LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
CUÁN CAPACITADAS ESTAN LAS SIGUIENTES
INSTITUCIONES PARA AFRONTAR LA VIOLENCIA DE GÉNERO? ONGS MINISTERIO DE MUJERES, GÉNERO Y DIVERSIDAD ESTADO NACIONAL GOBIERNOS
PROVINCIALES JUDICIALPODER
43,7 % 37,1 % 49,3 % 34,2 % 53,9 % 11,8 % 13,5 % 11,3 % 55 % 33,8 % 45,8 % 10,6 % 50,3 % 28,6 % 21,1 % CAPACITADAS NO CAPACITADAS NS/NC 43.
Las brechas estructurales, discriminaciones y violencias ya existentes, se vieron agravadas frente a la pandemia. Phumzile Mlambo-Ng- cuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, ex- plica: «Resulta muy preocupante que las tasas de esta violencia generalizada de los hombres contra las mujeres no sólo no dismi- nuye, sino que quienes más la sufren son las mujeres de 15 a 24 años que, en muchos casos, ya son madres.
No olvidemos, además, que estamos ha- blando de la situación previa a la imposición de medidas para hacer frente a la pande- mia, como la permanencia en los domicilios. Sabemos que las numerosas repercusiones de la COVID-19 han dado lugar a una “pan- demia oculta” de todos los tipos de violencia contra las mujeres y las niñas, como de- muestra el incremento de los casos notifica- dos.
Todos los gobiernos deben tomar la iniciativa de forma decidida para hacer frente a este problema y empoderar a las mujeres con ese fin».
Son necesarias respuestas y medidas efecti- vas para eliminarlas. Las políticas públicas no son neutrales al género, ni en su diseño, ni implementación.
Las políticas públicas como mecanismos, herramientas, leyes, acciones, con perspecti- va de género deben apuntar a desmontar las inequidades y violencias.
Constanza Caffarelli analizó los resultados que arrojó la encuesta.
“La encuesta nacional sobre género que presentan ZubanCórdoba y asociados nos ofrece datos tan interesantes como oportunos para pensar sobre la discrimi- nación y las violencias que atravesamos las mujeres en la vida cotidiana.
En principio nos permite reflexionar acerca de la naturalización de muchas de estas situaciones, de estas formas de discriminación y de violencia.
También nos permite reflexionar sobre la dificultad que tenemos las propias muje-
res para identificarlas, para reconocerlas o para asumirlas como parte de nuestra vida en el día a día.
Resulta interesante visualizar cómo, ante la pregunta “¿has sufrido discriminación por tu género?” prácticamente un 70% de las mujeres responde que no, al tiempo que el 30% restante refiere que sí. Ahora bien, cuando se les pregunta por la gravedad que tienen una serie de pro- blemas en la vida cotidiana, un 90 % de esas mismas mujeres señalan que la vio- lencia es un problema “grave” o “muy grave” en la vida de todos los días. Tam- bién lo son la pobreza, el desempleo, la desigualdad, los cuidados en pandemia, la seguridad.
Entre un 70% y un 90% de las mujeres en- cuestadas los reconocen como proble- mas como “graves” o “muy graves” en su vida cotidiana.
Estos problemas que las encuestadas ident- fican nos hablan de múltiples situaciones de discriminación. Nos hablan de la vulnerabili- dad, la subordinación, las exclusiones y las desigualdades, y nos convocan a pensar de qué manera afrontarlas. Considero funda-
mental adoptar la perspectiva de género en las políticas públicas, para que éstas sean capaces de reconocer y de responder al im- pacto diferencial que los problemas señala- dos tienen para las mujeres, para el colectivo LGTBIQ+ y para los varones.
El enfoque de género en las políticas públicas permite proveer respuestas adecuadas para revertir las consecuencias negativas de ese impacto, que afecta a mujeres y diversidades y opera en detrimento de la igualdad de género.
En este sentido, si hablamos de pobreza, si hablamos de desempleo, tenemos entonces que pensar en políticas de acceso al empleo registrado.
Tenemos que pensar en cómo disminuir la brecha salarial y la brecha de participa- ción en el mercado laboral. Resultan nece- sarias además políticas de formación para el acceso al trabajo.
De la mano del acceso al empleo, y al empleo registrado, son centrales las políti- cas de cuidados; la puesta en marcha de un sistema integral público de cuidados, que permita dar respuesta a la doble jor- nada laboral que las mujeres asumen de modo mayoritario y que también permita
Un dato interesante surge del estudio; me refiero a cómo se reconoce a las organiza- ciones no gubernamentales como capa- citadas para afrontar las situaciones de violencia de género.
Resulta pertinente, pues, fortalecer la constitución de alianzas estratégicas con organizaciones de la sociedad civil que atienden estas cuestiones. Y, por supues- to, hacerlo también con un actor estraté- gico que moviliza fuertemente y que es su- mamente relevante, como es el movi- miento de mujeres y la comunidad LGTBI- Q+.
Es nodal que puedan profundizar y forta- lecer las alianzas en este sentido.
También abrirse, fortalecerse, profundizar, sostenerse los mecanismos de participa- ción ciudadana; las mesas plurales, diver- sas, abiertas, heterogéneas, que puedan proveer no solamente respuestas ante la emergencia, sino que puedan efectiva- mente estar presentes en todo el proceso de diseño, de implementación y sobre todo de monitoreo y de evaluación de los reconocer una fuerza de trabajo que histó-
ricamente ha permanecido invisibilizada. Si se trata de pensar en las violencias, tene- mos que enfatizar la importancia de fortale- cer el acceso a la justicia. A una justicia que nos brinde un trato adecuado y que tenga una perspectiva de género. Cada femicidio nos muestra de modo dramático cuán ur- gente y cuán importante es poder trabajar en este sentido: profundizar la sensibilización, la capacitación en perspectiva de género del Poder Judicial, de las Fuerzas de seguridad. Justamente, cuando el estudio pregunta por aquellas instituciones que se reconocen más o menos capacitadas para afrontar la vio- lencia de género, las mujeres encuestadas señalan que el Poder Judicial está poco ca- pacitado para hacerlo. Es necesario poder profundizar estas acciones; sensibilizar, ca- pacitar, avanzar en esta dirección.
También es oportuno plantear aquí la ne- cesidad de conjugar y articular los aportes y los esfuerzos de la estructura institucio- nal del Estado dispuesta a los fines de atender, de afrontar y dar respuestas en relación con la violencia de género, con los aportes y esfuerzos con las organizaciones de la sociedad civil.
Las brechas estructurales, discriminaciones y violencias ya existentes, se vieron agravadas frente a la pandemia. Phumzile Mlambo-Ng- cuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, ex- plica: «Resulta muy preocupante que las tasas de esta violencia generalizada de los hombres contra las mujeres no sólo no dismi- nuye, sino que quienes más la sufren son las mujeres de 15 a 24 años que, en muchos casos, ya son madres.
No olvidemos, además, que estamos ha- blando de la situación previa a la imposición de medidas para hacer frente a la pande- mia, como la permanencia en los domicilios. Sabemos que las numerosas repercusiones de la COVID-19 han dado lugar a una “pan- demia oculta” de todos los tipos de violencia contra las mujeres y las niñas, como de- muestra el incremento de los casos notifica- dos.
Todos los gobiernos deben tomar la iniciativa de forma decidida para hacer frente a este problema y empoderar a las mujeres con ese fin».
Son necesarias respuestas y medidas efecti- vas para eliminarlas. Las políticas públicas no son neutrales al género, ni en su diseño, ni implementación.
Las políticas públicas como mecanismos, herramientas, leyes, acciones, con perspecti- va de género deben apuntar a desmontar las inequidades y violencias.
Constanza Caffarelli analizó los resultados que arrojó la encuesta.
“La encuesta nacional sobre género que presentan ZubanCórdoba y asociados nos ofrece datos tan interesantes como oportunos para pensar sobre la discrimi- nación y las violencias que atravesamos las mujeres en la vida cotidiana.
En principio nos permite reflexionar acerca de la naturalización de muchas de estas situaciones, de estas formas de discriminación y de violencia.
También nos permite reflexionar sobre la dificultad que tenemos las propias muje-
res para identificarlas, para reconocerlas o para asumirlas como parte de nuestra vida en el día a día.
Resulta interesante visualizar cómo, ante la pregunta “¿has sufrido discriminación por tu género?” prácticamente un 70% de las mujeres responde que no, al tiempo que el 30% restante refiere que sí. Ahora bien, cuando se les pregunta por la gravedad que tienen una serie de pro- blemas en la vida cotidiana, un 90 % de esas mismas mujeres señalan que la vio- lencia es un problema “grave” o “muy grave” en la vida de todos los días. Tam- bién lo son la pobreza, el desempleo, la desigualdad, los cuidados en pandemia, la seguridad.
Entre un 70% y un 90% de las mujeres en- cuestadas los reconocen como proble- mas como “graves” o “muy graves” en su vida cotidiana.
Estos problemas que las encuestadas ident- fican nos hablan de múltiples situaciones de discriminación. Nos hablan de la vulnerabili- dad, la subordinación, las exclusiones y las desigualdades, y nos convocan a pensar de qué manera afrontarlas. Considero funda-
mental adoptar la perspectiva de género en las políticas públicas, para que éstas sean capaces de reconocer y de responder al im- pacto diferencial que los problemas señala- dos tienen para las mujeres, para el colectivo LGTBIQ+ y para los varones.
El enfoque de género en las políticas públicas permite proveer respuestas adecuadas para revertir las consecuencias negativas de ese impacto, que afecta a mujeres y diversidades y opera en detrimento de la igualdad de género.
En este sentido, si hablamos de pobreza, si hablamos de desempleo, tenemos entonces que pensar en políticas de acceso al empleo registrado.
Tenemos que pensar en cómo disminuir la brecha salarial y la brecha de participa- ción en el mercado laboral. Resultan nece- sarias además políticas de formación para el acceso al trabajo.
De la mano del acceso al empleo, y al empleo registrado, son centrales las políti- cas de cuidados; la puesta en marcha de un sistema integral público de cuidados, que permita dar respuesta a la doble jor- nada laboral que las mujeres asumen de modo mayoritario y que también permita
reconocer una fuerza de trabajo que histó- ricamente ha permanecido invisibilizada. Si se trata de pensar en las violencias, tene- mos que enfatizar la importancia de fortale- cer el acceso a la justicia. A una justicia que nos brinde un trato adecuado y que tenga una perspectiva de género. Cada femicidio nos muestra de modo dramático cuán ur- gente y cuán importante es poder trabajar en este sentido: profundizar la sensibilización, la capacitación en perspectiva de género del Poder Judicial, de las Fuerzas de seguridad. Justamente, cuando el estudio pregunta por aquellas instituciones que se reconocen más o menos capacitadas para afrontar la vio- lencia de género, las mujeres encuestadas señalan que el Poder Judicial está poco ca- pacitado para hacerlo. Es necesario poder profundizar estas acciones; sensibilizar, ca- pacitar, avanzar en esta dirección.
También es oportuno plantear aquí la ne- cesidad de conjugar y articular los aportes y los esfuerzos de la estructura institucio- nal del Estado dispuesta a los fines de atender, de afrontar y dar respuestas en relación con la violencia de género, con los aportes y esfuerzos con las organizaciones de la sociedad civil.
resultados de las diferentes intervencio- nes públicas para que mujeres y miem- bros de la comunidad LGTBIQ+ podamos definitivamente ser ciudadanos de plenos derechos.”
Constanza Caffarelli. Dra. en Cien- cia Política. Docente e investigadora en UNICEN (Arg). Integrante de la
Red de Politólogas. Coordinadora de ReM Fem Argentina.
Las brechas estructurales, discriminaciones y violencias ya existentes, se vieron agravadas frente a la pandemia. Phumzile Mlambo-Ng- cuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, ex- plica: «Resulta muy preocupante que las tasas de esta violencia generalizada de los hombres contra las mujeres no sólo no dismi- nuye, sino que quienes más la sufren son las mujeres de 15 a 24 años que, en muchos casos, ya son madres.
No olvidemos, además, que estamos ha- blando de la situación previa a la imposición de medidas para hacer frente a la pande- mia, como la permanencia en los domicilios. Sabemos que las numerosas repercusiones de la COVID-19 han dado lugar a una “pan- demia oculta” de todos los tipos de violencia contra las mujeres y las niñas, como de- muestra el incremento de los casos notifica- dos.
Todos los gobiernos deben tomar la iniciativa de forma decidida para hacer frente a este problema y empoderar a las mujeres con ese fin».
Son necesarias respuestas y medidas efecti- vas para eliminarlas. Las políticas públicas no son neutrales al género, ni en su diseño, ni implementación.
Las políticas públicas como mecanismos, herramientas, leyes, acciones, con perspecti- va de género deben apuntar a desmontar las inequidades y violencias.
Constanza Caffarelli analizó los resultados que arrojó la encuesta.
“La encuesta nacional sobre género que presentan ZubanCórdoba y asociados nos ofrece datos tan interesantes como oportunos para pensar sobre la discrimi- nación y las violencias que atravesamos las mujeres en la vida cotidiana.
En principio nos permite reflexionar acerca de la naturalización de muchas de estas situaciones, de estas formas de discriminación y de violencia.
También nos permite reflexionar sobre la dificultad que tenemos las propias muje-
res para identificarlas, para reconocerlas o para asumirlas como parte de nuestra vida en el día a día.
Resulta interesante visualizar cómo, ante la pregunta “¿has sufrido discriminación por tu género?” prácticamente un 70% de las mujeres responde que no, al tiempo que el 30% restante refiere que sí. Ahora bien, cuando se les pregunta por la gravedad que tienen una serie de pro- blemas en la vida cotidiana, un 90 % de esas mismas mujeres señalan que la vio- lencia es un problema “grave” o “muy grave” en la vida de todos los días. Tam- bién lo son la pobreza, el desempleo, la desigualdad, los cuidados en pandemia, la seguridad.
Entre un 70% y un 90% de las mujeres en- cuestadas los reconocen como proble- mas como “graves” o “muy graves” en su vida cotidiana.
Estos problemas que las encuestadas ident- fican nos hablan de múltiples situaciones de discriminación. Nos hablan de la vulnerabili- dad, la subordinación, las exclusiones y las desigualdades, y nos convocan a pensar de qué manera afrontarlas. Considero funda-
mental adoptar la perspectiva de género en las políticas públicas, para que éstas sean capaces de reconocer y de responder al im- pacto diferencial que los problemas señala- dos tienen para las mujeres, para el colectivo LGTBIQ+ y para los varones.
El enfoque de género en las políticas públicas permite proveer respuestas adecuadas para revertir las consecuencias negativas de ese impacto, que afecta a mujeres y diversidades y opera en detrimento de la igualdad de género.
En este sentido, si hablamos de pobreza, si hablamos de desempleo, tenemos entonces que pensar en políticas de acceso al empleo registrado.
Tenemos que pensar en cómo disminuir la brecha salarial y la brecha de participa- ción en el mercado laboral. Resultan nece- sarias además políticas de formación para el acceso al trabajo.
De la mano del acceso al empleo, y al empleo registrado, son centrales las políti- cas de cuidados; la puesta en marcha de un sistema integral público de cuidados, que permita dar respuesta a la doble jor- nada laboral que las mujeres asumen de modo mayoritario y que también permita
reconocer una fuerza de trabajo que histó- ricamente ha permanecido invisibilizada. Si se trata de pensar en las violencias, tene- mos que enfatizar la importancia de fortale- cer el acceso a la justicia. A una justicia que nos brinde un trato adecuado y que tenga una perspectiva de género. Cada femicidio nos muestra de modo dramático cuán ur- gente y cuán importante es poder trabajar en este sentido: profundizar la sensibilización, la capacitación en perspectiva de género del Poder Judicial, de las Fuerzas de seguridad. Justamente, cuando el estudio pregunta por aquellas instituciones que se reconocen más o menos capacitadas para afrontar la vio- lencia de género, las mujeres encuestadas señalan que el Poder Judicial está poco ca- pacitado para hacerlo. Es necesario poder profundizar estas acciones; sensibilizar, ca- pacitar, avanzar en esta dirección.
También es oportuno plantear aquí la ne- cesidad de conjugar y articular los aportes y los esfuerzos de la estructura institucio- nal del Estado dispuesta a los fines de atender, de afrontar y dar respuestas en relación con la violencia de género, con los aportes y esfuerzos con las organizaciones de la sociedad civil.
La idea de desarrollo ligada exclusivamente al crecimiento económico ha demostrado ser insuficiente. Pensar en el desarrollo social, democrático y cultural sostenible incluye muchos otros factores que rodean al avance de las sociedades y de cada persona. Es por este motivo, que la igualdad de género es un factor indispensable; no es solo un derecho humano fundamental, sino la base para pensar una sociedad pacífica, inclusiva y multicultural.
En sucesivos estudios de opinión pública en Argentina, hemos podido observar la trans- formación que, desde 2015, con el resurgi- miento de los movimientos feministas moti- vados por #NiUnaMenos, ha operado en torno a los acuerdos sociales sobre la igual- dad de género; la mayoría de las personas opina que “la igualdad de género es necesa- ria porque equilibra la vida personal, familiar y social”.
A MODO DE
CONCLUSIÓN
Las brechas estructurales, discriminaciones y violencias ya existentes, se vieron agravadas frente a la pandemia. Phumzile Mlambo-Ng- cuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, ex- plica: «Resulta muy preocupante que las tasas de esta violencia generalizada de los hombres contra las mujeres no sólo no dismi- nuye, sino que quienes más la sufren son las mujeres de 15 a 24 años que, en muchos casos, ya son madres.
No olvidemos, además, que estamos ha- blando de la situación previa a la imposición de medidas para hacer frente a la pande- mia, como la permanencia en los domicilios. Sabemos que las numerosas repercusiones de la COVID-19 han dado lugar a una “pan- demia oculta” de todos los tipos de violencia contra las mujeres y las niñas, como de- muestra el incremento de los casos notifica- dos.
Todos los gobiernos deben tomar la iniciativa de forma decidida para hacer frente a este problema y empoderar a las mujeres con ese fin».
Son necesarias respuestas y medidas efecti- vas para eliminarlas. Las políticas públicas no son neutrales al género, ni en su diseño, ni implementación.
Las políticas públicas como mecanismos, herramientas, leyes, acciones, con perspecti- va de género deben apuntar a desmontar las inequidades y violencias.
Constanza Caffarelli analizó los resultados que arrojó la encuesta.
“La encuesta nacional sobre género que presentan ZubanCórdoba y asociados nos ofrece datos tan interesantes como oportunos para pensar sobre la discrimi- nación y las violencias que atravesamos las mujeres en la vida cotidiana.
En principio nos permite reflexionar acerca de la naturalización de muchas de estas situaciones, de estas formas de discriminación y de violencia.
También nos permite reflexionar sobre la dificultad que tenemos las propias muje-
res para identificarlas, para reconocerlas o para asumirlas como parte de nuestra vida en el día a día.
Resulta interesante visualizar cómo, ante la pregunta “¿has sufrido discriminación por tu género?” prácticamente un 70% de las mujeres responde que no, al tiempo que el 30% restante refiere que sí. Ahora bien, cuando se les pregunta por la gravedad que tienen una serie de pro- blemas en la vida cotidiana, un 90 % de esas mismas mujeres señalan que la vio-