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No vamos a detenernos demasiado en las diferentes definiciones que ha tenido la hipnosis a lo largo de la historia, pero sí consideramos conveniente hacer un breve recorrido y análisis por las descripciones que hoy en día se encuentran en uso y que posean una mayor aceptación, ya que, acotar el campo de la hipnosis implica definirla.

En nuestra aproximación exploratoria de este apartado, se tiene que admitir y valorar, por su gran importancia, la influencia de los factores históricos, sociales y contextuales como moduladores y promotores de las diferentes definiciones de la hipnosis y de los variados instrumentos de medición que se han ido desarrollando desde sus inicios (Spanos y Chaves, 1991).

Dentro de un marco conciliador, cuyo objetivo era agrupar las diferentes posturas existentes sobre las visiones parciales hacia la hipnosis, la División 30 (Society of Psychological Hypnosis) de la American Psychological Association (APA) propuso en 1993 una definición de hipnosis.

Un extracto de esta definición señalaría la hipnosis como un procedimiento en el que un especialista sugiere a una persona que experimente cambios en sus sensaciones, percepciones, pensamientos o conductas. Así mismo, esta definición destaca que se debe establecer un contexto hipnótico para el cual se utiliza un método de inducción que, pudiendo ser diferente, suele emplearse para generar estados de relajación y de calma, potenciando la generación de imágenes agradables. En esta descripción de la hipnosis se destaca la gran variabilidad de respuestas hipnóticas, dejando abierta la cuestión de si las sensaciones subjetivas de posibles estados alterados de conciencia son reales o no y de las diferencias individuales en lo referente a la intensidad de las respuestas. Por lo que algunos individuos experimentarán sensaciones percibidas como un estado alterado de conciencia, mientras otros lo vivirán y describirán como un estado de atención focalizada etiquetado de normal, en el cual se han sentido tranquilas y relajadas. Según la APA la gran mayoría de personas hipnotizadas lo describen como una experiencia muy placentera.

Tras la publicación oficial de esta definición de la hipnosis por parte de la APA en 1994, se recibieron muchas críticas por considerarla excesivamente extensa y con

Diez años después (2003) la APA publicó otra definición para actualizar la anterior, siendo, sin embargo, bastante más farragosa, menos precisa en algunos puntos y con limitaciones importantes, eso sí, amplía el campo de posibles formas de inducción. Según esta nueva definición, la hipnosis suele implicar una introducción al procedimiento durante el cual se le dice al sujeto que se presentarán propuestas de experiencias imaginativas. La inducción hipnótica es una sugestión inicial ampliada para el uso de la imaginación de uno, y puede contener nuevas elaboraciones de la introducción. Un procedimiento hipnótico se usa para estimular y evaluar las respuestas a las sugerencias.

La descripción del contexto del uso de la hipnosis, en esta definición, consiste en describirlo como: una persona (el sujeto) es guiada por otra (el hipnotizador) para responder a las sugerencias de cambios en la experiencia subjetiva, alteraciones en la percepción, sensación, emoción, pensamiento o comportamiento.

Las personas también pueden aprender auto-hipnosis, que es el acto de auto- administrarse procedimientos. Se infiere que la persona está hipnotizada si responde a las sugerencias hipnóticas. Muchos creen que las respuestas y experiencias hipnóticas son características de un estado hipnótico. En el texto se describe cómo algunos de los miembros del comité ejecutivo piensan que no es necesario el uso de la palabra hipnosis como parte de la inducción hipnótica, otros lo ven como algo esencial (Green, Barabasz, Barrett, y Montgomery, 2005).

Los pormenores de los procedimientos hipnóticos y sugerencias serán diferentes en función de los objetivos del médico, clínicos o enfocados a la investigación. Describen como los procedimientos tradicionalmente suelen incluir sugerencias para relajarse, aunque explicitan que la relajación no es necesaria para la hipnosis, existiendo una amplia variedad de sugerencias alternativas, incluyendo aquellas para estar más alerta.

Las sugerencias que se usan para evaluar la sugestionabilidad mediante la comparación de las respuestas a las escalas estandarizadas pueden utilizarse tanto en entornos de investigación clínica como en la aplicación terapéutica en la clínica. En lo referente a la sugestionabilidad y las características personales de los sujetos, se indica que la mayoría de los individuos son sensibles, al menos, a algunas sugerencias, delimitando las puntuaciones en las escalas estandarizadas de altas a insignificantes.

Tradicionalmente, los resultados se agrupan en categorías de bajo, medio y alto. Se equiparan las medidas de variable psicológicas como la atención y la conciencia, al funcionamiento de la variable sugestionabilidad (Green, et al., 2005).

Hay que destacar que en esta nueva definición no se especifica el papel coadyuvante de la hipnosis, descartando su concepción de terapia y, además, se deja abierta la descripción y cualificación del hipnotizador.

Podemos sintetizar la postura defendida por la APA, en esta etapa, en cuatro bloques temáticos:

La intensidad de la respuesta hipnótica resulta ser una variable personal, por lo -

que algunas personas presentarán una elevada sugestionabilidad y otras no. Se menciona como causa en algunos casos de baja sugestionabilidad los miedos asociados a los mitos que existen sobre la hipnosis, que impiden que los individuos participen activamente en la experiencia.

Define la hipnosis como un procedimiento facilitador de la terapia, no como una -

terapia. Este punto deja el uso de la hipnosis en manos de profesionales de la salud.

Se describen los diferentes campos y contextos donde pueda usarse la hipnosis -

tanto en medicina como en psicología.

Por último, se describen las múltiples contribuciones que la hipnosis puede -

aportar a la investigación científica (Capafons, 2012).

Otra definición de referencia, que busca unir las diferentes concepciones de la hipnosis, es la propuesta por la Sociedad Británica de Psicología (British Psychological Society- BPS) en un informe publicado (2001/2002), según la cual, el término hipnosis denota una interacción que se da entre una persona, el hipnotizador, y otra u otras personas, la persona o personas que vayan a ser receptoras de las sugestiones. En esta interacción, el hipnotizador intenta influir en la percepción, sentimientos, pensamientos y conductas de los individuos, pidiéndoles que se concentren en ideas e imágenes que pueden evocar los efectos que se pretenden conseguir. Las comunicaciones verbales que el hipnotizador emplea para alcanzar esos efectos se denominan sugestiones.

Las sugestiones se diferencian del resto de instrucciones de la vida cotidiana en que aquellas implican que la persona experimenta, con éxito, una respuesta

personas pueden aprender a poner en práctica los procedimientos hipnóticos por sí mismos, lo que se denomina auto-hipnosis. En el documento se desarrollan aspectos que identifican las diferentes áreas de trabajo de la hipnosis, hipnosis experimental, memoria y uso de la hipnosis en terapia (The British Psychological Society, 2001/2002).

Estas dos definiciones, tanto la definida por la APA como la expuesta por la BPS, resaltan el papel del uso de las sugestiones con el objetivo de modificar cogniciones y conductas en los individuos hipnotizados. No incluyen criterios concretos para identificar si una persona está o no hipnotizada, ya que se infiere si hay respuestas adecuadas a las sugestiones, que éstas sean experimentadas como que se han producido sin esfuerzo, como automáticas o con cierta involuntariedad (Capafons et al. 2008).

Existen muchas otras definiciones sobre hipnosis a lo largo de la historia de la psicología, pero creemos que éstas son las que mejor resumen esta postura conciliadora, al no entrar en conflicto con las teorías vigentes de la hipnosis (Lynn, Kirsch, Neufeld, y Rhue, 2010).

En 2014, el Comité Ejecutivo de la División 30 publicó una nueva definición oficial de la hipnosis, según la cual la hipnosis sería: “Un estado de conciencia que implica la atención focalizada y conciencia periférica reducida, caracterizado por una mayor capacidad de respuesta a las sugestiones” (APA División 30, 2014).

En esa misma publicación se definen también los términos de inducción hipnótica, hipnotizabilidad e hipnoterapia. Indican como aclaraciones que: “Estas nuevas definiciones tienen como finalidad simplificar la comunicación sobre los fenómenos y procedimientos hipnóticos dentro y entre las áreas de investigación y la práctica, siendo intencionalmente, y en gran medida ateóricas” Recuperado de: http://www.apadivisions.org/division-30/about/index.aspx.

Consideramos que esta definición tan simplista y genérica deja la puerta abierta a polémicas, hasta el punto que el American Journal of Clinical Hypnosis ha publicado un número monográfico (57) sobre el tema en el que se observa las disensiones que se han generado, cuando no la obvia molestia por este cambio no sujeto a ninguna evidencia científica nueva que justifique esta definición, que, de hecho, replica básicamente la de Spielgel y Spielgel (1987), tal como indican Lynn et al. (2015).

Hay que destacar que esta tesis se ha realizado desde una perspectiva más cercana a los planteamientos socio-cognitivos.

Por ello, queremos hacer referencia a una definición que se ajusta a nuestro modelo de referencia, que ha sido propuesta por Mendoza (2008) según la cual la hipnosis sería:

Un contexto o ceremonia que viene determinado por el acuerdo, implícito o explícito, de rotular a una situación como hipnosis, entre la persona que va a aplicar o va a enseñar las técnicas de hipnosis o auto-hipnosis, y la persona que va a ser hipnotizada. Este rótulo, junto con la tradición social, el lenguaje y las comunicaciones del hipnotizador (retórica y sugestión), van a activar una serie de procesos hipnóticos (atribuciones, rol, expectativas, compromisos, resolución de conflictos, etc.) que determinan, en la persona hipnotizada, la experiencia de las sugestiones hipnóticas, que suelen implicar cambios en sus sistemas cognitivos, sensoriales, perceptivos, etc. Estos cambios, cuya puesta en marcha y finalización van a estar sujetos a la voluntad de la persona, van a depender de sus propios recursos, y serán experimentados, no obstante, como automáticos por lo que el esfuerzo percibido por la persona hipnotizada será menor. (p.10)

Tras la exposición y análisis de las anteriores definiciones, nuestra experiencia de la utilización de la hipnosis como herramienta clínica, la podemos plasmar como: un acuerdo de colaboración entre el terapeuta y su paciente/cliente, a fin de alcanzar unas metas negociadas, incrementar la eficacia de la terapia y proporcionar mayor control personal mediante el entrenamiento en el uso de esta herramienta. Ello se conseguirá armonizando los objetivos de la persona con las capacidades y conocimientos del profesional en esta área y así establecer y lograr el estilo sugestivo más adecuado para su marco personal de funcionamiento.

Definición que ampliaríamos destacando lo fundamental que resulta que el profesional que utilice la hipnosis esté cualificado para su uso, además de por sus conocimientos sobre la técnica porque posea la titulación académica necesaria para trabajar en el entorno donde se realice la práctica. Dentro del campo de la psicología clínica, donde toda hipnosis es una auto-hipnosis, encontramos múltiples objetivos terapéuticos que mejoran considerablemente con el uso de la hipnosis (Mendoza y

Para completar los diferentes enfoques de la definición de la hipnosis hay que encuadrarla dentro de un amplio campo de estudio con muchas posibles aportaciones a la ciencia desde diferentes enfoques que se encentran actualmente en fase de investigación con resultados muy prometedores (Fuentes, 2014).