• No se han encontrado resultados

DE LOS PRINCIPIOS Por una mistica de izquierda

Del ideal

2. DE LOS PRINCIPIOS Por una mistica de izquierda

(Mfstica?

Es la pregunta que se had.n con inquietud los que conocen mi aversion a la religion y mi entusiasmo por el mate­

rialismo radical. Ciertamente, como fanatica de la inmanencia quisiera reivindicar alto y claro la posibilidad de leer lo real, la historia y el mundo de acuerdo con un principia no solo hori­ zontal, sino tambien vertical. La mistica conviene a las ideas que, segun el principia nietzscheano, habitan las cimas, donde el aire es frio, vivo y cortante, donde no se temen las virtudes del vien­ to de invierno, el rigor y la rareza, es decir, los valores que impor­ tan.

Para las ideas mediocres y la gente que vive con elias, las al­ turas son sefi.ales de trascendencia, del mas alla; a mis ojos, sin embargo, significan la posibilidad, dentro de los limites conoci­ dos, los unicos, de un extremo cualitativo alli donde una lectura puramente plana y lineal supondria lo cuantitativo. La mistica procede de los postulados que nuestra alma produce para noso­ tros y de los cuales, por tanto, es imposible no pensar que orien­ tan toda una existencia, una etica y sus principios, un pensa­ miento y las acciones que de el derivan. La mistica anhela el imperio al que aspira toda energia salvaje y se propone como la unica respuesta posible para que quienes se pudren en los tres drculos infernales de la miseria salgan de ellos, asi como para

realizar, en los hechos, el atefsmo que permitirfa la destruccion del idolo economista.

Par tanto, para poder dar Iugar a una mistica, la izquierda a la que me refiero supone una traslacion etica del dominio hori­ zontal -del que extrae metaforicamente su sentido- al registro vertical en el que deseo instalarla. No es en absoluto, pues, un programa para un partido o una plataforma electoral. Tampoco pretende confeccionar el catalogo, a modo de enumeracion, de lo que fueron las victorias y los triunfos de la izquierda. La defi­

nicion de una

mistica de izquierda*

supone una busqueda de la energia que la constituye. Una busqueda y un hallazgo, pues de nada serviria exigir la busqueda si par ventura debieramos con­ formarnos con una especie de teologfa negativa como unica ma­ nera de aproximarse o abordar imposibles comarcas, improba­ bles riberas.

Se que tanto la mistica como la izquierda estan descalifica­ das y que a elias se prefiere el racionalismo de los universitarios y la derecha de los senores de la jungla bajo cuyo regimen vivi­

mos. Pero los discursos no ganan nada con pretender apoyarse en lo objetivo, lo racional, la verdad y la deduccion cuando, bajo cuerda, siguen todos inspirandose fundamentalmente en lo vis­ ceral. Sobrepasariamos la finalidad especifica de la politica si dieramos un enfoque psicoanalitico a los compromisos que, en casas particulares, deciden la instalacion radical en la derecha o en la izquierda, con exclusion, naturalmente, de los profesiona­ les de la desercion, los renegados que van de un extrema al otro segun los conduzca el interes, de la misma manera que los cen­ tristas, esa peste de la politica, que acampa a igual distancia de aquellos a los que se vendera con tal de que sea el mejor pastor. A estos ultimos, par otra parte, se les debe una de las desca­ lificaciones mas de moda del termino de izquierda, hecho en el que es preciso reconocer, reafirmada incluso, la vitalidad del mismo. Pues si derecha e izquierda ya no significan nada, si am­ bas categorias estan superadas, como dicen quienes agotan sus

posibilidades intelectuales en el psitacismo, �por que solamente afirman esas tonterias cuando el socio capitalista en el poder tiene necesidad de un apoyo externo, pero siempre en el centro, que est:in dispuestos a darle a cambio del reparto de ministerios? La negacion de la division y del desfase entre derecha e izquierda es propia de los hombres de derecha, 0 de los que solo conocen

la motivacion del poder como tal.

La otra descalificacion de la izquierda proviene de quienes la reivindican para justificar su talento para la tiran{a -pienso en los antiguos pa{ses del Este- o su obsesion maniatica por acceder al trono que han codiciado durante toda una carrera de politi­ quer{a, que no de politica. Ni de los primeros, dictadores de es­ tilo feudal y antiguo, ni de los ultimos, bribones consumados e hipocritas, hay que esperar talento alguno para la mistica, sino solo una habilidad que no va mas alia de la retorica, la estrategia, la tactica y todas las artes de la guerra que han asimilado. Si le­ yeran, sus lecturas podrian ser Sun Tzu o Clausewitz, Maquiave­ lo o Gracian. En contacto con ellos, la politica se reduce al terre­ no polemologico, nada mas.

La instalacion en el registro m{stico, as{ como la reivindica­ cion de esta unica postura, exime de tener que tratar, ni de cerca ni de lejos, con aprendices de dictadores o con mentirosos o falsificadores en ciernes, o de verse en la obligacion de frecuen­ tarlos. No me interesan los nombres propios, sean cuales fueren. Por nada del mundo quiero dar la impresion de que es tarea del escritor legitimar a esos restauradores de energ{a que son los maximos dirigentes de los partidos en los que se ha hecho profe­ sion de fe de no pensar nunca, jamas reflexionar y obedecer siempre, con la unica finalidad de repartirse los puestos cuando se obtenga el poder.

La voluntad de circunscribir una m{stica de izquierda supo­ ne el deseo de captar energias, reconocer y ver fuerzas en accion, a la vez que estimular exclusivamente esas dinamicas. De ningu­ na manera las individualidades que, en la historia, jamas han

dejado de debilitar esas magnificas potencias, cuando no han llegado a destruirlas por completo, en su intento de apoderarse de elias para esculpirlas. Solo me interesan las figuras que, basan­ dose en el principia de Ia astucia de Ia razon hegeliana, resisten en igualdad de fuerzas con Ia historia, las que producen Ia histo­ ria a! mismo tiempo que son su producto, las mujeres y los hom­ bres que, en combate con el angel de Ia revolucion o de Ia histo­ ria, modifican, quiebran y doman sus energias. Por un Espartaco se cuentan millones de aspirantes a serlo, cuyo deseo solo pablo los suefi.os ...

Debo en parte Ia identificacion de esta energia a una formu­ la de Ia

Historia de Ia Revolucion Francesa

de Michelet, quien habla del «genio colerico de Ia revolucion». Pues en el fonda de toda izquierda anida una colera irrefutable, una rebelion indivi­ sible, integral, imposible de romper. Lo que Ia anima, lo que impulsa su movimiento y justifica sus manifestaciones es esa in­ vencible colera asimilable a un rayo, a una especie de trueno, a un haz de relampagos destinados a! mundo cuando este se com­ place en Ia idea de Ia fatalidad de las miserias, las explotaciones y las servidumbres que, aunque no se puedan eliminar, se pue­ den a! menos atacar. De esta colera espero Ia facultad de pulve­ rizar, destruir, romper en dos las instituciones y los monumentos elevados a Ia gloria del ideal ascetico.

Efectivamente, asocio Ia derecha a Ia promocion, en politi­ ca, del ideal ascetico y de lo que este supone de sufrimientos y de expiaciones necesarias para el buen funcionamiento del arden social. La izquierda, en cambia, me parece que despues de Ia colera, su modo dinamico, proporciona Ia ocasion de promover el hedonismo, su contenido. De ahi el extrafi.o y significativo compromiso de Ia izquierda y de lo que simbolicamente se aso­ cia al mal presagio, a lo negativo, a lo peor. La etimologia delata claramente su asociacion con lo siniestro.

Son muchas las historias que anuncian, a Ia izquierda, Ia llegada de pajaros de mal agi.iero en el cielo que escrutan los

aruspices; en las misas negras, a Ia izquierda se encuentran los signos de Ia cruz realizados por los fieles; en el ojo izquierdo deja Ia marca de sus cuernos el diablo que toma posesi6n de un nino; el lado izquierdo es el que expone el soldado griego cuando tiene Ia Ianza en el derecho, o sea que a Ia izquierda esta el peligro; a Ia derecha, Ia fuerza; a Ia izquierda, Ia parte femenina de Adan en su momento de androginia; en las cosmogon{as y las geograflas imaginarias, el infierno esta a Ia izquierda y el para{so a Ia dere­ cha; para los occidentales, a Ia izquierda esta el oeste, donde el sol se pone dirigiendose hacia el lado de Ia muerte, mientras que sale por el este, el lado derecho, asociado al renacimiento, Ia re­ novaci6n, Ia vitalidad que gana potencia; a Ia izquierda, Ia torpe­ za de los inhabiles, Ia curvatura de lo que pierde Ia forma, el ca­ mino, Ia llnea recta, el prop6sito acertado; a Ia izquierda, lo oblicuo, lo atravesado; a Ia izquierda, las superficies que no pue­ den ser desplegadas en un plano geometrico; a mano izquierda el matrimonio desigual y del !ado izquierdo lo que no ha sido legitimado ni por el ayuntamiento ni por Ia Iglesia; por ultimo, el izquierdo es el lado en el que se guarda el arma cuando todo ha terminado.

Por tanto, 2por que este simbolismo que asocia casi por do­ quier esta palabra con lo mas temible en materia de aconteci­ mientos futuros? Pues si Ia metafora, como tantas veces ocurre, ciene su origen en el cuerpo, Ia fisiologia, Ia asociaci6n, Ia habi­ lidad, Ia fabricacion y Ia minucia, desde los estudios de Broca se sabe que lo que hace posible Ia acci6n de Ia mano derecha es el hemisferio izquierdo ... De manera que, en policica, Ia izquierda se coloca bajo siniestros augurios. 2Cabe asombrarse? La asocia­ cion de Ia izquierda con lo demon{aco no es gracuica, carente de fundamento ni de cierta verdad. En efecto, en Ia logica cristiana, el demonio, el diablo, es el que ha preferido rebelarse, desobede­ cer a Dios. Someterse, no reflexionar, aceptar el orden de Ia ley que El ha definido y querido: esca era Ia base de Ia legicimidad angelica de las criaturas aladas. En cambio, el angel caido, el

diablo, define a quien ha escogido ejercer su libertad, su autono­ mia, su independencia, y ha optado par el libre albedrio contra el sometimiento a los imperativos divinos. Principia libertario contra principia de autoridad: en estas palabras esta todo dicho, o casi todo. La c6lera como modo dinamico, el hedonismo par contenido, la voluntad libertaria como media: esto es lo que permite a partir de ahara una tipologia mas precisa de la izquier­ da a la que me refiero.

No hay nada extrafio en que la izquierda se presentara siem­ pre como satanica, tanto a ojos de sus adversarios -Joseph de Maistre ve en la Revoluci6n Francesa una de las creaciones del diablo-- como a sus propios ojos, cuando el dia de

1 789

en que en la Asamblea Nacional hay que escoger entre el rey, de derecho divino, y el Parlamento, de derecho humano, se instala esponta­ neamente del lado izquierdo del hemiciclo. La izquierda expresa asi su radical anclaje libertario, su preferencia par el juicio inde­ pendiente y la acci6n aut6noma par encima de la obediencia a los argumentos de autoridad. Recuerdese tambien la etimologia que emparienta a Lucifer con el portador de la luz y la met:ifora que, con fuerza disminuida, culmina en la formulaci6n de un ideal llamado de las Luces.

Par otra parte, satanica al extrema, la izquierda evoluciona en familiaridad con los infiernos sociales, con sus mundos som­ brios en los que se pudren los condenados del cuerpo social: le interesa este universo en el que las luces escasean o faltan par completo. Los destinatarios del ideal que formula son los exclui­ dos, los desprotegidos, los explotados, los miserables, los pobres, los condenados, los esclavos, los olvidados de una maquina que produce en monstruosa cantidad riquezas y bienes que se distri­ buyen entre unos pocos y en detrimento de aquellos que ella no olvida y a quienes se propane defender. La c6lera que la anima toma par objeto esta desigual distribuci6n de la riqueza.

Algunos, con la intenci6n de defender la derecha no extre­ mista, formada a menudo par criados disfrazados y vergonzantes

y rara vez por defensores a cara descubierta, niegan esta exclusi­ vidad de la izquierda en la preocupacion por los condenados. Pero para enmascarar esta defensa de la pobreza, los hombres y las mujeres de la derecha, evitando el cinismo verbal que haria mas dificil su practica cotidiana de cinismo real, prefieren hablar de la necesidad de la desigualdad porque aporta emulacion, de la indiscutible utilidad de las disparidades sociales porque hacen posible la competencia, condicion indispensable de todo progre­ so (del que ellos se reservan el usufructo, naturalmente) y de la esencial ampliacion de la escala de salarios porque estimula la actividad laboral, olvidando a los que, en gran numero, yacen en el lodo en el que se hunde su escalera, lejos, muy lejos incluso del primer peldafio.

Colerica, hedonista, libertaria y sat:inica, la izquierda que propongo se niega a hacer el duelo de la etica, lo que algunos se esfuerzan en encontrar perfectamente utopico, y en esro tienen razon, pero su error consiste en imaginar que «utopia» es el nombre de una perversion, de un vicio. La utopia es una topo­ grafia singular: no un lugar inexistente para siempre, que se diria atopico, sino un lugar aun inexistente, rodavia no encarnado, no en aero, sino soberbiamente en potencia. En el poder, y no sola­ mente en la oposicion, esta izquierda que me agrada prefie­ re autodestruirse o hacerse eliminar antes que abjurar: es la de Jacques Roux, el

Enrage,

que se suicida para escapar a la guilloti­ na, la de los revolucionarios de

1 848

que se exilian o los miem­ bros de la Comuna que encienden las hogueras en las que saben con certeza que les espera la muerte, y tambien la de los prota­ gonistas de

1 968,

que en

1 98 1

rechazaran las prebendas en un gobierno cuyo motor seria el regocijo perpetuo en el arte de practicar la desercion.

La etica de conviccion se expande cuando la transmutacion de los valores se realiza en beneficia de lo politico, que somete la economfa a su medida y a su paso y no a la inversa; cuando no se olvidan las ideas y se las practica en funcion de lo que son,

esto es, promesas de hechos y de actos para los que los hombres han recibido mandata; cuando los principios que permiten el acceso al poder son los mismos que inspiran el mantenimiento del poder, en la medida en que proceden de otra logica que la de un florentino del Renacimiento o un jesuita espafi.ol del si­ glo xvn; cuando se prefiere la dimision al pragmatismo, que su­

pone y exige la abjuracion y la apostasfa.

Tambien es necesario prestar atencion a la demagogia de la que hacen gala quienes aspiran a las supremas magistraturas: el hedonismo siempre es un recurso facil. Entre el parafso terrenal realizado y los luminosos futuros, las vacaciones permanentes y la canfcula en invierno, el afeitado gratis completado con la ofer­ ta del oro y el moro, son innumerables las teleologfas radiantes y los finales de la historia en la tranquilidad de un armonioso nir­ vana. Esta utopia es peligrosa, pues ha legitimado los afi.os mas sangrientos del siglo xx. Sin embargo -los hechos, las realizacio­

nes y sus triunfos hablan por sf solos-, la izquierda ha permitido la encarnacion, en textos de ley, decretos, vidas cotidianas, cuer­ pos y carnes, mentalidades, pafses enteros e incluso continentes, del principia hedonista en virtud del cual lo politico es el arte de poner en practica los medias para hacer mas aceptables las con­ diciones de existencia de los mas desfavorecidos, los mas despro­ tegidos.

De

1 789

a mayo de

1 968,

de

Ia igualdad de goces

que pedfan