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en el entorno de Oña

1. Estado de la cuestión

Las referencias que hemos encontrado de este yacimiento son históricas, bibliográficas e incluso arqueológicas:

— Las primeras las documentamos en el cartulario de San Salvador de Oña, hablan de San Miguel, pero poco más nos aclaran.

— De otra parte los estudios que hemos documentado, de muy diferente entidad, son los de Elías Rubio Marcos, Luis Alberto Monreal Jimeno y Judith Trueba Longo.

1. Proyecto de investigación “Eremitismo rupestre en el norte de la provincia de Burgos. El complejo de Mosquita”.

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— A ellos habría que añadir el inventario arqueológico de reciente realización, así como las diferentes prospecciones superficiales que se han realizado en la zona y que nos han aportado diversos materiales arqueológicos de gran interés.

El primero de ellos, año 1981,2 se limita a facilitar las coordenadas, nos dice cómo acceder al paraje para concluir con una breve descripción de la Mosquita 1 sin hacer mención alguna al resto del yacimiento. Únicamente nos señala la existencia de tres tumbas. A lo anterior hay que añadir un pequeño croquis con una imagen de la cueva.

En una palabra acaba diciendo que no hay indicios suficientes para clasificarlo como eremitorio. Sólo la toponimia del lugar “monte de San Miguel” le lleva a sospechar que pudiera serlo.

La segunda aproximación al lugar, en el año 1989,3 es la descripción y estudio del yacimiento desde una óptica cercana a la Historia del Arte. En esta ocasión, la monografía dedicada a la Mosquita dentro de una tesis doctoral, aporta más detalles de la oquedad pues nos señala la existencia de mechinales y de una tum- ba próxima al recinto. También nos informa de la existencia de un “yacimiento arqueológico con asociación de huesos y e industrias líticas”.4

En los últimos años se ha publicado un nuevo estudio monográfico dentro de un trabajo más amplio del conjunto de las Merindades,5 pero, salvo pequeños detalles y ampliar la extensión del yacimiento, nada añade a los trabajos precedentes. A lo anterior hay que añadir el reciente inventario arqueológico,6 que dentro del municipio de Villarcayo, nos sitúa el yacimiento con una información bastante más amplia de lo que hasta ese momento se conocía.

Ya en los últimos tres años, desde el área de arqueología y patrimonio de la Universidad Rey Juan Carlos, se está llevando a cabo una labor de puesta al día de la información que sobre esa época conocemos para replantear y mejorar, en la medida de lo posible, lo que hasta el momento se ha planteado sobre estos restos materiales. Fruto de ello ha sido la contribución que el profesor Francisco Reyes7 ha aportado a la publicación “San Salvador de Oña: mil años de Historia” y la que,

2. Elías Rubio, “Eremitas en el norte de Burgos”, KAITE 2. Estudios de espeleología burgalesa, Caja de Ahorros Municipal de Burgos, Burgos, 1981, p. 77-139.

3. Luis Alberto Monreal, Eremitorios Rupestres Altomedievales (el Alto valle del Ebro), Cuadernos de Arqueología de Deusto, Bilbao, 1989, p. 65-66.

4. Luis Alberto Monreal, Eremitorios Rupestres..., p. 65-66.

5. Judith Trueba, Eremitorios rupestres en la comarca de las Merindades, Ceder Merindades, Burgos, 2008, p. 18-20.

6. Inventario arqueológico de Villarcayo, localidad de Villalaín, la última aportación al mismo es del 2010. 7. Francisco Reyes, “El eremitismo y el hábitat rupestre en el entorno de Oña”, San Salvador de Oña: Mil

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el susodicho profesor junto con Julio Escalona,8 hicieran al número 24 de la revista Circunstancia en el número del mes de enero del año 2011.

A partir de estos trabajos emprendidos desde la URJC se ha constatado la existencia en el yacimiento de la Mosquita de elementos más importantes como: — Un posible lugar de culto en la zona alta del cantil,

— Unas escaleras excavadas en la roca,

— Restos de materiales líticos prehistóricos lo mismo que elementos cerámicos que nos permiten abordar el estudio del mismo con planteamientos más amplios.

— Igualmente, la cueva propiamente dicha nos ha aportado nueva y destacable información como son sendas pinturas realizadas en el muro norte.

Todo ello nos ha obligado a plantear un estudio en profundidad y de forma monográfica de este yacimiento, para ver cuál puede ser su origen y la finalidad de su uso.

Recientemente, el profesor Francisco Reyes Téllez ha realizado un estudio más profundo, reflejado en su artículo “El eremitismo y el hábitat rupestre en el entorno de Oña”,9 donde menciona que hay diferentes oquedades talladas para su uso como almacén, sepultura, habitáculo o refugio, además de la cueva propiamente dicha, así como constata la existencia de pinturas en el muro norte de trazo rojo. Existe, asimismo, un recinto rectangular, orientado este-oeste, que podría corresponderse con el templo posterior que dio nombre al paraje, San Miguel.

En un análisis más en profundidad de la cueva, el profesor Reyes Téllez detectó la existencia en el muro norte, este y oeste de numerosos orificios, quizás destinados a ser el lugar donde se soportaban vigas u otros objetos para colocar imágenes, velas e incluso articular el espacio. Esto, unido al hecho de que apa- recen símbolos inequívocos de que el espacio fue utilizado como centro de culto cristiano -como pueden ser una cruz con calvario esculpida en la zona este, donde se ubicaría el altar-, y como lugar de enterramiento -existencia de 9 sepulturas de diferentes tamaños, orientaciones y épocas-, nos puede hacer ver que esta cueva pudo tener uso de eremitorio o iglesia rupestre.

Pero quizás este no fue su primer y único uso. Y eso, ¿cómo lo sabemos? En el muro norte destacan dos pinturas con un trazo rojo bastante intenso. Una de ellas, situada en la cabecera, parece corresponderse con un équido, mientras que justo frente a la entrada de la cueva, aparece una figura que definiríamos como

8. Francisco Reyes, Julio Escalona, ”Los orígenes de Oña y el estudio del territorio”, Circunstancia, revista

digital de la Fundación José Ortega y Gasset, 24 (Madrid, 2011).

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fantástica, que podría estar representando a un personaje rematado con cuernos, barba y ropajes ampulosos.

Finalmente, en unos terrenos de cultivo anexos a la cueva se han encontrado lascas de sílex, fragmentos de tégula y cerámica común romana. Por tanto puede decirse que el paraje tuvo algún tipo de asentamiento en época prehistórica y posteriormente en época romana.

A pesar de este reciente estudio, hay que destacar que a día de hoy:

1. El sitio se encuentra actualmente mal catalogado, no correspondiéndose su catalogación —eremitorio— con la realidad.

2. Se mantienen aún algunas incógnitas acerca de su cronología, etapas de ocu- pación, pigmentos utilizados y comprensión de la amplitud del conjunto.

2. Objetivos

El conjunto de La Mosquita. Presentación

La Mosquita aparece en la bibliografía como un simple eremitorio. Recien- temente hemos reestudiado el paraje, señalando que se trata de un interesante conjunto formado por habitáculos, un centro de culto precristiano, posteriormente cristianizado, una serie de retalles en la roca, entre los que destaca un acceso en el escarpe en forma de escalones, y un recinto semirrupestre que podría tratarse de un centro de culto (quizá el que aparece bajo la advocación de San Miguel que todavía mantiene este espacio). La Mosquita constituye, por lo tanto, una de las localizaciones más interesantes para estudiar el tránsito de la religiosidad pagana al cristianismo en el norte peninsular. Por los estudios previos consideramos que pudo tratarse de un santuario dedicado al “Dios Luna” que, en fechas muy tempra- nas —siglos vi-vii—, se cristianiza, configurándose como un núcleo de religiosidad en torno al primitivo santuario.

La importancia de este emplazamiento nos ha llevado a presentar recientemente a la Junta de Castilla y León las novedades que se deducen del nuevo estudio del lugar, proponiéndole su protección ante posibles deterioros de las pinturas o de la cueva -están empezando a menudear las pintadas y grafitos en estos conjuntos situados en emplazamientos no protegidos- y abriendo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid una línea de investigación en torno al hábitat rupestre que se incorpore o se añada a los trabajos sobre eremitorios rupestres que se llevan reali- zando desde el siglo pasado. Es precisamente dentro de este último apartado donde se inserta el trabajo de investigación, que pretende profundizar en el conocimiento del paraje de “La Mosquita”, dentro del contexto de la ocupación del espacio situado en el alto valle del Ebro en el tránsito de la Antigüedad a épocas altomedievales.

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Ubicación

Salimos de la población de Incinillas en dirección Villarcayo. A algo más de un kilómetro nos desviaremos a mano izquierda, siguiendo la carretera que sube hacia Soncillo. Recorrido algo más de

un kilómetro, a mano derecha, en la dirección de la marcha, encontraremos un camino que nos conducirá hacia un pequeño farallón, que se significa con un cortado no muy acusado. A unos trescientos metros de la parte más baja encontraremos una pequeña cueva, en el arranque del farallón, es la conocida como “la mosquita”. (Ver Imagen 1)

Un escarpe calizo se alza sobre un estrecho valle que posee señales evidentes de una larga ocupación (se han encontrado algunas piezas de sílex de una hoz, posiblemente neolítica y fragmentos de tegulae, ver foto aérea IGN, UTM 30). En esta

cortada se abre una cueva natural de escaso desarrollo, así como otros elementos de hábitat rupestre que describimos más adelante.

Accedemos a ella mediante una amplia abertura en parte practicada por la acción de la naturaleza, pero que en su arranque vemos que una parte ha sido tra- bajada con pico, regularizando un

tramo que presenta una anchura cercana al metro y una longitud en torno a los dos y medio. (Ver imagen 2)

La oquedad conserva parte de la acción de la naturaleza pero presenta señales inequívocas de haber sido acondicionada, en diferentes momentos, como lugar enterramiento y tal vez también con centro de culto.

Imagen 1: Foto aérea del paraje denominado “La Mosquita”

154 Descripción Mosquita 1 Situación: Lat.42º 54,3’ 3,3’’ Long. 03º 35,5’ 0,8’’ Alt.696 m. (precisión 6 a 7 mts)

La cueva presenta una orientación completamente meridional en la abertura y el resto se corresponde con una correcta orientación de los templos cristianos medievales. Incluso, en la parte este se aprecia que los sepulcros allí ubicados, de orientación diferente al resto, están perfectamente alineados entre sí y con lo que pudo ser el ábside del lugar de culto, sirvieron de base a un altar, con el hueco de las reliquias y en lo alto, excavado en el techo, un hueco donde parece que hubo una cruz o tal vez un calvario. (Ver imagen 3)

Se aprecia que inicialmente hubo una separación entre la nave y la cabecera, pues vemos el inicio de lo que pudo ser una cancela, que debió servir para se- parar y significar los dos ámbitos de este espacio cultual, que tuvo inicialmente sendos sepulcros en el “sancta sanctorum”. El resto del espacio se puede seguir porque está tallado y significado, pese a las reformas posteriores para practicar los sepulcros 6 y 7, que ya no están alineados con los de la cabecera como tendremos ocasión de ver.

Lo que pudiéramos consi- derar como la zona alta del lugar de culto, inicialmente sin retalle o de escasa importancia, fue profun- damente transformada cuando se labraron los sepulcros 1, 2, 3 y 4, con una orientación similar a los 5 y 6 y muy diferente de los 7 y 8, los de la hipotética cabecera.

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En los muros este, norte y oeste apreciamos que se han practicado nu- merosos orificios, tal vez para incrustar en esas oquedades vigas, maderas u otros objetos que pudieron servir para colocar imágenes, velas, articular el espacio o para otras funciones que desconocemos.

En el muro norte apreciamos sendas pinturas, de trazo rojo bastante intenso. La primera de ellas se encuen- tra enfrentada al acceso a la cueva, de tal forma que es lo primeros que vemos desde fuera cuando llegamos a ese lugar. La silueta roja parece una figura más o menos fantástica colocada de frente, mirando hacia el espectador. En la parte inferior de la misma vemos tres orificios, que presentan alguna relación con la representación. (Ver imagen 4)

En el muro norte, la roca viva, pero dentro de lo que podíamos considerar la cabecera, vemos una segunda silueta de trazo rojo, muy estilizada, de difícil identificación.

Debemos señalar igualmente que una parte importante de la cueva tiene una coloración negruzca , que parece fruto del humo salido de velas o elementos simi- lares que durante mucho tiempo han estado encendidas en el interior impregnando de una forma notable gran parte de la cabecera y pared norte.

En la zona que podíamos denominar ángulo noroeste, vemos cómo la oquedad natural se prolonga, es notablemente más baja que el resto, se conserva en estado natural y se prolonga hacia en el interior con tres orificios que parece han sido guarida de alimañas o de conejos o similares.

Si la primera hipótesis e intuición no nos falla parece que la cueva pudo ser en un primer momento, un lugar de referencia cultual cristiana o precristiana; con posterioridad se convirtió en un lugar de culto donde fueron enterradas personas notables; y en un tercer momento se amplió la función funeraria, ante todo en lo que fuera la nave y en la parte posterior, en un nivel superior. (Ver imágenes 5.1 y 5.2)

El lugar ha tenido mucha significación devocional y cultual. Muestras de ello son la silueta del muro norte, que tiene a los pies tres orificios para colgar algo o

156 significar a dicha imagen y la cabecera donde estuvo el altar en una de las tumbas,

pues aún se puede ver la oquedad donde debieron estar depositadas las reliquias, y se pueden ver sendos orificios para sustentar o colgar algo. En esta parte, en algún momento, ha habido encendidas numerosos velas que han ennegrecido las paredes con el color y capa característica de esa actividad.

En el interior de la cueva hay nueve sepulturas excavadas en la roca. A continuación pasamos a describirlas brevemente. Las hemos numerado de forma correlativa desde el uno al nueve, comenzando por la parte occidental hasta la oriental y dejando para el último un orificio probablemente pensado para sepulcro, pero parece que no fuera terminado, se encuentra en la zona noroeste, en el acceso a lo único que queda sin modificar la cueva natural primera.