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Mente y Cerebro 48 (2011) Redes Sociales

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48/2011

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REDES SOCIALES

Cómo influyen en nuestro comportamiento y emociones

1 6 9 5 0 8 8 7 0 3 0 0 0 4 8 O /J U N IO 201 1

NUEVAS TECNOLOGÍAS

INTELIGENCIA 2.0

EDUCACIÓN

¿POR QUÉ FALTAN A CLASE?

PSICOLOGÍA

VIOLENCIA DE GÉNERO

NEUROCIENCIA

SINAPSIS «DURMIENTES»

PSICOBIOLOGÍA

LA ADICCIÓN

(2)

SUMARIO

EDUCACIÓN

16 NOVILLOS ESCOLARES

Margrit Stamm

Casi todos los jóvenes dejan alguna vez de ir a clase. Los motivos no deben bus-carse exclusivamente en los alumnos: los maestros y las escuelas tienen gran parte de responsabilidad.

PSICOLOGÍA SOCIAL

20 VIOLENCIA DE GÉNERO

Francisca Expósito

La asimetría social en las relaciones entre mujeres y hombres favorece la violencia de género. Es necesario abor-dar la verdadera causa del problema: su naturaleza ideológica.

DROGAS Y CEREBRO

26 LA TRAMPA DE LA ADICCIÓN

Christian Lüscher

Drogas como la cocaína y la heroína blo-quean, a través de mecanismos neuro-nales aprendidos, la capacidad de tomar decisiones con conocimiento de causa. ¿Qué ocurre en las neuronas?

PLASTICIDAD NEURONAL

32 SINAPSIS «DURMIENTES»

Mark Hübener

Montar en bicicleta, tocar la guitarra, leer en francés. Con facilidad logramos reactivar capacidades que creíamos perdidas. Aunque no utilicemos las conexiones nerviosas correspondientes desde hace largo tiempo, una vez anuda-das, permanecen.

MIMETISMO

48 CAMALEONES SOCIALES

Arnd Florack y Oliver Genschow

La capacidad inconsciente de imitar el lenguaje, los ademanes o los gestos de otras personas nos facilita la relación con los demás; tal mimetismo también puede influir en nuestros hábitos de consumo.

CONTAGIO SOCIAL

54 JUNTOS SOMOS DIFERENTES

Nikolas Westerhoff

Familia, compañeros de trabajo, vecinos, amigos. Cada persona participa en di-versas redes sociales, las cuales influyen en los pensamientos, sentimientos y comportamientos de cada uno, incluso invaden la vida privada.

48

MIMETISMO SOCIAL

78

CIBERACOSO

INTELIGENCIA Y TECNOLOGÍA

68

(3)

REDES SOCIALES

60 COMUNIDADES VIRTUALES

David Disalvo

Facebook, Myspace, Twitter, Tuenti y otras redes sociales en Internet han evolucionado en pocos años hacia un fenómeno global. ¿Cómo influyen este tipo de relaciones en la psique de los usuarios?

SECCIONES

5 Encefaloscopio

Creatividad... Estados de ánimo... Sociabilidad... Subconsciencia... Relaciones afectivas... Neurociencias... Neuroimagen.

9 Retrospectiva

Desde el manicomio a la psiquiatría comunitaria

36 Punto de vista

¿Psicoterapia a partir del escáner cerebral?

40 Mente, cerebro y sociedad

Bioelectricidad cerebral y patologías neurológicas. Red de proteínas en el alzhéimer. Origen prenatal de la esquizofrenia. Adicción a Internet.

84 Syllabus

Movimiento de masas

90 Ilusiones

Dos ojos, dos visiones

94 Libros

COGNICIÓN

68 INTELIGENCIA 2.0

Christian Wolf

Navegar en Internet y jugar a videojue-gos aumenta la inteligencia visuoespa-cial y la atención. Sin embargo, su uso relega el desarrollo de otras facultades cognitivas esenciales. © I STO C K PH OTO / N A TA LIA S ILY C H

REDES

SOCIALES

54

JUNTOS SOMOS DIFERENTES

60

COMUNIDADES VIRTUALES

66

GLAMOUR EN FACEBOOK

ENTREVISTA

75 CAMBIO FUNDAMENTAL EN LAS

ESTRUCTURAS DE PENSAMIENTO

Desde hace décadas crece el prome-dio de cociente intelectual en todo el mundo. El psicólogo Heiner

Rinder-mann aclara la razón del fenómeno y

la función que desempeñan en ello los nuevos medios.

CONDUCTA

78 MOBBING 2.0

Dieter Krowatschek

Desde SMS ofensivos hasta alusiones ridículas en Internet. El cyberbullying, o acoso cibernético, supone una variante de violencia entre los jóvenes. ¿Qué cau-sas originan el fenómeno? ¿Cómo deben actuar padres y maestros para evitarlo?

(4)

LUIS BOU: Encefaloscopio, Ilusiones; F. ASENSI: Novillos escolares, Punto de vista,

Mobbing 2.0; M.a DOLORES ESCARABAJAL: Violencia de género; IGNACIO NAVASCUÉS:

La trampa de la adicción, Sinapsis «durmientes»; ROLF GÁSER: Camaleones

sociales; NOELIADELA TORRE: Juntos somos diferentes; BRUNO MORENO: Glamour

en Facebook; SIXTO J. CASTRO: Inteligencia 2.0, Cambio fundamental en las

estructuras de pensamiento; MAR SANZ PREVOSTI: Syllabus COLABORADORES DE ESTE NÚMERO

ASESORAMIENTOYTRADUCCIÓN:

Portada: © Dreamstime / Luba V Nel DIRECTORA GENERAL Pilar Bronchal Garfella

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(5)

CREATIVIDAD

El cerebro del artista

Pruebas fisiológicas sobre la relación entre la inventiva y el trastorno mental

L

a creencia popular de que los artistas y pensadores origi-nales poseen algún ramalazo de locura se encuentra muy arraigada. Los émulosde Vincent van Gogh o Sylvia Plath han hecho pensar que la creatividad y la locura van de la mano. En el pasado, ciertas investigaciones establecieron una correlación entre ambas: estudios epidemiológicos indicaban que en las familias de individuos sumamente creativos era más frecuente la enfermedad mental,

lo que indicaba un vínculo genético. Un estudio realizado en Suecia expone un mecanismo biológico: individuos sanos y creativos comparten con las personas con esquizofrenia ciertos rasgos en su química cerebral.

Un equipo de investigadores del Insti-tuto Karolinska de Estocolmo ha estudia-do un grupo de trece personas de ambos sexos, todas ellas creativas. Como indi-caban en su artículo publicado en PLoS

ONE, otros científicos habían observado

con anterioridad que en el pensamiento divergente (la capacidad de «escapar del marco») interviene el sistema

dopamíni-co del cerebro. El equipo determinó, mediante tomografía por emisión de positrones, la abundancia en estos individuos crea-tivos de un «sensor», esto es, de cierto receptor de dopamina en el tálamo y en el estriado, regiones cerebrales que procesan y clasifican la información antes de que se torne en pensamiento consciente, y que también se relacionan con la esquizofrenia. El equipo observó que los individuos que exhibían menor actividad talámica del receptor obtenían mayores puntuaciones en las pruebas de pensamiento divergente: daban múlti-ples soluciones a un problema.

Trabajos anteriores habían demos-trado que los sujetos con esquizofrenia exhiben, asimismo, una actividad infra-normal en el receptor de dopamina. Esta llamativa semejanza pone de manifies-to un vínculo clave entre la creatividad y la psicopatología. «Para salirse del marco puede ser conveniente no tener-lo completamente intacto», escribe el autor principal, Fredrik Ullén, experto en cognición del Karolinska.

—Elizabeth King Humphrey

A

unque a muchos de nosotros nos repelen los «trabajos inútiles», que acabamos realizando sin prestar aten-ción, tales tareas pueden mejorar nues-tro estado de humor, siempre y cuando exista una excusa para desarrollarlas. Psicólogos de las universidades de Chica-go y Jiaotong de Shanghái ofrecieron a sus probandos la posibilidad de elegir entre rehacer una pulsera de cuentas o sentarse sin hacer nada durante quince minutos. La mayoría prefirió la segunda opción, salvo si se les permitía reordenar las cuentas del brazalete a su gusto. En otro experimento, los probandos debían cumplimentar un cuestionario; después podían optar entre entregárselo a un ayudante que se encontraba en la sala y esperar a que empezase la segunda parte

del experimento, o bien matar el tiem-po con una caminata hasta otro edificio para entregar el documento y volver. En todos los casos se recompensaba a los estudiantes con un dulce al depositar su ejercicio. Los probandos solo optaron por el paseo si las golosinas en uno y otro lugar eran diferentes.

Ambos experimentos parecen indi-car que cuando existe una justificación, como expresarse de forma artística u obtener una recompensa distinta, las personas prefieren ocuparse en alguna actividad. De hecho, quienes optaron por la versión más activa de la situación informaron de promedio sentirse al fi-nal de la prueba de mejor humor que aquellas que permanecieron desocupa-das. Sirva de consejo: la próxima vez que

deba esperar por algún motivo, piense en alguna actividad que le mantenga ocu-pado. Incluso acciones sencillas, como pasear u organizar un armario, pueden mejorar el estado de ánimo.

—Allison Bond

ESTADOS DE ÁNIMO

Excusas para ocuparse

Quienes encuentran razones para ocupar su tiempo son más felices

ENCEFALOSCOPIO

GETTY IMAGES

(6)

SOCIABILIDAD

Ayuda hormonal para el autismo

La administración de oxitocina parece aumentar las destrezas sociales

E

n las interacciones sociales íntimas es probable que inter-venga la oxitocina, la llamada «hormona de la confianza», fundamental para establecer relaciones normales. Incluso una variante sintética podría reforzar los sentimientos de seguri-dad. La oxitocina podría corregir, asimismo, algunas de las deficiencias interpersonales que experimentan las personas autistas.

En un estudio publicado en los

Pro-ceedings of the National Academy of Sciences USA, trece adultos autistas de

gran capacidad participaron en un vi-deojuego que requería ir pasando un balón entre tres personajes ficticios controlados por el ordenador. Algu-nos de los jugadores apenas coope-raban, por lo que para triunfar en el juego era necesario identificarlos y no pasarles la pelota. Tras administrarles un placebo, los voluntarios autistas se manifestaban incapaces de discrimi-nar unos de otros jugadores, situación que cambiaba si recibían oxitocina:

los probandos lograban puntuaciones similares a las que re-gistraban los individuos no autistas, gracias a que favorecían a los jugadores más cooperativos.

«Bajo los efectos de la oxitocina, los autistas no solo partici-pan más en las actividades sociales, sino que logran comprender

las conductas de otros y responder de forma acorde», explica Angela Sirigu, coautora del estudio y directora de investigación en el Centro de Neurociencia Cognitiva de Bron en Francia.

En estudios anteriores se había observado que la oxitocina refuerza la capacidad de los autistas adultos para percibir emo-ciones en el habla y amortiguar el comportamiento repetitivo, otro síntoma que se da con frecuencia en dicha enfermedad. El compuesto ayuda también a los niños autistas a discernir mejor las inten-ciones de otras personas a través de lo que expresa su mirada.

Tales estudios apenas son compro-baciones iniciales pero inducen a pen-sar que la oxitocina, si se administra al poco de un diagnóstico de autismo, podría facilitar las interacciones so-ciales tempranas y orientarlas a favor de un desarrollo más normal. No obs-tante, serán necesarios muchos más ensayos antes de que sea aprobado un fármaco. «No contamos con un gran número de medicamentos para tratar los síntomas centrales del autismo, incluso podría sostenerse que no disponemos de ninguno», explica Thomas R. Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU., «así que si este posee algún efecto, valdría la pena ensayarlo».

—Nikhil Swaminathan

A

veces resulta fácil saber cuándo una relación romántica va a fracasar. Si resulta preferible ordenar calcetines que tener una cita con la pareja o si a ningu-no de los dos se le ocurre nada que decir, parece que el asunto decae. Otra mala se-ñal es que —conscientemente o no— se asocie al ser amado con palabras como

muerte o ataque.

En un estudio basado en asociación de palabras, psicólogos de la Universidad de Rochester solicitaron a 222 personas de ambos sexos, todas ellas casadas, pro-metidas o con relaciones estables, que

clasificaran las palabras que les presenta-ba un ordenador. Los propresenta-bandos debían emparejar los nombres o peculiaridades de sus parejas con términos que evocaban ideas gratas (paz, atención o cariño) o, por el contrario, negativas (fastidio y crítica); todo ello con la mayor rapidez posible.

Dicha prueba está diseñada para des-cubrir en los sentimientos implícitos de las personas prejuicios que no se saben o no se quieren reconocer de forma explí-cita. Los resultados del test demostraron que cuanto más erraban los probandos en aparear palabras asociadas a sus pare-jas con palabras de significado positivo, mayor era la probabilidad de que se sepa-raran al cabo de un año; incluso al tener en cuenta variables como satisfacción o conflicto en la relación. Tras efectuar

SUBCONSCIENCIA

Pensamiento delator

Un test de prejuicios ocultos pronostica el declive de una relación

CORBIS / JOHN-FRANCIS BOURKE

© DREAMSTIME / MARCIN P

A

(7)

RELACIONES AFECTIVAS

No sin mi madre

El vínculo maternal da forma a decisiones y estados de ánimo

L

os fuertes lazos emotivos entre ma-dres e hijos aumentan la disposición de los niños a explorar el mundo. Un efec-to que se ha observado en humanos, mo-nos e incluso en arañas. Cuanta mayor se-guridad tenemos en nuestro vínculo con mamá, más proclives somos a ensayar cosas nuevas y a asumir riesgos, efecto que perdura hasta la edad adulta. La mera evocación de una caricia de la madre o su voz por teléfono bastan para cambiar el estado de ánimo y las opiniones de los hi-jos; también afecta en forma mensurable las decisiones de los vástagos.

En un estudio publicado en línea en Psychological Science, un grupo de estu-diantes de economía debía elegir entre apostar sobre seguro o arriesgarse en op-ciones inciertas, por ejemplo, entre bonos con una rentabilidad anual garantizada del cuatro por ciento o una participación en acciones con retornos mucho más fluc-tuantes. En la mitad de los casos, los ex-perimentadores dieron a los participantes una palmadita en el hombro de un segun-do de duración al tiempo que les propor-cionaban verbalmente instrucciones para

la prueba. Los estudiantes de uno y otro sexo tocados por una experimentadora eligieron con mucha mayor frecuencia la opción más arriesgada, en comparación con aquellos alentados por un hombre o quienes no contaron con tal aliento en ab-soluto. El contacto alentador de una mujer pudo evocar asociaciones afectivas muy tempranas, inspirando la misma dispo-sición por explorar que la que se observa en los niños pequeños cuyas madres son afectuosas, según explica Jonathan Levav, profesor de economía en la Universidad de Columbia y autor del estudio.

Para confirmar que el contacto feme-nino vincula sentimientos de seguridad con la adopción de riesgos, se pidió a un grupo distinto de estudiantes que efec-tuasen decisiones financieras después de realizar un ejercicio escrito. Una mitad de los probandos debía redactar expe-riencias en las que se sintieron seguros y respaldados, mientras que la otra mitad de los participantes debía escribir sobre momentos de soledad e indecisión. La evocación de sentimientos de inseguri-dad tornó a los estudiantes del segundo grupo receptivos a los toquecitos alen-tadores de las experimentadoras y les dispuso mucho más a asumir un riesgo,

al igual que un niño que participa en una excursión escolar puede buscar el abrazo tranquilizador de su madre antes de subir al autobús.

Sin embargo, no es el contacto físico la única fuente de confortación mater-na. En un estudio publicado también en línea en Proceedings of the Royal

Socie-ty B, investigadoras de la Universidad

de Wisconsin-Madison estresaron a un grupo de niñas de siete a doce años: les exigieron que realizasen ejercicios de matemáticas y que hablasen en público. Después, algunas niñas se reunieron con su madre; otras solo pudieron hablar con ella por teléfono. Las últimas liberaron iguales dosis de oxitocina, la hormona que induce vínculos sociales, que aque-llas abrazadas por mamá. Ambos grupos presentaban similares niveles bajos de cortisol (hormona del estrés), lo que po-dría explicar por qué tantas personas, sean jóvenes o adultas, llaman a su ma-dre cuando se sienten tristes.

«Se trata de un fenómeno con carácter muy fundamental», afirma Levav. «En el fondo, se reduce a que nuestra madre fue la primera en abrazarnos.» Los efectos de ese vínculo perduran.

—Ferris Jabr

© FOTOLIA / SMAILHODZIC

dos experimentos que utilizan clases de palabras ligeramente diferentes, los participantes que puntuaron por deba-jo de la media en asociaciones positivas con su pareja y por encima de la media en las negativas presentaban una pro-babilidad de un 70 o un 75 por ciento de romper en el plazo de un año, frente a valores del 11 al 14 por ciento de los otros voluntarios.

Los resultados demuestran que las actitudes negativas implícitas hacia un compañero sentimental pueden reflejar confusiones o quejas demasiado sutiles como para reconocerlas de forma cons-ciente o lamentables para admitirlas. Mas no es posible ignorar por siempre jamás el propio subconsciente.

(8)

E

ntre los miles de millones de neuronas de nuestro cerebro corren sin cesar im-pulsos eléctricos que generan campos eléctricos, que a su vez lo envuelven como una nube invisible. Un estudio publica-do en línea en Neuron conje-tura que el campo eléctrico del encéfalo no constituye un subproducto pasivo de su acti-vidad neuronal, como se creía. Este campo puede contribuir a regular de forma activa el funcionamiento del cerebro, sobre todo durante el sueño profundo. Se sabía desde hace tiempo que las fuentes exter-nas de electricidad (como la terapia por electrochoque) pueden alterar la función ce-rebral; ahora se dispone de la primera indicación directa de que el campo eléctrico nativo del cerebro modifica la forma de conducta del mismo.

En el estudio, dos neuro-biólogos de la Universidad de Yale, David McCormick y Fla-vio Fröhlich, envolvieron un corte, vivo todavía, de cerebro

de hurón en un campo eléctri-co que remedaba al que pro-duce un encéfalo intacto de dicho mustélido en la fase de ondas lentas del sueño. El campo aplicado amplificaba y sincronizaba la actividad neu-ronal que todavía existía en el

corte. Tales resultados indican que el campo eléctrico gene-rado facilita las mismas reac-ciones neuronales que crea-ron el campo en un inicio, al igual que la nube de entusias-mo que envuelve a una

mul-titud de espectadores cuando animan a su equipo incita al gentío a seguir animándolo. Dicho de otro modo, el campo eléctrico cerebral no constitu-ye un subproducto: se trata de un bucle de retroalimen-tación.

Se sabía que los períodos de elevada actividad neuro-nal sincronizada (como la del sueño profundo) revisten una importancia crucial para el mantenimiento del funcio-namiento normal del

cere-bro, pero nunca estuvo claro de qué forma se coordinaban esas fases estables, ni por qué se descarriaban en trastornos como la epilepsia. El estudio apunta la posibilidad de obte-ner algunas respuestas sobre la función del campo eléctrico del encéfalo, que es sorpren-dentemente activo.

«Se trata de un descubri-miento muy nuevo e intere-sante», afirma Ole Paulsen, neurocientífico de la Univer-sidad de Cambridge, quien no tomó parte en la investiga-ción. «Sabíamos que campos eléctricos débiles podían in-fluir en la actividad cerebral, pero nadie había comprobado con anterioridad que los cam-pos generados por el cerebro pudieran influir en su propia actividad».

Fröhlich contempla asi-mismo posibles aplicaciones terapéuticas, sobre todo en el perfeccionamiento de la esti-mulación transcraneana por corriente continua (tDCS, por sus siglas inglesas). Dicha téc-nica se basa en la aplicación de campos eléctricos débiles sobre el cuero cabelludo con el obje-to de tratar la depresión o los dolores crónicos, entre otras dolencias. En su aplicación tradicional, la tDCS se centra en campos eléctricos estándar, que no varían mucho, a dife-rencia de los dinámicos utili-zados en el presente estudio para remedar un cerebro vivo. «El paso lógico siguiente con-sistiría en utilizar estas formas de onda más complejas en un contexto clínico y comprobar si mejoran el tratamiento», opina Fröhlich.

—Ferris Jabr

NEUROCIENCIAS

Retroalimentación neuronal

El cerebro genera campos eléctricos que influyen en su propia actividad

NEUROIMAGEN

Tres son multitud

La estructura del cerebro podría explicar la dificultad de efectuar varias tareas a la vez

Si hemos de realizar dos cosas al mismo tiempo, nuestro cerebro escinde, en sentido estricto, la tarea en dos. Así se afirma en un estudio publicado en Science. Los investigadores midieron la actividad cerebral en tareas de empare jamiento de letras. Cuando los probandos tenían que habérselas con dos ristras de letras y realizar al mismo tiempo dos tareas de emparejamiento, la actividad de una mitad del cerebro correspondía a una de las tareas, mientras que el trabajo de la otra mitad, a la otra labor. Ello podría explicar nuestra notoria torpeza para llevar a cabo tres o más tareas a la vez. Cuan-do las actividades son más de Cuan-dos... nos quedamos sin hemisferios.

—Graciela Flores

© DREAMSTIME / KTS

(9)

RETROSPECTIVA

R

egresemos a los años cincuenta del siglo XX, en el sanatorio psiquiátrico provincial Nuestra Señora de la Fuencisla en Segovia. Durante mi etapa adolescente comencé a frecuentar este «manicomio» situado en el bello paraje serrano entre Segovia y La Granja de San Ildefonso. Allí trabajaba mi padre, el también psiquiatra Agustín Jimeno Cattaneo, siguiendo las normas asistenciales de La psiquiatría

activa de H. Simon: todos los enfermos,

incluso los catatónicos, debían estar ac-tivos. En Segovia, las mujeres en corro, en el patatero de la cocina, pelaban len-tamente patatas, algunas faenaban en la alpargatería, otras en el costurero donde bordaban en la mejor artesanía segovia-na preciosos manteles y juegos de sába-nas. Los hombres se empleaban en las vaquerías, en la labranza, en el cuidado de cerdos y gallinas. Mi padre llevaba fi-chas de cada uno de los pacientes en la «laborterapia», nombre por aquel enton-ces todavía en desuso. El hospital no solo era autosuficiente, sino que abastecía al Hospicio, y al Hospital Provincial. En una limpia aunque pobre enfermería se admi-nistraban electrochoques y curas de Sakel de insulina, como se hacía en los mejores centros sanitarios. Hoy sin embargo nos horrorizaríamos de las precarias condi-ciones de aquellos tratamientos.

Existía en la finca paludismo endémi-co, herencia de las tropas de regulares que se albergaron allí durante la Guerra Civil. Mi padre realizó observaciones sobre el

paludismo espontáneo en los esquizofré-nicos a semejanza de las curas eficaces con paludismo que empleaba J. von Jau-regg para el tratamiento de las parálisis cerebrales. De este modo constató que la fiebre producía una disminución mera-mente sintomática de la agitación y la ansiedad, aunque solo durante los abs-cesos de fiebre.

Las instalaciones recientes y relativa-mente pequeñas del sanatorio permitían evitar las peores lacras de los «asilos ma-nicomiales». Se hallaba en una magnifica finca de la diputación provincial, propie-dad anterior de los condes de Mallada denominada ya en ese entonces «Quita-pesares» por encontrar allí solaz la reina regente María Cristina y su marido mor-ganático, Muñoz.

Unidad de agudos

Muy pocos hospitales generales en Espa-ña contaban por entonces con una uni-dad de psiquiatría de agudos. La diferen-cia entre esta y una unidad de crónicos había marcado trayectorias biográficas y posiciones doctrinales en Alemania y Francia; es decir, en la psiquiatría dirigen-te de la época. Una de las escasas unida-des de agudos en España se hallaba en el Clínico de Madrid, donde trabajaron Ro-dríguez Lafora, B. Llopis y J. J. López Ibor, entre otros. Las salas se encontraban en un magnífico edificio, hoy el Museo Reina Sofía. Allí, como asistente voluntario y alumno de doctorado, asistí a la aparición de nuevos fármacos, a las psicosis agudas del alcoholismo y al kif (léase marihuana, a la que eran adictos antiguos militares

DESDE EL MANICOMIO

A LA PSIQUIATRÍA COMUNITARIA

Una biografía profesional y personal resume 60 años de la historia psiquiátrica

en Alemania y España

AGUSTÍN JIMENO VALDÉS

AGUSTÍN JIMENO

en el Instituto Max Planck de Múnich en 1960. TO

DA S L A S F OTO G R A FÍ A S D E E ST E A R TÍ CU LO : C O R TE SÍ A D EL AU TO R

(10)

que habían prestado servicios en Marrue-cos), y también a brotes agudos de psico-sis «endógenas». Todo ello en pacientes casi todos indigentes, asistidos por la Beneficencia Provincial.

En 1960 continué mi formación en calidad de médico interno en la Casa de

Salud Valdecilla de Santander, otro de los centros en España que contaban con unidades de agudos. En el pabellón 20 se encontraban las tres unidades: una de psiquiatría de hombres, otra de mujeres y una tercera de pacientes neurológicos. No estaba claro el concepto asistencial. Había casos de ataxia de Fridreich y de miotonía de Thomsen. La neurocirugía también era bastante elemental, pues en esos años no se contaba con la posibilidad de realizar angiografías. Sin embargo, bajo la dirección de J. M.a Aldama Truchuelo se

llevaba a cabo una asistencia individual con la máxima calidad de la época: téc-nicas de sugestión, de narcoanálisis, de electrochoques, así como curas con los psicofármacos disponibles.

Con la apertura por las hermanas hos-pitalarias de un hospital para mujeres en Cueto, en las laderas de El Sardinero, se produjo una innovación asistencial im-portante. Allí se trasladó a las enfermas procedentes de Santander que se hallaban dispersas por España, sobre todo en los grandes hospitales de Palencia. La apertu-ra de un centro específico paapertu-ra hombres tuvo que esperar algunos años; con todo, la coordinación entre ambos centros era muy buena, pues el doctor J. M.a Aldama

Truchuelo era también director del centro de Cueto. Empezamos a trabajar y a hacer guardias, lo que nos proporcionó, amén de un modesto estipendio económico, el estudio simultáneo de pacientes agudos y de crónicos, además del seguimiento parcial de las escasas altas. Se iniciaba la colaboración asistencial entre psiquiatría de agudos y de crónicos.

La casa de salud Valdecilla ofrecía enor-me experiencia, aunque escasa formación docente y nula posibilidad de desarrollar una tesis doctoral. Ello contrastaba con su magnífica trayectoria en los años an-teriores a la guerra, período en el que tra-bajaron allí López Albo y Lorente de No, uno de los primeros investigadores que diseñó redes neuronales con capacidad de desarrollar funciones complejas.

Experiencia en Alemania

Tras terminar en junio de 1962 la tesis doctoral en el Instituto Max Planck de psiquiatría de Múnich, trabajé como asis-tente médico de la Clínica Universitaria de Neuropsiquiatría en Giessen

(Nervenkli-nik), puesto análogo al del MIR, durante cuyo desempeño se adquiría el título de especialista en enfermedades nerviosas y mentales. El lugar permitía conocer las

RESUMEN

Época de reforma

1

En los años sesenta del siglo XX,

muy pocos hospitales generales en España contaban con una unidad de psiquiatría de agudos.

2

Los servicios psiquiátricos alema-nes ofrecían mayor posibilidad para la formación, además de un ejemplo a seguir para el cambio ne-cesario en la asistencia de los centros españoles.

3

El Sanatorio de Conjo, en Santia-go de Compostela, fue uno de los primeros en España en adoptar mejoras en el sistema asistencial de los enfermos mentales.

HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE HEILIGENHAFEN El centro disponía de un servicio especializado en alco-holismo y toxicomanías. Como todo hospital alemán, el personal iniciaba la jornada con el intercambio de informa-ción sobre cada paciente.

(11)

características asistenciales tradicionales de la psiquiatría en Alemania.

A mediados de los años sesenta, se divi-dieron las cátedras y sus servicios en neu-rología y psiquiatría. Sin embargo, el título de especialista comprendía ambas discipli-nas, por lo que la formación obligaba a ro-tar por ambos servicios, al menos dos años en cada uno. En neurología tomó el cargo de dirección F. Erbslöh, quien falleciera de manera trágica asesinado por la madre de uno de sus pacientes. Erbslöh era un espe-cialista de fama mundial en enfermedades neurodegenerativas. El responsable de psi-quiatría era A. Derwort, interesado, sobre todo, en neurofisiología cerebral.

El trabajo asistencial

La clínica universitaria de Giessen carecía de Aufnahmepflicht; es decir, obligación de ingresar. Durante las guardias sufrí en más de una ocasión el acoso de pa-cientes, familiares, urgencias y médicos de familia que demandaban por teléfono o en la puerta el ingreso del enfermo. Si había cama disponible, ingresaba siempre a los pacientes ante la tremenda dificultad que suponía discutir en mi alemán toda-vía precario. La estancia me permitió un amplio trabajo docente y de investigación sobre todo en psicopatología.

Ya con el título de especialista bajo el brazo, me trasladé al Hospital Psiquiá-trico (Landeskrankenhaus) de Heiligen-hafen, un pueblo remoto en las orillas del mar Báltico, perteneciente al Land de Schleswig Holstein. Ello me permitió conocer de primera mano una reforma asistencial. Se trataba de un manicomio tradicional albergado en un magnífico y antiguo cuartel de la marina alemana que tenía sus arsenales en la cercana ciudad de Kiel. El hospital creaba entonces un servicio especializado en alcoholismo y toxicomanías al que me incorporé con el jefe de servicio (Oberarzt) H. Derwort.

Como en todas las clínicas alemanas, la jornada comenzaba a primera hora con una reunión de todo el personal para comentar e intercambiar información de cada uno de los pacientes. También se realizaban dos veces por semana y en cada unidad reunio-nes a modo de terapia grupal.

Dichas terapias cumplían dos objetivos: por un lado, el de recoger información

so-bre el enfermo; por otro, de conversación libre para los enfermos, quienes podían exponer su caso sin sentirse presionados. Se intentaba excluir toda atmósfera emo-cional o pseudo mística, a diferencia de como es frecuente hoy en algunos grupos y comunas en el tratamiento de toxicó-manos. Los familiares apenas existían. Además, el hospital se encontraba lejos de los centros urbanos.

La mayor parte de los pacientes asis-tían a los talleres. La organización del personal del hospital se prestaba para comprender la organización funcionarial alemana, la cual no resultaba tan patente en la Universidad de Giessen por primar allí la organización académica. El funcio-nariado alemán en general constaba de tres «carreras» (Laufbahn): alta, media e inferior; cada una de ellas con jerarquías diferentes, con sus correspondientes suel-dos y denominaciones. En cada carrera se ascendía por antigüedad y méritos. Sin embargo, el cambio de una carrera a otra exigía pruebas específicas. Así pues, el hospital mantenía la organización y el

funcionamiento tradicional de «antes de las reformas psiquiátricas». Todo ello me recordaba al cursus honorum de la Repú-blica Romana, en el que seguramente se inspiró Federico de Prusia para establecer tal organización funcionarial. Como anéc-dota, se refiere que después de la Guerra, los militares de EE.UU. ocupantes no lo-graban aclararse en ese bosque de deno-minaciones que los alemanes tan puristas intentaban perpetuar. En tal coyuntura se dice que los estadounidenses arreglaron el asunto llamando a todos «Herr Doktor».

Sin embargo, la dificultad mayor en el trabajo del día a día consistía, como tan-tas veces después volví a experimentar, en la adecuada actitud y colaboración del personal. Es decir, en su transformación desde la actitud paternalista y autoritaria a la técnica y de colaboración en los trata-mientos terapéuticos.

Actividades extrahospitalarias

Al margen de las estrictas obligaciones en el hospital, contactamos y colaboramos con diversos grupos activos en la lucha

A finales de los sesenta, los servicios psiquiátricos alemanes se organizaban en

tres tipos de centros que, aparte de su propio personal de plantilla, recibían investigadores becados alemanes y de todos los países, así como psiquiatras que gozaban de un año sabático que dedicaban a la investigación. Estos cen-tros eran:

Las clínicas universitarias de agudos. Desde finales del siglo XIX casi todas las

escuelas de medicina mantenían unidades psiquiátricas o neuropsiquiátricas, puesto que englobaban a la neurología. Dirigidas por el catedrático u ordinario, no estaban adscritas a un área geográfica ni tenían obligación de ingresar: podían escoger a sus pacientes en razón a su interés para la investigación o para la docencia.

Los grandes asilos o manicomios (Landeskrankenhaus). Como en todas partes a mediados del siglo XX, eran instituciones fundamentalmente de beneficencia,

cerradas y con numerosos ingresos judiciales. Tales centros tenían obligación de ingreso, fuese por orden de las autoridades médicas, judiciales o policiales, o por su área de referencia, generalmente muy amplias. Los directores no eran profesores, ni los centros se utilizaban para la docencia.

Centros de Investigación pura. Los más famosos eran los acogidos a la de-nominación de la posguerra de Institutos Max Planck que sucedieron a los institutos Kaiser Wilhelm (Emperador Guillermo). El de Múnich fue fundado por E. Kraepelin y sufragado por la Fundación Rockefeller americana.

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antialcohólica. Los nombres de estas ins-tituciones son análogos a los de las ONG actuales: alcohólicos anónimos, orden de los Buenos Templarios, la Cruz Azul (orga-nización dependiente de la iglesia evangéli-ca y con potentes medios) y la Cruz de Oro (organización de la Iglesia Católica).

En Heiligenhafen aprendí las técnicas intra y extrahospitalarias de tratamiento y prevención del alcoholismo, experiencia que facilitó el contacto con los equipos es-pañoles dedicados al tema. En concreto, con J. Santodomingo y F. Alonso Fernán-dez. Estos contactos me ayudaron a volver a España en 1968, año en que F. Soto Yarri-tu me apoyó para conseguir una plaza de jefe de servicio en el Hospital Psiquiátrico San Francisco Javier de Pamplona. El cen-tro psiquiátrico se hallaba en el barrio de la Rochapea. Se trataba de un edificio in-menso, casi escurialense. Con un enorme cuadrado de pasillos y tránsitos anchísi-mos y altísianchísi-mos de techo; con ventanas solo en lo alto, de forma que el exterior era invisible. A la mitad de uno de los lados, la entrada principal; a la derecha, todas las unidades de hombres, a la izquierda, las de mujeres. Una gran capilla hacía de límite, de tal forma que los y las pacientes no se mezclaban ni veían.

Los pabellones, unos veinte, colgaban, por así decir, de los tránsitos que forma-ban los lados del cuadrilátero. Todos ellos

La reforma del Sanatorio de Conjo, en Santiago de Compostela, ofrece un

ejemplo de los avances que la asistencia psiquiátrica estaba viviendo en España entre los años sesenta y setenta del siglo pasado. Consistió en tres grandes mejoras:

Instalaciones. La transformación arquitectónica supuso la dotación de espacios de intimidad, con módulos de ocho a diez camas como máximo por sala. Tam-bién se instalaron salas de estar, agua caliente, servicios higiénicos suficientes y accesibles, calendarios, televisores y espejos. Además, se dotó a los pacientes de vestimenta adecuada.

Funcionamiento médico y social. Se instauró la revisión y puesta al día de todos los pacientes (DNI, actualización de posibles derechos, pensiones o ayudas). Asimismo se asignó a cada paciente una cartilla de ahorro en la que se ingre-saría el dinero procedente de la laborterapia u otras ayudas. Se empezaron a aplicar tratamientos psicoterapéuticos (terapia ocupacional o laboral, reunio-nes de grupo), actividades lúdicas dentro y fuera del sanatorio (romerías, baile, salidas a la ciudad, al cine o a la playa, entre otras). Por otro lado, se puso énfasis en la formación y selección del personal, transformando los celadores y cuidadores en auxiliares sanitarios, supervisores de unidad, etcétera. Sistema asistencial. Se decidió por la cancelación del sistema manicomial y la

sectorización. Cada provincia se haría cargo de sus pacientes. Así, se desarro-llaron servicios extrahospitalarios creándose una red de dispensarios por La Coruña y zonas limítrofes de la provincia. También se realizó un intenso esfuerzo por disminuir el censo de pacientes ingresados y suprimir camas (entre 1972 y 1978 se pasó de 1400 a 800 camas en el Sanatorio de Conjo). En el sistema de financiación se incluyeron los servicios ambulatorios esenciales para mantener a los enfermos en la comunidad.

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disponían de diversos patios y dependen-cias. Las instalaciones de servicios, como cocinas y roperías, se situaban de forma análoga respecto a los tránsitos. Cada pa-bellón contaba con servicios de comedor, patios, salas de estar y dormitorios.

Los pabellones ostentaban en la entrada su nombre oficial, que, como era habitual, correspondía al de algún santo: «San Fer-mín», «San Francisco»... Sin embargo, en la vida cotidiana la alusión a los grupos de pacientes se sustituía por descripciones más expresivas y funcionales: «sucios», «agitados», «trabajadores», «tranquilos», «tontos» o «epilépticos». Había unos 600 enfermos. Muchos de ellos activos en las dependencias del hospital o con permisos de salida en régimen custodial. En resu-men, se trataba de un ejemplo de lo que no debía ser un hospital de acuerdo con las normas de rehabilitación psiquiátrica que había aprendido en Alemania y que debía poner en práctica en el centro psi-quiátrico de Pamplona.

La verdad es que dentro de su contex-to y época, el Hospital era magnífico. Se trataba de un manicomio, pero se habían hecho algunos esfuerzos de renovación. En concreto, la construcción de un pabe-llón de agudos totalmente nuevo delante del vestíbulo principal antiguo y de ar-quitectura moderna y más adecuada, con despachos que albergaban las oficinas

ad-ministrativas; también reproducía en par-te las separaciones por sexos del Hospital antiguo, con dos áreas de 30 camas cada una. Aun así, parece que las discrepancias respecto al personal más las divergencias del director respecto a la administración y a la Comunidad de Religiosas (de la Ca-ridad) del Hospital retrasó su puesta en funcionamiento.

Falto de ayudas oficiales, no pudo avan-zarse prácticamente nada en la reforma asistencial del hospital ni en la instalación de psicoterapias y técnicas de rehabilita-ción, motivo por el cual me centré en el problema del alcoholismo. En el Hospital me hice cargo de todos los alcohólicos, con un seguimiento después del alta. También «prediqué» la lucha antialcohólica por toda Navarra, en gran parte con la inesti-mable ayuda de las cátedras ambulantes de la Sección Femenina.

Reforma en Galicia

El Sanatorio («manicomio») de Conjo, en Santiago de Compostela, también fue uno de los pocos centros de España que experi-mentó en los años setenta un plan asisten-cial moderno. J. M.a Hernández Cochón, a

la sazón director del Instituto de Sanidad, y J. L. Montoya, procedente del Hospital Psiquiátrico de Oviedo, encabezaron la ini-ciativa, en la que me integré tras el corres-pondiente concurso, como jefe de servicio.

El Sanatorio estaba instalado en el barrio de Conjo. Los edificios, el sanatorio como institución, el personal y todo el resto pertenecían a la «mitra», es decir, el arzo-bispado poderoso y magnífico de la gran sede arzobispal de Santiago. La mitra ha-bía arrendado el Sanatorio a una sociedad mercantil. El arzobispo cardenal Quiroga Palacios decidió, en valiente criterio, que la situación no podía continuar así, por lo que conminó a que se disolviera la sociedad y vendiera el centro a la Diputación Provin-cial de La Coruña, organismo que habría de proceder a las necesarias reformas.

El plan de construcción consistía en un nuevo sanatorio con 2000 camas para Gali-cia, León y el norte de Portugal. La primera lucha de Montoya y nuestra fue frenar esa técnica del ladrillo y convencer a todos de que el plan consistiría en la descentraliza-ción, la supresión del manicomio, el de-sarrollo de dispensarios y la obligación de que cada provincia gallega se responsabili-zase de sus enfermos y de su psiquiatría.

El estado del sanatorio de Conjo era la-mentable: unos 1500 asilados, abundancia

EL SANATORIO DE CONJO

Los enfermos se hacinaban en los patios y las celdas. El centro carecía de cuidadores y cela-dores suficientes. Abundaban las infecciones por sarna, piojos y, sobre todo, tuberculosis.

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de deficientes y de enfermedades neuroló-gicas degenerativas discapacitantes, haci-namiento y masificación, interhaci-namiento continuo en patios o en celdas, existencia de infecciones como sarna, piojos y, sobre todo, tuberculosis sin diagnosticar (se rea-lizó un estudio masivo de todos los enfer-mos y se crearon unidades antituberculo-sas independientes de toda consideración psiquiátrica), deficiencias en calidad y cantidad de los cuidadores y celadores. La mayoría de los pacientes vestían solo un mono (sin ropa interior), llevaban los cabellos cortados al cero, se les lavaba con una manguera desnudos contra la pared sobre un canalillo en los patios; primero por delante, luego por detrás.

Las bases de la reforma

Una primera condición fue la transforma-ción de Conjo en una fundatransforma-ción pública de servicios, lo que significaba que no estaba sometido al régimen lento y com-plejo funcionarial. A modo de pincelada, se realizaron tres grandes grupos de refor-mas: una arquitectura más humanitaria, una asistencia médica más organizada y formada, y un sistema asistencial descen-tralizado, que suponía el fin del sistema manicomial.

No obstante, varias circunstancias dificultaron las reformas. Así, falló la integración de los enfermos mentales en la Seguridad Social (Conjo no podía cobrar de la Seguridad Social por pacien-tes asegurados que ingresaran, a pesar de solicitarlo en diversas ocasiones); no se obtuvo la colaboración necesaria por parte de las unidades de agudos de otros centros (hospitales generales y univer-sitarios); los planes de formación de los residentes y de formación continuada o investigación de los especialistas de plan-tilla tuvieron poco éxito (sobre todo por las tremendas luchas ideológico-políticas que llegaron a paralizar el centro por cor-to tiempo). Asimismo, aquellos que pre-conizábamos unas reformas médico-so-ciales nos encontramos con la resistencia inicial de las clases ultraconservadoras de Santiago (en puestos administrativos, profesionales y políticos). Tuvimos tam-bién sin embargo apoyo en otros secto-res. Amén de insultos y amenazas en la calle, anónimos al teléfono y al correo, se nos acusó públicamente de promover una terapia por la libido, de fomentar las relaciones sexuales en el centro, de administrar la píldora anticonceptiva de forma rutinaria y de liberar a la

ca-lle a enfermos peligrosos. El momento álgido fue en febrero de 1974. Al fin, la campaña fue palideciendo para pasar a la fase siguiente, de alguna manera más peligrosa, pues los ataques procedieron del mismo interior del Hospital.

Revueltas internas

La selección del abundante personal nuevo se realizó de forma sesgada: en su mayoría eran personas con compromisos políticos con el partido comunista, algu-nos grupos anarcosindicalistas y la nueva izquierda de movimiento sindical que se estaba organizando en Galicia. Adoptaron la reforma hospitalaria bajo la ideología de la antipsiquiatría en su línea más dura, se-mejante a la de Franco Basaglia, líder de la antipsiquiatría italiana. Eran los últimos años de la vida de Franco. En la culmina-ción del proceso, aprovechando las nego-ciaciones para nuevos pactos laborales, se promovió un movimiento supuestamen-te asambleario que insupuestamen-tentó usurpar toda autoridad del Hospital. Es sabido que este proceso ocurrió en otros lugares con tanta o mayor virulencia, como en la asociación de pacientes socialistas del Clínico de Hei-delberg o en los hospitales de Madrid y Oviedo.

HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE CONJO

El hacinamiento obligó a llenar hasta la antigua capilla con camas (derecha). A la izquierda, establecimiento de «módulos» con cuatro camas como primera fase de la reforma arquitectónica.

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La culminación en el centro de Conjo se produjo entre el 2 y el 7 de julio de 1975, con una huelga general salvaje: abandono de los puestos de trabajo bajo las presiones de los piquetes y que resolvió el presiden-te de la Fundación con la supresión de la docencia y la expulsión de responsables en puestos superiores. En los meses si-guientes, con nuevas convocatorias de especialistas y residentes, volvió poco a poco el centro a recuperar los niveles asis-tenciales anteriores y continuó la reforma. El 7 de julio de 1976 se declaró un terrible incendio en el Hospital, en el que fallecie-ron siete pacientes y quedafallecie-ron destruidas 200 camas. Aunque nada pudo probarse, todos aceptamos que aquel incendio fue provocado.

Cuando el centro recuperó su ritmo, con la ayuda de V. Conde López, pude trasladarme en mayo de 1978 al Hospital Clínico y Facultad de Medicina de la Uni-versidad de Valladolid como jefe de sec-ción responsable de la unidad de agudos y profesor adjunto interino en la Facultad de Medicina, posteriormente profesor ti-tular numerario hasta mi jubilación. Co-menzaba el sistema de las autonomías. En Valladolid existían las consultas de neu-ropsiquiatría, los centros de diagnóstico de Sanidad y el antiguo Hospital Psiquiá-trico Doctor Villacián. En esos primeros años nos esforzamos en que la unidad de agudos del centro recibiera a los pacientes difíciles de toda Castilla y León. De esta manera, recibiríamos pacientes de toda la comunidad autónoma, ya que, por otra parte, no existían unidades de agudos en ningún otro lugar, salvo en Salamanca. Posteriormente cada provincia fue con-tando con sus centros y en Valladolid mismo se crearon dos sectores o áreas, de las cuales una pasó a ser responsabilidad nuestra en el Hospital Clínico.

¿Quo vadis psiquiatría?

En el futuro cabe esperar que cada vez más los trastornos menores y los sínto-mas psicológicos individuales sean asu-midos por «no médicos». El psiquiatra se transformará de esta manera en su-perespecialista capaz de aplicar técnicas de condicionamiento y aprendizaje, o de administrar medicamentos bajo análisis genéticos o de liberar el producto

exac-tamente en las células diana; o de actuar como electrofisiólogo y cirujano cerebral y capaz de realizar sutiles investigaciones en neuroimagen, neuroquímica y neuro-electrofisiología en tiempo real; así como implantar marcapasos o controlar Hol-ters (registros electrocardiográficos) que supervisen en todo momento conductas, pensamientos, emociones y deseos del paciente.

Puede que muchos se estremezcan ante tal descripción, quizás exagerada, de la manipulación de las funciones humanas, pero en la psiquiatría se trata precisamen-te de eso, de manipulación, modificación e intervención para curar, de la misma manera que un cirujano manipula una pierna o un ojo extirpándolo. Lo impor-tante y esencial, aunque por desgracia escasamente logrado, es que todo ello se realice bajo férreas normas morales. Kon-rad Lorenz, uno de los padres de la etolo-gía, ya advirtió que el problema central de nuestra civilización es el enorme auge de la técnica frente al enorme atraso de la moralidad y la ley a escala mundial. En este camino, la función de la psiquiatría resultará cada vez más relevante.

Agustín Jimeno Valdés estudió medicina en Valladolid. Desde 1978 hasta su jubilación en 2005, ha sido jefe de la Unidad de Hospita-lización de psiquiatría del Hospital Clínico de Valladolid y profesor titular de psiquiatría de su universidad.

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA ALCOHOLISMO EN NAVARRA. EPIDEMIOLO-GÍA 1969, 1970, 1971. A. Jimeno Valdés en Archivos de Neurobiología, vol. XXVI, n.o 5, págs. 393-410, 1973.

CINCO AÑOS DE PSIQUIATRÍA SECTORIAL A PARTIR DEL SANATORIO PSIQUIÁTRICO DE CONJO EN SANTIAGO DE COMPOSTE-LA. A. Jimeno Valdés en Archivos de

Neurobiología, vol. XLII, n.o 2, págs.

87-114, 1979.

LA CASA DEL TEJADO COLORADO. MEMORIA GENERAL DEL MANICOMIO DE NAVARRA. L. J. Lizarraga Larrión. Depar-tamento de Salud, Gobierno de Navarra; Pamplona, 1992.

SETENTA AÑOS DE VALDECILLA. Coordina-do por J. M.ª IzquierCoordina-do. Caja Cantabria; Santander, 1999.

CONCIENCIA HISTÓRICA DE LA PSIQUIA-TRÍA. PRIMERA ENTREGA. Coordinado por J. Santodomingo Carrasco. Colegio de Psiquiatras Eméritos. KRK Ediciones, colección Delirema; Oviedo, 2009.

Tres aspectos caracterizaban a la psiquiatría en ese período:

Poco experimental: Existía un distanciamiento de la psicología experimental, a pesar de los esfuerzos de Kraepelin, discípulo de Wundt. Ello fue consecuencia de los espectaculares triunfos en la identificación de la parálisis cerebral y de la enfermedad de Alzheimer que dirigieron la investigación a la neuropatología. Poco psicodinámica: Alejamiento asimismo de las corrientes psicodinámicas. Demasiado filosófica: Contaminación, tras el rechazo del psicoanálisis por muy

doctrinal y poco científico, por conceptos holísticos, humanísticos, filosóficos (existencialismo) y aun religiosos, situación que la alejaba de los paradigmas científicos puros necesarios para su progreso. Casi todas las monografías de los mejores profesores, sobre todo en Europa, revelaban más reflexión que investigación.

(16)

R

esponda con la mano en el corazón: ¿nunca se escabulló de ir a clase cuando era niño? Algunos piensan que haberlo hecho ocasional-mente es motivo de prestigio y hablan a favor de la autoafirmación de los alumnos. ¿Estamos, por tanto, ante un «delito de caballeros»?

Si hacemos caso a los medios de comunica-ción, la respuesta es: no. Suele leerse que en Ale-mania medio millón de alumnos hace novillos por sistema y que este número va creciendo de forma alarmante. En realidad no existen datos fiables que lo confirmen. También suele decir-se que quien hace novillos tiene más probabi-lidades de caer en la criminalidad o de seguir cualquier otro descarriado camino. Los padres, preocupados, se preguntan: ¿los novillos son algo baladí o constituyen un problema que hay que tomar en serio? O también: ¿qué ha movido a huir de clase a los niños y jóvenes que lo han hecho?

Por desgracia es difícil encontrar estudios amplios que se ocupen de este complejo pro-blema. Para disponer de más información sobre el absentismo escolar en Suiza, hemos realizado una encuesta por todo el país y hemos entre-vistado a casi 4000 alumnos de entre 13 y 17 años, escogidos al azar. Por un lado, constata-mos que el fenómeno está muy difundido; por el otro, llegamos a la conclusión de que no es posible definir un prototipo de «alumno que hace novillos».

El 95 por ciento de los escolares reconocen haberse ausentado de clase al menos una vez. Pero menos de la mitad de ellos lo hace de vez en cuando. En los seis meses anteriores a la encues-ta estos «alumnos que hacen ocasionalmente novillos» no se ausentaron injustificadamente de clase más de una vez. Alrededor del 13 por ciento de todos los alumnos declararon hacer novillos muy a menudo (por ejemplo: durante

RESUMEN

Absentistas,

¿por qué?

1

Los motivos por los que los jóvenes se ausentan de clase son múltiples: desde el can-sancio o desinterés esco-lar hasta evitar exámenes o profesores.

2

No existe un vínculo claro entre absentis-mo y rendimiento escolar: muchos de los alumnos absentistas sacan buenas notas.

3

Sin embargo, una ausencia prolongada de la escuela puede de-sembocar en un abandono completo de los estudios.

Novillos escolares

Casi todos los jóvenes dejan alguna vez de ir a clase. Los motivos no deben buscarse

exclusivamente en los alumnos: los maestros y las escuelas tienen gran parte de responsabilidad

(17)

¿QUIÉN FALTA?

La mayoría de padres y maes-tros creen que solo hacen novillos los malos alumnos. Los resultados de las investiga-ciones indican lo contrario: no hay relación alguna entre las notas obtenidas y el absentis-mo escolar.

el período de la encuesta se ausentaron toda o media jornada escolar más de cinco veces).

Una encuesta de 2004, centrada en los jóve-nes alemajóve-nes y dirigida por el sociólogo de la Universidad de Colonia Michael Wagner, arrojó cifras similares. Se llega a la conclusión de que en ambos países hay un volumen nada despre-ciable de alumnos que faltan a clase; entre ellos, el sexo masculino es predominante. En nuestra encuesta, los alumnos hacían el doble de novi-llos que las alumnas. En el estudio de Colonia también se observó una clara diferencia.

Los motivos por los que los jóvenes adoptan esta conducta son múltiples. Las respuestas más

frecuentes se refieren al cansancio escolar o al desinterés por la enseñanza. Otros dicen que no van a clase porque no quieren asistir a ciertos exámenes, porque necesitan tiempo para hacer los deberes domésticos o porque quieren alejar-se de determinados profesores.

Rechazo a las horas iniciales y finales

Tan variadas como los motivos son las estrate-gias seguidas para hacer novillos. Algunos se au-sentan de las desagradables clases del comienzo o del final de la jornada escolar, otros huyen de determinada asignatura. Según los resultados de nuestro estudio, la mayoría pertenecen a los

G EH IR N & G E IS T / M A N FR ED Z EN TS C H

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que huyen de las horas marginales o de asig-naturas poco gratas. También se dan aquellos que prolongan las vacaciones por su cuenta y se ausentan del primer o del último días de clase. Tan solo uno de cada diez llega a faltar varios días a la escuela.

Es, de hecho, muy corriente que los escolares se ausenten de clase al menos de forma ocasio-nal. Supone, por tanto, un problema que no ha-bla solo de un grupo de alumnos flojos. En los institutos son precisamente las clases iniciales y finales, así como determinadas asignaturas, las que experimentan más ausencias, incluso por parte de muchos estudiantes buenos. ¿Es, por ende, falso que el absentismo represente una señal de alarma que delate problemas escolares, en contra de lo que muchos padres, profesores e incluso investigadores creen?

Es probable que sean justo los mejores alum-nos quienes se ausenten reiteradamente de clase porque se sientan exigidos por debajo de sus po-sibilidades. Dado que aprenden más rápidamen-te y con mayor autonomía, los adolescenrápidamen-tes más dotados pueden obtener rendimientos iguales o incluso superiores a los de sus compañeros. ¿Es posible que para ellos los novillos supongan simplemente una inteligente estrategia para al-canzar sus objetivos con el mínimo esfuerzo?

Hemos investigado tal interrogante en otro estudio centrado en la comparación entre el absentismo y el rendimiento escolar de los alumnos altamente dotados y el del resto de sus compañeros. El resultado muestra que no puede establecerse relación alguna entre la inteligencia y la frecuencia de absentismo escolar.

Muchos de los alumnos altamente dotados pertenecen a un grupo al que denominamos «alumnos con tendencia a hacer novillos». Se

trata de jóvenes con un alto perfil intelectual que solo de forma ocasional se ausentan de cla-se. Es el caso, por ejemplo, de un alumno que dijo: «Cuando tengo muchas cosas que hacer, necesito imperiosamente disponer de un par de horas libres». O también: «Algunas asignaturas son tan aburridas que seguro que no me pierdo nada si no voy a clase». Este tipo de alumnos al-canzan un buen rendimiento escolar y no parece que vaya a tener problemas en el futuro.

Sin embargo, también para los alumnos alta-mente dotados es cierto que una ausencia que al principio parece no suponer ningún problema puede desembocar de forma paulatina en un gran distanciamiento que lleve a malos rendi-mientos escolares e incluso, finalmente, a una completa ruptura con la escuela, pese a disponer de buenas condiciones intelectuales para una carrera exitosa.

Algo así resulta problemático en el grupo de alumnos que podemos tipificar como «distan-ciados». Son jóvenes que, con frecuencia, obtie-nen varios suspensos, a pesar de tener buenas dotes. En los tests de inteligencia consiguen buenas calificaciones. Pero tienen poco interés por aprender y obtienen unos rendimientos es-colares inferiores a la media.

Quien falta a clase sale perdiendo

Hay distintas razones que explican dicho fe-nómeno: al principio ciertos alumnos pueden permitirse el lujo de saltarse alguna clase, mas luego fracasan en asignaturas concretas y tienen que repetir todo el curso. De esta forma, pier-den el interés por otras materias supuestamente fáciles, de las cuales se ausentan cada vez con mayor frecuencia. Otros alumnos muestran ya en primer o segundo curso una conducta absen-tista, en algunos casos justificada incluso por los padres, so capa de enfermedad.

Nuestro estudio anterior ya había mostrado cómo el absentismo frecuente pone en peligro el posterior desarrollo de niños y jóvenes. En comparación con los alumnos que faltan a clase en contadas ocasiones, quienes no asisten con asiduidad obtienen peores notas y repiten curso con casi el doble de frecuencia. El pronóstico a largo plazo también les es desfavorable: aquellos que faltan con reiteración tienen especial peligro de no conseguir el certificado escolar final, con lo que disminuyen sus posibilidades de acceder a una plaza de capacitación superior.

Fuera de la escuela, estos alumnos con ausen-cias frecuentes tienen más probabilidades de entrar en conflicto con la ley. El 51 por ciento de

Por qué los alumnos faltan a clase

64% 42% 40% 31% 20% 19% 22% 19% 7% Falta de motivación:

ningún interés por la escuela Querer dormir más Enseñanza aburrida Evitar los exámenes Preparar los exámenes en casa Hacer los deberes No entenderse bien con el maestro Hacer novillos junto a otros amigos Acoso y violencia por parte de compañeros de escuela

El factor

clave para

la prevención

de los novillos

escolares es una

relación de

plena confianza

entre maestros

y alumnos

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ellos ya ha cometido delitos de lesiones corpora-les, mientras que solo el 23 por ciento de los que se ausentan ocasionalmente han perpetrado ta-les actos. Quienes hacen novillos con frecuencia, sobre todo si son varones, se encuentran más involucrados en delitos de robo, participan con mayor frecuencia en delitos de daños a la pro-piedad y cometen más falsificaciones de firmas o de certificados.

Trabajos realizados por científicos que desde hace tiempo se ocupan del problema en otros países obtienen datos semejantes. Ya en los años noventa del pasado siglo, el investigador y peda-gogo Ken Reid, de la Universidad Metropolitana Swansea de Gales, demostró que el absentismo escolar va emparejado con una elevada delin-cuencia juvenil. Según Reid, aun no tratándose de una relación constante, el absentismo escolar es un factor de riesgo para el abandono de la enseñanza y la caída en la delincuencia.

Hace tiempo que los investigadores indagan las causas de los novillos escolares en la persona-lidad de los jóvenes y en sus relaciones familia-res. Se extiende la opinión de que el absentismo supone no tanto un problema individual como un problema del que tiene que responsabilizar-se la escuela. Dicho crudamente: las escuelas con unas elevadas cuotas de absentismo están negando a sus alumnos el derecho a recibir for-mación.

¿Puede que la razón del absentismo escolar resida en la enseñanza? Habla a favor de ello el hecho de que el número de ausencias a clase varía mucho de unos colegios a otros, incluso cuando el nivel educativo y social de los padres es análogo. En un mismo barrio suele haber escuelas con elevadas y otras con bajas cifras de absentismo. De ahí que algunos expertos tiendan a pensar que la cuota de absentismo constituye un índice de la calidad de las escue-las, lo mismo que lo es el resultado del informe PISA. Hay buenas razones para suponer tal cosa, puesto que un bajo absentismo puede elevar el rendimiento global de los alumnos. Los maes-tros necesitarían, entonces, invertir menos tiem-po en «alumnos problemáticos»; todo el clima escolar mejora.

¿Oficializar los novillos?

Algunos cantones suizos intentan afrontar el problema mediante los llamados «días como-dín». Se trata de días del curso escolar que los alumnos pueden tomarse libre de forma com-pletamente oficial. Es dudoso, sin embargo, que con esta medida se consiga reducir las faltas a

clase, pues los proyectos modelo todavía no per-miten demostrar la repercusión que estos «días comodín» puedan tener en el absentismo.

¿Qué más pueden hacer las escuelas? En pri-mer lugar han de tomar el problema en serio. Para ello, conviene que empiecen formando a los maestros. En nuestra encuesta, la mayoría de ellos no conocían la magnitud del absentismo en su centro. Dos terceras partes de los docen-tes tenían la impresión de que en sus clases no se hacía en absoluto novillos. Solo un ocho por ciento creía que entre sus alumnos había algu-nos que hacían novillos con elevada frecuen-cia. Parece ser que este porcentaje depende en gran medida de la conducta de cada maestro en particular. Lo esencial para la prevención de los novillos es una relación de confianza entre los profesores, los alumnos y los padres, además de que todos se propongan afrontar las causas del problema.

Conocer la magnitud del absentismo esco-lar es una premisa necesaria. En Inglaterra, a ciertos investigadores de la educación que tra-bajan con proyectos modelo les ha resultado una buena experiencia mantener un registro homogéneo y centralizado. En él, los profesores inscriben las ausencias de todos sus alumnos, también aquellas que supuestamente se deben a enfermedad. Cuando las faltas llegan a un de-terminado número, hablan del problema con los padres. Solo este hecho, incluso cuando se presentan dificultades de contacto, suele pro-ducir una mejoría.

En Oer-Erkenschwick (Renania del Norte-Westfalia, Alemania) se ha dado un paso más. En enero de 2009, el ayuntamiento puso en marcha un discutido proyecto centrado en las familias de los alumnos que se ausentan de la escuela. Los padres de escolares que faltan con frecuencia a clase disponen de una especie de tarjeta en la que registran cuándo sus hijos se presentan puntualmente a clase y cuándo acu-den al médico. Al final del curso escolar pueacu-den canjear estos puntos por objetos de un valor de hasta cien euros.

Resta por ver que este proyecto de recompen-sa repercuta en un cambio de conducta. En todo caso parece una medida más inteligente que las reacciones de la mayoría de las escuelas ante las ausencias en clase: esperar, hacer la vista gorda y, a lo sumo, realizar controles esporádicos de absentismo.

Margrit Stamm dirige el departamento de ciencias de la educación de la Universidad suiza de Friburgo.

PALABRAS CLAVE

Novillos

y absentismo

escolar

Por «hacer novillos» suele entenderse un rechazo consciente de las reglas que siguen los adultos. El absentismo escolar hace referencia sobre todo a casos más difíciles: estos objetores son niños con problemas emocionales y de conducta que, a menudo con el conocimiento de los padres, abandonan por completo la asistencia a cla-se. En ocasiones, el miedo o la fobia a la escuela juega un papel importante [véase «Absentismo escolar», por Gerd Lehmkuhl; MENTEYCE

-REBRO, n.o 31]. Sin embargo,

no pocas veces el rechazo o incluso el abandono escolar comienza con unos «inocen-tes» novillos.

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA DIE PSICOLOGIE DES SCHU-LESSCHWÄNZENS: RAT FÜR ELTERN, LEHRER UND BILDUNS-POLITIKER. M. Stamm. Huber. Berna, 2008.

(20)

L

a definición más aceptada de violencia de género es la propuesta por la ONU en 1995: «Todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada».

En este marco conceptualizamos la violencia como «la coacción física o psíquica ejercida so-bre una persona para viciar su voluntad y obli-garla a ejecutar un acto determinado». Puede adoptar formas diferentes: física, verbal, psíqui-ca, sexual, social, económipsíqui-ca, etcétera. Unas for-mas de coacción que se han ejercido, en mayor o menor medida, a lo largo de la historia.

Un binomio inseparable

La violencia de género ha ido impregnándose con el tiempo de significado social, adulterando de esa manera su definición original basada en el binomio inseparable de violencia y género. Así, de satisfacer una necesidad de superviven-cia se ha convertido en una conducta instru-mental que introduce desigualdad en una rela-ción interpersonal o mantiene una desigualdad subyacente y estructural. Es precisamente en este sentido que la violencia y el género se con-vierten en un binomio inseparable, ya que la primera se usa como mecanismo para conseguir un plus de presencia o influencia respecto a lo segundo.

Para explicar la conducta del maltratador se ha apelado con frecuencia a la existencia de una serie de psicopatologías: carácter agresivo, falta de control de la ira o una infancia marcada por experiencias de malos tratos. Dichas

explicacio-nes tienden a buscar una causa externa, por lo que reducen el grado de responsabilidad de la persona que lleva a cabo la acción.

Así, los principales modelos teóricos sobre violencia de género proponen teorías asenta-das en problemas de tipo individual, investigan alteraciones de la personalidad, disposiciones biológicas o experiencias violentas a temprana edad que puedan explicar tales reacciones. Las teorías basadas en la dinámica familiar asumen que la violencia es el resultado de problemas derivados de una interacción inadecuada en la familia y de los patrones desadaptativos de re-solución de problemas de pareja o familiares (o ambos) inherentes en sus relaciones. Las teorías sociales y culturales, por su parte, abogan por la existencia de valores culturales que legitiman el control del hombre sobre la mujer.

Tales hipótesis surgen precisamente ante la necesidad de explicar el fenómeno emergente de la violencia de género. Mas tal enfoque, en el que las mujeres aparecen a menudo como las víctimas y los hombres como los victima-rios, no señala a las disposiciones biológicas o de interacción como factores que aclaran por sí solos la violencia de género: ni las mujeres nacen víctimas ni los varones están predeter-minados para actuar como agresores. De hecho, los estereotipos sobre cómo unos y otras deben comportarse, las experiencias que refuerzan la conducta estereotípica y la estructura social que apoyan la desigualdad de poder entre géneros ha contribuido a que se originen patrones de violencia a lo largo de nuestro ciclo vital.

En las sociedades en las que no existe una jerarquía formal de privilegios de unos grupos

Violencia de género

La asimetría social en las relaciones entre mujeres y hombres

favorece la violencia de género. Es necesario abordar la verdadera causa

del problema: su naturaleza ideológica

FRANCISCA EXPÓSITO RESUMEN

Agresión

encubierta

1

La cultura ha legiti-mado la creencia de la posición superior del varón, lo cual ha facili-tado que las mujeres se sientan inferiores.

2

El agresor actúa de forma coherente con su propio objetivo de su-misión y control, por lo que no existe un único perfil de maltratador.

3

Al tratarse de manio-bras habituales, no parecen dañinas. Las víc-timas deben reconocer el maltrato y rechazarlo.

(21)

C K PH OTO / M A FA LD IT A NI AGRESIVOS NI PSICÓPATAS La violencia es un recurso que la sociedad y la cultura pone a disposición de los hombres para su uso en «caso de necesidad».

Referencias

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