Cuando haces del sexo una parte muy importante de tu vida diaria, tu segu- ridad y autoestima suben y grandes transformaciones se generan en tu entorno.
Un viejo amigo mío, dueño de una fábrica de pisos, llevaba meses tratando de firmar un contrato de exclusividad para proveer de todo tipo de pisos a una de las empresas constructoras más fuertes de México pero cada vez que estaba a punto de cerrar el negocio, alguien más llegaba con alguna otra pro- puesta que lo sacaba de la jugada.
Llevaba mucho tiempo tratando de hacerle entender que lo único que le faltaba era un incen- tivo que ayudara a aquel representante constructor
a dar el paso. Yo ya me había cansado de decirle que me dejara ir a negociar a cambio de una comi- sión sobre las ganancias si lograba cerrar el trato, hasta que al fin un día recibí una llamada de su parte rogándome ir a verlo.
—Milah, tienes que sacar cita con este ingeniero y lograr que te firme el contrato. De eso depende mi empresa.
Luego de algunas negociaciones me comprometí a visitar al tan aferrado ingeniero y hacer todo lo posible por lograr aquel negocio. Debo confesar que nunca creí que en verdad fuera tan difícil un acer- camiento con aquel tipo. Desde el inicio fue engo- rrosísimo lograr sacar la cita con su secretaria y, cuando al fin logré tenerla, me esmeré por que todo fuera perfecto.
—El ingeniero la puede ver en su oficina mañana al medio día.
Desde hacía semanas yo tenía listo el vestido que llevaría para aquella reunión y había estudiado a la perfección tanto el contrato como la oferta que le presentaría, así que me apresuré a tener todo listo y al día siguiente estaba puntual sentada en la sala de espera de aquel elegante edificio.
—Ya puede pasar, el ingeniero la espera.
No puedo negar que la pura presencia de aquel señor imponía y cuando escuché su grave voz con ese tono tan seguro al saludarme e invitarme a pasar, me quedé, por unos segundos, paralizada. A leguas se notaba que era una persona culta e inteli- gente, además de ser un señor maduro sumamente atractivo, pero no era el momento de derretirme frente a él, así que tomé fuerzas y, luego de un res- piro, comencé con mi presentación. Al principio yo no sabía si le estaba interesando o simple y sen- cillamente se estaba aburriendo en su silla, hasta que de pronto comenzó a disparar una pregunta tras otra sin darme un espacio para pensar entre cada una. Así continuamos por alrededor de una hora, durante la cual fuimos relajándonos y hasta una que otra sonrisa le vi esbozar.
—Ingeniero, ya casi es la hora de comer y supongo que ya tiene algún compromiso, y como yo he termi- nado con la parte formal de la presentación, en verdad disfrutaría mucho continuar con mi propuesta algún día de esta semana durante la comida.
Aquel hombre se levantó y se acercó tanto a mi que me puso a temblar de nervios, pero bastó una linda sonrisa y un beso en la mejilla para despedirse y tranquilizarme.
—Mi secretaria la contactará. Gracias por su visita.
Ups, en realidad yo no sabía si me había ido bien o si únicamente aquel bombón había sido realmente amable y me había dado el avión durante todo aquel tiempo. Estaba a punto de llamarle a mi amigo para contarle mis impresiones, cuando mi celular sonó y justo era él.
—Milah, no sé qué rayos hiciste, pero acabo de recibir un mail del ingeniero agradeciéndome la presentación y dándome una cita para dentro de tres semanas.
Bueno, por lo menos aquella era una señal de que todo iba viento en popa, así que me seguí concen- trando para programar el éxito de aquel importante negocio y me puse a esperar la tan prometida lla- mada, hasta que una tarde que me encontraba saliendo del gym, al fin me hablaron para comuni- carme que aquel ingeniero me invitaba a comer al día siguiente para terminar de tratar el asunto que teníamos pendiente.
Como se podrán imaginar, comencé a prepa- rarme tres horas antes del tan esperado encuentro y puse absolutamente toda mi atención en mi apa- riencia, comenzando desde aquel largo baño de tina caliente que me sirvió para relajarme, acompañado
de un poco de aromaterapia que logró dejar mi piel increíblemente tersa y suave.
Cautelosamente comencé a escoger de entre mi lencería, aquella que tuviera el encaje más delicado y lograra hacer que mi figura sirviera de detonador para la decisión de aquel interesante hombre de negocios. Sobre mi sexy juego de lencería rojo decidí colocar un vestido negro ceñido y corto acompañado de unas zapatillas altas del mismo color. Mi cabello suelto y un collar discreto y delicado sirvieron de marco para lo que sería una tarde de ensueño.
—Hola, muchas gracias por darme una segunda cita.
—Luces hermosa, siéntate por favor.
Desde el inicio la plática entre nosotros se tornó cálida y personal y a cada copa de vino, más con- fianza íbamos agarrando ambos. Luego de un par de horas, al fin llegó el postre y el helado de vainilla que acompañaba su strudel de manzana me hizo un gran favor al quedarse embarrado en la comi- sura de su boca.
—Espera, te quedó un poco de helado aquí, te ayudo a quitarlo...
Sin pensarlo dos veces me acerqué a él y pasé mi lengua justo a un lado de sus labios para quitar
aquella mancha que parecía haber jugado a mi favor.
—¡Perdóname! Debe ser el vino. No pude resistirme.
Sin decir nada, tan solo esbozó una traviesa son- risa a medias que logró ponerme un poco nerviosa y acto seguido tomó mi mano, la acercó delicada- mente a su cara y, luego de darle un beso tierno, dirigió su mirada profunda a mí, me tomó de la nuca y me acercó hasta tenerme a escasos milíme- tros de su cara para darme uno de los mejores besos de mi vida.
—No quisiera ser descortés, pero tengo una suite en uno de los mejores hoteles de Reforma y, si tú quisieras, podríamos ir a tomar una copa saliendo de aquí.
¡La respuesta era más que obvia! Al subirnos a su automóvil de inmediato subimos la ventana que nos separaba del chofer y desde ahí comenzamos el cachondeo a lo lindo. Siempre conservando el estilo y siendo todo un caballero, aquel ingeniero comenzó a besar mi cuello mientras me acari- ciaba suavemente con sus manos frías y firmes. Yo, por mi lado, no pude más que cerrar los ojos y dejarme sucumbir a sus encantos, así que dejé
que mi piel se enchinara al sentir sus dedos subir por mis muslos hasta llegar a mi entrepierna que lo esperaba húmeda y cálida desde hacía horas. De un suave empujón lo recliné hacia atrás, subí mi vestido y me monté en él. Poco a poco fui sintiendo como iba reaccionando a mis caderas moviéndose sobre la suya pero decidí esperar a llegar a aquella suite y hacerlo explotar de la mejor forma. Cuando al fin llegamos tratamos de ataviarnos nuevamente y se nos hizo eterno el trayecto del estacionamiento hasta aquella lujosa habitación, pero valió la pena.
Ya no podíamos esperar un segundo más para ver por primera vez nuestros cuerpos desnudos y poder sentir nuestra proximidad al máximo, así que apenas entré me saqué el vestido para quedar úni- camente en aquella lencería que había elegido espe- cialmente para la ocasión y, aún con los tacones puestos, me acerqué a él para besarlo completito.
Aún de pie me enganché en un beso apasionado que sirvió de detonador para ir avanzando lenta- mente hasta la habitación, en la que nos esperaba una botella de vino con dos copas para calentarnos aún más. Sin decir una sola palabra continuamos nuestra danza erótica en la que yo iba desvistiendo poco a poco a mi Inge consentido mientras él se dejaba seducir por mi minuto a minuto y, cuando lo tuve totalmente vulnerable frente a mi, lo tumbé sobre la cama, me subí sobre él, me quité la poca ropa que me quedaba, dejé mis tacones puestos
y comencé a pegar mi cuerpo al suyo lentamente mientras mi boca recorría cada parte de su ser. Nos abrazamos totalmente desnudos por un buen rato, mientras un par de besos tiernos nos ponían cada vez más calientes, cerré sus ojos con mis labios y bajé a probar su deliciosa trabe que se encontraba ya a punto de explotar, así que pasé mi lengua por encima, escupí un poco y la hundí hasta mis anginas para apretarla con fuerza cada vez que entraba y salía de mi boca, a la vez que la apre- taba fuertemente con mi mano para poder sentir la dureza de su gran erección. Me senté frente a él y le tendí la mano para ayudarlo a colocarse hincado frente a mi, lo jalé de su parte más erguida y lo coloqué entre mis piernas para seguirlo sintiendo mientras yo me mojaba cada vez más.
De una vuelta me puse de espaldas y bajé mis manos a la cama para dejarle ver mi tatuaje de la cadera a plenitud y al fin sentir la culmina- ción de tantas horas de adrenalina y pasión. Sin poder soltar mi cadera comenzó a darme con todas sus fuerzas mientras yo me tocaba con mis dedos ligeros para aumentar la lubricación y, cuando ya no podía más, me quité para sentarlo frente a mi y subirme para hacerlo explotar dentro de mi inten- samente, así que, sin dejarlo reaccionar, lo clavé en mí y comencé la embestida a todo poder hasta escu- char un fuerte grito de éxtasis, acompañado de un llanto espectacular.
—Vaya Milah, te pido una disculpa por las lágrimas, pero no sabes qué orgasmo tan fuerte me acabas de provocar.
Aquella fue la primera vez que vi llorar a alguien de un placer orgásmico y me encantó. Termi- namos aquella tarde muy románticamente entre las sábanas y al final del día nos despedimos con un tierno beso que, al menos a mi, me ayudó a dormir como ángel aquella noche. Él nunca tocó el tema del negocio que teníamos pendiente y a mí me pareció de muy mal gusto sacarlo, así que dejé que aquel día transcurriera tal cual iba fluyendo y a la siguiente mañana mi teléfono me despertó muy temprano con buenas noticias.
—Milah, te has ganado tu comisión. ¡Mil gracias! El Ingeniero llamó a primera hora a mi amigo para darle la noticia de que firmaría con él y ese mismo día quedó cerrado el tan anhelado negocio. Qué poder más sutil y más intenso tiene el sexo en este tipo de intereses y qué mejor que poder disfrutar de las mieles desde el principio hasta el final de aquella sui géneris negociación.
Sin embargo, para cerrar un negocio con éxito, no siempre es necesario que exista sexo tan explí- cito. Existen algunas ocasiones en las que con tan solo dotar al cliente con situaciones sexys que le
sirvan de golosina mental es más que suficiente para conquistarlo.