El objeto ilocutivo de los actos de habla comisivos se define como la expresión de la intención del hablante de realizar, en beneficio del oyente, la acción descrita por el contenido proposicional. La promesa y la invitación son los miembros prototípicos de la categoría comisiva. A diferencia de los actos expresivos, la proposición de los comisivos no es factiva, sino que denota una situación futura, o sea, una acción que realizará el hablante o el oyente, según se trate de una promesa o de una invitación, respectivamente. La variedad de manifestaciones lingüísticas del acto comisivo es un fiel reflejo de las distintas condiciones ilocutivas inherentes a su apropiada realización. Empecemos por las condiciones previas, que son de tres tipos: (I) habilidad; (II) aceptabilidad; (III) razonabilidad.
La habilidad concierne a la capacidad del hablante de efectuar el acto promedio, que halla su expresión formal en locuciones como Yo podría hacerlo por usted y Puedo ayudarte, si quieres. Searle (1975, 80), de quien están tomados los ejemplos, menciona también interrogaciones del tipo de: ¿Podría serle útil?, ¿Puedo ayudarte? La comparación de estas variantes asertivas e interrogativas del acto comisivo revela una distinción entre dos acepciones del predicado misivo revela una distinción entre dos acepciones del predicado poder: la de habilidad y la de permiso, respectivamente. Por lo que a ésta se refiere, podemos sostener que el objeto explícito de las interrogaciones es pedir permiso, en tanto que el objeto implícito es comprometer al hablante a cumplir lo prometido.
La condición previa de aceptabilidad está relacionada con el criterio del beneficio para el oyente, que se especifica como sigue: el oyente debe preferir que el hablante efectúe el acto prometido a que no lo efectúe. La aceptabilidad repercute lingüísticamente en interrogaciones del tipo de: ¿Quiere que se ayude?, ¿Prefieres que vuelva a verte mañana?
Otra variante es la interrogación no incrustada: ¿Apago la luz?, ¿Cierro la ventana? La estructura de estas preguntas comisivas, basadas en el empleo del presente de indicativo, es característica del español. En otras muchas lenguas, como el alemán, el inglés, el holandés, prevalece el futuro. Beinhauer (1985, 168) sugiere una correlación entre el «presente interrogativo» y el «exhortativo»:
La expresión hace juego con la del mandato en tiempo presente empleado preferentemente para comunicar órdenes a un inferior: Limpias perfectamente los cubiertos y pones la mesa…
La condición de aceptabilidad puede manipularse para producir efector irónicos, como en: ¿Quieres que te dé dos bofetadas? Lógicamente, el efecto irónico se deriva del carácter de la acción sobre la que se centra el acto comisivo: dar dos bofetadas no redunda en beneficio del oyente, sino que, al contrario, le perjudica.
La condición previa de razonabilidad concierne a los motivos que tiene el hablante para efectuar el acto comisivo. Su manifestación lingüística adopta distintas formas, como se ve por ejemplos como Sería mejor que lo hiciera yo y Necesitas mi ayuda, Carlota. Obsérvese que los predicados mejor y necesitar no especifican literalmente los motivos del hablante, sino que implican que éste los tiene y puede explicitarlos si el interlocutor se lo pide.
Además de las condiciones previas, se distinguen la condición esencial, la condición de sinceridad y la condición del contenido proposicional, que determinan la forma de la locución comisiva de una manera idiosincrásica.
La condición esencial estipula qué locuciones cuentan convencionalmente como vehículo de expresión del acto comisivo. Su manifestación canónica es la locución performativa: Te prometo que te devolveré los libros mañana. La variante no performativa de este ejemplo es: Te devolveré los libros mañana.
Como indica el término, la condición de sinceridad es primordial e irreductible en el sentido de que el hablante comisivo debe tener realmente intención de llevar a cabo el acto prometido. Son manifestaciones lingüísticas de la condición de sinceridad locuciones como: Quiero ayudarle a usted y Tengo la intención de prestarte el dinero.
La condición del contenido proposicional, por último, determina la estructura léxico-sintáctica de la locución comisiva. Como se desprende de los ejemplos
anteriores, el criterio fundamental es que la proposición contenga un predicado que denote una acción.
Según su objeto ilocutivo, orientado hacia el beneficio del interlocutor, los actos comisivos se califican como actos prototípicos para comunicar cortesía positiva. Sin embargo, en el caso de las invitaciones, el patrón interaccional es bastante complejo debido al hecho paradójico de que el interlocutor que acepta una invitación no sólo se ve beneficiado, sino también amenazado por la misma. La misma está en que, al aceptar la invitación, el invitado corre el riesgo de dar la impresión de pensar solamente en su propio provecho. Por esta razón, se da por hecho que contrae una deuda con quien invita, que le obliga, en principio, a restablecer el equilibrio del balance coste-beneficio correspondiendo a la invitación cuando se dé la oportunidad. Al mismo tiempo, al que acepta la invitación se le impone la obligación social de reducir en lo posible el coste del que le invita.
Todo esto conlleva que no sólo sea cortés invitar, sino también rechazar la invitación46. En un detallado estudio sobre las estrategias de cortesía en el chino moderno, Gu (1990, 253) observa que las transacciones chinas de invitar y negarse a aceptarla invitación consisten, por regla general, en una triple secuencia de turnos. El patrón manifiesta la estructura siguiente:
I) A: invita;
B: rechaza la invitación justificando su reacción negativa; II) A: repite la invitación rechazando la justificación de B;
B: vuelve a rechazar la invitación defendiendo sus argumentos; III) A: insiste en que B acepte minimizando el coste de la invitación; B: acepta condicional o incondicionalmente.
46 Véase también:
[…] it is polite to offer someone something, but it is also often more polite to decline an offer tan to accept it (Leech, 1983, 169).
[…] es cortés ofrecerle a una persona una cosa, pero a menudo es más cortés rechazar una oferta que aceptarla.]
En caso de que la oferta sea inaceptable para el interlocutor, es corriente que justifique el rechazo para evitar que se amenace la imagen positiva del que hace la oferta. Así, por ejemplo, un rechazo cortés de:
¿Quiere usted un trozo de tarta helada? Podría ser gracias, estoy a dieta, pero no simplemente no. Esta
respuesta sería deficiente por dos razones: es directa, por lo que no se compensa verbalmente el coste invertido por el que hace la oferta. Además, la simple negación violaría la máxima de cantidad, dejándose de especificar el motivo del rechazo. Así, no se excluiría la interpretación de que la oferta es inoportuna o incluso impertinente.
Ni que decir tiene que valdría la pena efectuar un análisis comparativo de diferentes culturas europeas para averiguar si las normas occidentales se desvían –y en caso afirmativo, en qué medida- de las normas del chino descritas por Gu.
El delicado carácter del balance coste-beneficio, que, como acabamos de indicar, caracteriza buena parte de la interacción comisiva, explica el hecho de que se den situaciones en las que el hablante vacila entre hacer o no una invitación. Específicamente, se trata del problema que surge cuando se produce un desajuste entre el esfuerzo que el hablante que invita tiene que invertir en mostrarse cortés y el beneficio concreto que con esto se obtiene. Es interesante constatar que en bastantes casos los hablantes resuelven el dilema haciendo la invitación, aun sabiendo que el beneficio no cubre el coste invertido. Considérese, por ejemplo, una invitación como:
42) ¿Por qué no te quedas a cenar con nosotros?
que se emite a menudo por compromiso. Es notable que este tipo de falsa cortesía se manifieste particularmente en la interacción de personas que tienen una relación social de igualdad y solidaridad. La insinceridad comisiva que estamos examinando ha sido ilustrada por el filósofo Leonard (1959, 184) en forma de parodia:
43) Oh, do come to spend Christmas with us! Bring all six of the children and the darling dog, and plan to stay until after New Year’s.
[Por favor, venga a pasar las Navidades con nosotros. No deje de traer a sus seis pequeños y a su querido perro y procure prolongar su visita hasta después de Año Nuevo.]
La ironía del ejemplo (43) estriba en que, en general, un hablante comisivo sincero se esfuerza por poner de manifiesto que su invitación no produce un gran desequilibrio en el balance de coste-beneficio. El hablante de (43), en cambio, se burla de esta máxima ofreciéndole al interlocutor una ristra de atenciones a cuál más exagerada, por lo que éste se ve ante la imposibilidad de aceptar la invitación, si no quiere abusar de la extrema generosidad del que invita.
Al enfocar el problema de coste y beneficio, Leech (1983, 134) señala que, en circunstancias normales, los hablantes comisivos tienden a reducir la importancia del
papel que desempeñan al hacer la invitación, dejando de referirse a sí mismos como agentes responsables de realizar la oferta. Leech compara las siguientes parejas de ejemplos para ilustrar la estrategia correspondiente:
44a) You could borrow my bicycle, if you like. [Podrías tomar prestada mi bicicleta, si quieres.] 44b) I could borrow you my bicycle, if you like. [Te podría prestar mi bicicleta, si quieres.] 45a) Would you like these pencils sharpened? [¿Quiere usted que se le afilen estos lápices?] 45b) Would you like me to sharpen these pencils? [¿Quiere usted que yo le afile estos lápices?]
Los ejemplos (44a) y 45a) adolecen de una referencia explícita al hablante, por lo que se prestan mejor que sus variantes (44b) y (45b), que sí contienen tal referencia, como vehículos de expresión para facilitar al interlocutor aceptar la invitación.
Consideramos ahora:
46) ¿Quieres tomar café? Se está haciendo de noche. Voy a preparar cualquier cosa (Sastre, s. a., 178).
Este ejemplo es representativo de una invitación prototípica por tres razones. Primero, la interrogación, que expresa el núcleo de la invitación, haciendo explícita la condición previa de aceptabilidad, está orientada hacia el oyente; no contiene referencia alguna al hablante. Luego sigue una justificación de la invitación, que sugiere que es atractivo aceptarla desde un punto de vista racional. Finalmente, el hablante indica que no tiene que invertir mucho costo en efectuar la oferta. La última estrategia puede caracterizarse como sigue:
The idea is that it is more polite, in an offer, to make it appear that the offerer makes no sacrifice, so that in turn it can became less impolite for h to accept the offer (Leech, 1983, 134).
[La idea es que el que hace una oferta se muestra más cortés si da a conocer que la oferta no supone ningún sacrificio, de modo que para el oyente sea menos descortés aceptar la oferta.]
Una alternativa a interrogaciones comisivas tales como (45a) y (46) es expresar la invitación como una disyunción que permita al interlocutor elegir entre dos ofertas por lo menos. El tipo de disyunción de que aquí se trata es peculiar porque manifiesta simultáneamente dos de las máximas de cortesía de Lakoff, tratadas en el capítulo 1: no impongas tu voluntad al interlocutor e indica opciones. Ilustraremos la invitación disyuntiva mediante un diálogo de la obra de Sastre (s.a. 31):
47) IZASKUN: ¿Quieres tomar un café? ¿O piensas dormir? JON: Un poco de café pero también pienso dormir…
Nótese, de paso, que lo que llama la atención en este ejemplo no es tanto la empatía manifestada por la expresión disyuntiva de la invitación, sino más bien la respuesta del invitado, que no muestra ninguna forma de cortesía, al no agradecer la oferta e interpretar al mismo tiempo la disyunción como una coordinación de dos ofertas.
Fijémonos, a continuación, en algunas estrategias específicas. Bublitz (1980, 61) y Leech (1983, 109) observan que el imperativo se utiliza a menudo para conseguir efectos de cortesía comisiva. Podemos pensar aquí en locuciones estereotipadas como: Pasa y siéntate. Como el empleo del imperativo se asocia en primer lugar con la realización de actos exhortativos, que son fundamentalmente no corteses, la aplicación de esta estrategia parece paradójica. Pues bien, la explicación hay que buscarla precisamente en el carácter exhortativo del paradigma. Es decir, mediante el imperativo el que invita incita a su interlocutor a que lleve a cabo una acción cuyos efectos, de acuerdo con la condición previa de aceptabilidad, redundarán en su propio beneficio; dicho de otro modo, la fuerza ilocutiva del imperativo comisivo tiene como fin inducirle al oyente a que actúe por su propio bien, creando un estado de cosas que no favorezca hablante, sino a él mismo.
La estrategia de la invitación exhortativa se manifiesta de modo prominente en español, cuyos hablante suelen acentuar la cortesía inherente a la misma reduplicando el imperativa cuando otorgan un permiso solicitado por el interlocutor. Por ejemplo:
48) A: ¿Puedo fumar? B: Fume, fume usted.
Detengámonos, por último, ante otro tipo de cortesía comisiva característica del español. Se trata de una serie de fórmulas arcaicas que consisten en la oferta simbólica de determinados objetos que están en poder del hablante. Beinhauer (1985, 140-141) menciona los ejemplos siguientes:
49) A: ¡Qué hermosísimas se han puesto estas macetas! B: Están a la disposición de ustedes.
A: Muchísimas gracias. 50) A: ¿Usted gusta?
B: Gracias, ¡que aproveche!
51) Tengo el gusto de ofrecerle a usted su nuevo domicilio en la calle de Toledo, número 17.
Obsérvese que el carácter simbólico de las ofertas se infiere de la respuesta del interlocutor; en los ejemplos (49) y (50) las agradece sin valerse de las mismas.
Castro (1966, 232-233) ha llamado la atención sobre el origen árabe de las citadas fórmulas de cortesía; además, señala los problemas de interpretación que pueden surgir en un contexto etnolingüístico:
Multitud de cortesías sólo adquieren sentido cuando las examinamos a esta luz islámica. Al mostrar a una persona amiga un objeto de valor, si aquélla lo elogia, lo correcto es decir: «Está a su disposición». Ha acontecido a veces que un extranjero, ignorante de que esas palabras son un rito verbal, preguntara si de veras le ofrecían el objeto valioso, y eso ha creado más de una situación embarazosa.
(…)
Es musulmana la costumbre de decir: ésta es su casa, a quien la visita por primera vez. Al marcharse el visitante se le dice: «Ya sabe que ha tomado posesión de su casa».
(…)
Al ir a comer o beber delante de alguien que, por el motivo o la situación que sea, no va a participar de la comida o de la bebida, lo correcto es decir: «¿Usted
gusta?» En pueblos andaluces, a alguien que pasa junto a quienes están comiendo, se le dice: « ¡Venga usted a comer!» Nadie acepta, por supuesto. (…) En las grandes ciudades, o entre quienes han adquirido costumbres extranjeras, tales usos no viven con la misma intensidad que entre aldeanos.
Finalmente, haciendo una comparación entre la cortesía transmitida por los actos de habla expresivos y comisivos, llegamos ala conclusión de que en la realización de los expresivos sólo se aplica una reducida clase de estrategias. Es decir, en muchos casos el hablante expresivo se limita a hacer uso de fórmulas performativas como Lo siento, Te felicito por haber obtenido el título de licenciado y Le agradezco su ayuda financiera. Estas fórmulas admiten pocas variantes; las que se producen sirven, en general, para reforzar la expresión del estado psicológico del hablante, como, por ejemplo, en Te felicito sinceramente (con todo mi corazón) por haber obtenido el título de licenciado. La escasa variación formal que caracteriza a las locuciones expresivas halla su explicación natural en el análisis corte-beneficio. Para puntualizar, el hablante expresivo manifiesta una patente forma de cortesía positiva; el efecto del acto de habla, pues, redunda en beneficio del oyente, lo que hace superfluo el uso de fórmulas de cortesía específicas. Partiendo del equilibrio coste-beneficio, se puede argumentar que no sería racional invertir un esfuerzo especial en un acto cuyo objeto intrínseco es beneficiar al interlocutor.
Los actos comisivos ofrecen una imagen menos uniforma, lo cual se debe sobre todo al complejo patrón interactivo de las invitaciones. Concretamente, se trata del dilema del invitado que no sólo se ve beneficiado, sino también amenazado por la invitación; como hemos visto, al que acepta una invitación le corresponde restablecer el equilibrio del hablante coste-beneficio. Para mitigar el dilema, el hablante que invita puede seleccionar entre los miembros de una clase relativamente extensa de estrategias, cada una de las cuales representa el reflejo formal de una o más condiciones previas inherentes a la realización del acto de habla comisivo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la comunicación de cortesía positiva predomina hasta el punto que el acto comisivo no se realiza mediante locuciones implícitas cuto contenido proposicional deje de expresar información literal sobre la obligación que contrae el hablante con el oyente. Para aclarar este punto, es útil hacer una comparación con los actos exhortativos. Podemos, por ejemplo, valernos de una aserción como Hace mucho calor
aquí dentro para pedir a nuestro interlocutor que abra la ventana. Es obvio que esta aserción no encierra ninguna información léxica sobre la acción pedida. Ahora bien, esta clase de relación implícita entre los actos ilocutivos primario y secundario es característica de los actos exhortativos; no se da en los comisivos. Con esta constatación, por último, tropezamos con una diferencia intrínseca entre la transmisión de cortesía positiva y negativa: a diferencia de la negativa, la cortesía positiva excluye la realización implícita del acto ilocutivo como vehículo de expresión47.
47 Véase también:
Die Strategie positive politeness wird immer dann benutzt, wenn (Sprech) Handlungen mit einem vergleichsweise geringen Indirektheitsgrad vollzogen weden, die Strategie off record, wenn die Handlung einen vergleichsweise hohen Indirektheitsgrad aufweist (Schulze, 1985, 100).
[La estrategia de cortesía positiva se aplica en los casos en que se dan actos (de habla) que se califican de indirectos sólo en una medida relativamente reducida; la estrategia off record ( = la realización no literal del acto, H.H.), en los casos en los que el acto se califica de indirecto en una medida relativamente alta.]
8
ACTOS DE HABLA NO CORTESES
De acuerdo con el principio expuesto en 6.4., los actos de habla no corteses se definen, de modo negativo, como los actos cuyo objeto ilocutivo no sirve para beneficiar al interlocutor. Como quedó aclarado en el mismo párrafo, la categoría de los actos no corteses se divide, lógicamente, en actos descorteses y actos no descorteses. Los descorteses no pueden ser objeto de investigación en el presente estudio, ya que son incompatibles con la expresión de cortesía. Los no descorteses abarcan las principales clases de actos de habla, o sea, los asertivos y los exhortativos, que son neutros en el sentido de que no sirven para comunicar cortesía intrínseca. Si se realizan cortésmente, la cortesía manifestada es de tipo extrínseco. En los capítulos que siguen someteremos a un análisis específico las diferentes estrategias de cortesía extrínseca aplicadas por hablantes asertivos y exhortativos.
8.1. LA ASERCIÓN
El objeto ilocutivo del acto de habla asertivo debe definirse pro la intención del hablante de convencer al oyente de que él, es decir, el hablante, cree sinceramente que la proposición expresada corresponde a un estado de cosas real. No hace falta, como se supone a menudo, que el hablante intente convencer al oyente de la verdad de la proposición. Si es eso lo que procura lograr, realiza una determinada clase de acto