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Las decisiones políticas

In document El hambre y el aprendizaje (página 34-39)

PARTE I: EL HAMBRE EN EL MUNDO

1. El hambre y el desarrollo

1.4 Las decisiones políticas

Pero las crisis humanitarias representan tan sólo el 10% del hambre que se sufre en el mundo (Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas, 2005a). La mayoría de las personas que padecen hambre se hallan atrapadas en permanentes "emergencias silenciosas" de desnutrición crónica y enfermedad (véase el Recuadro 1.3). Las decisiones de los responsables políticos nacionales e

internacionales son el principal factor en la persistencia de este tipo de hambre.

En el pasado, muchos de los gobiernos de los países afectados se centraron exclusivamente en el crecimiento económico como forma de reducir el hambre. Se pensaba que el progreso económico beneficiaría también a largo plazo a los más desfavorecidos, y daría lugar a una reducción de la desnutrición. Pero los datos no apoyan esta opinión. El crecimiento macroeconómico no se traduce directamente en mejoras para las familias más pobres. Un estudio puso de manifiesto que sólo existe una

ligera correlación en el tiempo entre los cambios en el crecimiento económico, la disponibilidad de alimentos y la nutrición infantil (Haddad, Webb y Slack, 1997). Análogamente, utilizando datos procedentes de hogares de seis países en desarrollo, Appleton y Song (1999) mostraron que el retraso del crecimiento físico no afectaba únicamente a las familias pobres, y que también se daba en el 32% de familias no pobres. Según Alderman y

Christiaensen (2001), en Etiopía un aumento del 10% en los gastos de los pobres sólo reduce en un 1,2% las distancias entre los índices medios de retraso del crecimiento y los niveles de referencia internacionales. Aunque el PIB per cápita de los países en desarrollo aumentó más del 60% entre 1980 y 2000, el número de personas que padecen hambre solo se redujo en un 10%. Es decir, que el crecimiento económico por sí solo no basta. Lo que se necesita, por el contrario, son políticas concentradas específicamente en las cuestiones relativas al hambre. El hambre es un problema de múltiples dimensiones que requiere un compromiso político para llevar a cabo operaciones

intersectoriales en los ámbitos pertinentes, que van desde la salud y los mercados al aprendizaje y la preparación para emergencias (véase la Figura 1.5). El hambre tiene una relación bidireccional con

1. El hambre y el desarrollo

Recuadro 1.3 — Emergencia silenciosa en la India

La mayoría de las muertes por causa de hambre evitables se producen al margen de las emergencias. Este sorprendente hecho se halla en el corazón de la paradoja que se da en la India. Conocida por sus Códigos del hambre que han impedido que se produzcan hambrunas en el país durante más de 60 años, la India se enfrenta no obstante a una "emergencia silenciosa" de hambre y sufrimiento crónicos. El país no ha sufrido ninguna importante hambruna desde la ocurrida en Bengala en 1943, pero un número de personas aún mayor que el de quienes fallecieron por esa crisis mueren cada año a causa de la malnutrición (Drèze y Sen, 1989). En la actualidad, hay 221 millones de personas subalimentadas en la India (FAO, 2004) —en torno al 27,5% del total mundial—. En la India el porcentaje de niños con insuficiencia ponderal alcanza el 35%, en un país cuyo número de habitantes sólo representa el 17% de la población mundial. El país ha adoptado numerosas medidas para abordar estos problemas. Cuenta con una amplia red de seguridad alimentaria. Se trata de un sistema diseñado, en teoría, para proteger a las personas a lo largo de toda la vida, en el que se presta asistencia a los niños pequeños, a las mujeres embarazadas y a las madres lactantes, se proporciona alimentación escolar y se hallan en marcha proyectos de obras públicas estacionales y un sistema de distribución pública para los adultos que lo necesiten. En la práctica, el funcionamiento del sistema nacional ha sido desigual. No obstante, diversos sistemas estatales, como el establecido en Tamilnadu, han producido resultados extraordinarios, gracias a una cuidadosa gestión y orientación y la puesta en marcha de programas integrales (Mahendra Dev y otros, 2004).

muchos de estos factores que la inducen —esto es, el hambre es a la vez su causa y su efecto—. El hambre contribuye a la aparición de problemas en ámbitos como el aprendizaje, la salud, el medioambiente y la agricultura; y sin embargo, cada uno de estos factores afecta a la disponibilidad, la utilización de los

alimentos y el acceso a ellos. Esta serie de informes tiene por objeto facilitar a los responsables de la formulación de políticas la información que precisan para tomar decisiones adecuadas con el fin de luchar contra el hambre en sus contextos específicos. El Grupo de Trabajo sobre el Hambre del Proyecto de Desarrollo del Milenio y otras instancias han

formulado recomendaciones para alcanzar la meta relativa al hambre establecida en el ODM 1 (Proyecto de las Naciones Unidas del Milenio, 2005a). Esta serie de informes complementarán estas actividades examinando las distintas cuestiones en profundidad y formulando medidas concretas con miras a la acción.

Si bien es necesario abordar una serie de factores para luchar contra el hambre de forma eficaz, este primer informe se centra en uno de los ámbitos más prometedores para lograr mejoras sustanciales y duraderas: la relación bidireccional entre el hambre y el aprendizaje.

Figura 1.5 — La relación entre el hambre y sus causas

Hambre • Disponibilidad • Acceso • Utilización (selección, ingesta, absorción) Aprendizaje Salud Exclusión social Crisis Medio ambiente Mercados Comercio Agricultura Factores sociales Factores físicos Factores económicos

}

}

}

1. El hambre y el desarrollo

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Intermezzo 1: Crisis humanitarias en

el Asia meridional y en el Sudán

Dos de las principales crisis que provocaron hambre en 2004 se produjeron en distintos continentes. El tsunami en el Océano Índico y la situación de emergencia vivida en el Darfur (Sudán) ponen de manifiesto no sólo la extensión geográfica de las crisis alimentarias, sino también sus diferentes causas en los albores del milenio.

El tsunami en el Océano Índico

A las 8.00 horas de la mañana del 26 de diciembre de 2004, un potente terremoto de fuerza 9.1 en la escala de Richter sacudió la costa de la provincia de Aceh, en Indonesia, desencadenando una serie de grandes tsunamis a lo largo del Océano Indico. Zonas tan alejadas como la India y Somalia se vieron gravemente afectadas por las enormes olas de hasta 6 metros de alto. El oleaje azotó algunas de las comunidades costeras más densamente pobladas de Indonesia, Sri Lanka, las Maldivas y otros lugares (citado parcialmente del PMA, 2005a). Para muchas de las personas que se encontraban en la costa, fue como si el océano, furioso, hubiese aspirado profundamente: toda el agua fue

succionada de la costa, dejando temporalmente a los barcos y navíos de pesca en tierra. La gente hablaba del sentimiento sobrecogedor que les produjo el graznido de las aves que planeaban en círculos y los monos escaparon instintivamente hacia zonas más altas. Cuando el océano espiró, grandes oleajes arrasaron casas, campos, hoteles turísticos, empresas, carreteras, instalaciones sanitarias y otra infraestructura situada a lo largo de la costa. Murieron más de 250.000 personas por la fuerza de las olas, o perecieron ahogados en la potente contracorriente que arrastró a otros hacia el océano.

Tras el maremoto, la principal preocupación respecto del hambre fueron los más de 2,2 millones de personas. Según un estudio del UNICEF, como consecuencia de esta catástrofe, el 13% de los niños menores de cinco años sufrieron malnutrición aguda en Banda Aceh, Indonesia (Schlein, 2005). Entre quienes se vieron sin acceso a alimentos y se consideraban en mayor peligro se encontraban las personas desplazadas en centros de evacuación y refugios, las personas cuyas casas

habían sido dañadas o destruidas y los niños que habían perdido a sus padres y a sus familias en la catástrofe (PMA, 2005a).

Asimismo, debía prestarse asistencia a las personas desplazadas para que retornaran a sus casas y a los pescadores, agricultores y otras poblaciones pobres para que restablecieran sus modos de subsistencia. Las misiones de evaluación pusieron de manifiesto que los tsunamis no causaron daños significativos a los campos agrícolas del interior y a la disponibilidad de alimentos nacionales, y que muchos de los alimentos que se necesitaban podrían comprarse en el país. Desde el tsunami, ha quedado claro que es preciso seguir investigando varias cuestiones para que las respuestas ante catástrofes naturales similares sean aún más eficaces en el futuro.

• Ayuda adecuada

Aunque fueron pocos los que cuestionaron el abastecimiento de ayuda alimentaria en las semanas inmediatamente posteriores al tsunami, el debate pasó rápidamente a centrarse en las ventajas de las estrategias alternativas. ¿Bastarían las contribuciones en especie y los programas de "dinero por trabajo", en lugares donde los mercados seguían funcionando, para mantener el estado nutricional de la población? ¿Qué posibilidades había de adquirir localmente los productos necesarios para la ayuda alimentaria? ¿Cómo podían los gobiernos y los donantes

introducir programas de recuperación de los recursos agropecuarios y pesqueros que realmente mejoraran y no sólo restauraran la productividad a largo plazo? Se están examinando las respuestas a preguntas de este tipo en los países afectados por el tsunami y en otros lugares de todo el mundo.

• Alerta temprana y planificación de contingencias Se han hecho llamamientos generalizados en favor de la creación de un sistema de alerta temprana contra los tsunamis basado en el existente para el Océano Pacífico. Pero algunos han señalado además la importancia de mejorar la planificación para contingencias (Choularton, 2005). Actualmente, como era previsible, la planificación de las

contingencias tiende a centrarse en los fenómenos más probables. Sin embargo, en el futuro, la planificación deberá además tener en cuenta contingencias cuya probabilidad de producirse sea baja pero potencialmente catastrófica, como es el caso de los tsunamis.

La crisis del Darfur (Sudán)

A diferencia de la del tsunami, la crisis del Darfur (Sudán) fue inducida por el hombre y tiene origen político. En 2002, aduciendo una historia de marginación política y económica, dos grupos rebeldes (el Ejército de Liberación del Sudán y el Movimiento por la Justicia y la Libertad) de la región sudanesa del Darfur se alzaron en armas en busca de una mayor autonomía e inversión regionales. El Gobierno respondió con ataques aéreos y, al parecer, apoyando a las milicias progubernamentales conocidas como Janjaweed, que saquearon y arrasaron aldeas.

En 2003, la principal forma que tenían los cooperantes de acceder a las víctimas de la violencia era a través de los campos de refugiados ubicados a lo largo de la frontera con el Chad. Al margen de las terroríficas historias contadas por los refugiados, se sabía relativamente poco de lo que estaba ocurriendo en las arenas del Darfur. Desde entonces, organismos de asistencia, periodistas e investigadores han logrado un mejor acceso, y se ha conocido con más claridad las dimensiones de la crisis.

En lo que se refiere al hambre, se estima que 3,2 millones de personas necesitan asistencia (PMA y UNICEF, 2005). Quienes más preocupación suscitan son las personas desplazadas en el interior que, obligadas a huir de sus aldeas, vieron trastocadas sus posibilidades de ganarse el sustento y de acceder a sus alimentos. Por lo general, viven en campamentos, acogidos por los residentes o albergados en escuelas y otros edificios públicos de las aldeas bajo control del Gobierno. El segundo grupo que más inquieta es la población residente. No han abandonado sus respectivas aldeas, pero han visto limitado su acceso a los alimentos (a través de mercados, trabajos agrarios, mano de obra y caza) debido a la guerra y a la inseguridad. Algunos residentes también albergan a personas desplazadas en el interior, lo que supone una carga adicional para sus escasos recursos (citado, parcialmente, por el PMA, 2005b).

Aunque de mayor envergadura que otras muchas complejas emergencias, las dificultades que plantea el problema del hambre en el Darfur son parecidas a las de otras zonas del mundo afectadas por

conflictos:

• Mantenimiento de unos niveles nutricionales mínimos durante la crisis a fin de evitar problemas a largo plazo en el crecimiento y el desarrollo

En una minuciosa evaluación conjunta realizada en 2004, se determinó que, entre los residentes y las personas desplazadas en el interior, el índice de malnutrición aguda global se situaba en el 21,8 % y el de malnutrición aguda grave en el 3,9 %. Ambos porcentajes superaban con creces el baremo aceptado a nivel internacional, lo que pone de manifiesto que la situación nutricional es alarmante. Las carencias de micronutrientes también eran inaceptablemente altas, ya que el 26% de las mujeres sufría carencia de yodo y en torno al 16%, según las estimaciones, carencia clínica de vitamina A. Asimismo, se determinó que el 26,8% de las mujeres y el 55% de los niños padecían anemia (PMA 2004b, PMA 2005b). Tal como muestra el presente informe, la malnutrición, sobre todo en los niños pequeños, puede producir tanto daños mentales como daños físicos a largo plazo.

Afortunadamente, parece que una importante iniciativa de respuesta multisectorial ha logrado mejorar en parte la situación (PMA y UNICEF, 2005). Según la evaluación conjunta realizada en 2005, la malnutrición aguda global había descendido al 11,9% y la malnutrición aguda grave se había reducido al 1,4%. Más del 70% de los hogares tenía acceso a suficiente sal yodada. Y está prevista la puesta en marcha de programas de alimentación escolar para más de 350.000 niños. • Acceso, protección y soberanía

Dada la precariedad de la situación, una preocupación fundamental es cómo obtener —y mantener—acceso humanitario y prestar asistencia en una situación en la que ambas partes, pero principalmente el Gobierno y sus milicias y sus aliados, han sido acusadas de crímenes contra la humanidad e incluso de genocidio. Por un lado, es imprescindible proteger de los ataques a las poblaciones afectadas y exigir cuentas a las partes responsables. Por otro lado, el hecho de que se planteen estas preocupaciones compromete a veces el acceso a aquellos que necesitan ayuda

humanitaria.

Los problemas puestos de relieve por las catástrofes del tsunami y el Darfur son una muestra de los desafíos a que deben hacer frente las poblaciones afectadas y los cooperantes en la lucha contra el hambre en los primeros años del milenio.

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