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Dale placer con tu boca sin importar su tamaño

In document El poder del sexo.pdf (página 192-197)

Si su pene es grande, mételo en tu boca únicamente de la mitad para arriba, juega con tu lengua en circulitos al llegar a la punta y desliza tus manos para masajear mientras hasta sentir que está totalmente duro y excitado. Si es muy pequeño, succiona suavemente mien- tras lo chupas y aprieta ligeramente con tu mano mientras vas sintiendo que se fortalece la erección. Recuerda apretar sutilmente con los labios escondiendo los dientes para no lastimar.

Pero como les contaba, la bisexualidad en este ámbito se da mucho más de lo que se podrían ima- ginar y el común denominador es la ganancia en conexiones que el novato siempre se lleva luego de intercambiar algunos favores sexuales o incluso una relación “sentimental” acompañada de mucho, mucho sexo naturalmente.

Por supuesto hoy en día, después de un par de años y luego de tan tórrida relación, ella también goza de una muy buena posición política y de la grata amistad de otros políticos como él.

Pocas veces algún político de alta talla se ve per- judicado o envuelto en algún enredo que fuera tan escandaloso que pudiera costarle su posición polí- tica, sin embargo, de que se dan casos... se dan, y vaya con qué intensidad. Hace un par de sexenios, como ya se ha hecho costumbre en nuestro México lindo y querido, un grupo de políticos con una gran trayectoria dentro de uno de los partidos más fuertes, decidió que era una buena idea, o un buen negocio, formar un nuevo partido político. El líder de aquel partido en busca de registro incluyó a su gente más cercana para comenzar la gestación e impulsar su campaña y su mano derecha, a su vez, conformó un equipo de trabajo de toda su confianza.

Un amigo mío tuvo la oportunidad de apoyarlos durante todo ese tiempo, hasta que una circunstan- cial conducta le dio un giro tanto a su situación per- sonal, como a la del partido político en general. El coordinador de este partido político que les comento, formó un equipo de trabajo donde los barones jóvenes y guapos predominaban y las reuniones del grupo ocurrían de lunes a sábado. Sin embargo, un fin de semana al mes el Coordinador “invitaba/obligaba” a todos a ir su Rancho para seguir tratando algunos temas de forma más relajada y equilibrar el estrés del mes. O al menos aquella era la versión de aquel hombre para las familias de sus colaboradores.

La fama ya precedía a dicho Coordinador y era un secreto a voces que su bisexualidad tirándole

a homosexualidad, lo llevaba a contar con un per- sonal y con colaboradores de ciertas características: hombres jóvenes de muy buen ver, por lo general abogados o politólogos, con aspiraciones altas y muchas ganas de triunfar en la política a costa de lo que fuera. Como se podrán imaginar, aquellos fines de semana de “trabajo” eran una simple cubierta para todos para irse de desmadre y reventar todo un fin de semana lejos de sus familias.

Mi amigo, cada vez más cercano a su jefe, no se perdió nunca aquellas reuniones y cumplía fiel- mente con todas las horas excesivas de trabajo a las que todos estaban sometidos por la premura de la época. Como es de suponerse, el Coordinador de quien les platico, un buen día decidió invitar a mi amigo al área privada de su cabaña en el Rancho, invitación a la que este chico no pudo oponerse aunque sabía lo que se infería en silencio al aceptar tal situación. El joven abogado en aquel entonces, haciendo uso de su agilidad mental, encendió su teléfono celular en modo de grabadora de voz y lo dejó en el bolsillo de su pantalón. Tal como lo esperaba, en cuanto llegaron al privado, el Coor- dinador cerró la puerta tras de ellos y comenzó a insinuársele.

—No es un secreto que me encantas y creo que ya es tiempo de pasar al siguiente nivel en nuestra amistad, ¿no crees?

Mi amigo se limitó a balbucear frases cortas de asombro y a hacer como que no entendía lo que ahí sucedía, lo que dio lugar a una conversación mucho más densa y a un forcejeo sin igual. Al darse cuenta de que aquel colaborador suyo no caería rendido a sus pies, el Coordinador lo jaló fuertemente hacia él y bajó sus pantalones. ¡Qué más claro que eso! Pero mi amigo permaneció firme y se negó rotundamente a tener algo que ver con él en términos sexuales.

—Yo lo respeto muchísimo y usted sabe que soy incondicional y leal al partido pero prefiero, por salud laboral y mental, no intimidar con nadie del equipo. Aquél hombre poderoso no soportó tal respuesta y de inmediato comenzó a condicionarle su escalada en la política.

—A mí no me importa lo que pienses que es mejor, si no aceptas pasar esta noche conmigo, olví- date de tu carrera política, al menos en este partido. Como podrán imaginarse, salir de aquella oficina no estaba tan fácil, así que, fingiendo que aceptaba, logró que abriera las puertas para pasar a la alcoba y, en cuanto se distrajo, salió huyendo, tomó su automóvil y regresó al D.F. Su estrategia a seguir fue muy astuta. Se encontraba en una encrucijada pues, siendo alguien tan poderoso su jefe, no podía

intentar amenazarlo a él directamente con la graba- ción que tenía pues no era su trabajo ni su carrera política la que peligraba, sino su propia vida y la de su mujer. En cambio, se le ocurrió una idea que, aunque lo bloqueó políticamente de por vida, le arregló su situación económica inmediata.

Desde hacía meses él ya había observado un patrón de comportamiento en el tan mentado Coor- dinador. Por lo general cada vez que iban al Rancho ocurría una de dos cosas: o uno de los chavales más nuevos comenzaba a subir como la espuma o terminaba despedido, así que, luego de haber vivido semejante experiencia, de inmediato hiló lo que ahí sucedía. Sin pensarlo dos veces comenzó a loca- lizar, uno a uno, a todos aquellos que habían sido despedidos injustificadamente y fue cuando descu- brió que todos ellos habían pasado por el mismo vía crucis que él acababa de vivir, así que los reunió y los logró convencer de firmar una carta en donde cada uno narrara su propia experiencia.

En aquella compilación de experiencias se narraban historias de abuso, violencia, sexo forzado e incluso sexo acordado por conveniencia pero con remordimientos posteriores. Una vez conformado el expediente entre confesiones, relatos y grabaciones, mi amigo se dirigió con el presidente del partido y logró que su secretario particular lo recibiera. Por supuesto luego de ver semejante amenaza, le dio entrada directa con el presidente y éste comenzó

las negociaciones de inmediato. Para no hacerles la historia más larga, el arreglo fue que el partido sub- sidiaría la constitución de una fundación manejada por mi amigo y le entregaría a fondo perdido cinco millones de pesos.

Defiéndete cuando

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