D.- Nuevas prácticas discursivas empresariales y desestructuración de la acción sindical
II. 2.4 Del “fin del trabajo” al “fin del paro”: las propuestas de Guy Aznar
Guy Aznar parte en La fin des années chômage (1999) de la idea de que predomina un aire negativo y desesperado en la visión hacia el problema del paro. Esta negatividad es un lastre inmediato para un discurso en positivo que responda creativamente al reto del desempleo. El paro se vive como una maldición social que pudiera deberse a carencias de los parados o a otros motivos, que, en todo caso, llevan a una situación de “no futuro”. Aznar apela a la creatividad y la imaginación social para transformar este enfoque en un discurso positivo hacia el trabajo, que para él continúa siendo un pilar central de la integración en la sociedad, el “código de entrada en el hábitat colectivo”, que concede autonomía, un estatus jurídico y la posibilidad de expresar la propia personalidad.
Aznar propone una definición de trabajo que supone rupturas con las fronteras tradicionales del empleo asalariado. Utiliza la expresión de “empleo plural” para definir una innovadora forma de empleo que prolonga la definición tradicional y que incluye formas diversas de trabajo –asalariado, independiente, con grados mayores o menores de estabilidad, que él denomina, respectivamente, “sedentario” o “nómada”-. Asimismo, recoge diversas duraciones en el tiempo de trabajo –a tiempo completo, a tiempo parcial-. Igualmente, introduce periodizaciones en la organización en el ciclo vital a través de las interrupciones o “transiciones” –permisos parentales, formativos, asociativos, prejubilaciones a tiempo parcial, etc.-. Para Aznar, el núcleo duro del trabajo asalariado actual tiene que ampliarse y diversificarse
mediante la creación de nuevas formas jurídicas y contractuales que nos conduzcan del empleo asalariado tradicional y unidimensional, a lo que Aznar denomina la “actividad”. Para él no conviene tomar este tránsito como una renuncia al pleno empleo o una justificación eufemística de la precariedad. El objetivo de la “actividad” sería garantizar el empleo diverso y variado tal y como ha sido descrito en este párrafo y, por otra parte, liberar tiempo para que las personas puedan, potencialmente, dedicarlo a la realización otras actividades: “el tiempo que no es absorbido por el trabajo productivo se ampliará gracias a diferentes formas de reducción de tiempo de trabajo y podrá aplicarse a la esfera del empleo plural (por ejemplo, utilizarlo en tiempo de formación), en la esfera personal (relaciones afectivas, creatividad, etc.) o en la esfera sociopolítica (relaciones de amistad, clubs, actividades asociativas, vecinales). Una “geografía” que refleja la infinita diversidad de los modos de vida de cada uno”.
Tanto en la La fin des années chômage (1999), la última obra de Aznar que estamos comentando, como en uno de sus anteriores trabajos Travailler moins pour travailler tous (1993), las resonancias con las ideas de André Gorz son considerables. Muchas de las propuestas de Aznar funcionan como fórmulas prácticas para concretar las concepciones de Gorz acerca del tiempo liberado del trabajo. Las que Aznar apoda “pausas del trabajo” están dirigidas a incrementar la autonomía de las personas a la hora de organizar el trabajo en la vida sin sufrir discriminaciones. Los sistemas flexibles de “temps choisi” –tiempo elegido-, los periodos sabáticos prácticos, los modelos de trabajo intermitente estable aportan procedimientos concretos de regular el binomio tiempo de trabajo/dinero por parte de las personas sin sufrir discriminaciones en el resultado de la elección. Aznar rastrea, plasma y cuantifica en su propuesta el abanico de posibilidades y experiencias prácticas que, embrionariamente, se están experimentando en Europa.
El diagnóstico de La fin des années chômage puede prácticamente deducirse de su título. Aprovechando el juego de palabras que permite el francés, Aznar opone los “trente glorieuses” (periodo de crecimiento en las tres décadas
posteriores a la IIª Guerra Mundial) a los “Trente chômeuses” (que abarcan el periodo posterior a la crisis económica de 1973). El ascenso del paro y los problemas de empleo de este segundo momento son analizados por Aznar desde una perspectiva muy optimista. Su valoración es que este periodo de paro, que aún se mantiene alto, está a punto de sufrir una inflexión que le hará perder importancia. A largo plazo, la tendencia secular a la reducción del tiempo de trabajo multiplica las posibilidades de convertirse en un aumento del tiempo libre y no del tiempo de paro y, a corto plazo, puede decirse que respecto al desempleo “lo peor ya ha pasado”. El principal argumento más reciente utilizado para explicar el paro en el esquema de Aznar -los desequilibrios demográficos-, no parece generar las inquietudes en cuanto a la absorción de los activos que produjo hace veinte años. Por otra parte, las perspectivas de creación de empleo en los servicios y la ralentización de las perdidas ocupacionales en la agricultura y la industria fundan un pronóstico favorable para el paro. Aún es temprano para afirmar que el paro, sobre todo el de reconversión de la mano de obra poco cualificada de la agricultura y la industria, ha dejado de ser un problema, pero el incremento de la formación en las nuevas generaciones que llegan al mercado de trabajo, junto a las formidables expectativas que pueden depositarse en los “nuevos territorios” de creación de empleo, auguran un futuro altamente creativo. Aznar acude al repertorio de nuevas necesidades y nuevos servicios que se extienden en la literatura sobre políticas activas de empleo en estos últimos años: servicios personales, salud, turismo, ocio, formación y animación de diferentes colectivos y las muy socorridas nuevas tecnologías adaptadas a necesidades sociales y a nuevos colectivos para paliar la fractura tecnológica.
Las finalidades prácticas y aplicadas parecen predominar sobre las teóricas y analíticas en el trabajo de Aznar. Él representa un buen ejemplo de una trayectoria que se ha observado recientemente en el campo del análisis de la cuestión del desempleo. Se trata de la abdicación de hacer un estudio profundo de las causas del problema para situarse en el terreno más cómodo del optimismo propositivo y pragmático en materia de medidas para luchar
contra el paro. Algunos especialistas, entre los que se encuentra Aznar, han optado por elaborar un análisis que no quite razón a sus propias propuestas y circunscriben las causas del paro a aquellas que pueden ser abordadas con los instrumentos que ellos proponen. Esto supone adoptar una lógica de trabajo más cercana a la consultoría que al análisis sociológico. La yuxtaposición de medidas y fórmulas se suceden de forma sugerente, pero sin situarlas en proyectos más articulados o sin identificar objetivos más amplios en el terreno sociopolítico. Aznar describe bien el terreno estrictamente ligado al empleo, pero no aparece un análisis sobre los sujetos, las lógicas y las contradicciones que las propias medidas propuestas encontrarían. Abandonar la negatividad del discurso del “no futuro” del paro y la precariedad, ser optimista a toda costa, le condiciona a hacer un análisis de las causas del desempleo en el que no están presentes algunos de los elementos que, de ser contemplados, debilitarían el andamiaje de su, a veces ilusoria, construcción de la sociedad del empleo plural.