Actualmente, la investigación en hipnosis genera una importante cantidad de resultados, y sigue habiendo controversias, sobre todo en lo referente a estos tres puntos, que fueron desarrollados por Lynn y Rhue (1991):
La existencia o no de estados alterados de conciencia. -
La posible modificación de la sugestionabilidad. -
La automaticidad e involuntariedad de las respuestas hipnóticas. -
La cuestión sobre la existencia de trance o no trance se planteó a finales del siglo XX, entre 1960 y 1970, cuando se establecieron dos posturas opuestas defensoras de ambos extremos: teóricos del estado y teóricos del no-estado.
Posteriormente se adjudicaron una nueva denominación y pasaron a ser teóricos
de procesos especiales frente a teóricos con postura social-psicológica.
Avanzando hacia finales del siglo XX, las teorías sobre la hipnosis han evolucionado proponiéndose nuevo enfoque (Lynn y Rhue, 1991), por lo que actualmente el panorama existente está formado por un continuo entre posturas radicalmente opuestas, la aceptación y la negación de la existencia de estados alterados de conciencia durante el proceso hipnótico. (Kirsch y Lynn, 1995).
En la postura defensora del modelo de estado se encuentran los seguidores de las teorías ericksonianas, teóricos psicoanalíticos y defensores de la teoría del control disociado, mientras que en el polo opuesto se encuentran autores que rechazan absolutamente la existencia de un estado característico asociado al fenómeno hipnótico por considerarlo algo impreciso y engañoso (Coe y Sarbin, 1991; Laurence y Perry,1988; Lynn , 2015; Kirsch, 1991;).
En posturas intermedias hay defensores de la existencia del trance, aunque no lo consideran determinante en sus teorías sobre el fenómeno hipnótico (Sheehan y McConkey, 1982), resolviendo así el posible conflicto. Estos autores destacaban el papel activo del individuo cuando se encuentra hipnotizado.
El sujeto hipnotizado piensa, siente y se comporta como una persona en un contexto determinado en el cual la situación hipnótica influye, conjuntamente con las habilidades y capacidades del sujeto, para determinar los resultados finales observados. (Sheehan y McConkey, 1982, p.11)
En estos diferentes puntos que se encuentran a lo largo del continuo, sus particulares defensores fundamentan sus modelos en aspectos sociales y situacionales del contexto hipnótico, además de tener en cuenta variables moduladoras como son las actitudes, la imaginación, las atribuciones, las expectativas y las creencias (Capafons, 1991, 2012; Lynn, y Rhue, 1991) diferenciándose en el peso que consideran que tiene cada variable.
Algunos autores optan por mantener el concepto de trance, pero sin estar asociado al significado de un estado alterado (Walters y Havens, 1993) o como una situación totalmente normalizada que forma parte de nuestra vida cotidiana, concepciones tan genéricas y tan poco operativas que impiden mantener una base teórica experimental (Kirsch y Lynn, 1995).
Nosotros nos mantenemos en la postura que resulta de las últimas investigaciones psicofisiológicas, que siguen mostrando que los cambios fisiológicos que se dan mientras la persona está hipnotizada se deben más a los efectos de las tareas específicas experimentales que a un estado cerebral concreto (Capafons, Lamas y Lópes-Pires, 2008; Lamas, 2010; Oakley y Halligan, 2010)
En el campo de estudio referido a la sugestionabilidad, encontramos posturas que defienden que la sugestionabilidad hipnótica es una habilidad propia de cada persona y la equipara a un rasgo relativamente estable a lo largo de la historia del individuo, asociado a su capacidad para disociarse (Bowers, 1976; Hilgard, 1979) Estos autores reconocen como variables ciertamente moduladoras las actitudes y las expectativas, pudiendo interferir en las medidas de sugestionabilidad, aunque dependiendo de la capacidad de disociación.
En lo referente al tercer punto sobre el que se mantienen diferentes posturas, relacionado con el concepto de automaticidad y voluntariedad, esta cuestión se plantea desde una perspectiva de voluntariedad por parte de los individuos de disociarse, lo que les permitiría tener la sensación de automaticidad e involuntariedad experimentada a través de las respuestas hipnóticas (Capafons, 2012). Las diferentes posturas matizan el concepto de experiencia disociada (Hilgard, 1973) o una disociación real (Bowers, 1992). Desde la teoría socio-cognitiva, la persona se ajustaría activamente a las demandas situacionales relacionadas con el rol (Coe y Sarbin, 1991) adaptándose a los
Existen dos puntos de estudios en los cuales hay acuerdos en todas las posturas de este continuo formado por posiciones extremadamente opuestas en lo referente a ciertos temas concretos. En primer lugar, en lo referente a calificar de nimio el efecto de la inducción hipnótica en la sugestionabilidad (Hilgard, 1965), aunque parece fomentar más las respuestas hipnóticas difíciles, como las cognitivas, dando más peso a las habilidades, creencias y conocimiento de los individuos (Hilgard, 1965; Kirsch, 1990; Spanos, 1991). El pequeño efecto que pueda producir la inducción también puede conseguirse con procedimientos no hipnóticos, como las tareas motivacionales hacia la tarea (Barber y Calverley, 1963).
El segundo punto en el cual concuerdan casi todos los autores es en la imposibilidad de encontrar algún tipo de indicadores fisiológicos que permitan detectar y ser relacionados con este supuesto estado alterado (Kirsch y Lynn, 1995; Lamas, 2007; Oakley y Halligan, 2010).
Para resolver estos dilemas y permitir que se produzcan avances en los estudios relacionados con la hipnosis creemos que, acertadamente, se han delimitado los diferentes temas dentro de una gran área de estudio denominada dominio de la hipnosis descrita por Hilgard en 1973. Lo que caracteriza este dominio es:
La hipnosis implica sugestión, pero no todos los tipos de sugestión ni todo lo que -
se produce en hipnosis está únicamente relacionado con la sugestión.
Existen diferencias individuales en la tendencia a responder a las sugestiones. -
Los informes subjetivos, que explican los fenómenos hipnóticos y sirven para -
contrastar la conducta observable, pueden servir para corregir las distorsiones producidas por la respuesta directamente observable (Hilgard, 1973).