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CUANTIZACIÓN DE LA ENERGÍA

In document Cuantica y Meditacion - Sesha - Marzo 2014 (página 106-109)

RELACIONES ENTRE CUÁNTICA Y VEDANTA

CUANTIZACIÓN DE LA ENERGÍA

La cognición dual, al igual que la energía, está cuantizada. Sabemos que Planck realizó una suposición, hace más de un siglo, que revelaría una nueva forma de interpretar el universo. Afirmó que la energía solamente podía expresarse en fracciones discretas múltiplos de una constante58. Ello llevó a establecer un conjunto de

nuevas pautas en el mundo de las partículas subatómicas, al que se denominó "mecánica cuántica".

La mecánica cuántica confinó la expresión discreta de la energía. La imposibilidad de establecer una distribución secuencial de infinitas frecuencias de onda llevó a los científicos de aquel entonces a sorprenderse, pues pareciera que la naturaleza estaba confinada, delimitada a expresiones energéticas específicas y definidas; como si un ser humano estuviera obligado a caminar con pasos que fueran múltiplos de una distancia mínima única.

La cognición dual, desde la perspectiva del vedanta, también está confinada y solamente puede establecer relaciones sobre eventos previamente conocidos. Además, existe una energía mínima y elemental que puede establecerse en el pensamiento: el yo. El yo es el pensamiento mínimo que puede ser establecido por la mente. Ningún ser humano pude fraccionar el pensamiento denominado yo. Con el fin de aclarar este párrafo explicaremos a continuación las razones por las cuales el vedanta llegó a las conclusiones previas.

El vedanta hace un análisis de la mente muy propio y específico de acuerdo a las observaciones que por milenios realizaron avezados conocedores de sí mismos. Considera de base varias suposiciones:

1.

La mente está compuesta de cuatro funciones primarias básicas

—budhi, manas, chitta y ahamkara—, que gracias a su

dinamismo integrador producen los pensamientos, sentimientos, emociones y pasiones.

2. La mente esta constituida de material sutil. Dicha materia sutil posee una contraparte física a la que denominamos cerebro, y en general todo el sistema nervioso.

3. La mente es esencialmente memoria en asociación.

4. La materia mental solamente adopta pensamientos previamente predeterminados y existentes en la memoria.

De las tres primeras suposiciones ya hemos hablado previamente; pasaremos a explicar la cuarta.

La materia mental se asimila en su composición a una sustancia sutil, luminosa y plástica. Se parece, esencialmente, a una masa brillante de luz metalizada, como una plastilina metálica y brillante que puede adoptar innumerables formas. Desde el nacimiento, todo niño se enfrenta a numerosas informaciones que detecta a través de sus sentidos y, gracias a ello, va conformando una base de memoria a la que más adelante, cuando empiece a hablar, podrá asignarle nombres y formas específicos.

A medida que el sistema nervioso del infante madura, podrá empezar a realizar asociaciones entre eventos presentes y pasados. El conjunto memorístico de datos le servirá como base para establecer sus juicios dialécticos. Incluso, ya de mayor, creerá que conocer es tan solo la coincidencia que hay entre un evento del presente —tesis — y su correspondencia con el nombre o la forma que lo distingue en su memoria —antítesis—, para que dicha coincidencia conforme un juicio de valoración de realidad —síntesis—. Este modelo de conocimiento se denomina dialéctica y es sobre el cual se estudia y establece la cognición en la epistemología occidental.

Este proceso dialéctico es aceptado por el vedanta, solo que lo considera el más pobre y lento de todas las formas en las que se pueden establecer juicios de realidad. El vedanta plantea y sistematiza formas de cognición que Occidente jamás ha avizorado y, tal como ya hemos apuntado, la más emblemática es la cognición no- dual.

Para el vedanta el proceso dialéctico se parece a la manera en que se construye el juego de imágenes en las nubes. ¿Quién no ha mirado al cielo jugando a establecer qué formas delimitan las nubes? Acostados y atentos, observamos con el paso del tiempo que una conformación se parece a la cabeza de un caballo o a un castillo. El componente gaseoso de las nubes va adaptándose y coincidiendo con alguna forma mental previa del observador. Cuando coincide definitivamente, preguntamos juguetonamente al vecino si su juicio coincide con la apreciación previa personal. Ahora suponga el lector que el proceso de adaptabilidad de las nubes es sorprendentemente rápido; las nubes pueden adoptar formas variadas pero los juicios solamente podrán verificarse cuando haya coincidencia entre las formas aéreas y las establecidas en la memoria del perceptor.

Para el perceptor, el instante mismo de la coincidencia entre una forma del cielo, como una cabeza de caballo o un castillo, y su representación mental histórica implicará un instante de cognición; el

vedanta le llamaría a ese instante budhi. Así, entonces, la materia

mental es un agente plástico y luminoso que puede adaptarse y tomar la forma, el sonido, el olor, el sabor y el tacto de cualquier evento previamente conocido, pero la mente no podrá conocer por sí misma, es decir, la materia mental no podrá adoptar una forma momentáneamente estable si no existe un nombre o una forma previa a la que adaptarse, lo que constituye, precisamente, la modalidad que llamamos "dialéctica". Planteamos que existen otras modalidades de cognición diferentes a la dialéctica, pero que para ello es necesario establecer otras formas de percepción asociadas a otros estados de conciencia.

En resumen: el proceso dialéctico de cognición impide a la mente adoptar un abanico de infinitas modalidades cognitivas. Su representación solo atina a expresarse en función de que existan elementos previos con los cuales poder comparar la percepción. Por otra parte, el yo es la unidad mínima de asociación que el sistema nervioso, en su gasto energético, puede establecer y, al igual que ocurre con la constante de Planck, la energía que el sistema emite para construir el sentido de yo es la base esencial que conforma cualquier otro pensamiento.

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