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Es decir, explícame esto sin salirte del tema 23 De Orestes, tras com eter el nuevo crimen.

LAS EUMÉNIDES

22 Es decir, explícame esto sin salirte del tema 23 De Orestes, tras com eter el nuevo crimen.

ple y Z e u s24. También sin honor C ipris25 es arrojada fuera con tal razonamiento, de la cual nace lo más querido para el hom bre. Que el lecho destinado del hom bre y la m ujer más fuerte es que el juramento, guardado com o está por la justicia. Si flojeas para aquellos que ma­ tan entre sí hasta no castigarlos ni mirarlos con ira, niego que tu persigas a Orestes con jus­ ticia. Pues bien sé que de unas cosas te aíras grandemente, en tanto que otras vengas con más calma. Palas, la diosa, juzgará esta causa.

Co r i f e o.—A aquel hom bre no he de dejarle libre nunca.

Ap o l o.— Persíguele, tómate más fatigas.

Co r i f e o.— No cercenes mis privilegios con palabras.

Ap o l o.— No querría tener tus privilegios.

Co r i f e o.— Grande, es cierto, te dicen junto al trono de Zeus; mas yo, pues que me arrastra la sangre de una madre, exigiré justicia de ese hombre, le seguiré cual perra.

Ap o l o.—Y yo le ayudaré y salvaré a m i su­ plicante; pues terrible es la ira, entre los dioses y los hombres, del suplicante, si alguien de gra­ do le abandona.

(E l c o ro sale.) Acrópolis de Atenas. Orestes abra­ zado a la imagen de Atenea.) Or e s t e s.—Atenea soberana, por órdenes de Loxias he venido; recibe con favor a este mal­ dito, no manchado ni im puro p or mis manos; ya es sin filo y gastado contra otras casas y otros caminos de los hombres. La tierra, igual

24 La institución del matrim onio, santificado p or la bod a de Hera (patrona del mism o).

que el mar, atravesando por cumplir los pre­ ceptos del oráculo de Loxias, vuelvo a tu tem­ plo y tu imagen, diosa. Teniéndola aquí cerca, espero el resultado de este juicio.

(Llegan las Erinis.) Co r i f e o.— ¡Ah! Esta es señal bien clara de este hombre M: v e 27 tras de los avisos del mudo denunciante. Como un perro a un cervato que va herido, p or la traza de sangre que gotea le perseguimos. Ante tantos trabajos que m e ago­ tan, mi entraña anhela; pues todos los lugares de la tierra ha recorrido mi rebaño y más allá del ponto con mis vuelos sin alas fui persiguién­ dole, n o más lenta que un barco. Y ahora está aquí, acurrucado en algún sitio. Un perfume de sangre humana me sonríe.

Co r o

—Mira, mira otra vez:

miradlo las d o s 28 todo, no sea que

se nos escape huyendo / cual matricida impune. -r-Ahí está: ha recobrado fuerza

y, abrazado a la imagen / de la deidad eterna, quiere ahora ser juzgado / del crimen de su

[ mano.

—Mas no es posible: sangre maternal en las ma- difícil es de recobrar, ¡ay me! [nos El líquido en el suelo / vertido desparece.

—Debes darnos a cambio que de tu cuerpo vivo sorbamos, de tus miembros, roja ofrenda; saque yo el alimento de im bebible bebida.

& Se refiere a la espada de Orestes, que gotea, lo . que contradice sus afirm aciones anteriores.

27 Exhortación de las Erinis unas a otras. 28 Se refiere a los dos semicoros.

— Vivo he de consum irte y llevarte allá abajo para que pagues cual castigo los dolores de ma- [tar a una madre. — Y verás, si algún otro pecó de entre los y a un dios o a un extranjero [hom bres, hizo impiedad o a sus queridos padres,

cóm o todos reciben lo que justicia exige. —Porque Hades es grande juez de los mortales bajo la tierra, y todo

lo registra en su m ente / escrita cual tablilla. Or e s t e s.— Enseñado en los males, soy doc­ to en muchas purificaciones, sé cuándo es jus­ to hablar y callar igualmente; pero en este suce­ so, me ha ordenado hablar un maestro sabio: pues duerme ya la sangre de m i mano y queda inerte w, la mancha de la muerte de m i madre está lavada. Pues cuando estaba fresca, junto al hogar de dios, fue disipada p o r las purificacio­ nes de Febo, el sacrificio de un leohón. Podría ser largo mi relato, desde el principio, de a cuántos hombres me he acercado sin que mi trato les causara daño. De todo triunfa el tiem­ po, envejeciendo juntamente. Y ahora por mi boca sin mancilla invoco con piedad a Atenea, señora de esta tierra, para que venga en mi de­ fensa: sin ayuda de lanza m e ganará a m í y a mi tierra y al pueblo de Argos cual fiel amigo, com o es justo, y aliado para siempre. Ya sea que en las regiones de la Libia, cabe a las aguas del Tritón M, su río natal, ponga su pie— erguido

29 Es decir, ya no reclama venganza ni promueve terrores p or causa de la purificación de Orestes por Apolo (el “maestro sabio").

30 Así se justifica el epíteto de Atenea tritogéneia,

o recubierto por el p e p lo 31— para ayudar a sus amigos o que el llano de Flegra32, cual general ardido, recorra, ¡venga ella aquí— siendo diosa me escucha aunque esté lejos— para que pueda liberarme de estos males!

Co r o.—No; a ti ni Apolo ni Atenea potente podrían salvarte de ir a tu ruina, abandonado, sin conocer la alegría en tu alma, sombra sin sangre pasto de las diosas33. ¿N o me contestas, rechazas escupiendo34 mis palabras, tú que has sido criado para mí, me has sido consagrado? Vivo vas a darme un festín, no degollado en el altar: oirás ahora una canción que te encadene.

Co r o

Anapestos

Ea, anudemos nuestro coro, ya qtic nuestra musa espantable

querem os hoy mostrar a la luí y cantar los destinos de los hom bres

cóm o reparte nuestra tropa. Creemos ser rectas al dictar justicia: contra aquél que presenta manos limpias ningún rencor se lanza de nosotras,

la vida así recorre indem ne;

pero aquél que pecó y com o este hombre manos con sangre lleva ocultas, cual testigos en pie para los muertos

3> Es decir: ya esté Atenea de pie o sentada (en cuyo caso el peplo cae hasta el suelo). La interpre­ tación es conjetural.

32 Lugar tradicional de la lucha entre dioses y gi­ gantes.

33 Las propias Erinis.

surgiendo, vengadoras de la sangre para él al fin aparecemos.

Estrofa A

Madre que me engendraste, oh mi madre noche, hasta ser para los que no ven y los que m iran35

azote, presta oído, pues que de Leto el hijo me está privando ya de mis honores

al así esta arrebatarme liebre, materna expiación legítima del crimen.

Estribillo A

Para el que es ya nuestra víctima vaya este canto, extravío,

delirio que arruina el alma, el himno de las Erinis

que ata el alma, himno sin liras, consunción de los mortales.

Antistrofa A

Porque esta suerte destinada una inflexible Moira ha hilado que mía sea firm em ente:

a aquellos de ¡os hom bres con los cuales unidos van hechos criminales insensatos,

a esos les acompaño, hasta que entran bajo tierra; y m uertos aún no son libres en exceso.

Estribillo A

Para el que es ya nuestra víctima vaya este canto, extravío,

delirio que arruina el alma, 35 Los muertos y los vivos.

el himno de las Erinis

que ata el alma, himno sin liras, consunción de los mortales.

Estrofa B

Al nacer, ¡ esta suerte fatal nos fue otorga- ida, y apartar nuestras manos de los dioses; / pues es comensal junto a nosotras; [ninguno a pcplos todos blancos / sin parte ni derecho [fui creada

Estribillo B

Yo elegí de las familias la destrucción: cuando Ares dentro de casa a un pariente mata, contra aquél lanzándonos aun si es fuerte, sin embargo,

le arruinamos con sangre / derramada.

Antistrofa B

Vamos rápidas, / para a todos librar de es- [te cuidado y hacer que no hayan de cumplir los dioses las [plegarias que van a mí, ni instruyan causa.

Porque Zeus a esa raza36 / ensangrentada, odio­ s a , de su audiencia arrojó lejos cual indigna.

Estribillo B

Yo elegí de las familias la destrucción: cuando Ares dentro de casa a un pariente

mata, contra aquél lanzándonos aun si es fuerte, sin embargo,

le arruinamos con sangre / derramada.

Estrofa C

Las glorias de los hom bres, aún ilustres / [bajo el cielo, fundidas bajo tierra se aniquilan / sin honor ante el asalto de mis velos negros / y las danzas de mi pie, llenas de rencor.

Estribillo C

Pues saltando hacia lo alto, desde arriba la pesada

planta del pie aplasto en tierra, pie que derriba aun al rápido, que es infortunio intolerable.

Antistrofa C

Y cuando cae, / no lo sabe por causa del [delirio: tal tiniebla / vuela en to m o del hom bre, su [pecado, y som bría / niebla sobre la casa bajar dice pública voz que causa duelo.

Estribillo C

Pues saltando hacia lo alto, desde arriba la pesada

planta del pie aplasto en tierra, pie que derriba aun al rápido, que es infortunio intolerable.

Estrofa D

No cambia: som os ricas en recursos,

cumplidoras del fin, y de los males bien memoriosas, ven erab les37

e insensibles a ruegos de los hom bres; ni honrado ni estimado nuestro oficio seguimos apartado de los dioses en una luz donde no hay s o l 38 :

es de áspero camino para el que es vidente y lo es también para los c ie g o s 39

Antistrofa D

¿Quién puede haber que esto no respete y no tiemble ante ello de los hombres, cuando de mí oye estas leyes

fijadas por las Moiras, p or los dioses dadas con cumplimiento? Sobre mí sigue mi antiguo privilegio y no estoy privada yo de honores,

aunque ocupe una sede que se halla bajo tierra

y una tiniebla que es sin sol.

(Se aparece Atenea.) Ate n e a.— De lejos he escuchado la voz que me llamaba, del Escamandro, donde m e hacía dueña de la tierra que los caudillos y los jefes de los aqueos, cual lote insigne del botín con­ quistado, me dieron con su suelo para siempre: regalo de elección 40 para los hijos de T eseo41 ;

37 Título usual de las Erinis. 38 En las tinieblas.

& Es decir, para los vivos y los muertos. 40 Separado antes del sorteo del resto del botín. 41 Esquilo justifica aquí las pretensiones atenienses al dom inio de Sigeo, a la entrada del Helesponto, que estuvo en su poder en varias ocasiones.

de allí he venido moviendo m i infatigable pie, sin ayuda de alas haciendo resonar el seno de mi égida y enganchando este carro con potros vigorosos. Y al ver ahora esta tropa, nueva en la tierra, en nada tiemblo, pero hay asom bro en mi mirada. ¿Quiénes sois? Os hablo a todos en común, a este extranjero que se sienta junto a mi imagen y a vosotras, que no os asemejáis a raza alguna de seres engendrados: ni entre las diosas sois contempladas por los dioses, ni os parecéis a figuras humanas—pero injuriar a los demás sin tener quejas se aleja de lo justo y no lo ampara la antigua Ley.

Co r o.— Te enterarás de to d o brevemente, hija de Zeus: somos las hijas tristes de la N o­ che, Maldiciones nos llaman en la morada nuestra, b a jo tierra.

Ate n e a.—Conozco vuestra raza y vuestro nombre.

Co r o.—Te enterarás bien pronto de cuál es la función que me da honra.

Ate n e a.—Me informaré, si alguien me da clara noticia.

Co r o.— A l q u e h a m a t a d o , e c h a m o s d e su c a s a .

At e n e a.— ¿ Y d ó n d e e s t á p a r a e l c u lp a b l e e l f in a l d e s u h u id a ?

Co r o.— Donde no es conocida la alegría.

Ate n e a.— ¿Y esta es la huida que mueves para éste con tus gritos?

Co r o.— Sí, pues que estimó justo ser ase­ sino de su madre.

At e n e a.— ¿N o temería una ira de algo que le forzara?

Co r o.—¿ Y dónde hay un aguijón tan fuer­ te que lleve al matricidio?

Ate ne a,— Siendo dos los presentes sólo es­ cucho la mitad del debate.

Co r o.— No aceptaría prestar el juramento, no quiere autorizárnoslo42.

Ate ne a.— Tú deseas pasar por justa más que obrar con justicia.

Coro.— ¿Cóm o? Explica: pues en sabidu­ ría n o eres pobre.

Ate n e a.—Digo que aquello que no es jus­ to no triunfa con juramentos.

Co r o.— Indaga, juzga la causa con justi­ cia.

Ate ne a.— ¿Me confiáis entonces prestar sen­ tencia en esta causa?

Co r o.— ¿Y cóm o no? Te damos el honor que mereces p or tus méritos.

Ate ne a.— ¿Qué quieres, extranjero, decir a esto p or tu parte? Di cuál es tu país, tu estir­ pe, lo que te ha sucedido y luego ya defiéndete de estos reproches; si confiado en la justicia estás sentado sin separarte de m i imagen, al lado de mi altar cual venerable suplicante com o Ix ió n 43, contesta a todo esto alguna cosa que yo comprenda bien.

Or e s t e s.— Atenea soberana, prim ero de tus últimas palabras una gran inquietud voy a quitar. N o soy un suplicante lleno de culpa, ni p or tener alguna mancha sobre mi mano me he sentado al lado de tu imagen. Te doy una gran prueba de ello: es ley que el criminal im­ pu ro no levante su voz hasta que sangre ex­ piatoria brotada del degüello de una bestia

« Se refiere al juram ento que en la instrucción de un proceso prestan el acusado y el acusador de su inocencia y su veracidad, respectivamente.

43 Es el prim er asesino, que m ató a su suegro Dio- neo y fue purificado por Zeus.

aún de leche le ensangriente por obra de un varón. Ha tiempo que cum plim os este rito en otras casas, con ganados y líquidas corrien­ tes Así, este pensamiento yo te pido que ale­ jes.

Cuál es mi estirpe, pronto vas a saberlo. Soy argivo, a mi padre bien le conoces, Aga­ menón, jefe de los guerreros embarcados, con cuya ayuda Troya, la ciudad de Ilion, redujis­ te a no ser ya una ciudad. Murió en form a no honrosa cuando regresó a casa; al contrario, mi madre de negro corazón le mató, envol­ viéndole en una red traidora, que fue buen testimonio del crimen en el baño. Y o cuando regresé, pues antes había estado desterrado, maté a mi madre, no voy a negarlo, com o ven­ ganza—muerte por muerte— de mi padre que­ rido. De esto junto conm igo es responsable Loxias, al anunciarme males que eran agui­ jó n para mi alma, si no cumplía contra los cul­ pables alguna de sus órdenes.

Tú sentencia si lo hice con justicia o con­ tra ella; cualquiera sea el resultado que consi­ ga de ti, lo aceptaré.

Ate n e a.—La causa es grave en demasía, si algún mortal pretende dictar sentencia; y tam­ p o co m e es lícito fallar en una vista seguida p or un crimen m ovido p or la ira; y ello aún más dado que, pese a todo, has venido cual bestia ya domada, un suplicante puro no da­ ñino en mi casa y, pese a todo, te recibo com o a quien no ha ofendido a esta ciudad; y que a éstas, sin embargo, n o es posible enviarlas lejos fácilmente y si no alcanzan resultado que les dé la victoria, sobre el país, más tarde, un

44 Con sacrificio de víctimas y aspersiones de agua lustral.

veneno cayendo de su pecho en el suelo será insufrible eterna peste. Así es la situación: las dos cosas, que aquí se queden o expulsarlas, son causa de desdichas, es duda sin salida para mí. Pero ya que esta causa aquí ha venido, voy a elegir yo jueces juramentados para la san­ gre derramada y los haré tribunal venerable para siempre.

Ahora vosotros haced venir a los testigos y las pruebas, juram entos45 que ayuden a la justicia. Voy a escoger a los m ejores de entre los ciudadanos y volveré para que den senten­ cia en esta causa con verdad sin transgredir en nada el juramento con pensamiento injusto.

(Sale.) Co r o

Estrofa A

Van a implantarse ahora nuevas leyes, si es que triunfan

el derecho y el daño de este matricida.

A todos los mortales esta acción desde ahora facilidad va a dar de manos.

Muchos, de cierto, heridos por sus hijos males aguardan a los padres

en adelante, andando el tiempo.

Antistrofa A

Pues ni siquiera de estas m énades46 guardianes de los hom bres

les seguirá el rencor por ello: renunciaré a mi oficio.

« Los testigos, en una causa criminal, han de pres­ tar juramento. Son ellos loe que aportan las pruebas. « Las Erinis se com paran a sí mismas, por su fre­ nesí, con las ménades o bacantes.

Buscarán preguntando cada uno a otro, mien- [tras ajenos males van contando,

o un fin o alguna tregua en sus dolores: pero remedios no seguros

sugiere en vano el desdichado.

Estrofa B

Y que ninguno pida ayuda cuando le hiera el infortunio, estas palabras pronunciando: “ ¡Oh la Justicia!,

¡los tronos, oh, de las Erinis! Estas palabras quizá un padre, quizá una madre dolorida lamentaránse, pues se hunde de la Justicia ahora el palacio.

Antistrofa B

A veces es bueno el terror y cual guardián de nuestra alma debe quedarse allí asentado: es conveniente

bajo el dolor ser temperantes. ¿Quién que ninguno47 en el claror del corazón nunca alimente

— o una ciudad de los mortales

igual—puede honrar la Justicia?

Estrofa C

Ni una vida sin gobierno ni sometida a tiranía

alabar debes.

A todo lo de en medio la victoria / dio Dios y [cada cosa la rige en forma diferente.

Es mi palabra con medida:

de la impiedad es hija ta insolencia, / en ver- [dad; de la salud

del alma nace la que todos aman y piden para sí, la dicha.

A n t is t r o f a C Para cualquier acción te digo: ¡honra el altar de la Justicia! Nunca a este altar,

al ver una ganancia, con pie impío / golpeán­ d o l e le ultrajes: pues un castigo habrá por ello.

Seguro sigue fijo el fin.

Así, todos veneran el honor / de los padres y la visita

que trae honras al huésped de la casa, aceptan todos con respeto.

Estrofa D

Aquél que de su grado / y sin violencia es

no será sin felicidad: [justo

no llegará a ser nunca aniquilado.

Pero el audaz, afirmo, que en medio de atrope­ llo s reúne tesoros, de aquí y. de allá, contra justi- [cia, con violencia, luego ha de recoger

velas, cuando la angustia hace de él presa porque su mástil ya se quiebra.

TRAGEDIAS DE ESQUILO

Antistrofa D

Clama a los que no oyen / nada al verse

[en el centro

de aquel turbión irresistible; y el dios se ríe del varón ardiente,

al que no lo esperaba / cuando ve en imposibles desdichas humillado / y sin doblar el cabo: y para siem pre ya, su antigua dicha estrella en el escollo de Justicia: sin lágrimas perece y muere.

(Vuelve Atenea con los jueces. Se coloca en un extrem o Orestes, en otro el coro.) A te n e a .·—H az tu p r o c la m a , h e ra ld o , co n - té n a p a rte a l p u e b lo y q u e lu e g o h a sta e l cie ­ lo p e n e tra n te tirré n ica tro m p e ta , lle n á n d o se d e h u m a n o a lie n to , su v o z a g u d a m u e s tr e al p u e b lo . P ues a l re u n irse e l trib u n a l d e b e n ten er s ile n c io y a p re n d e r m is rito s la c iu d a d p a ra s ie m p re y e sto s d o s n, p a ra q u e e l ju ic i o p u e d a se r fa lla d o e n ju s ticia .

(Se ’aparece Apolo.) A p o lo s o b e r a n o , e n lo q u e e s tu y o c o n ti­ n ú a m a n d a n d o . D im e q u é te c o n c ie r n e e n este a su n to. Ap o l o.— H e v e n id o p a ra d a r te s tim o n io — p u e s e s te h o m b r e e s s u p lica n te d e m i ca sa y a l h o g a r d e m i ca sa se h a a c o g id o ; s o y y o q u ie n le h a p u r ifica d o d e su c r im e n — y c o m o d e fe n s o r : p o r q u e s o y r e s p o n s a b le d e la m u e r­ te d e la m a d re d e él. A b re e l d e b a te y c o m o m e jo r sep a s llev a h asta el fin e l ju ic io .

Ate n e a.— E s v u e s tr a la p a la b r a : a b r o e l d e b a t e . E l q u e a c u s a , e x p l i c a n d o e l p r i m e r o t o d o d e s d e e l c o m ie n z o d e b e s e r c o n r a z ó n e x p o s i t o r d e l c a s o . Co r o.— S o m o s m u c h a s , p e r o h a b la r e m o s b r e v e m e n t e . R e s p ó n d e m e p a la b r a p o r p a la b r a , h a b l a n d o e n f o r m a a lte r n a . D i p r i m e r o si m a ­ ta s t e a tu m a d r e . Or e s t e s.— L a m a té : n o h a y n e g a c ió n p o s i­ b l e d e e s t o . Co r o.— E s t e e s y a u n o d e l o s t r e s a sa l­ t o s Or e s t e s.— L a n za s e s t a ja c t a n c i a c o n t r a un r iv a l a ú n n o c a íd o . Co r o.— S in e m b a r g o , d e b e s d e c i r c ó m o la d is t e m u e r te . Or e s t e s.— Lo d ig o : c o n m i m a n o a r m a d a d e la e s p a d a h ir ié n d o la e n e l c u e ll o . Co r o.— ¿ Y p o r q u ié n f u i s t e p e r s u a d id o , p o r q u é c o n s e j o s ? Or e s t e s.— P o r lo s o r á c u l o s d e é s t e : é l m e e s te s t ig o . Co r o.— ¿ E l a d iv in o t e i n d u j o a l m a t r ic id io ? Or e s t e s.— H a s ta a h o r a n o h a g o r e p r o c h e s a m i s u e r te . Co r o.— S i t e a p r e s a n lo s v o t o s , d ir á s p r o n ­ t o o t r a c o s a . Or e s t é s.— Y o t e n g o c o n f ia n z a : d e l s e p u l­ c r o m e e n v ía m i p a d r e s u s o c o r r o . Co r o.— ¡Co n f í a a h o r a e n l o s m u e r t o s , tras m a t a r a tu m a d r e ! Or e s t e s.— E s q u e te n ía s o b r e sí la s m a n ­ c h a s d e d o s p e c a d o s . Co r o.— ¿ C ó m o a s í? E x p li c a e s t o a lo s ju e ­ c e s .

« Había, en el pugilato, que derribar tres veces al contrario para ser proclam ado vencedor.

Or e s t e s.—Al matar a su esposo, también mató a 'm i padre.

Co r o.—Y sin embargo tú estás vivo y ella está libre por tu crim en 50.