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-Esto va a ser un circo -dijo Dar mientras se dirigía a la oficina con Kerry caminando a su lado-. Creo que voy a hacer un cartel diciendo lo que me ocurrió y me lo voy a colgar al cuello para ahorrar tiempo. -El frío

viento, que acompañaba el frente de temporal que se acercaba esa

mañana, se agitó contra la chaqueta de cuero que llevaba sobre la camisa de algodón metida en los cómodos pantalones de carga. Ésa había sido una de las pequeñas iluminaciones de la mañana, a parte de la insistencia de Kerry en "ayudarla" a ducharse, y ahora esperaba aparecer en la

trajes de lana.

Pasaron junto al guardia de seguridad que les saludó con una inclinación de cabeza y asintió positivamente a Dar, la cual hizo rodar los ojos y se dirigió al ascensor.

Estoy condenadamente agradecida de que sea temprano, comentó secamente la ejecutiva. El ascenso fue tranquilo con Dar apoyada contra la pared y Kerry entretenida con un pedazo de su vestido que llevaba un bonito alfiler con una rosa de filigrana y hojas delicadamente remontadas. -¿Ya te he dicho lo mucho que me gusta este alfiler? -murmuró.

-Unas seis veces. -Dar dejó que una sonrisa cruzase su cara-. De nada. -El día anterior, después del almuerzo, habían encontrado uno de esos artistas errantes por el paseo entablado y cada una había cogido uno o dos de los bonitos adornos... Dar tenía un pequeño caballo alzado sobre sus patas traseras que no llevaba puesto por andar con muletas. Salieron del ascensor y pasaron por el vestíbulo con Kerry un paso más adelante para abrir la puerta cuando llegaron al despacho de Dar-. Bien, vamos allá. María las miró cuando entraron.

-Buenos días... ¡Dios mío, Dar! -la secretaria se levantó y miró

fijamente a su jefa mientras la alta mujer se las arreglaba para entrar en el despacho-. ¿Qué pasó?

Kerry avanzó y abrió la puerta interna del despacho dejándola abierta. -Un rudo fin de semana -bromeó ligeramente levantando su mano enyesada-. De hecho, acabó antes de lo esperado.

Dar exhaló.

-Es una larga historia, María... digamos sólo que tenemos que estar preparadas para todas las clases de porquería que van a caer de todos los tipos de dispositivos de movimiento de aire rotatorio hoy -hizo una pausa y a mitad de la puerta se volvió-. Además de los habituales desastres de lunes, estoy segura de que Mariana vendrá aquí en cuanto llegue...,

enredamos las cosas. -Se giró y se dirigió a su escritorio. Se sentó en su cómoda silla con una sensación de alivio y dejó las muletas en el suelo a su lado. Encendió el ordenador con un movimiento vivo y se reclinó en el

asiento mientras oía la queda voz de Kerry en la otra habitación poniendo a María al corriente del el fin de semana. Apareció su programa de correo e hizo una mueca de dolor observando cómo crecía rápidamente la lista de mensajes nuevos en la pantalla.

Se acordó de que acostumbraba a ser divertido. Hasta solía

encontrarse esperando que llegase el lunes, que era cuando la mayoría de los desastres realmente interesantes les hacía levantar sus feas cabezas. Ahora... una oreja se centró en Kerry y suspiró, ahora tenía otras

prioridades. El teléfono sonó y pulsó un botón. -¿Sí?

-Dar.

-Mariana. Buenos días -contestó Dar entrelazando los dedos y reclinándose en el asiento.

-No, no lo son. Tenemos un problema -declaró con un susurro la VP de Personal-. La policía viene de camino. Fabricini ha presentado cargos. Dar se incorporó apoyándose en los codos.

-¿¿Presentó cargos?? ¿Por qué? ¡No le toqué!

-No contra ti -contestó Mariana-. Contra Kerry. Por agresión. Le rompió la nariz.

-Oh, debes de estar bromeando -la interrumpió enfadada-. No puede ir en serio.

-Dar, no estoy bromeando y va en serio, acabo de hablar con él y no va a ceder. Va a presentar cargos por agresión y una demanda por daños y perjuicios -la voz de Mariana sonaba muy tensa-. No sé qué anda

Dar miró el despacho silenciosamente.

-Yo sí lo sé -contestó-. Sé lo que está buscando. -Exhaló y asintió una vez-. De acuerdo... gracias Mari... le diré a Kerry lo que ocurre. -Colgó la llamada y se guardó la noticia cuando Kerry asomó la cabeza en la oficina. -Voy al piso de abajo a por café, ¿quieres? -le preguntó la mujer rubia.

-Claro -Dar se obligó a sonreír-. Me encantaría. -Observó a Kerry salir y se quedó estudiando la superficie de su escritorio durante un momento. Quince años. Sus ojos se desviaron hacia el reloj dorado que reposaba en el estante que atravesaba la habitación, su conmemoración de los diez años. Quince años. Tomó una respiración y marcó un número. Esperó a que atendiesen-. Sube aquí -declaró calladamente cuando contestaron y colgó. Esperó.

No tardó mucho tiempo. Fabricini entró en su oficina con media cara tapada por una venda blanca y con la piel cubierta por manchas y

embadurnado de loción. Se sentó sin que se lo pidieran y lanzó una carpeta sobre el escritorio con aire silenciosamente triunfante.

Dar lo abrió y observó el contenido con un rostro inexpresivo, seguidamente lo miró.

-¿Qué quieres?

Él ni siquiera hizo como que no la entendía.

-Te quiero fuera de aquí -contestó con viciosa satisfacción. Dar lo contempló silenciosamente.

-De acuerdo -respondió simplemente-. Llama a la policía, retira los cargos y lo tendrás.

-Oh, no Dar... quiero cobrarle mi libra de carne a esa prostituta tuya - contestó Steve con una sonrisa.

demanda en contra por acoso sexual.

La mantuvo esperando por un largo momento.

-¿Sabes lo dulce que es esto? -ronroneó-. Es perfecto, tú estás ahí sentada, completamente desvalida, y yo estoy aquí saboreando cada segundo. -Hizo una pausa-. De acuerdo, Dar... dejaré en paz a tu pequeña... pero te quiero fuera de aquí hoy.

Dar miró de lado el correo que acababa de bajar, cuatrocientos nuevos mensajes.

-De acuerdo -accedió ofreciéndole el mango del teléfono-. Llama. Lo escuchó hablar de modo encantador con la policía y colgar.

-Adiós, Dar... ha sido un placer trabajar contigo -se levantó y se marchó. Dar cerró los ojos brevemente. Ahora venía la parte difícil. Cogió el teléfono y marcó la extensión de Mari. La VP de Personal atendió

inmediatamente. -Mari.

-Dar... oh, bien... me alegro de que seas tú... escucha, he estado discutiéndolo con Duks, quizá podamos encontrar una manera de... -Ya lo arreglé -la interrumpió Dar-. Ha retirado los cargos.

Silencio.

-Oh... -Mari estaba obviamente sobresaltada-. Bien... yo... yo no pensé que se fuera a echar atrás, Dar... yo...

-Y no lo hizo -declaró quedamente la mujer de pelo negro-. Tan sólo le di lo que quería. -Tomó aire-. Dimito. -Un suave sonido la hizo levantar la vista y vio a Kerry de pie en la puerta mirándola en estado de choque-. Voy a hacerlo por escrito... hazlo, Mari - concluyó Dar y colgó-. Cierra la puerta.