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MAX WEBER.

In document Antisemitismo y crítica a la modernidad. (página 132-136)

HANNAH ARENDT.

2. MAX HOKHEIMER: SOCIEDAD, BARBARIE Y RAZÓN.

2.3. DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN.

2.3.1. MAX WEBER.

Max Weber nació en Erfurt, Prusia, en 1864. Su padre fue jurista y político destacado del Partido Liberal Nacional en la época de Bismarck. Estudió en la Universidad de Heidelberg, Berlín y Gotinga, donde se interesó por el Derecho, la Historia y la Economía.

Las primeras investigaciones de Weber estuvieron dirigidas a temas económicos. Desde 1893 fue Catedrático en varias universidades alemanas, fundamentalmente en Heidelberg, pero entre 1898 y 1906 dejó la enseñanza aquejado de fuertes depresiones, durante ese tiempo se dedicó a viajar y a investigar.

En 1909 fundó la Asociación Sociológica Alemana. Fue un gran renovador de las ciencias sociales en varios aspectos, incluyendo la metodología. Weber entendió que el Método de estas disciplinas no podía ser una mera imitación de los empleados por las ciencias físicas y naturales, dado que en los asuntos sociales intervienen individuos con conciencia, voluntad e intenciones que es preciso comprender. Propuso el método de los “tipos ideales”, categorías subjetivas que describen la intencionalidad de los agentes sociales mediante casos extremos, puros y exentos de ambigüedad, aunque tales casos no se hayan dado nunca en la realidad; Weber puso de esta forma los fundamentos del método de trabajo de la sociología moderna, y de todas las ciencias sociales, a base de construir modelos teóricos que centren el análisis y la discusión sobre conceptos rigurosos. El primer fruto de la aplicación de este Método fue su obra La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, publicado en 1905.

Max Weber murió en Munich en 1920.

El conjunto de la obra weberiana es importante como punto de estudio para la Escuela de Frankfurt, pero muy especialmente Economía y Sociedad. En este libro intenta Weber ofrecer una teoría de la acción social, atendiendo a su posible

132 racionalidad, concepto de “racionalidad” que se encontrará en la base del proceso de extrañamiento.

Habermas afirma que se puede entender el concepto weberiano de “racionalidad” a través de dos modelos: el modelo teológico y el de la interacción social; en el primer modelo, Weber se ocupa de los aspectos racionalizadores que surgen del concepto de “finalidad”, relación medios-fines; en el segundo modelo, Weber se cuestiona si hay distintos tipos de relación reflexiva en las orientaciones de la acción y otros aspectos bajo los que pueda relacionarse las acciones.

Al comienzo de Economía y Sociedad Weber caracteriza a la acción dependiendo a las metas a las que se dirige: racional-teleológica, racional- axiológica, afectiva y tradicional; la primera se orienta por la utilidad, la segunda por valores, la tercera por metas emocionales y la última pasa a ser una categoría residual.

Weber mide el grado de racionalidad de las acciones desde el modelo de la acción medios-fines, por lo cual, la racional-teleológica estaría situada en lo más alto del escalafón. La acción racional-teleológica lleva dentro de sí medios, fines, valores y consecuencias, elementos que dan sentido subjetivo a la acción; la acción racional-axiológica prescinde de las consecuencias, la acción afectiva sólo presta atención a medios y fines, y la acción tradicional sólo a los medios. De todos ellos, la acción racional-teleológica parece que permite una mayor objetividad, ya que puede discutirse la adecuación de los medios a los fines, recurriendo a las consecuencias; los demás tipos de acción, al no tener valoración de las consecuencias, anulan toda argumentación sobre medios.1

1 Al hablar Weber de “acción orientada por valores”, se refiere principalmente a valores morales, influenciado

por las éticas de la intención de corte kantiano y protestante, las cuales afirman que determinadas acciones han de ser evitadas o realizadas por su valor intrínseco, sin pararse a mirar las consecuencias. El valor es incuestionable.

Habermas y Apel intentan ligar la conciencia moral a una regulación consensual de conflictos interpersonales de la acción.

133 Parece que es el modelo de acción racional-teleológica el que ha triunfado en Occidente; racionalidad medios-fines que se va extendiendo a todos los sistemas de la sociedad; hasta tal punto que se podría llegar a decir que el monoteísmo axiológico ha muerto y cada uno tiene su propio dios, así pasamos al politeísmo axiológico, único resultado del proceso de desencantamiento del modelo occidental de racionalización.

A todo esto, Horkheimer afirma que la razón ha llegado a convertirse en enemigo para el Hombre, porque sólo parece haber encontrado la tarea racionalizadora en el sentido medios-fines.

Ante los acontecimientos que el siglo XX había traído, Horkheimer abandonó su confianza, ya bastante deteriorada, en la dialéctica positiva de la historia del materialismo marxista y comenzó a aceptar, junto con Adorno, la lógica histórica de signo contrario, que Weber había mostrado en sus estudios sobre la Modernidad como proceso de racionalización. Horkheimer y Adorno, tomando el diagnóstico de Weber, afirman en la Dialéctica de la Ilustración que esta es un proceso continuo de racionalización de todos los ámbitos de la vida social y no tiene vuelta a atrás, lo cual lleva a una funcionalización e instrumentalización de la Razón, y como consecuencia de esto a la pérdida de sentido y libertad. Horkheimer y Adorno aceptan este diagnóstico de Weber, pero no están de acuerdo con el hecho de que Weber asuma estoicamente el mundo que ha traído la Ilustración; estos filósofos frankfurtianos no quieren aceptar su pesimismo;1 tal pesimismo para ellos es un paso más para la destrucción del

Hombre. Hay que decir que Horkheimer y Adorno leen a Weber de la mano de Lukács. Es decir, Horkheimer y Adorno aceptan el diagnóstico de Weber, pero

1 Horkheimer asume la interpretación de la Modernidad por parte de Weber como progresiva racionalización,

pero se desmarca de él en la medida en que Weber acepta resignadamente tal proceso y sus consecuencias. La crítica weberiana va muy en primera línea con respecto a la denuncia de la deshumanización, pero después se detiene y acepta un destino supuestamente inevitable, haciéndose apologética.

134 hacen especial referencia al hecho de la razón funcional como razón cosificadora, pero de este tema volveré a hablar en el siguiente apartado.

Marcuse hace algunas críticas a Weber en el XV Congreso de Sociología Alemana, en Heidelberg, en 1964, publicadas en las actas Max Weber und die Soziologie Heute. Para Marcuse las limitaciones de Weber son epistemológicas, ya que derivan del concepto burgués de “racionalidad”. La epistemología weberiana es “crítica valorativa”, ya que no problematiza sus propios e inevitables postulados de valor. El propio Weber reconoce los hechos “materiales” que condicionan la racionalidad capitalista en el análisis del proceso económico: máximo beneficio y disponibilidad en el mercado de trabajo para quien no tiene otros medios de sustento.

Al igual que Freud, Weber acepta como algo inevitable y que forma parte de la razón la condición en la que se encuentra la sociedad occidental y su historia. La racionalización del poder culmina en la burocracia. Parece que Weber no ha superado los límites de una racionalidad formal y tecnológica, unida a una política represiva. Los límites de la racionalidad weberiana son los límites de la racionalidad burguesa, viciada ya desde su origen.

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