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CULTURA DE MASAS.

In document Antisemitismo y crítica a la modernidad. (página 158-174)

HANNAH ARENDT.

2. MAX HOKHEIMER: SOCIEDAD, BARBARIE Y RAZÓN.

2.3. DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN.

2.3.7. CULTURA DE MASAS.

Este tema se recoge en el artículo La Industria Cultural. Ilustración como Engaño de Masas dentro de la Dialéctica de la Ilustración.

Horkheimer y Adorno hacen una crítica a la función de los medios de comunicación, que empezaron a cobrar mucha fuerza tras la Primera Guerra Mundial. Estos autores se centran especialmente en la industria del entretenimiento en Estados Unidos.

“Los avances en el ámbito de los medios técnicos se ven acompañados de un proceso de deshumanización. El progreso amenaza con destruir el objetivo que estaba llamado a realizar: la idea del Hombre”.1

El avance de la sociedad industrial es el avance de la sociedad a la destrucción, este punto de vista de Horkheimer, para mi parecer, se halla íntimamente relacionado con los sucesos acontecidos en Europa inmediatamente antes y durante la Segunda Guerra Mundial, con la barbarie creada por el nacionalsocialismo.

“La cultura marca hoy todo con un rasgo de semejanza. Cine, radio y revistas constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí mismo y todos entre ellos. Las manifestaciones estéticas, incluso de las posiciones políticas opuestas, proclaman del mismo modo el elogio del ritmo de acero”.2

Toda cultura de masas es idéntica la una a la otra, y sus dirigentes políticos la perpetúan descaradamente. El cine y la radio hace mucho que dejaron de

1 Horkheimer, Max, Crítica de la Razón Instrumental, Madrid, Ed. Trotta, 2010, pp. 43-44.

158 mostrarse como arte, enseñando ya su verdadera cara, son negocio, son una parte indispensable de la industria cultural.

Los consumidores de estos productos son los que marcan el mercado. “La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo”.1 La

industria cultural ha creado un imperio económico a consta de la estandarización y producción en serie de su producto, lo que ha rebajado notablemente la calidad del mismo, esa misma calidad que anteriormente era utilizada como su sello de distinción.

Los consumidores son reducidos a mera estadística. Horkheimer afirma que las oficinas de investigación de mercado son iguales que las de propaganda, sus productos acaban siendo los mismos.

“Durante el tiempo libre el trabajador debe orientarse según la unidad de producción. La tarea que el esquematismo kantiano esperaba aún de los sujetos, a saber, la de referir por anticipado la multiplicidad sensible a los conceptos fundamentales, le es quitado al sujeto por la industria”.2

Para Kant debía de haber un mecanismo secreto en el alma que tuviese listo los datos inmediatos para que le sirviera así al sistema de la Razón Pura; para Horkheimer este mecanismo secreto ha dejado de ser tal. El mecanismo queda impuesto por la industria cultural, que a su vez queda subordinada a la sociedad irracional.

1 Ibíd., p. 166.

159 Todo pasa por el filtro de la industria cultural, cuanto más complejos sean los medios utilizados en la industria cinematográfica más fácil será que los consumidores crean que el cine es una parte de lo que sucede en el mundo externo.

“La violencia de la sociedad industrial actúa en los hombres de una vez por todas”.1 Los productos de la industria cultural son cada uno de ellos parte de

la gran industria económica.

La industria cultural tiene su propio lenguaje, todo tiene que pasar por el examen de la industria cultural. El ideal del cine es reducir cada vez más la diferencia entre la imagen que proyecta y la vida cotidiana.

“La rara capacidad de cumplir minuciosamente las exigencias del idioma de la naturalidad en todos los sectores de la industria cultural se convierte en medida de habilidad o competencia. Todo lo que se dice y la forma en que se dice debe poder ser controlado en relación con el lenguaje de la vida ordinaria, como el positivismo lógico”.2

La cultura de masas tiene que tener un mismo lenguaje.

El concepto de “estilo autentico” es para Horkheimer el equivalente al concepto de “dominio”, en lo que al arte se refiere. Nuestro autor afirma sobre las obras de arte que deberían buscar la universalidad, su pretensión es ideológica. La obra de arte mediocre busca parecerse a las demás. “La barbarie estética cumple hoy la amenaza que pesa sobre las creaciones espirituales desde que comenzaron a ser reunidas y neutralizadas como cultura”.3

La obra de arte tiene que integrase para sobrevivir.

1 Ibíd., pp. 171-172.

2 Ibíd., p. 174. 3 Ibíd., p.175.

160 Horkheimer añade además que Europa, ya desde final de la Primera Guerra Mundial, había perdido el monopolio cultural, pero es por ello por lo que Europa conservaba algo de su autonomía cultural.

La industria cinematográfica toma como riesgo todo aquello que no haya sido experimentado antes y no haya resultado en éxito de taquilla, de esta manera determina el consumo. Todo debe estar en continuo movimiento, y así se garantiza que nada cambie.

Los ejecutivos de la industria cultural parece que son los que han diseñado el carácter objetivo de tal industria.

“Las ideas se hallan escritas en el cielo de la cultura, en el que fueron ya dispuestas desde Platón, una vez convertidas en entidades numéricas, más aún, en números, fijos e invariables”.1

La industria cultural ha llevado el arte a la industria del consumo, y lo ha llevado a convertirse en mera mercancía.

La totalidad de la industria cultural queda subyugada al arte y a la diversión, y lo que les interesa a los espectadores es más la técnica utilizada en su creación que la ideología de base. Que el espectador se divierta es lo que busca esta industria, y que sea un éxito se verá reflejado más tarde en taquilla.

El ocio se ha posicionado como medio de escape a la alienación en el trabajo. El espectador no ha de pensar por sí mismo.

1 Ibíd., p. 179.

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“Toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada. Los desarrollos deben surgir, en la medida de lo posible, de la situación inmediatamente anterior, y no de la idea del todo”.1

La industria cultural no siempre cumple lo que promete, no se llega nunca al pleno cumplimiento del placer que prometía y vuelve a llevar a los espectadores a la rutina de siempre. Horkheimer afirma, además, que las obras de arte representaban el placer sexual como algo prohibido, las obras de arte lo que hacen es “representar la plenitud a través de su misma negación. La industria cultural, al contrario, no sublima, reprime”.2 A los espectadores se les muestra algo a

través de la industria cultural que no pueden tener. El consumidor se vuelve objeto de la industria cultural en la medida en que él es manipulado por ella, al presentarle estas necesidades que, aun pareciendo que pueden llegar a satisfacerse, nunca lograrán culminar. “La industria cultural es corrupta, pero no como la Babel del pecado, sino como la catedral del placer elevado”.3

Cuando la industria cultural promete diversión, lo que está en realidad haciendo es pretender liberar el pensamiento del dolor, y lo que hace con ello es negar la realidad existente.

Horkheimer y Adorno utilizan esta cita: “ninguno tendrá frío ni hambre; quien no obstante lo haga, terminará en un campo de concentración”,4

proveniente del nacionalsocialismo alemán; con ello pretenden decir que quien tenga hambre y frío será un “paria” y esto parece ser un gran delito, aunque ellos no utilizan este calificativo, usan la palabra “marginado”, pero esta idea de ser marginado, que no pertenece a ningún lugar, me parece idéntico al concepto de “paria” acogido por Hannah Arendt. Este “paria”, en el cine, se convertirá en un

1 Ibíd., p. 182.

2 Ibíd., p. 184. 3 Ibíd., p. 187. 4 Ibíd., p. 194.

162 ser diferente y con un toque cómico o, en la mayoría de los casos, será el malo de la película. Para el liberalismo, este ser que pasa hambre y frío es un vago y, en la época en la que vive nuestros autores, es un ser que levanta sospechas. Comparando esto con la Alemania nazi, este tipo de hombre está destinado a trabajar en los campos de concentración, es decir, a hacer el trabajo más precario. La industria cultural enmascara esto con falsa solidaridad. Horkheimer y Adorno afirman que “la moral de la cultura de masas es la moral ‘rebajada’ de los libros infantiles de ayer”.1 La cultura ha controlado desde siempre los instintos del Hombre en busca de la moral más absoluta, el Hombre debe ser consciente de su situación moral y, basándose en ella, servir a la sociedad en la que está inmerso.

El individuo es parte de lo universal, y como tal ha de ser reconocido, es absorbido en la universalidad. Con lo que se puede ver que el concepto de individuo es contradictorio, porque nunca se llega a tal individualidad. Su aparente libertad no es más que lo que el sistema económico y social hacen de él, y esto se da plenamente en la sociedad burguesa. También nuestros autores afirman que:

“Contra la voluntad de sus dirigentes, la técnica ha convertido a los hombres de niños en personas. Pero semejante progreso de individuación se ha producido a costa de la individualidad en cuyo nombre se llevaba a cabo, y no ha dejado de ella más que la decisión de perseguir siempre y sólo el propio fin”.2

Horkheimer y Adorno añaden que actualmente las obras de arte son asequibles al público, pero esto lo que hace es que se derrumbe la cultura, ya que aun así, las masas no entienden más sobre esa materia y la cultura queda degradada, en opinión de estos autores, con lo que no estoy de acuerdo. Para mí,

1 Ibíd., p. 197.

163 que las masas puedan acceder cada vez más al arte enriquece más a la Nación en la que viven, el pueblo se culturiza y aporta su saber en bien del país. Para ellos, las obras quedan entonces pervertidas, y las masas sólo rinden culto a lo efímero y a lo famoso en ese momento.

“La publicidad es un elixir de vida. Pero dado que su producto reduce continuamente el placer que promete como mercancía a la pura y simple promesa, termina por coincidir con la publicidad misma, de la que tiene necesidad para compensar su propia incapacidad de procurar un placer efectivo”.1

Nuestros autores, además, aclaran que Goebbels2 se valió de la publicidad

para mostrar el poder social, utilizándola como una forma más de arte. Así también la cultura americana se sirve de la publicidad, fundiéndose con ella, convirtiéndose en mera propaganda a base de repetición tras repetición, manipulando a los hombres. “Es el triunfo de la publicidad en la industria cultural, la asimilación forzada de los consumidores a las mercancías culturales, desenmascaradas ya en su significado”.3

La propaganda ejerce una manipulación sobre los hombres, estos son envenenados por la mentira de la propaganda. Ella altera la Verdad y la convierte en medio.

“La propaganda hace de la lengua un instrumento, una palanca, una máquina. Fija la constitución de los hombres, tal y como han llegado a ser tras bajo la injusticia social, al mismo tiempo que los pone en movimiento. La propaganda cuenta con poder

1 Ibíd., p. 206.

2 Paul Joseph Goebbels fue el Ministro de Propaganda de la Alemania nazi, desde 1933 a 1945, muy conocido,

además, por su ardiente antisemitismo y su control total sobre los medios de comunicación, sobre los que se valió para promover el Partido Nazi y su propaganda.

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contar con ellos. En lo íntimo, cada cual sabe que a través del medio él mismo se convierte en medio, como en la fábrica”.1

1 Ibíd., p. 300.

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2.3.8. ANTISEMITISMO.

1

“Western Civilization has never had a strong hold on the oppressed masses. Indeed, recent events demonstrate that when a crisis occurs, culture can count on few of its selfproclaimed devotees to stand out for its ideals”.2

Horkheimer y Adorno afirman en la Dialéctica de la Ilustración que “el antisemitismo es hoy para unos un problema crucial de la humanidad; para otros, un mero pretexto”.3 Los judíos están dentro de lo que se considera otra raza distinta para los regímenes totalitarios y fascistas. Los judíos pertenecen a una raza contraria para ellos, es el “Principio Negativo”, han de ser erradicados. “Los judíos son marcados por el mal absoluto como el mal absoluto”.4 El judío ha de

ser eliminado de la faz de la tierra.

Los regímenes fascistas y totalitarios culpan a los judíos de lo que ellos mismos hacen: querer ejercer el poder absoluto sobre todo y sobre todos.

Horkheimer y Adorno acusan a los judíos de su situación a lo largo de los distintos procesos de la Historia por su falta de adaptación al mundo que les rodea. Al igual que hizo Hannah Arendt, Horkheimer y Adorno afirman que la fidelidad al grupo los ha colocado como objetivo de la barbarie.

1 En su libro Anti-Semitism: A Social Disease (Nueva York, International University Press, 1946), Ernst Simmel

interpreta el antisemitismo desde la exploración crítica del mito en la obra de Freud Moisés y el Monoteísmo. Simmel explica el concepto de “antisemitismo” en términos de impulsos irracionales en el individuo provenientes de trastornos patológicos.

Simmel explica el antisemitismo como una psicosis de las masas que hace que el individuo no pueda compensar de una manera psicológica. A mi parecer, una manera muy original de explicar el antisemitismo, pero con la que no estoy de acuerdo, ya que si el antisemitismo es explicado de manera psicológica a los que padezcan esta enfermedad mental se les está eximiendo de la culpa de sus acciones al ser reducidas a un mero trastorno.

2 Horkheimer, Max, Eclipse of Reason, Mansfield Centre, CT, Martino Publishing, 2013, p. 119.

Traducción: “La civilización occidental nunca ha tenido un gran apego por las masas oprimidas. En efecto, sucesos actuales demuestran que cuando hay una crisis, la cultura sólo puede contar con unos pocos de sus autodenominados devotos para defender sus ideales”.

3 Max Horkheimer y Theodor Adorno, Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Ed. Trotta, 2009, p. 213. 4 Ibíd., p. 213.

166 La persecución al pueblo hebreo está dentro de la sociedad de clases y, como tal, pertenece a ella.

Los antisemitas pretenden ver a los judíos en la misma mala situación en la que ellos mismos se encuentran. Pero el pueblo, durante el Tercer Reich, no sacó prácticamente ningún botín de los judíos acinados en los Campos de Concentración y Exterminio, pero eso no les importaba, porque lo que pretendían las masas era ejercer todo el peso de la autoridad sobre ellos, y fueron conducidos al peor de los destinos. Aunque el antisemitismo no tiene utilidad económica, si tiene utilidad para la fuerza de dominación y sirve como distracción ante otras cosas.

Horkheimer parece acercarse a la postura de Arendt en Eichmann en Jerusalén al afirmar que los antisemitas se dejan llevar en sus acciones, por carecer de subjetividad y capacidad de reflexión, acatan órdenes que no son cuestionadas.

El enfado por las diversas situaciones de las masas se vierte hacia el que puede parecer más desamparado. Además, Horkheimer afirma que las víctimas cambian a lo largo de la Historia, y ellos mismos pueden convertirse en asesinos, aunque aquí yo considero que los judíos han sido siempre víctimas constantes en la Historia.1

1 En mi opinión, el pueblo judío ha sido desde el éxodo narrado en la Biblia, marcado como pueblo non grato,

con todo lo que eso conlleva: exclusión, persecución y asesinato, y culmina con el Holocausto en la Alemania nazi, donde murieron una tercera parte de su población total. Pero hay quien afirma que hoy en día han pasado de ser de víctimas a verdugos, dando la razón a Horkheimer en que las víctimas también pueden convertirse en asesinos. Tal es el caso de aquellos que dicen que el actual Estado de Israel está efectuando una política de control y dominio sobre Palestina.

José Saramago, premio Nobel de Literatura en 1998, por ejemplo, comparó las acciones del ejército israelí en los territorios palestinos con el sufrimiento provocado a los judíos en la Segunda Guerra Mundial. Esto lo afirmo en una entrevista en 2002, cuando realizaba una visita a Ramallah y la Franja de Gaza.

167 Horkheimer dirá que el odio a los judíos se ha convertido en algo natural, con lo que parece que el que odia lo hace sin pensar realmente en las causas de su odio.

A los judíos, el liberalismo les otorgó una serie de derechos, pero no podían actuar políticamente. La sociedad juzga al judío, pero no se juzga a sí misma. El industrial se apropiaba del mercado y de sus trabajadores, pero después, a los que culpaba de adueñarse del capital es a los judíos, porque ellos son tomados como chivos expiatorios. El industrial quiere hacer creer que el capitalismo es necesario, aun cuando los trabajadores reciben sólo las migajas del sistema, estos deben de estar agradecidos.

Hubo judíos a los qué si se les permitió incluso alcanzar altos cargos en la administración y en la industria, estos eran los que estaban bautizados, pero siempre tuvieron que actuar con recelo y sumisión.

Horkheimer, a diferencia de Arendt, culpa del desarraigo que sufrían los judíos a los otros por no aceptarlos. Arendt afirmaba que los “parias” y “advenedizos” se sentían como tales por no pertenecer a la sociedad en la que vivían, y ni a la suya propia, o querer ser parte a toda costa de esa sociedad, pero esto era así por la propia inclusión del pueblo hebreo, separándose así ellos mismos del resto de la sociedad.

Los judíos siempre han dependido de un monarca o un Estado para su protección, y esta protección ha sido ejercida frente a las masas. Ellos siempre han mediado en el progreso de la humanidad como mercaderes. Fueron los que comenzaron con la forma capitalista de existencia, y por ello fueron culpados por aquellos trabajadores que sufrieron las consecuencias de los nuevos avances.

“Aquellos que propagaron el individualismo, el derecho abstracto, el concepto de persona, son ahora degradados a la categoría de especie. Aquellos que jamás

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pudieron gozar tranquilamente del derecho de ciudadanía, que habría debido conferirles la cualidad de hombres, vuelven a llamarse ‘judíos’, sin otras distinciones. Incluso en el siglo XIX tuvo el judío que depender de la alianza con el poder central. El derecho universal, protegido por el estado, era la garantía de su seguridad; las leyes excepcionales, su espectro. Él siguió siendo objeto, a merced del favor, incluso allí donde estaba su derecho. El comercio no fue su profesión, sino su destino. Él era el trauma del caballero de la industria, que debe presumir de creador. Éste advierte en la jerga judía aquello por lo cual en secreto se desprecia: su antisemitismo es odio a sí mismo, la mala conciencia del parásito”.1

Cuando Horkheimer y Adorno hablan de fascismo, también se refieren a los totalitarismos.

El nacionalsocialismo no se valió tan sólo de acusar a los judíos de profesar una religión diferente. La religión protestante de los ciudadanos alemanes pretendía ser una unidad entre la Iglesia y el partido. De una religión que se basaba en el amor se ha pasado a una que tiene su base en el odio hacia los judíos.

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