El desquicio provocado por la incertidumbre va a ratificar la impotencia de la razón como único instrumento capaz de aprehender un mundo cada vez más complejo y, por tanto, la pugna permanente del orden totalizador con la alteridad de los relatos polifónicos. Se trata entonces de seguir el recorrido que va desde la razón razonadora hacia la razón sensible como única manera posible de comprender una realidad hecha de certezas paradójicas. Para ello es necesario revisar algunos conceptos referidos particularmente a la modernidad.
De periodización histórica, la modernidad ha pasado a ser una forma filosófica de comprender la historia, un "proyecto histórico mundial que podría representar una ruptura decisiva con el pasado y, por tanto, señalar el inicio de la 'historia racional'" porque ciertamente se logró "la organización racional de la vida social diaria"41.
Así, la modernidad es, sobre todo, "un sistema de nociones":
Progreso, cosmopolitismo, abundancia y un inagotable deseo por la novedad, derivados de los rápidos adelantos tecnológicos de los que se tenían conocimiento, de los nuevos sistemas de comunicación y, sin duda, de la lógica de consumo propia de las leyes de mercado que se instauraban42.
Se trata de un conjunto de ideas interrelacionadas: "modernización, racionalización y progreso, y una visión implícita de la perfectibilidad gradual de la sociedad, que se debían conseguir a través de una planificación racional y una reforma social”43. Este sistema de nociones anclará en la literatura como modernismo cuya relación con la modernidad aclara
Ángel Rama:
41 D. Morley, ob. cit., p. 87. 42 S. Rotker, ob. cit., p. 32. 43 D. Morley, ob. cit., p. 88
El modernismo no es sino el conjunto de formas literarias que traducen las diferentes maneras
de la incorporación de América Latina a la modernidad, concepción socio-cultural generada por
la civilización industrial de la burguesía del XIX, a la que fue asociada rápida y violentamente
nuestra América en el último tercio del siglo pasado, por la expansión económica y política de
los imperios europeos a la que se suman los Estados Unidos44.
Y, como cuenta Rotker, "aunque la verdadera industrialización sólo se afianza en América Latina después de 1920, los modernistas se sumergieron en la vorágine de fin de siglo, gracias al flujo informativo, la variación de las clases sociales, las posibilidades de viajar y la violenta urbanización". Pero así como a fines del XIX varios países latinoamericanos estaban más urbanizados que los Estados Unidos, muchas ciudades no cambiaron de rostro, aferradas a la tradición. Este es el enfrentamiento que sella el "desajuste" -el desface temporal- del modernismo latinoamericano que se debate entre el deseo y el temor y que posibilitará la consolidación de la crónica como género propio.
Pero tal desajuste es asimismo el malestar modernista que encuentra otras razones expresadas en múltiples voces; Rama, por ejemplo, cree que éste se originaba en la "inseguridad de una nueva infraestructura económica que 'sólo puede alcanzar su propósito de forzar la contribución humana en el trabajo usando la permanente amenaza del desempleo'"45;
éste será también argumento social y político del escritor modernista desclasado, "exiliado" de la polis. El problema es también "epistemológico" expresado en el cruce de sensibilidades y, desde el arte, se hablará del "problema de la representación". Es decir, varias son las razones que intentan explicar el malestar, el desajuste, que sin embargo parece resumirse en una imagen a modo de cuadro de grandes dimensiones instalado como fondo inamovible: se trata del enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo.
44 Citado por Rotker, ob. cit., p. 30. 45 S. Rotker, ob. cit., p. 34.
Rotker encuentra tal cuadro en el escenario de fines del diecinueve y Habermas lo hace en este fin de siglo -que es una manera de decir hoy, diría Monsiváis-. "Se trataba del enfrentamiento entre lo nuevo/lo viejo y entre discursos heterogéneos, enmarcados por una conciencia cosmopolita que acentuaba los contrastes"46 afirma Rotker. Por su parte, Habermas
asegura que el problema de este fin de siglo tiene que ver con el conflicto entre la "vieja política" centrada en torno a cuestiones de seguridad económica y social, interna y militar y la "nueva política" preocupada más bien por "la calidad de vida, la igualdad de derechos, la autorrealización individual, la participación de los derechos humanos", y a esta afirmación añadirá que "los nuevos conflictos se desencadenan no en torno a problemas de distribución sino en torno a cuestiones relativas a la gramática de las formas de vida"47.
Y la gramática de las formas de vida no es sino la lógica cultural que va a moldear -ella sí- la particularidad de las sensibilidades en el trayecto de la norma en permanente pugna con la alteridad de los relatos polifónicos; un trayecto que desafía, igualmente, a seguirlo desde la
razón razonadora hasta la razón sensible que permita descifrar la complejidad del mundo
contemporáneo, según propone Michel Maffesoli.
Porque "cuando la sensación de urgencia se halla en su punto más álgido -dice Maffesoli- es quizás cuando llega el momento de poner en juego una estrategia de la lentitud"48. Esta
estrategia implica fundamentalmente una actitud de "contemplación del mundo" que no es de ninguna manera pasiva sino creativa en el sentido heideggeriano de "construir" dejando ser. Este es el punto central del planteamiento de Maffesoli que asegura que "el mundo es ciertamente imperfecto, pero tiene el mérito de ser vivido como tal". Por eso plantea la sustitución de la representación (acción siempre mediada y ambiciosa por pretender representar la verdad esencial de las cosas) por la presentación de las cosas (dejar ser lo que
46 Idem., p. 35.
47 Jurgen Habermas, Teoría de la acción comunicativa, I, Madrid, Taurus, 1990, p. 556.
48 Michel Maffesoli, Elogio de la razón sensible. Una visión intuitiva del mundo contemporáneo, Barcelona,
es resaltando el dinamismo y vitalidad del mundo), subrayando que "nunca podemos vaciar totalmente un fenómeno, es decir, algo empírico, empíricamente vivido, con una simple crítica racional".
Este es el punto neurálgico de la reflexión aquí llevada a cabo, y es lo que está actuando además de una manera difusa en los diversos imaginarios sociales donde parece prevalecer, cada vez más, la aceptación o la acomodación a un mundo tal como es. Es lo que puede autorizarnos a hablar de la 'contemplación del mundo' como figura capital de la posmodernidad49.
Se trata de una "sociología de la caricia", de un "saber erótico" que ama el mundo que describe porque está alejado del "deber ser" de los ideales dominantes de la "razón instrumental"; es un saber que propone subvertir el orden de las verdades establecidas, aclarando sin embargo que "la subversión más profunda no consiste forzosamente en decir lo que choca con la opinión, la ley o la policía, sino en inventar un discurso paradójico"50. Y la
paradoja, dice Maffesoli, en su sentido más estricto, es lo propio de la vida corriente porque "al apoyarse en lo empírico es estructuralmente polisémica. No tiene un sentido determinado, sino sentidos que se experimentan y se viven al día".
Por eso, el llamado será a emitir paradojas porque al hacerlo lo que se construye es el discurso de la vida cotidiana, paradójica, polisémica (multiétnica, pluricultural). Por eso, la única certeza en medio de la incertidumbre -paradoja-, es asumir que el caos tiene su propio orden y es capaz de articular un concierto polifónico que ratifica las certezas paradójicas como única posibilidad de aprehender el mundo.