemaní, particular- mente a Pedro, Santiago y Juan. Jesús pre- dice una gran opresión, y él mismo debe soportarla más tarde. Jesús se prepara para unos fenómenos extraños y natura- les, tales como un eclipse de sol y un terremoto; y en la hora de la muerte sucede un eclipse, mientras que Mateo también mencionó un terremoto. En su conclusión Jesús predice, después de estas cosas tan terribles, la aparición del Hijo del Hombre en las nubes. Después de su muerte siguieron la resurrección y las apariciones, y (de acuerdo con Hechos 1) su ascensión en una nube. Estos paralelos no pueden ser simples coincidencias. Nos dicen que los escritores del Evangelio, y fundamentalmente Jesús mismo, creyeron que su muerte y resurrección dieron la bienvenida al gran Día del Señor. Esto también es evidente en Hechos 2 donde Pedro señala a la descripción del Día del Señor en Joel 2. De acuerdo a Joel éste será introducido por medio de ‘prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tie- rra’ (Hechos 2:19). Luego Pedro presentó a Jesús con una alusión clara a estas pala- bras como ‘varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él’ (Hechos 2:22). Las primeras generaciones de creyentes, inmersos en la literatura del Antiguo Testamento, debie- ron haber considerado las profecías con respecto a los últimos días como profecías cumplidas en la vida, muerte y resurrec- ción de Jesús, en una manera que para nosotros es difícil de imaginar. Incluso podría ser posible que vieran esto en todos y cada uno de los detalles de la his-
toria del evangelio. Esto ahora escapa a nuestra percepción. Por lo tanto, no es imposible que la extraña declaración con respecto al joven que, en la hora de la prueba, huyó desnudo (Mar. 14:51s.) se halle en conexión directa con lo que Amós dice acerca del juicio venidero de Israel, ‘El esforzado de entre los valientes huirá desnudo aquel día, dice Jehová’ (2:16).25 En cualquier caso, el pollino y las treinta piezas de plata de Jesús fueron vistos como el cumplimiento de las profe- cías de Zacarías con respecto a los últimos días.
Lo que se ha dicho con respecto a su muerte también puede decirse de su resu- rrección. Fue el fin de la historia, la gran victoria de Yahvé sobre sus enemigos en la que se realizó lo que el apocalipsis de Isaías había predicho – la muerte fue des- truida. Jesús señaló en repetidas ocasio- nes el hecho de que debía sufrir y morir, pero también que sería levantado ‘al ter- cer día’. Tomó prestada esta expresión de la promesa de Oseas, ‘Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.Nos dará vida des- pués de dos días; en el tercer día nos resu- citará, y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová’ (6:1s.). Jesús sabía que Él era el remanente sustitutivo, en lugar de Israel y el mundo. Los decretos
25. Paul S. Minear, Christian Hope
and the Second Coming [La Espe- ranza Cristiana y la Segunda Venida], Filadelfia, 1953, Cap. 10,
‘Un Hombre Desnudo’; p. 145: ‘Está claro que Marcos vio el Getse- maní como un día de juicio, y el joven hizo lo que todos los hombres hacen en aquel día.’ Este es un libro estimulante.
concernientes a Israel y todas las nacio- nes se centran en Él como el único socio real en el pacto de Dios con el hombre. Su resurrección es el triunfo de Dios sobre sus adversarios, el acto por el cual el hom- bre culpable es levantado permitiéndole que viva delante de él. De modo que, para Jesús, la resurrección debió haber sido el comienzo del gran Día del Señor, que sigue a las congojas Mesiánicas del Gól- gota. La confesión de Jesús ante el Sane- drín también habla en tonos muy claros. Ahora que las congojas Mesiánicas han alcanzado su cima en el rechazo del Siervo Sufriente, el Hijo del Hombre apa- recerá pronto en su gloria divina. La pro- fecía de Daniel 7 se cumple en la resurrección. La conclusión de Lucas parece sugerir que la resurrección y la ascensión, como dos fases íntimamente conectadas de la gran victoria, se llevaron a cabo el mismo día.26 Mateo no hace esto, pero ignora la ascensión. Nos da, junto con otras palabras del Jesús glorifi- cado, otra referencia a Daniel 7, ‘Toda potestad me es dada en el cielo y en la tie- rra’ (Mateo 28:18). Esto concuerda con lo que se dice respecto al Hijo del Hombre, ‘Y le fue dado dominio, gloria y reino’ (Dan. 7:14).
La historia, como la batalla de Dios en Israel con los adversarios, ha llegado a un fin – el Reino ha venido.
26. Ver Lucas 24:51. Esto sin duda alguna es verdadero si la adición del ‘Texto Occidental’ es original. Ésta dice: ‘Y fue llevado arriba al cielo.’