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111dad Considera los puntos de vista morales y legales, reco-

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noce que a veces están en conflicto y resulta difícil inte- grarlos.

“Perspectiva de un punto de vista moral del que derivan los acuerdos sociales”. La perspectiva es la de todo individuo ra- cional que reconoce la naturaleza de la moral, o el hecho de que las personas son fines en sí mismas y deben ser tratadas como tales.

Como dice el profesor Diego Gracia Guillén, sintetizando a Kohlberg: “Cada una de estas (tres) fases se compone a su vez de dos niveles (estadios), lo que da un total de seis: el nivel 1, lo correcto se define en términos de obediencia a la autoridad y evitación de castigo; en el nivel 2, se considera correcto lo que sirve a los propios intereses y permite a los otros conse- guir los suyos; el nivel 3 define lo correcto en el marco de las relaciones interpersonales, de acuerdo con los sentimientos y expectativas compartidos por el grupo; el nivel 4 considera correcto lo que mantiene el orden social, mediante la obe- diencia de la ley y el cumplimiento de los propios deberes; en el estadio 5, la conducta moral se define en términos de dere- chos y reglas básicos aceptados libremente por los individuos; y el estadio 6, el más elevado, define lo correcto de acuerdo con principios éticos universales y abstractos libremente ele- gidos. Aproximadamente el 20% de la población adulta no ha superado el estadio 2, en tanto que los estudiantes de medici- na están generalmente en los niveles 4 ó 5”18. (Lo que aparece en letra cursiva y entre paréntesis de la cita anterior es mío). Después de pasar por Boecio, Ladrière y Kohlberg, podría- mos aproximarnos al concepto de “Persona”19, como la unidad de cada uno de los seres humanos, unidad constituida por sus dimensiones biogenéticas (código genético particular) y psicogenéticas (aptitudes y potencialidades), a la vez que integrativa del entorno natural y sociocultural. Por ello, cada ser humano es agente articulador de los actos éticos en la

18 Diego Gracia Guillén, “La educación en Bioética. Principios fundamentales”, en

Bioética, Seminario-taller educación en Bioética, Serie documentos programa regional de Bioética OPS/OMS, Concepción, Chile, julio, 1995, p. 24.

19 El concepto de persona propuesto por la filosofía es insuficiente para dilucidar éticamente los problemas de los confines humanos: etapa embrionaria, estado vegetativo persistente, disfunciones cerebrales severas, muerte cerebral, demencia senil, enfermedades altamente degenerativas, etc. Autores como NAGEL y PARFIT así lo vienen denunciando. (NAGEL, Th.,: “Brain Bisection and the Unity of Consciousness”, en Syntheses, Vol. 27, may, 1971, pg. 39-413). (PARFIT, D., “Personal Identity”, en Philosophical Review, Vol. 80, No.1, January 1971, p. 3- 27). Como es evidente, ha habido una evolución histórica del concepto de persona.

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cotidianidad vital de las relaciones intersubjetivas dialogales referidas a un hábitat, a una espacio-temporalidad en la cual descubre dinámicamente el sentido y el disfrute de la exis- tencia, lo cual le permite acceder a la trascendencia como reconocimiento de su perfectibilidad, tensionado por la búsqueda de la felicidad total integradora de la bondad y belleza del ser.

En síntesis, concretamos el concepto de persona defi- niéndola como “sujeto moral”, en términos de:

Ser situado en y hermanado con el mundo, para quien el mundo le pertenece y simultáneamente él le pertenece al mundo, en mutua transformación y, en consecuencia, responsable de sí mismo y de su entorno natural y social. Ser que interactúa racional y afectivamente con otros en reciprocidad de derechos y deberes.

Ser que desarrolla y realiza su individualidad sexuada en el ejercicio progresivo de la afectividad y de la autonomía libre- relacionada, en interacción recíproca cultural y ecológica con los otros.

Ser que entiende su espacio-temporalidad, su historicidad, como proyecto de vida en perspectiva de trascendencia, haciéndose cada vez más autoconciente en la búsqueda incesante de alcanzar los niveles más altos de humanización. Desde el punto de vista bioético, el sujeto moral avanza y perfecciona su individualidad de persona en la medida en que logre ser autoconciente, para elevarse a los más altos niveles del espíritu. Así continúa su proceso de evolución humana en el vector de la perfectibilidad. Porque..., a dife- rencia de los otros seres bióticos, el hombre es el único im- perfecto. El que ha sido lanzado desnudo al mundo para que busque sin descanso cubrirse de perfección en su horizonte de quehaceres que le aporten sentido existencial. Para que ejercite sus neuronas en la construcción de sí mismo, en justa comunión con su casa terrenal, de cara a las actuales y futuras generaciones.

Definimos “autoconciencia” como el ejercicio de la autono-

mía de la voluntad libre, situada e ilustrada críticamente, ca- paz de tomar decisiones responsables con sentido teleológico, en un horizonte de valores morales.

Lo contrario a la autoconciencia es “heteroconciencia”, que la podemos entender como la actitud permanente de alie- nación, en la cual el sujeto no es responsable directo de sus actos, porque sus decisiones se ven condicionadas por perso-

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sa

nas, circunstancias o estructuras que enajenan su con- ciencia debilitando su autonomía.

En conclusión, todo el esfuerzo de la Bioética consiste en llevar a las personas a ser autoconcientes para que puedan desarrollar su autonomía, poniendo en evidencia todo tipo de heteroconciencias para combatirlas y generarse un es- pacio interior saludable, en armonía con el mundo exterior. En esta perspectiva hablamos de Ecología-humana, como propuesta ética reconciliadora de naturaleza y cultura para superar la incertidumbre de nuestros días que enrarece el

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B

ERTHA

O

SPINA DE

D

ULCÉ

, Ph.D.

Genetista

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ASPROMESASMARAVILLOSAS

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