De la escultura politica de sf
Entonces, �d6nde esta el exito de Mayo del 68? �Que hay que retener de el? Barricadas y olores a gases lacrim6genos, mul titud de grafitos y poesia que desciende a la calle, coches vol cados e incendiados, universidades y fabricas ocupadas, toma generalizada de la palabra, bacanales en el Quarrier Latin y sa turnales hasta en provincias, mitines y huelgas, desfiles e inci dences, adoquines y escudos, conferencias de prensa y golpes de propaganda, comunicados por radio y teatralizaci6n de la polfti ca, todo recuerda la tradici6n hist6rica de la insurrecci6n, en las modalidades propias del siglo. Todo relata tambien el fin de esta historia de tipo baquico con el triunfo de la reacci6n y del con servadurismo: expulsado De Gaulle, no fue Mao, sino un ban quem el que recuper6 el control de la situaci6n dejando apabu llados y en ridiculo a quienes, creyendo llegada su hora, se habian presentado en Charlety como salvadores.
Algunos vieron en ello el fracaso del movimiento, su desca labro, su aborto manifiesto. Pero �que hubiese sido un exito? �La toma del poder por parte de aquellos que desfilaban bajo los retratos del Gran Timonel, el inventor del Ejercito Rojo, o los estalinistas del Partido Comunista Frances? �La instauraci6n de la dictadura del proletariado, la revoluci6n cultural al estilo chi no o la generalizaci6n del trabajo manual forzado? No es seguro.
El
espiritu de Mayo*
no florece en estas maquinas, peores que los que en ese momento tenfan el poder, sino en el nuevo tono li bertario, que nacio allf, en las calles, sobre los muros, en los lu gares ocupados y en el intersticio siempre visible entre dos per sonas que conversan. Mayo del68
ha descubierto la difusion generalizada del poder y hace de este, dondequiera que se en cuentre, una ocasion de cuestionamiento, de crftica. Lejos del poder unico del Estado, o de las interminables disquisiciones de un Althusser sobre los aparatos ideologicos del Estado, el poder se mostraba por doquier; habfa que combatirlo, se trataba de acosarlo en todas partes.De ahf la obligacion de pensar de otra manera las modalida des de la resistencia o de la insumision. En eso consiste tambien la leccion de Mayo, en tomar conciencia de que no hay un Iugar fijo para la expresion de la autoridad, que esta no se encarna de modo espedfico, esencial, en ninguna figura, sino que actua a traves de una energfa que se instala en todos los lugares posibles e imaginables. Allf donde dos seres se miran, antes incluso de hablarse, allf el poder trabaja la relacion, la socava, la determina. La lucha de las conciencias de sf en oposicion, que se da en He gel, el combate para determinar lo que corresponde a la domina cion y lo que pertenece al campo de la servidumbre, todo esto es materia de una verdad al mismo tiempo etica y polftica.
Esta logica agonica opera entre los individuos, los grupos, las castas y las naciones. Supone siempre un final en el que jamas el equilibrio exime de establecer en terminos absolutos un gana dor y un perdedor, un vencedor y un vencido. La guerra invade el teatro de toda intersubjetividad y el poder circula como una mala energfa que sirve para formular y cristalizar los someti mientos. El problema no es tanto el poder del Estado como el estado del poder, su fluidez, su silencio y su circulacion genera lizada, sus flujos y sus estragos, sus construcciones, los edificios y las ruinas. Siempre que luchen dos fuerzas opuestas, hay mate rial para el ejercicio libertario.
De donde se deduce una caducidad generalizada del pensa miento anarquista que tiene en el Estado su objetivo prioritario y unico. lmaginar el poder solo alll donde se alimentan la buro cracia y la administracion de una nacion es encontrar un chivo expiarorio al menor coste posible, elegir sin riesgo una vktima para un sacrificio propiciatorio que solo genera satisfacciones simbolicas. El golpe de Estado, tal como lo detalla Malaparte, ha dejado de ser concebible: los lugares de un poder a conquistar esd.n diseminados y parpadean en los lugares menos esperados. Mas alia de los ministerios, de los aeropuertos, de las capitales, de las conexiones y la radio, el poder mantiene su soberbia y su eterna eficacia en todas partes y en ninguna.
Un pensamiento anarquista contemporaneo debe poner fin a este fetichismo del Estado, pues el Estado no es otra cosa que una maquina sin ningun coeficiente etico, un mero mecanismo que obedece 6rdenes impartidas y transmitidas. La antinomia entre el Estado y la libertad desaparece al mismo tiempo que la sociedad disciplinaria es sustituida por la sociedad de control. Y la ideologia, como cualquier otra nueva tecnologia de gesti6n virtual de los flujos de hombres 0 de ideas, sustituye unicamente
al Estado. El Leviatan antiguo cambia de forma y se manifiesta en la omnipotencia del pensamiento unidimensional, en la con dena a muerte de toda reflexi6n, por poco compleja o subversiva que sea, o, peor aun, en su recuperaci6n de acuerdo con las voces de orden del teatro mediatico circundante.
Siempre que la energia rebelde se transfigura en violencia constitutiva de la realidad, lo libertario puede ponerse manos a la obra. La resistencia puede ejercerse en rodas las direcciones ante un poder que funciona sobre el principio de las categorias teol6gicas de la omnipresencia, la omnipotencia e incluso la om nisciencia, pues todo poder tiene el valor de un saber. En cam bio, el saber entendido como un poder provoca la c6lera de los aficionados al sometimiento y sus promotores.
lidad, ha agotado su tiempo. Tanto mas cuanto que siempre en la historia, tras su experiencia del poder politico efectivo, ha dado muestra de su repugnancia a «gobernar como lo harian los gobernados si tuvieran el poder», segun la feliz expresion de Giono en su prefacio a Maquiavelo. En todos los casos, los revo lucionarios de hoy son los reaccionarios de manana. Muy a me nudo, los opositores del momento terminan siendo peores que sus antecesores apenas ocupan su lugar en el trono.
Estas son, pues, las lecciones anarquistas para nuestros dias: la eterna perversion de los que ejercen el poder, sean quienes sean, fil6sofos convertidos en reyes o reyes tocados por la filoso fia. Su ejercicio conlleva una especie de consagraci6n que trans figura a los gobernantes, de derecha o de izquierda, sin distin cion, en miembros de una casta con sus reglas, sus leyes y su gregarismo aceptado, y conduce al culto de quienes han podido, un dfa, practicar legftimamente, o no, el dominio sobre la gran mayor{a de sus subditos, sus administrados ... , sus victimas.
En su modalidad de golpe de Estado, la revolucion estcl. muerta. La que vive es la modalidad libertaria de la revolucion o, en el lenguaje de Deleuze y Guattari, molecular. Lejos de futuros radiantes y venturosos y de pacificados porvenires, es necesario sofiar con el devenir
revolucionario de los individuos,
que es launica etica concebible para un libertario en el carnbio de mile nio. Allf donde los recicladores milenaristas aspiran a una socie dad congelada, fija, construida sobre el principio de la esfera parmenidea, cerrada, es necesario oponer la voluntad de una so ciedad m6vil, cambiante, atravesada por flujos, animada por co rrientes, elaborada al modo del rio heracliteo, abierta. Alli donde la muerte termina por ser el modelo, la vida se convierte en el principio, en una obligacion ontologica. Entre una y otra ins tancia se encuentra todo lo que separa las sociedades cerradas de las sociedades abiertas, de acuerdo con las categor{as propuestas por Bergson.
espera de la paz de manana. De esta manera, el todo justificaba el recurso a una dialectica y la negatividad desempefi.aba su papel en la logica de una resolucion ulterior, a modo de slnte sis. Estos fururos radiantes, nunca realizados, siempre anuncia dos, fueron la causa de lamentables presentes, de detestables vidas cotidianas. Por otra parte, en nombre de un tercer mo menta social maravilloso se soportaba el segundo, por terrible que fuese.
Este milenarismo, redoblado por el sacrificio en aras de la utopia clasica, debe ser reemplazado por un instantanelsmo fun dador de la identidad hedonista en polltica: aqul y ahora, en la urgencia de un presente que no hay que entender como un mo menta en un movimiento, sino como un fin en si mismo, un absoluto. La eternidad yace en el instante mismo, en ninguna otra parte, y hay que vivirla de acuerdo con el principia nietz scheano del deseo de ver incesantemente repetido lo que se ha escogido, querido, elegido. Postergar es hacer imposible, dar oportunidades a lo improbable. Pero el devenir revolucionario del individuo se inscribe en el momenta presente y solo en el. Sea cual sea el poder, el papel del individuo consiste en opo ner una resistencia determinada, una insumision feroz a lo que exige la autoridad. Que una mistica de izquierda sirva de bruju la y ofrezca puntas cardinales seguros para la accion y la deci sion, no significa que la izquierda en el poder suponga y ratifi que el fin de toda voluntad libertaria. Por el contrario, y mas que nunca, para aguijonear a los aspirantes y los pretendientes, los auxiliares y los actores de la encarnacion de esta mlstica, para evitar que se la abandone, pervierta u olvide por el camino, el individuo rebelde debe prepararse para ejercer una tarea infinita. Desde la Revolucion Francesa y su lenta deriva hacia la negacion de sus ideales fundamentales, los
Enrages
han aislado la antino mia radical que da forma a toda voluntad libertaria. EnExplo
sion,
escribla Varlet: «Gobierno y revolucion son incompatibles.» Dos siglos mas tarde, aun cuando la nocion de revolucion exijaser redefinida y reconsiderada, esta idea sigue siendo una verdad avalada por la evidencia.
Por un lado, estin los que detentan el poder, lo ejercen, lo aman, lo quiereq, lo reclaman y, muy a menudo, disponen arbi trariamente de el; por el otro, aquellos sabre los cuales ese poder se ejerce. Los primeros pueden ser de derecha o de izquierda, ateos 0 clericales, liberales 0 comunistas, pero siempre seran para
los otros sus enemigos consumados y manifiestos. Pues, aunq ue siendo movil, diflcil de localizar y capaz de desaparecer aqu{ para reaparecer alla, a menudo el poder se encarna en los mismos que una sociedad forma con esa finalidad, elige como tales y recom pensa de manera nada despreciable. Las elites, los graduados de la Ecole Nationale d'Administration, los ministros, los
apparat
chiks,
los elegidos, constituyen una oligarqu{a que se arroga el poder politico en exclusiva, una casta disociada de los intereses y la vida de los ciudadanos ordinarios sabre quienes ejerce la auto ridad.El varon blanco, adulto, occidental, cristiano, heterosexual, casado, con un capital cultural y un volumen de bienes materiales codificados, aparece como modelo al que se atribuye el uso y la posesion exclusiva de esta violencia social, autorizada y legitima da. Aquellos sabre los cuales esta violencia se ejerce son con fre cuencia su con trap unto, su contradiccion, esto es, las mujeres, las gentes de color, los jovenes, los adolescentes o los viejos, los mu sulmanes -piensese en la acepcion de este termino en los campos de concentracion-, los homosexuales, los incultos, los analfabe tos, los pobres, los minusvalidos Hsicos o mentales y los que yo llamar{a de manera general celibes, categor{a en la que incluyo a todas las personas que asumen fundamental y visceralmente su parte de soledad, su identidad como individuos soberanos y re beldes, solares y solitarios.
Por supuesto, esta tendencia mayoritaria no es ley: hay ex plotados, empleados domesticos, esclavos y sometidos en el pri mer arden, y explotadores, amos y senores arrogantes en el se-
gundo. Hegel ha agotado el tema; uno puede estar sometido aquf y ser alla decisivo para el sometimiento de otro; uno puede ser amo en el terreno simbolico y otro esclavo en el registro real concreto. El reconocimiento de los efectos del poder, los lugares en los que se formula, se enuncia, se expresa, proponen un juego perpetuo asimilable a la estrategia de los militares o de los dialec ticos de las escuelas de guerra, de Sun Tzu a Clausewitz, del juego del go a las casillas del tablero de ajedrez.
Nada de monolitismo facil de sefi.alar y de distinguir, sino una fragmentacion plastica en permanente metamorfosis: el nuevo estado de Ia situacion modifica el trabajo del libertario y supone un estratega, un vigfa alerta y de grandfsima agudeza. Lo infinitesimal satura su mundo, lo imperceptible llena su univer so, el no se que, caro a Gracian, y el casi nada, familiar a Mon tesquieu, delimitan su registro. El retrato del libertario, esta fi gura celibe, evoca las cualidades del animal de presa: husmear, escuchar, espiar, estar incesantemente en guardia, interpretar huellas, signos, buscarlos, incitarlos, contemplar con perspecti va: esto es lo que define etimologicamente Ia inteligencia, el arte de unir lo que, a priori, pareda carecer de relacion consecuencial o causal.
La politica deviene ciencia de la decodificacion de los signos moviles entre individuos que establecen entre si relaciones en la ciudad, 0 en el terreno mas espedficamente domestico, cuando
los que en realidad dominan el juego son los roles sociales. La intersubjetividad entre un padre y su hija, un marido y su mujer, una madre y su hijo, o cualquier otra relacion basada en funcio nes, mas alia de los individuos, se instala de hecho en el terreno politico. De la misma manera, y con mayor razon, esa logica es reconocible entre un patron y su obrero, un director y su em pleado, un oficial y su inferior jer:irquico, un docente y su alum no, y en cualquier otra distincion social que enmascare o supere Ia pura y simple relacion entre dos individuos.
cen que una mujer sea aqui esclava del marido y alia, si es docen te, ama de sus alumnos; de Ia misma manera que una persona puede ser inferior o superior para sus colegas de acuerdo con Ia singularidad de su titulacion, su competencia, su carisma, su be lleza, su inteligencia o cualquier otra distincion de una identi dad socialmente reconocible y negociable. Las ideas dominantes, estas mentiras sociales de grupo necesarias para Ia cohesion, per miten asignar un coeficiente a las cualidades asociadas a fulano
0 mengano: de lo mas detestable a lo mas notable, de lo mas
prescindible a lo mas deseable. El mimetismo que invita y con duce a Ia mayoria a desear solamente lo mismo que el otro, a querer asemejarse al otro, ha producido una escala de valores con mercancias incesantemente revaluadas segun el lugar en el que se las considera: Ia universidad o Ia fabrica, el taller o Ia li breria, el hogar domestico o el local de reunion sindical, Ia ofici na o el aula, en un Iugar publico o en un medio privado, con o sin testigos.
La formulacion del poder es cada vez diferente. Su forma, su naturaleza, su funcionamiento, su devenir y su intensidad se ven correspondientemente afectados. La entropia que trabaja el po der se modula y eso determina sus efectos. La lucha que se libre contra uno u otro de estos poderes encarnados supondra una localizacion viva, un control rapido, una circunscripcion de Ia geografia implicita en los plazos mas favorables: no hay tactica ni estrategia sin Ia precision y Ia elaboracion de una cartografia pre via y sin talento para los ajustes dpidos. El dominio de Ia totali dad del campo de batalla, o de Ia mayor parte posible de el, equivale a una gran probabilidad de exito.
Al rechazar los poderes con Ia intencion de algo mas que su mera desactivacion, el libertario se hace compafiero de los ex cluidos del poder. El campo de concentracion ha mostrado el paroxismo del despojo, Ia sumision a los meros deberes de per sonas singulares sobre las cuales -con independencia de su grado de infamia, ignominia o perversion- ejercieron sin descanso to-
dos los poderes quienes no experimentaban ninguno de ellos, excepto el de la resistencia que se manifiesta en el cuerpo que perdura y sigue con vida, esto es, el individuo.
El propio Robert Antelme ha situado la fabrica y los lugares de produccion del capitalismo productivista en el universo de estos infiernos concentracionarios. A estos les siguen todos los universos en los que son amontonados y domesticados los des pojados, los expoliados, los sometidos, la gente normal y co rriente, los explotados, los pobres en todo, los modestos, los que son siempre vfctimas del poder y nunca sus ejecutores, los arras trados al resentimiento con el que se alimenta la fuerza populis ta y neofascista.
Este disfrute del poder ejercido por los amos -lacayos a su vez del sistema, que sabe desembarazarse de ellos en el momenta oportuno, cuando la productividad o la eficacia disminuyen- se justifica y se legitima por medio de ideales. Nunca el disfrute del poder que se ejerce sobre otro se expresa en la desnudez de su mero ejercicio, de su puro y simple ejercicio. Siempre se justifica en virtud de universales, de trascendencias que exigen y necesi tan, para bien de quienes los sufren, lo Justo, lo Verdadero, lo Bello, la Ley, el Estado, el Saber, el Orden, la Seguridad, el De recho, la Moral y otras mitolog{as con las que se perpetuan los sometimientos. Que la alegr{a sadica se baste a s{ misma, sin interesarse por lo que podda justificarla, es algo que solo puede entenderse en Sade, teoricamente proscrito, por otra parte, por quienes practican sus teorias de forma cotidiana y entusiasta.
Y luego est:i tambien, lo que es mas asombroso, el disfrute de los que padecen el poder. Pues, si La Boetie tiene razon cuan do dice que el poder se impone unicamente por el consenti miento de quienes lo padecen, �por que diablos consienten los que soportan las consecuencias, a veces dolorosamente? �Como se explica que alguien permanezca en este juego de distribucion de la dominacion y la servidumbre y eluda un hedonismo que acabaria con las estrategias de servidumbre? Cuando el mismo
La Boetie escribe: «Decidios a no servir, y sereis libres», �como se puede no tomar la decision y persistir en el servicio?
Por miedo a la libertad. Por temor a tener que elegir, inven tar, querer, por pereza intelectual, por incapacidad de la volun tad cuando todo se ha hecho para mantener limitado el espiritu critico gracias a las tecnicas de alienacion, servidumbre y desce rebracion que las sociedades de hoy toleran. Michel Foucault ha mostrado en que medida el castigo era el futuro que esperaba a los rebeldes y los insumisos en las sociedades disciplinarias: tor tura, encierro, hospitalizacion, medicalizacion, encarcelamiento, privacion de libertad, malos tratos, castracion qufmica, prision, confinamiento de los individuos en dispositivos construidos se gun la perspectiva panoptica. Todo lo que, de cerca o de lejos, guardaba alguna semejanza con una insumision individual, era aniquilado. Recuerdese el destino de Campanella, Auguste Blan