• No se han encontrado resultados

Que no cunda el pánico! 1 La opinión general atribuye a

In document Mente y Cerebro 48 (2011) Redes Sociales (página 83-85)

las masas humanas un compor- tamiento irracional y egoísta, sobre todo ante una situación de peligro.

2

Encuestas a víctimas de catástro- fes, así como la reproducción de escenarios en el laboratorio, demues- tran que en tales casos tiende a domi- nar la calma.

3

Un factor importante es la iden- tidad social: el sentimiento de grupo puede crecer ante una ame- naza común, hecho que potencia el altruismo.

ben tenerse en cuenta a la hora de trazar los planes de evacuación.

Por otro lado, si se observa un com- portamiento irracional o de pánico es probable que se deba a causas «físicas»: en una gran multitud resulta fácil que las personas que se encuentran al final de la masa y que siguen a las demás desconoz- can aquello que sucede delante. Si allí se encuentra un obstáculo estable, como puede ser una valla, los sujetos situados a la cola difícilmente podrán adivinar tal circunstancia sin la ayuda exterior.

Numerosos acontecimientos trágicos, como la catástrofe en la Loveparade de Duisburg, suceden por la insuficiente comunicación de delante hacia atrás, es decir, por la dificultad de mantener un flujo de información en los grandes gru-

pos, carencia que como mínimo agrava las posibles consecuencias. La necesidad de moverse, el ambiente revuelto y el rui- do de fondo contribuyen a incrementar el riesgo.

En situaciones de peligro, ¿tienden los grupos a reaccionar con menos pánico y caos de lo que suponemos por influen- cia de los reportajes de los medios de comunicación? En 2009, los psicólogos sociales Chris Cocking, de la Universidad Metropolitana en Londres, y John Drury, de la Universidad de Sussex en Brighton, corroboraron dicha idea. Los investiga- dores evaluaron unos 150 informes de supervivientes del atentado suicida en el metro de Londres en 2005, en el que murieron 56 personas; otras 700 resul- taron heridas.

El estudio sistemático de protocolos de testigos y entrevistas reveló que una minoría de los entrevistados hablaba de reacciones de pánico entre los ocupantes del metro o de situaciones egoístas del tipo «sálvese quien pueda». Al contrario, la mayoría de los afectados mantuvieron la calma y se ocuparon de los heridos hasta que llegaron los equipos de salvamento.

Junto con Stephen Reicher, en 2008 Drury y Cocking recopilaron indicios sobre la sorprendente resiliencia de los grupos de personas. Los tres psicólogos sociales refieren dicho término, basado en la capacidad de resistencia psíquica del individuo, para mostrar su disconformi- dad con el prejuicio de que las multitudes tienden, por norma general, al pánico y la irracionalidad. C A PT U R A S D E P A N TA LL A D E E ST E A R TÍ CU LO : C O R TE SÍ A D E TO B IA S K R ET Z / P T V AG

Ficción y realidad

A través de escenarios creados por ordenador se simulan los flujos de movimiento en multitudes hu-

manas. Basándose en diversos parámetros como el número, la densidad y el ritmo de las personas, el programa VISSIM genera imágenes y vídeos que pronostican la capacidad de admisión de espacios públicos, así como la posibilidad de congestión. Pese a depender de los datos orientativos, la simulación puede contribuir a la detección de peligros potenciales y prevenirlos. El sistema no puede garantizar la seguridad, aunque sí revela posibles problemas.

Las evacuaciones simuladas y los es- cenarios de realidad virtual de sus ex- perimentos arrojaron aún más indicios en esta dirección: cuando la identidad de grupo era alta entre los probandos (los investigadores habían provocado un sen- timiento de similitud entre ellos), estos se manifestaban más deferentes y dispuestos a ayudar. Según los psicólogos, las situa- ciones de peligro pueden incluso fortale- cer la cohesión social porque convierten a personas desconocidas en «compañeros de destino».

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el estudio posterior de catástrofes y el análisis de informes de testigos son sus- ceptibles de error. El recuerdo de los super-

vivientes puede ser engañoso, y aquellos que murieron ya no pueden opinar. Por otro lado, los escenarios simulados para los experimentos solo se pueden replicar con limitaciones.

En 1951, el psicólogo Alexander Mintz, del City College de Nueva York, realizó un experimento de este tipo. Los probandos debían sacar de una botella unos bolos pe- queños atados a un cordel; solo pasaba de una vez una figura por el cuello de la bo- tella, por lo que si tiraban varias personas al mismo tiempo, los bolos se atascaban y el proceso se alargaba.

Para complicar aún más la situación, de vez en cuando subía lentamente agua des- de el fondo de la botella. Quien conseguía

que su bolo se mantuviera seco recibía una recompensa, condición que aumentaba la presión psicológica entre los participantes, con las siguientes consecuencias: cuando el agua no ascendía, los participantes coo- peraban entre ellos (decidían entre todos quién iba tirar del cordel en cada turno), mas en la variante con agua, los bolos se estancaban en el cuello de botella con mayor frecuencia. El estrés dificultaba la cooperación de grupo y, con ello, el rendi- miento grupal.

Los resultados de Mintz no pueden trasladarse sin más a las situaciones de peligro, puesto que competir por una re- compensa no supone la misma tesitura que huir ante una amenaza de peligro.

In document Mente y Cerebro 48 (2011) Redes Sociales (página 83-85)

Documento similar