• No se han encontrado resultados

DEL ENSAYO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO Capítulo X

OTROS MODOS SIMPLES

1. Otros modos simples de las ideas simples de la sensación

Aunque ya he mostrado, en los capítulos anteriores, cómo la mente, habiendo recibido ideas simples por medio de la sensación, llega a extenderse hasta lo infinito, lo cual, aunque parezca estar más alejado de toda percepción sensible de las demás ideas, sin embargo, no contiene nada que no esté formado por ideas simples; ideas que han sido recibidas en la mente por medio de los sentidos, y unidas después mediante la facultad que tiene la mente de repetir sus propias ideas; aunque, digo, estos ejemplos bastaran para los modos simples de las ideas simples de la sensación, y pudieran ser suficientes para mostrar cómo llega a ellos la mente, sin embargo, por razones metodológicas, me referiré, aunque brevemente, a algunos más, y después a otras ideas más complejas.

2. Modos simples de movimiento

Resbalar, rodar, caer, pasear, arrastrarse, correr, bailar, saltar, y brincar, y muchos otros que podrían nombrarse, son términos que, tan pronto como son oídos por quienes comprenden el idioma, provocan en su mente ideas distintas, que no son sino las diferentes modificaciones del movimiento. Los modos del movimiento responden a los de la extensión; rápido y lento son dos ideas diferentes de un movimiento, cuya medida se establece juntamente por las distancias de tiempo y espacio, de tal manera que son ideas complejas que incluyen dentro del movimiento el tiempo y el espacio.

3. Modos de los sonidos

Igual variedad tenemos en lo que se refiere a los sonidos. Cada palabra articulada es una modificación diferente de sonidos; por lo cual vemos que, mediante el sentido del oído, la mente puede proveerse, por tales modificaciones, de ideas distintas, hasta un número casi infinito. Además, los sonidos, aparte de los distintos gritos de los pájaros y animales, se ven modificados por la diversidad de notas de diferentes longitudes reunidas, lo cual forma esa idea compleja llamada tono, que un músico puede tener en su mente sin oír ni emitir ningún sonido, sino reflexionando sobre las ideas de estos sonidos, que une silenciosamente en su imaginación.

4.Modos de los colores

Son muy variados también los modos de los colores; a algunos los consideramos grados diferentes, o caen bajo el término de «matices», de un mismo color. Pero como muy pocas veces hacemos mezclas de colores, bien por una necesidad o por el placer de hacerlo, sin incluir ninguna forma en la que pongamos estos colores, como cuando pintamos, tejemos, bordamos, etc., aquellas mezclas que observamos pertenecen comúnmente a los modos mixtos, pues están formadas por ideas de diversas clases, es decir, la forma y color, como sucede en una mujer bella, en el arco iris, etc.

5. Modos de los gustos

Todos los sabores compuestos y los olores son también modos formados a partir de esas ideas simples de aquellos sentidos. Pero como carecemos generalmente de nombres para ellos, pasan desapercibidos, y no podemos fijarlos mediante la escritura; por tanto, será preciso dejar su enumeración a los

pensamientos y experiencia del lector. 6. Algunos modos simples carecen de nombre

En general, se puede observar que esos modos simples, que no son considerados sino como grados diferentes de la misma idea, aunque muchos de ellos en sí mismos son ideas muy distintas, carecen, generalmente, de nombres distintos, y no se les advierte como ideas distintas, cuando la diferencia entre ellos es muy pequeña. El que los hombres hayan sido negligentes con respecto a estos modos, y no les hayan dotado de nombres, por no disponer de medidas con las que distinguirlos, o porque, cuando los habían distinguido, ese conocimiento no tenía ninguna utilidad general o necesaria, es algo que dejo a la consideración de los demás. Para mi propósito, resulta suficiente con mostrar que todas nuestras ideas simples sólo llegan a la mente por la sensación y la reflexión; y que, cuando la mente las tiene, puede repetirlas y componerlas, y de esta manera formar nuevas ideas complejas. Pero aunque lo blanco, lo rojo, y lo dulce, etc., no han sido modificados, o transformados en ideas complejas, mediante combinaciones diversas, de manera que se les den hombres, y que de ese modo puedan ordenarse en especies, sin embargo, algunas otras ideas simples, como, por ejemplo, las de la unidad, la duración, el movimiento, etc., mencionadas más arriba, al igual que la potencia y el pensamiento, han sido modificadas en una gran variedad de ideas complejas, juntamente con los nombres que les pertenecen. 7. Por qué algunos modos tienen nombres y otros no

La razón de esto supongo que ha sido la siguiente: que como el principal interés del hombre con respecto al hombre es él mismo entre los demás, el conocimiento de los hombres y sus acciones, y la manera de significarías, resultaba extremadamente necesario; y, por ello, formaron ideas de las acciones modificadas con mucho cuidado, y otorgaron nombres a esas ideas complejas, para poder más fácilmente recoger y discutir sobre aquellas cosas que diariamente trataban, sin tener que recurrir a rodeos y circunloquios; y para que las cosas sobre las que continuamente tenían que dar y recibir información fueran comprendidas más fácil y rápidamente. Que esto es así, y que los hombres se han visto muy influenciados en sus ideas complejas, y a la hora de darles nombres, por la finalidad del lenguaje en general (que es la forma más corta y expedita de comunicar los respectivos pensamientos) resulta evidente por los nombres que se han aplicado a las distintas artes, y a varias ideas complejas de acciones modificadas, que pertenecen a distintos oficios, para agilizar la conversación sobre ellos. Estas ideas no se han formado generalmente en la mente de los hombres que no conversan sobre estas ocupaciones, entonces las palabras que las significan no son comprendidas por la mayor parte de los hombres que hablan el mismo idioma; por ejemplo: perforación, acotar, filtración, cohobación, son

palabras que significan ciertas ideas complejas que raramente se encuentran en las mentes de otras personas distintas de aquellas cuyos empleos específicos se las sugieren frecuentemente a sus pensamientos, y no son comprendidos generalmente estos términos sino por mineros, agrimensores y químicos; los cuales, habiendo formado las ideas complejas que estas ideas significan, y habiéndoles otorgado nombres, o habiéndole recibido de otras personas, inmediatamente que escuchan estos nombres en alguna comunicación conciben las ideas que significan en sus mentes. De esta manera ocurre con la palabra cohobación, que provoca todas las ideas simples de destilación, y de la mezcla de un líquido destilado con la materia de que fue extraído, para destilarlo de nuevo. Así, vemos que hay una gran variedad de ideas simples, como, por ejemplo, en los sabores y olores, que no tienen nombre; y que hay muchos modos que, o por no haber sido generalmente observados de una manera suficiente, o por no ser de gran utilidad para dar noticia de ellos en los asuntos sobre los que los hombres conversan, no les han sido otorgados nombres, y no pasan de ser especies. Pero esto es algo que tendré ocasión de considerar más detenidamente, cuando trate de las palabras.

Libro II del Ensayo sobre el entendimiento humano Capítulo XIX

DE LOS MODOS DE PENSAMIENTO

1. La sensación, el recuerdo, la contemplación, etc. son modos de pensamiento

Cuando la mente se contempla a sí misma y a sus propias acciones, el pensamiento es lo primero que se origina. En ello, la mente observa una gran variedad de modificaciones, y de aquí recibe sus distintas ideas. De esta manera, la percepción o pensamiento que acompaña realmente a cualquier impresión del cuerpo, y que está anexada a dicha percepción, hecha por un objeto externo, como es distinta de todas las demás modificaciones del pensamiento, la mente tiene una idea distinta, que es la que llamamos sensación; ésta es, como si dijéramos, la recepción real de cualquier idea en el entendimiento por medio de los sentidos. La misma idea, cuando se produce sin que ocurra la operación de un objeto semejante sobre lo sensorial externo, produce la reminiscencia; si la mente busca esta idea, y la encuentra con dificultad, y tras un esfuerzo para hacerla presente, entonces provoca el recuerdo. Si la mente la tiene por algún tiempo y la considera detenidamente, nos hallamos ante la contemplación. Cuando las ideas flotan en nuestra mente, sin que exista reflexión ni consideración del entendimiento, nos hallamos ante lo que los Franceses llaman reverie nuestro idioma carece de un término adecuado para ello. Cuando se repara en las ideas que se ofrecen a sí mismas (pues, como ya indiqué en otro lugar, mientras que estamos despiertos siempre hay un encadenamiento de ideas, que se suceden en nuestra mente) y, cuando se registran en la memoria, por decirlo así, se trata de la atención; cuando la mente, con gran diligencia y por su propia voluntad, fija su mirada en una idea, la considera en todos los aspectos, y no se distrae por la llamada solícita de otras ideas, tenemos eso que llamamos la intención o estudio. Dormir, sin soñar, es un descanso de todo lo anterior; y el soñar consiste en tener algunas ideas (mientras los sentidos externos están paralizados, de tal manera que no reciben a los objetos externos con su habitual viveza), no sugeridas por los objetos externos, ni por ninguna ocasión conocida, y sin que hayan sido elegidas o determinadas por el entendimiento; en lo que se refiere a lo que denominamos el éxtasis, dejo a la consideración de los demás si no es un soñar con los ojos abiertos.

2. Otros modos de pensamiento

He aquí algunos ejemplos de esos distintos modos de pensamiento que la mente puede observar en sí misma, y de donde puede obtener tan distintas ideas corno las que tiene de lo blanco y lo rojo, o de un cuadrado y un círculo. Y no pretendo enumerarlos todos, ni tratar exhaustivamente sobre este grupo de ideas que se obtienen de la reflexión, pues ello ocuparía un grueso volumen. Basta para mi propósito actual con haber mostrado aquí, por medio de unos cuantos ejemplos, de qué clase son estas ideas, y cómo las obtiene la mente; y especialmente porque tendré ocasión más adelante de tratar de una manera más detenida y extensa sobre el raciocinio, el juicio, la volición y el conocimiento, que son algunas de las operaciones más considerables de la mente, y que también son modos de pensar.

3. Distintos grados de atención en el pensamiento

Pero quizá no sea una digresión presuntuosa, ni algo apartado propósito, el que reflexionemos sobre los diferentes estados de la mente cuando piensa, los cuales son sugeridos por aquellos ejemplos de atención, reverie, sueño, etc., que he mencionado antes. Que un hombre despierto siempre tenga algunas ideas en su mente, es algo que nos sugiere nuestra propia experiencia, aunque la mente se ocupe de estas ideas con una atención diversa. Algunas veces, la mente se fija con tanta diligencia en la contemplación de determinados objetos que considera sus ideas en todos sus aspectos, establece sus relaciones y circunstancias y mira cada parte con tanto agrado y con tanta intención que impide la entrada de cualquier otro pensamiento, y no se da cuenta de las impresiones ordinarias hechas en nuestros sentidos que en otras situaciones provocarían percepciones muy sensibles; otras veces observa las ideas que se suceden en el entendimiento, sin dirigirlas ni marchar en pos de ninguna de ellas; y en otras ocasiones deja que pasen desapercibidas, como sombras que no dejan impresión alguna.

4. De aquí se deduce que el pensar es, probablemente, la acción y no la esencia del alma

Pienso que todo el mundo ha experimentado en sí mismo esta diferencia de intención y remisión de la mente durante el pensamiento, con una gran variedad de grados que van desde el estudio diligente a una inactividad casi absoluta de la mente. Continúese un poco más en esta línea y nos encontraremos a la mente, cuando duerme, retirada, como si dijéramos, de los sentidos, y fuera del alcance de esos movimientos que se hacen sobre los órganos sensoriales, que en otras ocasiones producen ideas muy vividas y sensibles. No se necesita sino poner el ejemplo de aquellas personas que duermen durante una noche de tormenta sin inquietarse, sin oír los truenos, ni ver los rayos, ni sentir los estremecimientos de la casa, todo lo cual es bastante perceptible para quien está despierto. Pero en este retiro de la mente de los sentidos, a menudo retiene una manera más vaga e incoherente de pensamiento que es lo que llamamos soñar; y, por último, el dormir profundo cierra completamente la escena y termina con todas las apariencias. Pienso que casi todo el mundo puede encontrar en sí mismo una experiencia de esto, y su observación particular le conducirá sin ninguna dificultad hacia ello. Pero lo que yo quiero concluir de todo esto es que, desde el momento en que la mente puede emplear, en diferentes momentos, distintos grados de pensamiento, y de que en ocasiones, incluso en un hombre despierto, puede tener

pensamientos tan oscuros que parece como si no tuviera ninguno en absoluto; y de que, en definitiva, en el oscuro retiro de un sueño profundo pierde de vista toda idea; puesto que, digo, todo esto es una cosa confirmada constantemente por la experiencia, pregunto si no es probable que el pensamiento sea la acción y no la esencia del alma, ya que las operaciones de los agentes pueden admitir fácilmente aumento y disminución, pero las esencias de las cosas no son susceptibles de tales variaciones.

LIBRO II DEL ENSAYO SOBRE EL ENTENDIMIENTO HUMANO Capítulo XX

DE LOS MODOS DE PLACER Y DE DOLOR 1. Placer y dolor son ideas simples

Entre las ideas simples que recibimos a partir. de la sensación y de la reflexión, el dolor y el placer merecen una consideración muy detallada. Porque así como en el cuerpo hay una sensación casi en sí misma, o acompañada de dolor o placer, así también el pensamiento o la percepción de la mente es simplemente de esta manera, o bien se ve acompañada también del placer y del dolor, o de algún trastorno, o de algún deleite, si así los queremos llamar. Estas, como las demás ideas simples, no pueden ser descritas, ni definidos sus nombres; la manera de conocerlas, al igual que las ideas simples de los sentidos, estriba solamente en la experiencia. Pues definirlas por la presencia del bien o del mal no es otra cosa que hacer que las conozcamos y reflexionemos sobre lo que sentimos en nosotros mismos con ocasión de las distintas y variadas operaciones del bien y del mal sobre nuestras mentes, según las distintas formas en que son aplicadas o consideradas por nosotros.

2. Qué son el bien y el mal

Las cosas son, por tanto, buenas o malas, solamente en referencia al placer o al dolor. Eso que llamamos bueno es aquello que puede provocar o aumentar el placer, o bien disminuir el dolor en nosotros; o, también, lo que puede procurarnos o conservarnos la posesión de cualquier otro bien, o evitarnos un mal. Y, por el contrario, llamamos mal a lo que puede provocar o incrementar un dolor, o disminuir cualquier placer en nosotros; o bien a lo que nos produce cualquier mal o nos priva de un bien. Debe entenderse que por placer y dolor me refiero tanto al cuerpo como a la mente, según la distinción que comúnmente se establece, aunque en realidad no se trate sino de diferentes estados de la mente, provocados unas veces por desórdenes corporales, y otras por pensamientos de la mente.

3.Nuestras pasiones se mueven por el bien y el mal

El placer y el dolor, y lo que los ocasiona, es decir, el bien y el mal, son los pilares sobre los que descansan nuestras pasiones. Y si reflexionamos y observamos cómo operan en nosotros éstos, bajo distintas consideraciones, como son las modificaciones o disposiciones que producen en la mente, y qué sensaciones internas (si puedo llamarlas así) producen en nosotros, podremos formarnos a partir de aquí ideas sobre nuestras pasiones.

4. El amor

De esta manera, quien quiera reflexionar sobre el pensamiento que tiene del deleite que cualquier cosa presente o ausente puede producirle, tendrá la idea que llamamos amor. Porque cuando un hombre declara en otoño que ama las uvas, cuando las está comiendo, o cuando lo dice en la primavera sin que éstas existan todavía, no hace sino afirmar que su sabor le encanta; pero que se produzca una alteración en su salud o en su constitución que destruya el deleite que ese sabor provocaba, y entonces no podrá afirmar más tiempo que las ama.

5. El odio

Por el contrario, el pensamiento de dolor que puede producirnos cualquier cosa presente o ausente, es lo que denominamos odio. Si yo intentara aquí investigar más allá de las meras ideas de nuestras pasiones, según la dependencia que tienen con las diversas modificaciones del placer y del dolor, haría notar que nuestro amor y nuestro odio hacia los seres inanimados e insensibles se fundamentan comúnmente en el placer y el dolor que obtenemos de su utilización, y de la aplicación, sea la que fuere, a nuestros sentidos, aunque esta aplicación suponga su destrucción. Pero el odio o el amor a seres capaces de la felicidad o la miseria es con frecuencia el malestar o el deleite que encontramos en nosotros mismos, y que surgen de la consideración de su mismo ser o de su felicidad. De esta manera, como el ser y el bienestar de los hijos de un hombre o de los de sus amigos producen un deleite constante, se dice que este hombre los ama. Pero aquí es suficiente con advertir que nuestras ideas de amor y odio no son sino disposiciones de la mente en cuanto al placer y al dolor en general, cualquiera que sea su origen. 6. El deseo

El malestar que un hombre encuentra en sí mismo con motivo de la ausencia de cualquier cosa cuya presencia le hace gozar y le llevan la idea de deleite, es lo que llamamos deseo; este deseo puede ser mayor o menor, según el malestar sea más o menos vehemente. Por lo que, tal vez, no resulte muy útil el señalar que el principal, si no el único acicate de la industria y de la actividad de los hombres es este malestar. Porque cualquiera que sea el bien que se ofrece, si su ausencia no provoca disgusto o dolor; si un hombre se encuentra contento sin él, no existe deseo de ello, ni empeño por conseguirlo; lo único que hay es una mera veleidad término que se emplea para significar el grado más bajo de deseo, y que implica casi la ausencia total del mismo, en el que la pena por la ausencia de la cosa es tan pequeña que no consigue provocar en quien la experimenta más que un deseo muy ligero para obtenerla, pero sin que provoque ninguna utilización vigorosa y efectiva de los medios para obtenerlo. También cesa o disminuye. el deseo porque se piensa en la imposibilidad de alcanzar el bien que nos proponemos, de la misma manera que disminuye o se disipa el malestar por esa consideración. Esto podría hacernos reflexionar más detenidamente, si se tratara del momento adecuado.

7. La alegría

La alegría es un deleite de la mente provocado por la consideración de la posesión de un bien actual o