3. Capítulo Marco Teórico Discurso hegemónico en la formación del docente
3.3. Silenciamiento del discurso de corporalidad en la práctica docente
3.3.4. Cuerpos contra-hegemónicos, cuerpo/sujeto
Una vez desarrollada la concepción de cuerpo y corporalidad, pertinentes para entender cómo es que desde el significante vacío “cuerpo docente” se ha legitimado la omisión del discurso corporal con relación al discurso de racionalidad en la escuela. Se abordará el concepto “cuerpo/sujeto docente”, el cual se explica la importancia y necesidad de entender los cuerpos en la escuela, sus corporalidades. Entendiendo que este cuerpo puede ser partícipe de los procesos educativos que configuran experiencias significativas en las aulas. Para ello es clave entender que el sujeto ya no debe ser la figura que oscurece los deseos de conocer y entender la realidad desde la experiencia del educando y que esto posibilitara las relaciones cuerpo a cuerpo que interaccionan corporalidades (Planella, 2015, p.235).
Tal como se planteó en la introducción de la presente categoría, la mirada reflexiva desde la que las autoras parten, apunta a atender la forma en la cual el cuerpo del docente puede llegar a ser contra hegemónico, por lo que se entiende la reflexión en la práctica
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docente cómo “un proceso que necesita tiempo para volverse explicita, consiente y práctica; es individual y al mismo tiempo acontece en un contexto institucional, social y político” (Anijovick, 2009, p.47) Es esto un acercamiento al entender el cuerpo en la práctica docente en la relación de cortezas que se planteó anteriormente, en donde entender las necesidades que son estipuladas, desde el currículo, no derribe las construcciones subjetivas del docente. La reflexión implica volver sobre sí mismo y sobre las propias prácticas, teniendo en cuenta que las necesidades del currículo, deben ser primordialmente, las necesidades de los estudiantes. Lo cual no desconoce los intereses principales del sistema educativo. Respecto a esto, se concluye que la reflexión debe partir de la consciencia de los discursos, habitus, y prácticas cotidianas que comprenden al ser docente, y a partir de ahí reconstruirse desde sí mismo.
Es a partir de la reflexión de la práctica que, el docente reencarna unas nuevas prácticas, pues se reconoce como un sujeto que, si bien es producido por los discursos hegemónicos, no es un sujeto finalizado. Se habla del cuerpo/sujeto como la posibilidad de que el docente se entienda desde su propia narratividad corporal, lo cual le permite encarnar conocimientos, generar e incorporar ideas. McLaren plantea el cuerpo sujeto como “un lugar de lucha, de conflicto y de contradicciones.” (McLaren, 1997,p.96). El cuerpo sujeto reconoce a los sujetos de la educación como aquellos constituidos desde su contexto; son un devenir histórico, un sinfín de representaciones y experiencias, que, al no suprimirlas para pertenecer y adecuarse a los sistemas normados, se convierten en cuerpos contra hegemónicos.
Una de las posibles formas de reafirmar el cuerpo en el aula, de convertirlo en cuerpo sujeto, es acudiendo a la narración de sí mismos. Esto es, un encarnamiento de las
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propias experiencias; del dolor, de la angustia, de la felicidad, de las sonrisas y de lo cotidiano entendido como una posible experiencia desde la cual se crea, descubre y experimenta el conocimiento, no se transmite ni se establece. La narratividad de los cuerpos, en este caso de los docentes, es constituida desde las propias experiencias, las huellas y las marcas que explican la historia y las memorias; dan cuenta de las memorias, explican a los sujetos como signo y parte de la cultura de los tejidos sociales a los que pertenecen. (Villalba, 2016)
Es entonces, la posibilidad de relatar los cuerpos, lo que permite realizar una mirada no hegemónica de la realidad y la comprensión de la condición humana. Los sujetos que desde el encarnamiento cumplen los roles sociales desde los cuales se sienten identificados y representados, se adscriben en una hexis corporal que comprenden como parte de su biografía personal, conciben su existencia desde de la encarnación de la experiencia.
Finalmente, es pertinente recordar los discursos que, históricamente, han guiado la formación de docentes; el higienizante, el legitimador del discurso racional y mercantilista, los cuales a través de las tecnologías corporales configuranhabitusespecíficos que son reflejados en los gestos, en las tonalidades de voz, en las formas de representarse por medio del vestir y la manera en cómo el movimiento se hace presente en los desplazamientos y en los esquemas bajo los que se direcciona una clase.
Lo que se pretendió en el desarrollo de este marco teórico fue plantear, desde la hegemonía, las maneras como se te entiende la práctica del docente, desde lo corporal. Posiblemente de esta reflexión la relación docente estudiante pueda transformarse, cambiando las posiciones encarnadas por el docente, transformando sus gestos bruscos y
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autoritarios a una conciencia y reconocimiento del cuerpo en relación con sus experiencias, las necesidades de si y de los estudiantes.
Se trata de una pedagogía que enseña a escuchar la voz del cuerpo, a conocerlo, a sentirlo y a actuar a partir de sus necesidades. Y una de las formas de hacerlo se despertando el sentido del tacto dormido medio la acción de la pedagogía excesivamente racionalista. (Planella, 2015, p. 241)
Para lo cual una educación contra hegemónica e integral se debe incluir un discurso corporal, el cual implica todos los sentidos, no existe uno privilegiado, sino que los relaciona desde una unidad entendida como: cuerpo.