Capítulo 2.Marco Teórico
2.4 Definición de la competencia de compromiso ético
Una descripción de la ética sirvió como marco de referencia para comprender el concepto como un valor. Hortal (1994) explicó que ética procede del griego ethos y significa carácter, forma de ser, entonces representaría todo lo relativo al carácter. Para Cortina (2002) es un saber que busca la orientación humana hacia una actuación racional en toda la vida. Mientras que de acuerdo a Bolívar (2005) el concepto de ética
profesional comprende todos los principios morales y la forma ética de actuar dentro del ámbito profesional, con el objetivo no sólo de cumplir y respetar su profesión, también sumando el trabajar con lealtad y responder al servicio de la comunidad. Fuentes (2006) refiere que la ética profesional está caracterizada además por:
- Ser una actividad que se brinda a la sociedad como un servicio. - La sociedad lo requiere y exige.
- Incluye una perspectiva más amplia de las normas internas.
- Requiere el conocimiento y la utilización de otra competencia: formación teórica (conocimientos-saber, aprender-cultura, tecnológica y lenguas extranjeras) y formación práctica (destrezas, técnicas y sociales: confianza, independencia, tolerancia, descubrimiento del otro, participación en proyectos comunes, e enriquecimiento intercultural).
- Incluye principios éticos del área o campo de trabajo.
- Fomenta todo lo que es bueno hacer, desde el punto de vista del comportamiento moral.
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Para este estudio la competencia está relacionada intrínsecamente con un saber hacer directamente en el contexto en donde se relacione la persona y con los recursos existentes y el interés fundamental se encuentra en conocer cómo ocurre su desarrollo. Un argumento podría ser que comience desde la infancia y continúe en el transcurso de la vida. Dewey (1909) explicó que la escuela tiene un papel fundamental en la formación de esta competencia ya que debe proporcionar enseñanza suficiente no sólo para que se enfrente a los cambios del mundo, sino también para ser capaz de dirigir estos cambios.
La escuela podría fungir como una reproducción de la vida social con la que están en interacción las personas. Hortal (1994) asume que tras un aprendizaje moral que viene desde la infancia y en la cual se pueden internalizar las prohibiciones y la
experimentación que se lleva a cabo en la adolescencia, la tarea que sigue en la fase de la adultez es la consolidación ética, una aceptación de responsabilidades concretas y la transmisión hacia la generación siguiente.
El compromiso ético implicaría una relación directa con la búsqueda del bienestar no individual sino colectivo. Para Hirsch (2003) se deben tomar en cuenta las mejores posibilidades de alcanzar el bienestar colectivo a través de principios de justicia y de alcanzar los proyectos de vida personales, en el campo en que cada ser humano es capaz de aplicar de la mejor forma posible sus saberes fundamentales. La contribución de Ibarra (2005) tiene que ver con una representación y expresión de conciencia moral, a través de la cual se cumple con la contribución del profesional a la comunidad al brindar atención y apoyo a sus necesidades y por otro lado, mediante su compromiso y
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Una parte del bienestar colectivo implica tomar las mejores decisiones sin perjudicar a ninguna persona. Haidt (2014) menciona una analogía de saber ejercer principios éticos con la metáfora del ciclista y el elefante, según la cual la mente podría dividirse en dos partes: una consciente, que él llama el pequeño ciclista, que formula argumentos y actúa en la realidad, y otra, inconsciente y que él denomina un gran elefante, que representa el noventa y nueve por ciento de lo que sucede en nuestras mentes, se trata de aquellos procesos automáticos e inconscientes, como la emoción, intuición y el hábito. Ambas partes podrían entrar en conflicto ante ciertas situaciones y aunque pareciera que el gran elefante tiene mayor fuerza que el ciclista, la clave es que el estudiante o el profesional sea capaz de elegir siempre los mejores caminos.
El compromiso ético como competencia resulta muy difícil de separar en los contextos personal y profesional. Al respecto Bolívar (2005) señala que si bien actuar siguiendo principios éticos implica hacer uso de cúmulos de conocimientos mediante formas de actuación y actitudes personales que son conectados en un contexto general, quien ejecute una actividad, también debe contar con un desarrollo moral propio para buscar adicionalmente el bien para el resto de las personas.
Tomando en consideración todas estas aportaciones el compromiso ético se define como un resultado de la preparación, el discernimiento, el aprendizaje que se da desde la escuela y a través de ejemplos, para elegir el mejor camino en cualquier situación y brindar a la sociedad la mayor calidad de la práctica profesional en el ámbito de su especialidad considerando que con esto se contribuye a mejorar la calidad de vida y a proporcionar mayores niveles de bienestar y felicidad a través de principios, valores y un modo de actuar que siempre elige el bien en general hacia toda la comunidad. Una
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definición de compromiso ético resulta en gran medida muy general para describir los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que se requieren, por lo que se necesita de mayor precisión al dividir la competencia en aquellas que la integran.