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1 El debate sobre el “fin del trabajo” en la Sociología del trabajo

D.- Nuevas prácticas discursivas empresariales y desestructuración de la acción sindical

II. 1 El debate sobre el “fin del trabajo” en la Sociología del trabajo

En la discusión sobre el “fin del trabajo” han participado un buen número de destacados sociólogos interesados por desentrañar los actuales cambios en mundo laboral. Este apartado recogerá las visiones de estos autores con el propósito de avanzar en el objetivo de estos capítulos iniciales, dedicados a la conceptualización y a la revisión de las bases teóricas sobre el paro.

El hecho de que uno de los leitmotiv de esta polémica sobre el “fin del trabajo” sea el paro y su crecimiento en los dos últimos decenios, resulta ser una invitación para tratar detenidamente el contenido y las líneas que animan este debate. Hay que adelantar que, si bien es rico en aportaciones e ilustraciones desde diferentes perspectivas, este debate concreto no ha contribuido mucho a un avance sistemático de las explicaciones de las grandes dinámicas sociohistóricas que explicarían la emergencia del desempleo y más concretamente el de larga duración. Esta discusión ha involucrado a filósofos, historiadores y sociólogos enmarañados en sus respectivas definiciones e interpretaciones sobre qué es trabajo; hasta qué punto está en crisis; cuál es el trabajo que ha desaparecido y qué implicaciones sociales tienen estas tendencias.

Además de por el paro, el debate ha sido avivado por todas las grandes transformaciones laborales a partir de los ochenta. La extensión del neoliberalismo en el contexto de una sociedad postkeynesiana, donde las relaciones laborales se desestabilizan; la reestructuración productiva y de los mercados de trabajo, con el consiguiente replanteamiento del valor del trabajo y la decadencia de las identidades obreras, han cambiado el escenario de las relaciones capital-trabajo y han contribuido a abrir y mantener el debate.

En 1984, Claus Offe publicó un artículo que se convertiría en un referente central a la hora de analizar en caliente los cambios que el trabajo como valor estaba sufriendo en los procesos de reestructuración iniciados a finales de los setenta. En el articulo ¿Es el trabajo una categoría sociológica clave? Offe recorría el lugar que el trabajo había ocupado en las grandes teorías

sociológicas del XIX. En él se ve cómo Marx, Weber, Durkheim recurren al trabajo como principio vertebrador de la estabilidad del orden social ya que permite entrar en una relación de intercambio con la naturaleza que genera la supervivencia de los miembros del grupo. “La Sociedad del Trabajo”, que emerge de la modernidad industrial, aúna los diferentes enfoques de los tres autores clásicos citados. En esta sociedad, se verifican tres tendencias que conformarán la naciente sociedad industrial:

• El trabajo y su personificación en el tipo social obrero –el trabajador libre- se convierte en un agente estructurador de primer orden en la vida social: separación de esferas doméstica/productiva; apertura de relaciones (conflictivas) entre propiedad/trabajo, etc.

• La organización y la división del trabajo, las relaciones salariales- mercantiles y las jerarquías ocupacionales se convierten en criterios de ordenación de la sociedad industrial.

• La racionalidad técnica y la racionalidad económica pasan a regir el proceso de trabajo y el proceso de valorización del capital y a determinar los comportamientos de los diferentes actores.

Offe considera que el hecho social del trabajo asalariado pasó a tener en el XIX una enorme “capacidad global de determinación macrosociológica” y es esta capacidad la que, según él, se ha tornado cuestionable en la actualidad. Los elementos anteriores –las relaciones de trabajo, la organización de la producción, la relación salarial- están perdiendo fuerza a la hora influir sobre la estructura de las sociedades actuales. Para probar esta afirmación, Offe ofrece algunas evidencias recogidas de la observación de las más recientes realidades laborales. En primer lugar, el hecho de trabajar define cada vez peor las identidades de los individuos, es cada vez menos “informativo de la definición personal”. La diferenciación de las retribuciones salariales erosiona la identidad homogénea de trabajador y resta propiedades unificadoras al trabajo. Algunos recientes procesos ahondan la crisis del trabajo como medio de agregación social y de clase: la segmentación del mercado de trabajo; el fortalecimiento de zonas laborales que escapan de la esfera del trabajo

asalariado clásico –el trabajo negro, a domicilio, ilegal-; la extensión de categorías intermedias en la organización jerárquica del trabajo y de grupos intermedios de autoridad en la empresa y, finalmente, el crecimiento de la “sociedad postindustrial de servicios” traen consigo una importante fisura respecto a la prestación laboral en la producción y en los servicios.

La crítica del concepto de trabajo alcanza tonos más sociológicos en Offe cuando aborda el lugar del trabajo en la identidad biográfica de los trabajadores: “el intento de construir globalmente el contexto de vida a partir de la esfera del trabajo como una unidad subjetiva dotada plenamente de sentido resultaría cada vez más vano a causa también de la estructura temporal del trabajo y de la biografía laboral”: el oficio pierde anclaje con la extensión de la formación, el trabajo ocupa progresivamente menor tiempo en la vida de la gente y el tiempo libre se ensancha. Todos estos nuevos elementos deberían, según Offe, “hacer del trabajo un problema “junto a otros” y relativizar su función de punto de orientación para la constitución de identidades personales y sociales” (Offe, 1992: 39). Como vemos, Offe plantea un auténtico programa de investigación que tendrá continuidad en una copiosa oleada de publicaciones sobre las diferentes dimensiones abiertas en su artículo precursor. Ralph Dahrendorf, Alain Touraine, André Gorz y otros importantes sociólogos especialistas en la cuestión laboral expusieron en esos primeros años ochenta sus posturas en torno al debate inicial sobre la crisis del trabajo, consolidando una discusión que aún hoy no se ha cerrado.

En un reciente artículo, Enrique de la Garza (2000) ha revisado y sistematizado las grandes áreas que ha ido recogiendo e incorporando este debate sobre el “fin del trabajo”. De la Garza especifica cuatro grandes argumentos construidos a lo largo de estos últimos quince años por diferentes líneas de investigación en Sociología del trabajo. Estas cuatro tesis trazarían un mapa de las explicaciones acerca de la discutida tesis del trabajo que hipoteca su futuro y dibuja un panorama incierto. En cada una de ellas existen posturas extremas, que se toman al pie de la letra el lema “el fin del trabajo” y otras posturas más matizadas, que señalan fisuras en la estructura

del trabajo en este fin de siglo. Dado que la mayor parte de autores relevantes han participado de una u otra forma en la discusión sobre el fin del trabajo y que el tema resulta ineludible sea cual sea la procedencia teórica de los implicados en el debate, utilizaremos esta clasificación de De la Garza para repasar las principales aportaciones en el campo de la teoría social sobre el trabajo y el paro. La discusión está estrechamente relacionada con el tema objeto de nuestra investigación –el desempleo-, esto justifica, aún más, el detenerse en las contribuciones teóricas de los autores que a continuación trataremos.

De la Garza resume los argumentos sobre el fin del trabajo en cuatro tesis. La primera podríamos resumirla como la del declive del mundo industrial y recoge toda la serie de cambios laborales y productivos acaecidos en estos últimos veinte años. La segunda es la tesis del fin de la centralidad del trabajo y de las identidades culturales obreras y aglutina toda la gama de aspectos culturales y de cambios en la esfera de los valores. La tercera tesis es la devaluación del trabajo como medio de producción de valor y recoge los argumentos más ceñidos a las transformaciones económicas y financieras más recientes. Por último, la cuarta tesis es la del desmoronamiento político de los actores representantes de los intereses obreros, en ella se desarrollan los aspectos más puramente políticos de la crisis del trabajo.

Estas tesis cartografían bien el campo de la discusión actual en torno al trabajo y al paro. En cada una de ellas, existen posturas contrapuestas. Podríamos encontrar, incluso, posiciones que negarían el enunciado de alguna de las tesis de partida, pero, en general, pueden servir, como ya hemos adelantado, para ordenar las aportaciones más relevantes en el terreno de la Sociología del trabajo. Si desarrollamos cada una de ellas podemos encuadrar mejor dichas aportaciones y a sus autores y rastrear las grandes cuestiones actuales en torno al trabajo y al paro.

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