Una escritura situada
II.2. Del nómade al desterrado
Frente a la oposición entre los que se quedaron en el país y los que se fueron, Puig se presenta como un escritor nómade desde sus comienzos. Uno de sus relatos preferidos, que aparece fragmentariamente en varios reportajes, es incluido por Puig en su prólogo a la edición en castellano de los guiones La cara del villano/ Recuerdo de Tijuana:
Vivir en un pueblo de la pampa seca no era la condición ideal para quien se sentía incómodo con la realidad del lugar que le había tocado en suerte. Otros puntos de referencia estaban muy lejos; catorce horas en tren hasta alcanzar Buenos Aires, un día entero de viaje hasta el mar, casi dos días de viaje hasta las montañas de Córdoba o Mendoza. Mi instinto de supervivencia me llevó a inventar que existía sí otro punto de referencia, y muy cercano, en la pantalla del cine del pueblo se proyectaba una realidad paralela. ¿Realidad? Durante muchos años así lo creí. Una realidad que yo estaba seguro existía fuera del pueblo y en tres dimensiones. La primera prueba negativa me la dio Buenos Aires, al ir a estudiar el bachillerato en 1946. [...] En Buenos Aires no existía la realidad del placer, la realidad apetecible de la pantalla. ¿Fuera de la Argentina entonces? Me costó salir de mi país, solamente a los veintitrés años pude juntar el dinero para pagar los veintiún días de barco que separaban entonces Buenos Aires de Europa. Tardé muy poco tiempo en descubrir que tampoco en Roma, donde me instalé, existía esa ansiada realidad paralela. (Puig 1985c: 7)
Este relato, que se presenta como una serie de apuntes acerca de la relación del escritor y de la literatura con el cine, comienza con la huida como única esperanza de sobrevivir. Con ironía tal vez involuntaria, Puig cita uno de los tópicos del exilio: “me 46 Al aceptar la subvención, no estaba aceptando un puesto oficial en la Universidad Católica ni desplazando a ningún chileno —tanto en el país como en el exilio— ni tomando a cargo ninguna misión de ningún gobierno. Para ser breve, no estaba colaborando con la Junta. Trataba de proporcionar, de la manera más modesta, algunas de las formas en que la expresión chilena podría desarrollarse, trataba de recolectar información tanto como literatura y arte disidentes que pudiera traer de regreso a los Estados Unidos, de comunicarme con intelectuales y artistas chilenos que pudieran expresar en privado lo que no podían en público. Conversé con artistas y escritores disidentes en Chile y vivencié su inanición cultural. Cuando llegó la noticia a Santiago acerca de la protesta por mi visita, uno de ellos me dijo: “Al condenarte por venir a Chile a traernos algo de contacto con el mundo real del exterior, nos condenan a todos los que vivimos aquí, nos condenan como si fuéramos conspiradores y colaboradores.” (Trad. de Gabriel Matelo.)
costó salir de mi país”, pero ese costo que normalmente es de vida, se convierte en una suma que el escritor imagina haber juntado peso por peso, día por día.
Puig permaneció en Roma algo más de un año y luego vivió por temporadas en París, Londres, Estocolmo. En 1960 vuelve a Buenos Aires y regresa a Roma para intentar nuevamente insertarse en el mundo del cine, ahora a través de la escritura de guiones. En 1962, cuando ensayaba un nuevo guión, comienza a escribir “por accidente”, La traición de Rita Hayworth; se decide entonces a concretar su proyecto de vivir un tiempo en Nueva York, ahora con la perspectiva de terminar su novela. Puig busca un empleo que le garantice poder viajar. En 1963 escribe a su familia:
Bueno, tengo una noticia, me decidí y agarré viaje con una oferta de AIR FRANCE, la pensé mucho porque es en el aeropuerto, lejos, pero tan
conveniente que me decidí, total si no me gusta busco otra cosa. Me viene regio mientras finiquito la cuestión de mi escrito. Es trabajo de intérprete, sólo cinco horas por día, cinco días a la semana, noventa y cinco dólares semanales para empezar y después de un tiempo 90% de rebaja en cualquier pasaje, es decir que podría ir al Japón ida y vuelta con el sueldo de una semana y media de trabajo! Además se trabaja diez días seguidos (no cinco y dos de descanso como todo el mundo) y después se tienen cuatro días seguidos para volar a cualquier punto, playas! Caribe! (19 de abril de 1963)
A comienzos de 1968 regresa a Buenos Aires, con grandes esperanzas de publicar su primera novela y con la segunda, Boquitas pintadas, casi terminada. Permanece en el país durante casi seis años, publica sus dos primeras novelas, escribe TBAA y realiza las entrevistas con presos políticos liberados que le servirán de base para componer el personaje de Valentín en EBMA. De Buenos Aires se fue a México y de allí a Nueva York. En 1978, de regreso en México, declara:
Es mi segunda ofensiva. Esperemos que me vaya mejor que la anterior. Aunque ya estoy acostumbrado a empezar todo de nuevo cada diez años, o cada cinco...(Puig 1978)
Al año siguiente, desde Nueva York:
Estoy viendo cómo arreglar el problema. Vivo siete meses en Nueva York y el resto donde tenga algo que hacer: en México escribiendo un guión, o en Venezuela, en un taller literario como el año pasado, pero querría reducir los siete meses a tres, digamos... siempre es un lugar apasionante, pero no para tanto tiempo.(Puig 1979a)
Finalmente se mudó a Río de Janeiro en 1980, donde compró un departamento para él y otro para sus padres, que ocuparía su madre. Hacia fines de 1989 decide dejar Río y compra una casa en Cuernavaca, que comienza a arreglar cuando lo sorprende la muerte en julio de 1990.
Este itinerario sucinto de la vida de Puig sugiere una figura de escritor que reúne lo que de Diego llama “usos metafóricos” y “usos literales” del concepto exilio.47
Aislado dentro de su comunidad de origen, el primer movimiento de exclusión lo llevará a buscar “estar en casa”, que siempre será ir hacia otro lado: de Villegas a Buenos Aires, de Buenos Aires a Roma, de allí a París, Londres, Nueva York, México, Río de Janeiro. En la historia de Puig, el exilio en sentido literal se presenta como una continuación por otros medios del exilio en sentido metafórico, un corte en el fluir de sus desplazamientos que más que provocar una huida, corta la posibilidad de un regreso.