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LAS COÉFOROS

50 Es decir: pese a ello.

V sale a luz el que le venga; por padres y por genitores el llanto justo se abre paso

en todo con ardor hacia ambos lados.

Antistrofa A

Ele c t r a

Escúchame ahora, oh mi padre, a mi vez mis duelos lacrimosos.

Cierto, junto a tu tumba, de dos hijos un treno está por ti gimiendo.

Suplicantes tu tumba nos acoge y desterrados igualmente.

¿Qué de esto está bien, qué es sin males? ¿N o es invencible siem pre A te?

Anapestos

Co r o

Pues de esto, si un dios así lo quiere, puede sacar palabras más alegres:

en vez de trenos cerca de la tumba, un peán a la morada de los reyes

vino recién mezclado traiga 2l.

Estrofa C

Or e s te s

Porque si bajo Troya

por uno de los licios, oh mi padre, alanceado, hubieras sido despojado, dejando tras ti gloria en el palacio

y en el camino de tus hijos

vida que atrae las miradas fundando, habrías tenido un alto

túmulo en tierra más allá del mar, para el palacio llevadéro,

Antistrofa B

Co r o

am igo22 entre amigos m uertos allí con glo­

ba jo tierra glorioso [ria,

majestuoso soberano,

y servidor de los más grandes de allí tiranos subterráneosa; pues eras Rey, mientras vivías, de los que el lote fatal cumplen con sus manos y el cetro del c o n s e jo M.

Antistrofa C

Electra

No bajo los de Troya

muros, tras perecer, oh padre, hubieras — con el restante ejército allí alanceado— sido cabe a Escamandro sepultado; antes de él tos matadores

hubieran muerto de este modo, así que su mortal destino

pudiera alguien preguntar de lejos en estos males inexperto.

22 Sigue la construcción de la estrofa C. 23 Plutón y Persefone.

2♦ Es decir: cum ple su misión, conferida por el destino, de administrar justicia, de la que es insignia el cetro que llevan en sus manos.

Anapestos

Co r o

Todo esto es, hija, superior al oro; que una fortuna grande e h ip erb órea 25

dices algo mayor: bien p u e d e s 2*. Pero, bien cierto, de este aguijón doble me llega el ru id o21 : sí, sus defensores so tierra yacen y de los que imperan, de estos viles, las manos no están puras:

pero ello importa ahora a los h ijo s a8.

Estrofa D

Or e s te s

E sto derecho hasta mi oído llegado ha com o una flecha.

¡Oh Zeus, oh Zeus que desde abajo envías una Ate que al final castiga

a las manos audaces y malvadas

de los mortales! ¡También los padres pagan! 29

Estrofa E

Co r o

Dado me sea lanzar un día un solem ne ritual g rito 30 por un hom bre

asesinado y una esposa

25 Propia de este pueblo, paradigma m ítico de la fe­ licidad.

26 Nada te im pide fantasear de ese m odo.

27 El ruido de Electra y Orestes golpeando el suelo con manos y pies para llamar a su padre y estimu­ larlo a actuar.

28 Los hijos, pese a todo, se aprestan a vengar el crimen, invocando la ayuda del padre.

29 Alusión a Clitemestra.

muerta también: pues, ¿por qué oculto yo en mi alma aquello que, divino,

vuela a pesar de todo, mientras delante de la

[p r o a 31

del corazón la ardiente pasión sopla, resentimiento lleno de ira?

Antistrofa D El e c t r a

Y el florecido d ob lem en te32 Zeus, ¿cuándo lanzará su mano, ¡ay! ¡ay!, unas cabezas degollando? Sea esto verdad para esta tierra. Justicia exijo tras de la injusticia. Oídme, tierra y potencias del in fiern o33.

Anapestos

Co r o

Pero es la ley que las sangrientas gotas vertidas en el suelo pidan otra

sangre. Pues clama Erinis desventuras, por las primeras víctimas una Ate

nueva trayendo tras la Ate. 31 SciL, del corazón.

32 Se dice del que conserva vivos a su padre y su madre. Al llamar así a Zeus se le com prom ete a ayudar a Orestes y Electra, vengando a Agamenón.

Estrofa F

Or e s t e s

¡Oh! ¡ah! Potencias de los dioses infernales, ved, fuertes maldiciones de los que están ya

[m uertos, mirad de los Atridas lo que resta, cuál son de míseros, echados del palacio. ¿A dónde se volvería uno, Zeus?

Antistrofa E Co r o

Late otra vez violento el corazón a mí que oigo estas tus quejas.

Carezco a veces de esperanza y se hacen negras mis entrañasu cuando te escucho esta palabra;

mas si te veo luchador, bien fácilm ente mi esperanza en fuga pone al duelo y todo fácil me parece.

Antistrofa F

Ele c tr a

¿Qué podríamos decir para acertar? ¿Aque- [llos dolores que sufrimos de quienes nos parieron? Podem os aplacarlos, pero no hallan la paz. Pues cual lobo cruel no es aplacable mi ánimo — herencia de mí madre.

34 Se dice cuando le invaden a uno el miedo, la ira, etc.

Estrofa G

Co r o

Me he herido al son de un canto a rio33 y [con las leyes que seguiría una cisia plañidera;

la carne hiriendo, tintas en sangre, podían verse uno detrás de otro, los golpes de mi mano, de arriba y desde lejos; con ruido resonaba golpeada la cabeza, mía com o desgraciada.

Estrofa H

El e c t r a

¡Aahl ¡Aah! ¡Oh la m ujer cruel,

oh madre en todo audaz! ¿en cruel entierro sin acompañamiento de un cortejo

a nuestro rey, sin fúnebres lamentos osaste, a tu marido no llorado, enterrarlo?

Estrofa I

Or e s t e s

Narraste todo esto cual deshonor, ¡ay me! Mas de mi padre el deshonor va a pagar ella gracias a una ayuda de los dioses,

gracias a una ayuda de mis manos. Una vez que la mate, pueda yo perecer.

35 Es decir, de un canto de duelo (kom m ós) que se acompaña de golpes de pecho. Esquilo alude al ritual persa (aquí ario es igual a "persa", cisia es "d e Susa"), especialmente dramático. Pero la palabra "ley” (nomos)

tiene también un valor musical y tal vez se haga alu­ sión a la música del pasaje (cf. Pers. 123). Por lo demás, el co ro se refiere al canto d e duelo que el co ro entonó p or Agamenón a su muerte; p or más que ahora, evi­ dentemente, lo reproduzca.

Antistrofa I

Co r o

Fue mutilado M, sí, para que sepas esto, lo hizo la que a él le ha enterrado así queriendo prepararte, sí, un destino que no pudiera soportar tu vid a31.

Escuchas las paternas desdichas deshonrosas,

Antistrofa G

Ele c tr a

Cuentas la m uerte de mi padre. Y y o fal- [taba privada de derechos, no m ereciendo nada. Recluida en mi estancia com o perra malvada

más pronto que la risa hacía correr mis lágri-

[ mas;

y m e placía a escondidas en gemidos con llanto. Oyendo tales cosas, grábalas38 en ( t u y alma.

Antistrofa H

Co r o

<( Grábalas y y a través de los oídos

esta palabra clava en el fondo tranquilo de tu mente. Así son estas cosas, busca aprender tú solo las que faltan39. Es justo ir al com bate con ánimo indomable.

36 Se trata de la mutilación del hom bre asesinado, al cual se le cortan manos y pies, que se atan del cue­ llo y b a jo los sobacos para que no pueda vengarse.

3? Orestes, al carecer de la ayuda de su padre y no poder vengarlo, estará deshonrado p or siempre.

38 A Orestes.

Estrofa J

Or e s te s

¡A ti te hablo, ayuda, padre, a tus amigos! Ele ctr a

¡Y yo repito la llamada, bañada en lágri-

f mas!

Co r o

Y nuestra tropa, unida toda, muestra su [acuerdo: ¡escúchanos viniendo aquí a la luz,

sé ayuda contra el enemigo!

Antistrofa J

Or e s t e s

¡Ares con Ares luchará, con Justicia Jus-

_ [ticia !m

Ele c t r a

¡Cumplid, dioses, mis (j> recesy , conform e

[a la Justicia!

Co r o

Un tem blor corre en mí, oyendo vuestras preces. Lo que es fatal ha tiem po que ya espera; ¡pueda venir a nuestras súplicas!

Estrofa K

Co r o

¡Oh dolor de la raza*1, oh contraria a la Musa, de Ate herida abierta que echa sangre! ¡Ay, duelos gemebundos, inllevables! ¡Ay, dolores de calmar implacables!

40 La que asiste a Orestes y Electra con la que asistió a Clitemestra y Egisto.

Antistrofa K

Co r o

En casa está la venda

que este mal cura, no es de otros de fuera, sino de nosotros,

por una cruel lucha sanguinaria. Tal mi himno a los dioses infernales.

Anapestos

Oyendo, oh los felices bajo tierran, esta oración, de grado vuestra ayuda dad a los hijos con victoria.

(Orestes y Electra se inclinan hacia la tierra) Or e s t e s.— Padre que has muerto de mane­ ra no regia, a mí que te lo pido, dame el poder sobre tu casa.

El e c t r a.—Y o también, padre, tengo un gran deseo, huir de mi gran dolor y y hacer que vaya a E gisto43.

Or e s t e s.— De esta manera te serán dados festines rituales de los hombres; si no, care­ cerás de honor entre los muertos bien saciados en los sangrientos sacrificios de la tierra.

El e c t r a.—Y de m i dote intacta te daré libaciones, en mi boda, sacadas de la casa pa­ ternal; antes que cosa alguna, yo venero esta tumba.

Or e s t e s.—Tierra, deja libre a mi padre para que mire la batalla.

El e c t r a.— Oh Persefone, da una bella vic­ toria.

« Los dioses infernales, p or lo demás, asimilados en parte a Agamenón, su servidor.

Or e s t e s.— Recuerda el baño con que te arrebataron.

El e c t r a.— Recuerda qué red nueva inau­ guraste.

Or e s t e s.— Y que fuiste cazado con un ce­ p o sin bronce, padre.

El e c t r a.—Y con vergüenza en velos pér­ fidos.

Or e s t e s.—¿Despiertas, padre, ante estos ultrajes?

El e c t r a.— ¿Levantas ya tu queridísima ca­ beza?

Or e s t e s.—O envía a la Justicia cual alia­ da de los tuyos o déjanos echarles iguales lla­ ves, si, vencido, quieres tomar revancha.

El e c t r a.— Y oye esta última voz mía, mi padre, viendo a estos tus p ollu elos44 sentados en la tumba: ten piedad de la hembra y al tiem po del macho.

Or e s t e s.— Y no borres la estirpe de los Pe­ lopidas, nosotros: pues así no estás muerto ni después que moriste. Pues son los hijos para un hombre que ha muerto voces de fama salva­ doras; cual corchos tiran de la red, salvando así el tejido de lino que está en el fondo.

El e c t r a.— Escucha, por ti son estos lloros y tu mismo te salvas si honras estas palabras.

(Bajan del túmulo.) Co r i f e o.— Son sin reproche las palabras que habéis expuesto, honor para esta tumba por su suerte no seguida de lágrimas. Y ahora, pues qüe en tu mente te hallas decidido a ac­ tuar, deberías obrar ya, probando al dem on 45.

44 Cf. supra, verso 246 y siguientes. ■'s Viendo si la divinidad te ayuda o no.

Or e s t e s.—Así será: pero no es fuera de camino el preguntar por qué envió las liba­ ciones fúnebres, honrando por qué causa, en demasía tarde, un mal que es sin remedio. A un muerto que no siente triste homenaje era llevado; no puedo interpretar estas ofrendas, pero son inferiores al pecado. Pues si uno vier­ te todas las ofrendas por una sola sangre46 — es inútil trabajo: así se dice. Si lo sabes di esto a mi que lo deseo.

Co r i f e o.— Lo sé, hijo; pues estuve presen­ te. Lanzada de su cama por los sueños y terro­ res nocturnos que la agitan, envió estas ofren­ das esa m ujer impía.

Or e s t e s.— ¿Sabéis el sueño hasta decirlo rectamente?

Co r i f e o.—Creyó que paría una serpiente, com o ella misma dice.

Or e s t e s.— ¿Dónde termina y halla cabeza este relato?

Co r i f e o.— En los pañales la envolvía c o ­ m o a un niño. ~

Or e s t e s.—¿Y qué alimento deseaba ese m onstruo recién nacido?

Co r i f e o.—En el.su eñ o ella misma el pe­ cho le tendía.

Or e s t e s.— ¿Y cóm o el pecho no fue herido por el monstruo?

Co r i f e o.— Así fue que en la leche chupó un coágulo de sangre.

Or e s t e s.—Pues el sueño de un hom bre no es en vano.

Co r i f e o.— Ella gritó, dejando el sueño, en su terror. Muchas antorchas, que la tiniebla había cegado, surgieron47 en la casa por causa

46 Para expiar un sólo crimen. 47 Scil., encendidas.*

de la dueña, y en seguida envió estas libacio­ nes fúnebres, esperando que fueran medicina que así cortara estas desgracias.

Or e s t e s.— Pido a esta tierra y a la tumba de mi padre que este sueño sea para mí verí­ dico. Lo interpreto de m odo que a él se ajus­ te. Pues si habiendo dejado el mismo seno que yo, se extendió la serpiente en mis pañales y abrió su boca en tom o de aquel pecho que me crió y con un coágulo de sangre mezcló la le­ che que era mía y ella gimió de m iedo por este caso, preciso es que ella, com o crió un mons­ truo terrible, muera p or la violencia: converti­ d o en serpiente la mato yo, según dice este sueño.

Co r i f e o.— Yo te elijo adivino sobre esto y ojalá que sea así. Y ahora explica a los ami­ gos, diciendo a unos que hagan ciertas cosas, y a los demás, que no hagan otras.

Or e s t e s.— Sencilla es mi palabra: que ésta entre dentro; y os pido que ocultéis estos mis planes para que ellos, que han matado con engaño a un hombre regio, sean sorprendidos con engaño, muriendo en igual lazo que Loxias reveló, Apolo Rey, adivino verídico hasta ahora. Pues semejante a un éxtranjero, llevando un atavío completo, iré con éste a la puerta del patio, [con Pílades, yo huésped de la casa y huésped de la lanza48]. Uno y otro hablaremos en dialecto del Parnaso, imitando el acento de la lengua de Fócide. Supongamos, ni uno de los porteros nos recibe con mente alegre, porque

*8 Juego de palabras (si el verso es auténtico) entre

xenos, "extranjero" y "huésped", y doryxenos, "hués­ ped antiguo" y "huésped armado de lanza"; es decir, con intención hostil.

esta casa sufre por causa de algún d em on 49; es­ peraremos a la puerta hasta que haga conjetu­ ras alguien que pase ante la casa y diga así: "¿C óm o es que Egisto aleja al suplicante de su puerta, pues que lo sabe, ya que está aquí?" Y si atravieso el umbral de la puerta del patio y le hallo en el trono de mi padre o si llegan­ d o luego me habla en mi rostro, sábelo bien, y viene ante mi vista, antes que diga: "¿De dón­ de es el extranjero?", le dejaré cadáver con mi bronce de pies ligeros50 envolviéndole. Erinis, que de matanza no está falta, beberá cual li­ bación tercera su sangre p u ra 51.

V igila52 lo de dentro del palacio, para que todo esto resulte exacto: a vosotras os mando que gobernéis la lengua con prudencia, calléis lo que es preciso y digáis lo que el m omento pi­ de. El resto digo a éste53 que lo contemple aquí, haciendo que yo venza en el com bate de la espada.

Co r o

Estrofa A

La tierra cría muchos mates terribles de terribles bestias;

y el regazo del ponto de m onstruosos seres al hom bre hostiles está lleno;

son numerosas en el m ed io 54

49 Es decir: si por el luto no se acogen huéspedes, so Mi espada.

51 En vez de vino puro, usual en la tercera libación, en honor de Zeus Soter: aquí se trata del tercer crimen de la familia, o sea, la muerte de Clitemestra.

52 A Electra. 53 Agamenón.

las luminarias de lo a lto 55,

y los seres alados y los del suelo y los del aire la ira podrían decir del viento.

Antistrofa A

Pero la m ente más que osada de los varones, ¿quién cantará?

¿Y quién de las m ujeres audaces en sus almas esos amores que osan todo

y traen la ruina a los m ortales? Pues que la unión de las parejas

un amor sin respeto, que a la hembra vence, la [derrota, tanto de bestias com o de hombres.

Estrofa B

Sépalo aquel que no tiene un alado56 espíritu, aprendiendo

lo que la matadora de su hijo, la triste hija de [T estío, imaginó:

maquinación que quema con el fuego,

consumiendo en la llama de su hijo el sangrien­ t o m tizón de igual edad— de que naciendo

de su madre gritó—

y tamaño a lo largo de la vida hasta el día fijado por la Moira.

55 Los relámpagos. 56 Olvidadizo.

” R o jo (al encenderse); al tiempo, instrumento de muerte. Altea consum ió el tizón al que estaba unida la vida de su h ijo Meleagro por haber m atado éste al hermano de ella.

Antistrofa B

A otra más podía odiarse en los relatos, a E scita58 la sangrienta

que en beneficio de enemigos quitó la vida a un [ ser querido, a los cretenses

brazaletes en oro fabricados

prestando así su fe— a regalos de Minos— , y a Niso el rey de su inmortal cabello privando, que tranquilo

respiraba en el sueño— la gran perra. Es así com o H erm es55 le ha alcanzado.

Estrofa C

Mas ya que he recordado crueles sufrimien-

[ios,

¿es a destiem po com o a una esposa odiosa imprecan lejos del palaciow,

y a tramas de la m ente pensadas por m ujer contra un varón que es portador de armas, contra un varón violento tem or del enemigo,

para así honrar el f r í o 61 hogar de este palacio, la lanza mujeril falta de audacia6J?

58 H ija de Niso, rey de M égara: seducida p o r Mi­ nos con un regalo, quitó a su padre el cabello r o jo del cual dependía su vida.

μ Dios que conduce a los muertos.

60 Es decir: piden (Orestes y Electra) que el pa­ lacio quede libre de Clitemestra y sus tramas.

61 Cuyo fuego está apagado. Entiendo que el que opine que la im precación contra Clitemestra "es a destiem po", honra o reconoce la situación creada tras la muerte de Agamenón.

62 El m ando de Clitemestra. Aunque a ésta se la considera en otros lugares co m o excesivamente audaz, aquí, en cuanto m ujer y p o r oposición con Agamenón, se la llama débil y cobarde.

A n t is t r o fa C

Es el primero entre los crím enes aquel de [Lem no a, según fama: es llorado cual cosa despreciable del pueblo y cada cual compara

toda calamidad al infortunio lemnio. Por odio doloroso de los dioses

ha sido deshonrada su raza entre los hombres. Pues nadie, en verdad, honra lo odiado por los [dioses. ¿Qué de esto sin justicia aquí recuerdo?

Estrofa D

Tal una espada junto a los pulmones de aguda punta hiere, atravesando el pecho por Justicia, pues— lo que no es lícito— hollada64 por su pie en el suelo

violan65 la entera majestad de Zeus en forma que no es lícita.

Antistrofa D

De la Justicia es firm e el basamento; A isa 66 ya funde el bronce, fabricante de espa­

d a s , y en el palacio ya hace entrar a un hijo de viejas sangres derramadas67:

se cobra el crimen con el tiempo, ilústre de alma insaciable Erinis.

(Electra se aleja. Orestes llama a la puerta del palacio.)

« Las mujeres mataron a todos los hom bres de la isla.

M Proléptico.

65 Egisto y Clitemestra. 66 Moira, el destino.

Or e s t e s.— Esclavo, esclavo, escucha la lla ­

mada en la puerta del patio, ¿Quién hay den­ tro, esclavo aún otra vez? ¿Quién en la casa? Por vez tercera yo te llamo para que salgas de la casa, si es que es hospitalaria gracias a Egistp.

Po r t e r o.— Ea, ya oigo. ¿De dónde es el ex­ tranjero? ¿De dónde viene?

Or e s t e s.— Da recado a los señores de la casa, a quienes busco y traigo una noticia. Date prisa, que también se apresura el som brío carro de la noche y es hora de que echen los viajeros un ancla en una casa hospitalaria. Que salga de la casa alguien que tenga autoridad, una m ujer que mande en ella—pero es m ejor que sea un hombre— : ninguna timidez, al hablar, hace oscuras las palabras; un hom bre habla a otro hom bre con confianza y da su testimonio claro.

(Sale a la puerta Clitemestra.) Cl it e m e s t r a.— Extranjeros, podéis hablar si tenéis precisión; pues tenemos lo que con­ viene a esta mansión: baños calientes, un lecho que es descanso de fatigas y la presencia de una mirada honrada. Mas si queréis hablar de algu­ na cosa de m ayor reflexión, es ello p rop io de varones y les consultaremos.

Or e s t e s.— Extranjero soy de Daulia, en la Fócide; según venía a Argos trayendo mi equipa­ je 68, una vez que para aquí partí, me d ijo un