X II. Una vez definido esto, pasem os a considerar, acerca de la felicidad, si perten ece a lo elogiable o m ás
Y, claro, si toda ciencia realiza bien su actividad de esta m anera con vistas al térm in o m edio y dirigiendo sus
I. Dado que la virtu d tiene que ver con las afecciones y las acciones, y, dado que en las acciones voluntarias se
producen elogios y censuras y, en cam bio, indulgencia para las contrarias e incluso, a veces, com pasión, quizás sea necesario p ara quienes tratan de indagar acerca de la virtud , definir lo voluntario y lo involuntario. También será útil para los legisladores con vistas a los honores y castigos.
Desde luego, parece que son involuntarias las acciones
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io a que se producen a la fuerza y p or ignorancia, y «forzoso»es aquello cuyo inicio es externo siendo de tal clase que en ello no colabora el sujeto agente o paciente. Por ejem plo, si lo arrastrara el viento a alguna parte u hom bres que lo tienen en su poder. A hora bien, cabe dudar si son involuntarias o voluntarias cuantas acciones se realizan por miedo a males mayores o por algún bien, com o, por ejemplo, si un tirano que tiene en su poder a sus padres y sus hijos ordena a alguien realizar algo indecoroso y, si lo realiza, se salva y si no, m uere. Tal acontece tam bién cuando se arroja la carga por la borda en las tempestades, porque en general nadie la arroja voluntariam ente, mas
para la salvación propia y de los demás lo hacen todos los hombres sensatos. Pues bien, acciones de esta índole son m ixtas, aunque más parecidas a las voluntarias, pues se eligen en el m om ento en que se realizan. La finalidad de las acciones se produce según la ocasión y, por tanto, lo voluntario o involuntario hay que calificarlo com o tal en el m om ento en que se realiza. Y el agente obra volunta riamente, puesto que el inicio del mover las partes instru mentales en acciones así está en uno m ism o, y, cuando el inicio está en uno m ism o, en uno m ism o está tam bién el ob rar o no. Conque tales acciones son voluntarias, aunque en sentido absoluto quizás sean involuntarias, pues nadie elegiría ninguna de ellas por sí misma.
Por otra parte, en acciones com o éstas se producen a ve ces elogios cuando los hombres soportan algo indecoroso o doloroso a cambio de grandes y buenas cosas, mientras que, en caso contrario, se producen reproches, puesto que soportar las cosas más indecorosas por nada bueno o por algo m ediocre es propio de un hombre innoble. En algu nas no se produce elogio, sino indulgencia cuando se hace lo que no se debe por razones que ponen en tensión excesi va a la naturaleza hum ana y nadie soportaría. Quizá no sea posible verse obligado a realizar algunas, sino que es pre ferible m orir sufriendo los más terribles males. En efecto, nos parecen ridiculas las razones que obligan al Alcmeón de Eurípides a m atar a su m ad re1. Y es difícil algunas veces discernir qué cosa hay que elegir en vez de qué otra y qué cosa hay que soportar en vez de qué otra; y todavía más di-
1. Según el mito, que dramatizaba Eurípides en la tragedia perdida Alcmeón, Erifile, madre de éste, era inducida con el regalo de un co llar a que convenciera a su marido Anfiarao para tomar parte en la expedición de los Siete contra Tebas. Anfiarao, sabiendo que va a morir, compromete a sus hijos para que se venguen matando a la madre. Las razones de Alcmeón se conservan en uno de los pocos versos que se nos han transmitido: cf. Fr. 69.
fícil perm anecer en lo que uno ha decidido, pues por lo ge neral lo que se espera es doloroso y a lo que se obliga es
11 iob vergonzoso, por lo que se dispensan elogios y reproches a quienes se ven obligados o no.
Entonces ¿a qué clase de acciones hay que llam ar «for zosas»? ¿Acaso lo son, en térm inos generales, cuando la causa es externa y el agente no colabora en absoluto? Pero los actos que en sí m ism os son involuntarios, aunque ele gidos en un m om ento dado y p or una razón dada - y el inicio está en el agen te-, son involuntarios en sí m ism os sí, pero en ese m om ento dado y a cam bio de esa cosa dada son voluntarios y se parecen m ás a los voluntarios. Y es que las acciones se dan en lo particular y estos actos particulares son voluntarios. A hora bien, no es fácil de cidir qué acciones hay que elegir a cam bio de qué otras, pues en lo particular hay m uchas diferencias.
Mas si alguien dijera que son forzosas las cosas agrada bles y las bellas, pues nos obligan siendo externas, todo sería forzoso en este sentido, pues todos los hombres rea lizan todas las acciones p or causa de éstas. También los que actúan por fuerza e involuntariam ente lo hacen con dolor, mientras que quienes lo hacen por lo placentero y lo bueno lo hacen con placer. Es ridículo culpar a las co sas externas y no a uno m ism o por ser presa fácil de tales cosas; y también lo es hacerse uno m ism o responsable de las cosas buenas y a lo placentero de las vergonzosas. Pa rece, desde luego, que forzoso es aquello cuyo inicio es ex terno sin que colabore en nada el que se ve forzado.
Todo lo que se produce por ignorancia es no-volunta- rio, pero es involuntario lo que se da con aflicción y con arrepentim iento 2. En efecto, el que ha realizado cual-
2. Gr. akoúsion, recibe dos sentidos: (a) «involuntario», es decir, de forma «ajena a la voluntad de uno»; y en sentido cercano a éste utili za Aristóteles aquí la expresión ou hekoúsion; y (b) «contra la volun tad de uno».
quier acción por ignorancia, sin que sienta disgusto por su acción, no la ha realizado voluntariam ente ya que, desde luego, no era consciente, pero tam poco involunta riamente, ya que ciertam ente no siente disgusto. Conque entre los que obran p or ignorancia, aquel que lo hace con arrepentimiento parece hacerlo involuntariamente, pero el que no se arrepiente, dado que es de o tra clase, diga m os que es no-voluntario. Puesto que difieren, es m ejor que tenga un nom bre particular.
Parece que es diferente obrar p o r ignorancia y obrar en
ignorancia, igual que el que se em borracha o se irrita no
parece que obre por ignorancia, sino por una de las razo nes ya señaladas: obra sin ser consciente, sí, pero lo hace
en ignorancia. Ahora bien, todo hombre malvado ignora
lo que se debe hacer y aquello que se debe evitar. Y por un yerro de esta clase los hombres son injustos o en general malos. Pero la calificación de «involuntario» no suele aplicarse cuando alguien ignora lo que le conviene, pues no es la ignorancia que se da en la elección la responsable del acto involuntario (sino del vicio), ni la ignorancia en general (pues los hom bres reciben reproches por ésta, desde luego), sino la que se refiere a los casos particula res, es decir, la ignorancia de las circunstancias en las que se produce la acción y en relación con las cosas en que se produce. Porque en éstos hay com pasión y perdón, ya
m ía
que quien obra ignorando alguna de estas circunstancias lo hace involuntariamente.Quizá, entonces, no será mala cosa definir cuáles son éstas y cuántas son: el «quién», «qué cosa», «acerca de qué», o «en q u é»3 actú a; algunas veces tam bién el «con
3. La expresión en ttni, vaga como es, abarca el ubi y el quando de las célebres siete circunstancias del acto voluntario que la escolásti ca reunió en el conocido hexámetro: quis, quid ubi, quibus auxiliis, cur, quomodo, quando (= ‘quién’, ‘qué’, ‘con qué ayuda’, ‘por qué’, ‘cómo’, ‘cuándo’).
qué ayuda», com o, p or ejemplo, el instrum ento, y «con qué fin», p or ejem plo la salvación, y «de qué m anera», com o, p or ejem plo tranqu ila o vehem entem ente. Pues bien, todas éstas en su conjunto nadie las ign oraría, a m enos que esté loco, y es evidente que tam poco las igno ra el que obra. Pues, ¿cóm o podría ignorarse a sí mismo? «Lo que» hace alguien podría ignorarlo: p or ejemplo, la gente dice cuando está hablando que «se les ha escapa do» o que no saben que era secreto, com o Esquilo los m isterios 4, o el que queriendo hacer una dem ostración dispara, com o el que disparó la catapulta 5. Podría uno pensar tam bién que su hijo es un enem igo, com o M éro- pe 6, y que la lanza puntiaguda ha sido em botada, o que una piedra es piedra póm ez. También podría uno m atar a alguien dándole de beber p ara su salvación, o podría darle un puñetazo queriendo asirlo, com o los que lu chan sólo con las m anos.
Pues bien, dándose la ignorancia en todas estas cir cunstancias en las que se produce la acción, el que ignora alguna de ellas parece que ha obrado involuntariamente y, sobre todo, en las m ás im portantes: y las m ás im por tantes parece que son las circunstancias en que se produ
4. Parece que Esquilo fue acusado de revelar los misterios de Eleu- sis. Probablemente en relación con tal proceso está la frase que apa rece en Platón, República, 563c («diremos que me acaba de venir a la boca»). Más improbable parece la noticia de Clemente de Alejan dría (Stromateis 2.461) de que fue absuelto por demostrar que no había sido iniciado. Esquilo había nacido en Eleusis. No sabemos en qué obra pudo darse tal revelación.
5. Ignoramos si se refiere a un hecho histórico o es un ejemplo es colar.
6. Heroína, esposa de Cresfonte, estuvo a punto de matar a su pro pio hijo Telesfonte por confusión. Su historia y esta anécdota proce den de la obra perdida de Eurípides, Cresfonte, perteneciente al gru po de melodramas de este autor, cuyo éxito demuestran las múltiples citas que de ella conservamos.
ce la acción y el «aquello-para-lo-cual»7. Pero, claro, aun que se llama involuntario lo que se adecúa a tal ignoran cia, todavía es preciso que la acción vaya acom pañada de pena y arrepentimiento.
Y siendo acto involuntario el que se produce por una cierta ignorancia, parecería que el acto voluntario es aquel cuyo inicio estaría en uno m ism o sabiendo las cir cunstancias p articulares en que se produce la acción. Porque quizá no esté bien d e c ir8 que son involuntarios los actos que se realizan por ira o deseo. En prim er lugar, porque ya ninguno de los demás animales obraría volun tariam ente -ta m p o co los n iñ o s-. Después, ¿acaso no realizamos voluntariam ente ninguna de las acciones que se realizan por deseo e ira? ¿O es que realizamos volunta riam ente las buenas e involuntariam ente las malas? ¿No sería ello ridículo, cuando el causante es uno solo? Sin embargo, quizás sea extraño decir que son involuntarias aquellas cosas a las que es necesario tender, y es necesario tender a algunas cosas y desear ciertas cosas, com o la sa lud y el aprendizaje. También parece que las acciones in voluntarias son penosas, m ientras que son placenteras las que se producen p or deseo. Todavía m ás: ¿qué dife rencia hay entre la involuntariedad de los yerros com eti dos con deliberación y la de los com etidos con ira? Pues unos y otros son vitandos y parece que no son m enos hu m anas las afecciones irracionales, de m anera que tam bién son propias del hom bre las acciones que se produ cen por ira o deseo. E xtrañ o sería, pues, hacer a todas involuntarias.
II. Una vez, pues, que ha sido definido lo involunta